La tardanza ha llegado a su fin, bastante tiempo qué no escribo un trabajo. En fin, ¡ahora a toda carga!
Disclaimer: Pokémon no me pertenece.
Capítulo 4
Memorias de la tormenta
Grandes rayos de luz invadían la oscuridad que gobernaba todo el infinito cielo, con un gran astro alzándose por el este, se daba el inicio de un nuevo día, las pequeñas criaturas terrestres despertaban y salían de sus madrigueras, los pokémon voladores empezaban a alzar vuelo y dominar todo el vasto cielo azul. La gente del pequeño poblado de Hojas Gemelas se despertaba, como siempre nadie sabía lo que le depararía el destino a excepción de cierto joven que aún seguía durmiendo plácidamente. A lado de él también se encontraba una hermosa muchacha que también estaba sumida en el mundo de los sueños, parecía estar todo tranquilo, la suave brisa entraba y a la misma vez salía de la habitación de aquellos jóvenes, una temperatura agradable se podía sentir, pero toda aquella tranquilidad desapareció justo en el momento cuando el despertador sonó.
Tratando de detener el ruidoso sonido, el joven con desgano y a ciegas buscaba el botón de apagado de aquel objeto, tardo unos segundos para encontrarlo, lo consiguió, sin embargo las ganas de estar en la cama desaparecieron tan pronto como se dio cuenta que su compañera le abrazaba con cariño toda su cintura, con delicadeza intentaba zafarse, pero como si fuera un acto reflejo, ella le apretaba aun con más fuerza, fue una batalla feroz, el muchacho intentaba de todas formas escapar, pero su amiga se lo impedía.
En un momento de desesperación y sin medir su propia fuerza, el joven cayó estrepitosamente de la cama aun con su amiga abrazándolo.
— ¡Te odio!
— ¡No!…por favor perdóname, no fue mi intención.
Una simple pesadilla atormentaba a May, era el mismo de todos los días, la coordinadora fugazmente se levantaba de su cama, aun con signos de miedo en su rostro, ella trataba de hacer desaparecer el desagradable momento que paso, era la misma historia de siempre, todo terminaba en un abrir y cerrar de ojos, la misma pesadilla se repetía una y otra vez.
Cambiándose de muda, salía de su habitación, pero antes se detenía justo en la puerta, ella dudaba en salir, no sabría como reaccionar al ver a su amigo de nuevo, lo acontecido el día de ayer le impedía actuar de manera normal con el entrenador, una mueca de disgusto aparecía en su rostro, se mordía la parte inferior de sus labios. No podía mirar a su amigo sin antes darle una tremenda bofetada en su cara, era cierto que tenía enojo hacia él, sin embargo ella admitía tener en cierta manera la culpa por la actitud tan reprochable de su amigo, apresurar las cosas no fue una buena idea por parte de la coordinadora. Su mirada inmediatamente se dirigió al estropeado vestido blanco de una sola pieza que estaba a un rincón inferior de la cama, detuvo sus intenciones de salir y se dirigió a donde esa prenda estaba, lo tocó, estaba seco.
Los recuerdos de ayer pasaron rápidamente por la cabeza de la coordinadora tan pronto como una lágrima salía de sus ojos zafiros.
La brisa veraniega se podía sentir en todo el pequeño bosque, más a May no le importaba, con agilidad llevaba a Ash hacia lo más profundo del lugar, hasta que se detuvieron en un pequeño y hermoso lago de aguas cristalinas, en su interior se podían ver a varios pokémon nadando en la superficie de la laguna, eran pocos los que conocían este precioso lugar, solo las personas que encontraban a su "media naranja" lo podían conocer o eso fue lo que dio entender el mesero de la heladería en donde ellos estaban antes. Corrían rumores de varias personas acerca de esa laguna, encontrarlo no era sencillo, pero una vez encontrado, además de estar con la persona a la que más amas se podía dar por hecho tu amor con aquella persona, pero como toda historia de amor, esta se debía culminar con un beso en medio de la laguna.
La ansiedad de May nublaba e impedían ver el cansancio del entrenador, él estaba totalmente cansado después de correr tanto. Justo cuando se detuvieron en el lugar de los rumores, Ash pudo descansar por unos segundos, se encontraba totalmente desorientado, no reconocía el lugar, pero el espectáculo de los pokémon en la laguna lo distrajeron por un momento, en todo aquella escena no noto que May buscaba por todas partes un pequeño barco de madera.
— ¡Ash me podías ayudar!
La llamada de su amiga, le hizo reaccionar, ella con dificultad trataba de atraer el barco a la orilla. Después de unos minutos ambos se encontraban contemplando todo el lugar desde el centro de la laguna, las estrellas y la luna se apoderaban de todo el firmamento pero antes se pudo observar un hermoso ocaso al oeste, varias tonalidades anaranjados se apreciaban por donde el sol se ocultaba, era el momento perfecto para realizar el beso.
Ash se sentía tranquilo, pero a la misma nervioso, aunque sus ojos miraban el espectáculo que se daba, en su cabeza se hacían varias interrogantes, no pudo advertir cuando su amiga se levantó de su asiento, el sonrojo en la chica se podía notar, su hermosa figura combino perfectamente con la tonalidades anaranjadas del fondo, más el color blanco de su vestido, junto con el suelto y sedoso cabello hizo resaltar con profundidad cada parte de su esbelto cuerpo. Cualquiera hubiera quedado hipnotizado ante tal imagen, pero siempre había una excepción.
— ¿Ash te podías levantar un momento? —Dijo May estirando su mano.
El pequeño mundo de los pensamientos se interrumpió por un momento, Ash miraba a su amiga y como siempre no entendía nada que no fuera acerca de los pokémon, pero aun así, obedeció lo que ella le decía, pudo sentir las cálidas manos que le sostenían con cariño, Jamás se había preguntado el porqué de estar allí, pero cuando May inmediatamente acercaba su rostro, Ash sin ninguna mala intención la alejo con brusquedad.
En todo el lugar se escuchaban el trinar de las aves pokémon, pero este se detuvo cuando se oyó el salpicar de la pequeñas gotas que volaban a una gran altura, May cayo del barco, para su mala suerte no fue en el piso de madera, fue en la superficie de la laguna, aquella laguna no tenía una gran profundidad, se podía caminar tranquilamente con el agua que llegaba hasta las rodillas, pero en su interior había bastante lodo, todo término de la peor manera, el hermoso vestido blanco pronto se vio oscurecido, pero aún más importante, May estaba totalmente enojada, aun cuando Ash de la misma manera y sin importarle nada bajo del barco a ella no le importó, no le importó cuando él pedía con todo su corazón disculpas, no le importó cuando él le ofreció su mano para ayudarle. A ella ya nada le importaba.
— ¡Te odio!
— ¡No!...por favor perdóname, no fue mi intención.
— ¡Vete no te quiero ver nunca más!
Tan pronto como le grito a su amigo, él se alejó del lugar, con algunas lágrimas en su rostro, había algo que hacía sentir a Ash de esa manera, y era ver a uno de sus amigos sufrir por su culpa.
Extrañamente después de acordarse todo, May pudo entender algo sobre sus constantes pesadillas que tenía, simplemente era una pequeña visión del futuro, pero ella antes no lo comprendía. En su pesadilla ella caía sin llegar a ningún lado, todo estaba sumido en la oscuridad pero antes de despertarse, escuchaba aquellas palabras, además que veía un gran océano, y era así como terminaba sus pesadillas de todas las noches. No pensó más en eso, miro por ultimo vez su cuarto, y con determinación salía de su habitación.
Esperando pacientemente a que su hija y sus amigos bajen, Johanna meditaba lo ocurrido ayer.
Después de cantarle aquella agradable canción para Dawn, ella se detuvo pensaba en la mejor forma de explicarle a su hija lo que le sucedía, pero una vez más, lagrimas salían de sus ojos, la garganta se comprimía impidiendo que hable.
Dawn miraba a su madre, y le daba un abrazo, aun sin que su madre no la hablara, ella podía entender perfectamente lo que pasaba, no se podía ignorar las cosas que pasaban, su madre tenía una grave enfermedad que le carcomía todo su ser, pero había un detalle que ignoraba.
— Mamá…ya verás que todo se pondrá mejor…no te preocupes —decía Dawn.
Mientras trataba de consolar a su madre.
Johanna conmovida por el acto de su hija, reunió las fuerzas que necesitaba.
— Dawn…por favor escúchame bien… no quiero que te sientas triste o impotente…yo sé… yo sé que todo tendrá una solución.
Ante tal advertencia, la pequeña Berlitz se preparaba para lo que su madre le contaría. Johanna con cariño acariciaba el cabello de su hija mientras se acomodaba mejor en la cama. Se pudo escuchar un leve suspiro, se preparaba para hablar y a la misma vez, más lágrimas salían, la oscuridad estaba presente en aquella habitación, pero la tenue luz de una lámpara impedía que todo el cuarto este sumido en la tinieblas.
— Dawn…
Se detuvo, la duda le dominaba una vez más, sin embargo suspiro una vez más y comenzó a hablar.
Cada palabra que escuchaba salir de su madre para Dawn era una tortura, su madre padecía de cáncer en el área de los pulmones, la enfermedad estaba bastante avanzada, lo que impedía su pronto tratamiento. Ante aquella afirmación Dawn trataba de asimilar la noticia, aunque ella de alguna forma lo sabía con anterioridad, solo era cuestión de tiempo para que la enfermedad afecte otras partes del cuerpo, la pregunta ahora era. ¿Cuánto?
No lo quería oír, quería escaparse de la realidad. ¿Acaso era cuestión de meses? o simplemente solo eran escasos días, no lo quería saber. La tensión la estaba dominando y a la vez se culpaba a sí misma. 3 años era bastante tiempo, en todo ese tiempo la preocupación de ella estaba en su amigo, nada más le importaba, ignoraba la soledad que sufría su madre, ella no estuvo cuando su madre más lo necesitaba, se sentía una completa estúpida. Para ella lo más importante era…Ash.
Johanna trataba de consolar a su hija, pero nada funcionaba.
— Dawn… no es tu culpa. Por favor compréndelo
— Mama… ¡cómo puedes decir que no es mi culpa! —gritaba —Yo…yo solamente me preocupaba en mis amigos, no estuve cuando necesitabas mi compañía…yo…yo… ¡todo es mi culpa!
Para aquella madre ver a su hija de aquella manera le rompía el corazón, quizás una simple mentira calmaría todo, solo una simple mentira.
— Dawn…yo sé que saldremos de esta…lo sé…habrá una solución —decía mientras daba otro abrazo a su hija.
Sin querer lastimar más a su hija, trato de no mencionar el verdadero problema que le atormentaba día tras día, una madre siempre querrá que sus hijos estén felices, aunque signifique sufrir por ellos.
Tomando otro sorbo de su café. Johanna miraba la llegada de las chicas, May bajaba con gran seriedad en su rostro, al igual que su hija. Ambas se acomodaban en la mesa.
Tratando de ponerse sus zapatillas. Ash se preparaba para salir de la habitación, momentos antes buscaba alguna forma de explicar la caída de Dawn de la cama. Él no quiso mencionar que la razón de su caída era el hecho que ella le abrazaba como un oso de felpa, acción que no le gustaba al entrenador. Pero ante la suplicas de su amigo, Dawn solo daba otro abrazo a Ash en agradecimiento a lo sucedido anoche. Simplemente ella necesitaba a la persona a la que más amaba para estar tranquila y calmarse después de recibir la noticia de su madre.
Ya estaba listo, solo faltaba ponerse su gorra y su preciado medio listón, detrás de él estaba Pikachu y Piplup que le esperaban, sin ninguna prisa salía, recorría el pequeño pasillo, bajaba las escaleras, en su trayecto miro a sus compañeras que degustaban del desayuno, una de ellas rápidamente lo miro con sus penetrantes ojos zafiros, el entrenador tenía que resolver un problema. Se detuvo por un momento, dudaba en seguir avanzando, pero reunió la confianza necesaria, a paso firme se acercaba a la castaña, ella rápidamente trato de ignorarlo, pero no pudo, sentía la mano de su amigo tocando su hombro, pero más que eso, sentía los sentimientos de Ash, extrañamente ambos listones empezaban a brillar y a trasmitir los sentimientos de ambos. Enojo era lo que sentía Ash por parte de su amiga, pero los fuertes lazos de reconciliación y perdón del pelinegro, alejaron por completo ese sentimiento negativo, era increíble como ambos listones podían eliminar la totalidad de los malos pensamientos.
— May no era mi intención…
— Está bien…en parte yo también tengo la culpa, por no avisarte antes —interrumpía, para luego dar una pequeño abrazo al entrenador.
Como siempre la actitud de Dawn no se hizo esperar, ella también se unió al abrazo
— ¡Yo también quiero un abrazo!
Todo parecía que volvía a la normalidad, pero había un secreto que nadie lo podía saber, Johanna tenía que pedirle un favor a Ash.
La mañana transcurrió sin ningún sobresalto, hoy sería el día que el grupo comenzaría sus aventuras por Sinnoh, todos se preparaban para la travesía, con mucha anterioridad Ash ya se había preparado, solo esperaba a sus amigas, con aburrimiento salía de la casa, miraba el gran cielo azul y los pequeños Starlies que descansaban en la copa de los árboles, quiso avanzar más, pero noto que la madre de Dawn esperaba bajo la sombra de los arboles la salida del grupo.
— Ash podemos hablar un momento —dijo, mientras caminaba hacia la plaza del pueblo.
— Está bien.
Ash era la única persona en la que podía dejar tal responsabilidad, mientras caminaban con tranquilidad Johanna platicaba con el pelinegro, lo hermoso que era este pueblo, había tantas anécdotas que ella apenas tenía tiempo, para contárselo. Luego de algunos minutos retornaban a la casa, las chicas ya estaba listas, pero antes de seguir. Johanna le hablo:
— ¿Ash podrías prometerme algo?
— Claro
— Nunca dejes sola a mi hija ¿me lo prometes? —mientras lo decía, esperaba que Ash tarde en responder, pero no fue así.
— No es necesario que me lo diga… ¡yo siempre estaré a lado de ella! —decía mientras una gran sonrisa se formaba en su rostro.
Después de aquellas palabras Johanna comprendió en lo valioso que era aquel chico, aunque le pase algo a ella, tenía la confianza en que su hija nunca estaría sola. Ella tenía grandes amigos. Unos minutos después todo el grupo se despedía, era hora de comenzar la aventura.
Simples mentiras, la madre de Dawn miraba al grupo hasta que se desaparecieran por el extenso horizonte, recordando las últimas palabras que le dijo a su hija anoche.
— Dawn…no todo está perdido…ya estoy recibiendo un tratamiento.
Varias lágrimas salían y la misma vez era llevadas por el viento, aquella madre lucharía hasta el fin para cambiar todo.
Todo dependía del destino, con cierta arrogancia un extraño sujeto, en una gran torre, miraba con detenimiento una esfera azul. Sus planes pronto comenzarían, con ansiedad miraba otra vez la esfera, en ella se podía observar al grupo del pelinegro caminado por el bosque.
— Ahora no te escaparas —dijo, para luego reírse de manera malvada.
Su risa termino, cuando escucho que alguien entraba a la habitación.
— Señor, lo esperan abajo —interrumpió un mozo.
— Diles que ya bajo —dijo, para luego levantarse de su asiento, y guardar la extraña esfera en su mano.
Preparándose para salir, aquel sujeto reviso sus dos únicas pokébolas, y lanzo uno de ellas… un gran esplendor blanco iluminaba la habitación, para luego dar forma al pokémon legendario del tipo siniestro…Darkrai. Luego ambos se iban de la habitación.
Extrañamente la peculiar esfera de antes, cambiaba de imagen, en el fondo se podía ver una gran playa, en medio de esta se encontraba una chica esperando pacientemente a su… héroe.
Todo dependía ahora de las acciones para cambiar el futuro de las personas que más amamos…
