Capítulo 4
"De cómo no todas las penas pueden ahogarse en alcohol"
Tras haber visto el anillo de compromiso que Shikamaru había comprado para Temari, Ino había saltado sobre su amigo para abrazarlo con fingida emoción, para felicitarlo de la manera más escandalosa que pudo. Después había arreglado un hermoso ramo con rosas rojas y lo había despachado rápido para que fuera a casa a vestirse con algo más presentable que su uniforme de jounin.
¿Por qué había hecho todo aquello? Porque Shikamaru era su amigo y una parte de ella estaba feliz de que fuese a dar un paso tan importante, con la seguridad de que él amaba profundamente a Temari y era igualmente correspondido. Pero también lo había hecho de la manera más escandalosa para que aquel se fuese rápido de la tienda y ella pudiera cerrar temprano, dándole tiempo para llorar con toda soltura el dolor de su corazón roto.
A partir de esa noche, Nara Shikamaru se convertiría en un eterno imposible. En alguien que nunca correspondería a su amor.
—¿Sabes, Ino? El alcohol no es la solución a los problemas —comentó Sakura a su lado, arrastrando las palabras un poco debido a la cantidad de alcohol que había ingerido.
—Lo sé, frentona. Pero te anestesia un rato, ¿no crees? —Ino, en cambio, estaba hipando cada cinco palabras y a un paso de caer en una congestión etílica.
En la opinión de Ino, no había nada mejor para el mal de amores que embriagarse con tu mejor amiga. Ino hubiera querido llorar hasta que el corazón se le disolviera y escapara por los ojos en forma de lágrimas, pero la verdad es que no había podido. Así que después de secarse las pocas lágrimas que había derramado por Shikamaru, se arregló y salió en busca de Sakura. Sabía que su amiga tenía turno vespertino ese día, así que la espero pacientemente afuera del hospital, con la mirada un poco perdida. En cuanto vio a Sakura, corrió a abrazarla y se soltó a llorar en su hombro.
—¿Qué sucedió, Ino? —le había preguntado aquella, consolándola con palmaditas en su espalda.
—Shikamaru se va a casar —fue todo lo que había podido decir entre sollozos.
Dos horas después, estaban en el mismo bar de siempre, ahogando las penas de Ino en alcohol. Era un jueves muy concurrido, tanto que el mal estado de la rubia pasaba ligeramente desapercibido.
—Ni siquiera sé por qué estoy triste, Sakura. ¡Soy demasiado guapa para estar triste! —exclamó una muy ebria Ino mientras contoneaba las caderas—. ¡Apuesto lo que quieras a que cualquier imbécil en este mugroso bar daría lo que fuera por estar conmigo aunque fuera una sola vez!
—¡Ino! ¡Baja la voz! —Sakura sintió un poco de pena cuando algunos de los hombres a su alrededor voltearon a verlas indignados por el comentario y después comenzaron a escudriñar el cuerpo de la rubia con ojos zorrunos, para después otorgarle su descarada aprobación.
—¡¿Por qué?! ¡Es la verdad! —respondió Ino tercamente, bebiéndose de golpe su trago.
En ese momento, Shiranui Genma se acercó a ellas con un senbon bailando entre su sonrisa juguetona.
—Hola, preciosa —le dijo a Ino, deslizando un brazo por su cintura y hablándole en un susurro seductor junto a su oído—. Te escuché solicitar la compañía de algún caballero presente en este "mugroso" bar.
—¡Piérdete, Genma! —replicó la rubia, apartando la mano del hombre de un manotazo y dándole la espalda. Pero Genma no se dio por vencido y la envolvió por la cintura con un abrazo sugerente, provocando que su pecho se pegara contra la espalda de ella y "accidentalmente" su pelvis chocara con el trasero de la chica.
—Vamos, muñeca, no te hagas la difícil… yo sé que te va a gustar mi compañía…
"Te va a gustar…"
Las palabras la recorrieron como un latigazo, abriendo la puerta a algo que por poco no reconoció: terror. La sensación la había invadido de tal manera que incluso había atenuado los efectos del alcohol en su cuerpo, devolviéndole la consciencia de sus alrededores. En ese momento no pudo (ni intentó hacerlo) averiguar por qué la proposición indecorosa de Genma le ponía la piel de gallina. Sólo pudo reaccionar por instinto, algo peligroso cuando se trata de un shinobi, porque en ellos el instinto que predomina siempre es el asesino. En un segundo, Ino se había girado en el abrazo de Genma y lo amenazaba con un kunai a la altura del cuello.
—Te dije que te largaras, Genma.
El jounin sólo ensanchó la sonrisa aún más y movió el senbon en su boca con provocación.
—No asustas a nadie con esa actitud, Yamanaka —la miró descaradamente de arriba abajo, dejando que su mirada se detuviera un poco más de lo debido a la altura de su busto—. Y si no estás buscando un revolcón, no deberías ir por ahí calentándoles los huevos a los hombres.
Dicho eso, el jounin se apartó y dejó a las chicas en paz. Ino respiraba agitadamente, kunai apretado en mano. Continuaba mirando el punto donde había estado Genma con terror puro en la sangre y unas súbitas ganas de correr lejos, que sin embargo, Sakura había malinterpretado como una expresión de rabia.
—Tal vez deberíamos irnos, ¿no crees? —le dijo suavemente Sakura, colocando una mano en el hombro de la rubia.
—¡Por supuesto que no! ¡Yo no me voy de aquí hasta estar tan borracha que no pueda reconocerme a mí misma! —se empecinó Ino y le gritó al mesero de la barra—. ¡Hey, tú! ¡Queremos más shochu!
Y en menos de 20 minutos, Ino había bebido más que suficiente para recuperar el nivel de alcoholismo que el encuentro con Genma había disipado. Sakura había dejado de beber a la par de su amiga y la miraba con preocupación.
—En verdad no entiendo, frente, ¿por qué nunca me miró con otros ojos? ¿Acaso no le gusto? ¡Soy más guapa que ella! ¡Y vivo en la misma maldita aldea!
—Ino, eres una mujer con muchísimas cualidades, pero en el amor no se manda. Y aunque seas una mujer muy hermosa, creo que exageras al decir que todos los hombres del mundo están enamorados de ti.
—¡Tonterías! ¡Seguro que el imbécil de Nara tiene atole en las venas! ¡No puede ser el único maldito hombre en Konoha que no me tenga ganas y te lo voy a probar!
En ese momento un chico conocido por ambas se acercaba a la barra para pedir unas bebidas. Ino lo miró con los ojos entrecerrados y entonces le gritó para llamar su atención.
—¡Eh, Kiba! —aquel tan sólo las miró desconcertado mientras la rubia ebria se le acercaba con paso decidido—. ¿A que soy guapa?
—¿Eh…? ¿Qué demonios, Ino?
—¡Responde, tarado! ¿Te parezco guapa?
—Bueno, yo… —Kiba se notaba un poco incómodo por la pregunta y por la invasión de su espacio personal. Sin embargo, no había poder humano que hiciera desistir a Ino cuando se empecinaba en algo.
—¡Vamos, sé un hombre y contesta! Tú que eres un mujeriego empedernido deberías poder darme una opinión objetiva —insistió la rubia. Entonces le habló con voz seductora, mientras deslizaba una mano por su pecho de manera sugerente—. ¿A que te gustaría encamarte con una mujer como yo? ¿Nunca te has preguntado cómo me veo desnuda? ¿O a qué saben mis besos? ¿A poco no me deseas aunque sea un poquito?
—Yamanaka, de verdad, este no es buen momen…
Sin embargo, Ino, en un acto de total arrebato, le tomó el rostro con ambas manos y lo besó en la boca. Un segundo después, sintió un tirón en su brazo y todo se volvió negro a su alrededor.
