De verdad que le tenía muchas ganas a este fic. Pero... demasiadas cosas que atender. No quiero sonar insensible, pero me muero por terminar alguno para agilizar el resto.

Kykyo, no sé a qué te refieres con Manchada, me lo tendrás que explicar.

Love, pies de plomo va a ser poco, créeme. Cuando te metes en el camino de Regina...

Pervinca, no te preocupes, que ya caerá explosividad por otro lado.

dcromeor, no te preocupes. Todo se terminará en su momento.

Vivi, no temas... Emma acertará donde importa.

Fanclere... Obviamente Regina tenía que estar en Slytherin, ¿Dónde si no? Habrá que esperar un poco para el partido, pero llegará. Gracias por promocionar el fic

Yo también amo el fic, SwanQueen108. Adoro mis ideas salidas de la nada xD.


Emma Swan

Cada vez odiaba más a Regina Mills. En las semanas que se habían sucedido me había demostrado una y otra vez que, excepto en pociones, era superior a mí en todas las asignaturas. No es que me importase ser una segundona. Nunca había sido la primera de la clase ni nada por el estilo. Pero lo cierto es que las continuas pullas de la prefecta de Slytherin la ponían muy nerviosa. Pero no le fastidiaría aquella noche.

La noche de Halloween, y la fiesta de disfraces en el castillo, iba a ser divertida. No dejaría que Regina Mills se lo estropease. El tema de aquel año era el carnaval veneciano. Me había teñido de pelirrojo y estaba eligiendo una bonita máscara que ocultase mi identidad. No era muy fan de los vestidos, pero lo cierto es que respetaba esas tradiciones.

Y haría lo que fuese por comer un buen trozo de pastel bien dulce. Porque soy una golosa, eso es un hecho y no va a cambiar por mucho que intente retenerme con los dulces. Extrañaba las golosinas americanas. Pero lo que tenían al otro lado del charco tampoco estaba nada mal.

Pansy Parkinson

Habría quien pensase que las mágicas extensiones de Regina se peinaban solas. Pero lo cierto es que yo sabía que no. Era yo la que solía hacerlo. No porque Regina me obligase, ni nada por el estilo. Mis intenciones eran otras. Para mí estar tan cerca de esa melena me bastaba para considerar que mi día estaba completo. Le hice un elaborado moño y ella se ajustó su vestido esmeralda y se puso su máscara. Estaba imponente. Yo a su lado, vestida de un verde más apagado y sólo con una máscara común, parecía un adefesio. Aunque, reconozcámoslo. Todo el mundo parecía insignificante comparada con Regina.

Emma Swan

Hermione se había quedado en el dormitorio, al parecer ocupada con estudiar para los exámenes… para los cuales aún faltaban meses. Mientras bajaba escaleras abajo, me percataba de que resultaba imposible darme cuenta de quiénes eran las personas con las que me encontraba. Quizá fuese un encantamiento parte de las máscaras, pero nadie pareció reconocerme a mí tampoco. Mientras me desplazaba hacia el comedor, nadie me saludó.

Tomé un trozo de pastel y me lo llevé a los labios. Dulce, dulce como sólo los dulces de este lado del charco lo eran. El sabor de la calabaza en los dulces me era extraño. A veces esperaba con ansias la llegada de las navidades para volver a ver a mis padres y a mis amigos. Pero otras me encontraba fascinada por Hogwarts… y por otras cosas… como la chica que acababa de entrar en el comedor. Vestida de verde esmeralda y con un elaborado moño. Sus ojos color chocolate me dejaron paralizada por un instante. Los notaba familiares, pero a la vez… distintos.

Esa extraña dicotomía llamó mi atención y provocó que me acercase a ella. La dama de verde no se percató de mi presencia, mientras sostenía una manzana de caramelo. Parecía dudar.

Regina Mills

No era muy fan de los dulces, pero las manzanas de caramelo eran una debilidad para mí. Todo lo que tuviese que ver con esa magnífica fruta, a decir verdad. Y por eso estaba dudando. A fin de cuentas, si me comía ese dulce recubrimiento de caramelo nadie lo sabría. Salvo yo. Pero no pasaría nada por que probase un poco. Estaba a punto de dar un bocado a la manzana cuando alguien me interrumpió.

Una chica pelirroja, ataviada con un vestido del color de la sangre. Había algo familiar en ella, pero no veía de qué se trataba. Ella me hizo una leve reverencia, y yo la imité, dejando la manzana junto al resto.

_ ¿Me concede este baile?_ Preguntó

Podía sentir el magnetismo en el aire, envolviéndonos por completo. No sabía quién era ella, pero lo cierto es que podía sentir cómo las chispas saltaban en el aire cuando nos mirábamos a los ojos. Y sabía que perder aquella oportunidad, sería algo que lamentaría.

Pansy Parkinson

El verde de mi vestido podría haberse contagiado a mi piel. ¿Quién era aquella maldita zorra? ¿Cómo se atrevía a bailar con MI Regina? Me senté, con la mirada fija en ellas, y cogí una rana de chocolate que había sobre la mesa y me la metí en la boca.

Iba a encontrar a esa guarrilla pelirroja… y la iba a asesinar con mis propias manos. Hubo una leve explosión en un bol que había a mi izquierda, y los bombones, semifundidos, se esparcieron por toda la sala. Pero ni mi ataque de magia incontrolable fue capaz de detener el baile de Regina con aquella mujer. Ese baile íntimo que era cada vez más cercano.

?

Las compras de Halloween eran siempre un asunto completo, incluso para los magos. O al menos, eso era lo que parecía. Notaba la adrenalina fluir por mi sangre. Había estado esperando durante horas, mientras miraba de un lado a otro. Por un lado me encontraba la librería, y por el otro, un bar. Yo sabía que entre ambos estaba el caldero chorreante, aunque fuese imposible divisarlo para mi mirada. En un pestañeo apareció una mujer regordeta corriendo aceleradamente.

Yo me lancé contra ella y se escuchó un sonido metálico cuando apreté la pistola contra su abdomen. La mujer se heló por completo, supongo que porque se dio cuenta de que la había descubierto. Habían sido semanas de espera, pero finalmente había encontrado a una bruja lo bastante despistada como para dejarse ver.

_ Tira la varita al suelo._ Dije, con voz fría._ O te mato aquí mismo.

Se escuchó un sonido de caída y pisé aquel trozo de madera infernal, partiéndolo en dos. Sentí un curioso placer mientras lo hacía.

_ Ahora usted y yo nos vamos a hacer un bonito viaje a escocia.

Emma Swan

La noche era mágica. Las velas que volaban por el comedor nos marcaban el ritmo. Nunca había viviendo una noche como aquella. La música lenta me incitó a pegar mi cuerpo al de mi pareja. Por un segundo me preocupó que me rechazara, pero ella no lo hizo, y nuestro baile empezó a volverse más íntimo. Desconocía quién era aquella chica, pero sentía la química flotar en el aire

Nuestros ojos se cruzaron, envueltos en un chispazo. Sentía electricidad recorrer mi cuerpo. Repentinamente el tiempo pareció detenerse. La música desapareció por completo. Nos detuvimos observándonos. Y el labio de aquella mujer me llamó.

Entrecerré los ojos mientras me acercaba, y nos dimos un beso casto, honesto. Había sentido un tipo de magia distinto en aquel momento mientras nos separábamos. La gente ya se estaba retirando, y nadie parecía darse cuenta de lo que acababa de pasar, y que, al menos para mí, había sido mágico.

_ Quiero verte mañana… al anochecer… en el salón de los trofeos._ Me susurró.

Regina Mills

No entendía lo que había sucedido. El furor que había experimentado no había sido natural el mí. Había hecho las pruebas para todos los filtros de amor posibles. Y habían dado negativo. No me habían drogado. Lo que significaba que debía acudir a la cita. Y eso me hacía sentirme nerviosa. Nunca me había enamorado. Nunca había sentido nada parecido a lo que me había ocurrido aquella noche. Pansy estaba muerta de celos, y lo sabía, pero no estaba de humor para combatir los celos con esa chica que ya sabía desde hacía años que fantaseaba conmigo.

Emma Swan

Estaba sintiéndome aturullada, feliz por alguna razón que aún no alcanzaba a entender. Aquella chica había sido especial. Me sentía rara, y había pasado todo el día preparándome. La verdad es que mi cita con mi chica misteriosa me hacía pensar que empezaba a encajar de verdad en Hogwarts. Me había alisado el pelo y me había acordado de ajustarme bien la corbata.

?

Lo cierto es que atravesar un muro era algo que me daba bastante miedo. Al principio pensé que se trataba de una treta, pero la verdad es que no. Llegamos a la estación, y el viaje en tren fue extraño. Cuando llegamos al pueblo de Hogsmeade, golpeé a la mujer en la cabeza y la dejé desmayarse. Lo cierto es que un muggle en un pueblo como aquel desentonaba. Pero por suerte todo el mundo parecía ignorarme. Mi vista se alzó y vi lo que a simple vista parecía un montón de escombros en la lejanía. De mi bolso saqué unas gafas y me las ajusté. El montón de escombros se convirtió al instante en el colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.

Al final, la ciencia había probado ser capaz de vencer a la magia. Los magos bajaban su guardia, incapaces de ver que, al final, el estancarse les llevaría a la extinción, ellos me habían arrebatado lo que más quería, y yo pensaba hacer lo mismo con ellos.

Estuve un buen rato usando la ganzúa antes de poder abrir las verjas coronadas por cerdos alados de la entrada. Pero, finalmente, cedieron y pude llegar a los terrenos. Lo cierto es que tenía un mapa del castillo, pero eso no me garantizaba el éxito. Era una estructura cambiante y debo admitir que eso me asustaba un poco.

Mi siguiente objetivo pasaba por llegar a la lavandería y robar un uniforme que, esperaba, nadie echase en falta. Había mucho trabajo por hacer.

Regina Mills

Mis pasos, impacientes, resonaban mientras golpeaba el suelo con el tacón. No dejaba de pensar en esa chica. Llegaba tarde. Era un rasgo muy poco atractivo en una mujer, a mi juicio, al menos. Me gustaba que las cosas se produjeran al ritmo adecuado… y hacía dos minutos y treinta y cuatro segundos que el sol había caído. Ya era de noche y mi cita no había llegado. Durante un segundo tuve un amago de sonrisa que no tardó en esfumarse al percatarme de que quién atravesaba la puerta del salón de los trofeos era Emma Swan, y no mi cita. Eso no ayudó a mejorar mi humor, desde luego.

_ ¿Qué haces tú aquí?_ Pregunté, furiosa de que su existencia entorpeciese mis planes.

_ Pues he quedado con alguien._ Dijo, cruzándose de brazos y mirándome fríamente.

_ Pues da la casualidad de que yo también he quedado con alguien, señorita Swan._ Alcé una ceja._ De modo que le agradecería que se marchase. Es evidente que la cita que yo pueda tener es más importante que la suya.

_ Lo siento pero no. He quedado con una chica, y voy a esperarla._ Dijo, cruzándose de brazos._ Cuando llegue mi cita me iré.

Alcé una ceja y miré a mi adversaria con desgana, tomando asiento una vez más. Emma se tomó la licencia de sentarse a mi lado, y nos quedamos allí, en silencio. Pasó más de media hora antes de que ninguna de las dos se decidiese a hablar. Emma fue la primera en hacerlo.

_ Pues parece que nos han dejado plantadas.

_ A mí nadie me planta._ Dije, decidida._ No se atreverían.

_ Pues claro que no, princesita._ Dijo Emma, con voz aguda._ ¿A quién esperas tú?

_ A una chica que conocí ayer, en la fiesta._ Reconocí.

_ ¿Le dijiste a una chica que se reuniese contigo en el salón de los trofeos?_ Preguntó, alzando una ceja.

_ Sí… a una chica que…

Ambas cruzamos la mirada cuando me di cuenta de que, irremediablemente, habíamos alcanzado la misma oscura y horrorosa conclusión. Sentí la llegada de una arcada, pero fui lo bastante fuerte como para mantener la entereza.

_ Pues besas bien para ser tan estirada…_ Todo aquello parecía estarlo divirtiendo muchísimo, porque Emma tenía una sonrisa de oreja a oreja. Más de lo que estaba dispuesta a soportar.

Alcé la vista y le dediqué una mirada asesina. Iba a matar a aquella chiquilla. Le arrancaría el corazón con mis propias manos si era necesario. Aunque la idea de estamparle una bludger en la cara y partírsela en pedazos tendría que servir por el momento. Creo que no había estado tan enfadada en toda mi vida.