CAPITULO 3: "El Legado de Albus Dumbledore"
La mañana del 31 de julio de 1997, Harry Potter viajaba en el autobús noctámbulo rumbo a la posada "El Caldero Chorreante", donde pensaba vivir hasta el ir a la Madriguera. Con gusto se habría dirigido rumbo a la casa de los Weasley enseguida pero muchas cosas en su mente le advertían que no sería bueno: por un lado, no quería tener que encontrarse con Ginny, ni tampoco con el resto de la familia Weasley; mientras más rápida sea su estancia allí, menor sería el dolor de la separación. También estaba el asunto de la búsqueda. Había hecho muchísimos planes, es verdad, pero también era verdad que no tenía ni idea de cómo encontraría el resto de los Horcruxes solo. Cierto era que sus amigos Ron y Hermione le habían ofrecido (o mejor impuesto) su ayuda incondicional, pero después de la última carta de ellos, se daba cuenta cuánto los estaba afectando todo. A Hermione, la dejaba sin terminar su vida escolar, lo que representaba para ella un terrible acontecimiento, a pesar de que no lo demostrara. Por otro lado, a Ron, a quien consideraba su hermano, le privaba de una vida tranquila y sin problemas con la mujer que amaba, Hermione, quien estaba desesperada por que Ron se fijara en ella, pero parecía como que su amigo hubiera dejado a los problemas del corazón en segundo plano…o eso pensaba Harry. Aunque en realidad no lo podía culpar, ya que él mismo había hecho lo mismo con Ginny.
Con estos pensamientos viajaba Harry, intentando sobrevivir a la movilización en el Autobús Noctámbulo. Se había fijado que no era Stan el encargado del autobús, sino un joven que no parecía mucho mayor que Harry. Había entablado una conversación con él, pero este no lo había reconocido, ya que la capa del merodeador, siguiendo la voluntad de su portador, se había transformado en una larga capa oscura con una capucha que no le dejaba mostrar el rostro, apenas una sombría imagen de sus ojos hacia abajo. El encargado en cuestión se llamaba Brad y era recién graduado de una escuela de magia al sur de Inglaterra. Estaba estudiando leyes mágicas y tenía el empleo diurno en el autobús para poder pagarse los estudios y vivienda, por lo que durante la noche asistía a las clases. Al principio, Brad se había mostrado algo cauteloso ante la presencia de Harry, tapado por una capa negra parecía un mortífago, pero durante la conversación se tranquilizó.
-…Y dime Brad, ¿hace mucho que trabajas aquí?
-Pues no, la verdad. -respondió el otro- en realidad, comencé el año pasado, cuando se fue el anterior encargado.
-¿Se fue, por qué haría eso? -preguntó Harry, llegando al punto que le interesaba.
-Problemas con el ministerio, parece que lo hallaron culpable de cooperar con el innombrable -respondió nervioso- ya sabe…¡como mortífago!
Harry gruñó molesto y murmuró "¡eso es ridículo!", y no dijo más el resto del viaje.
Al llegar al Caldero Chorreante, encontró a un desanimado Tom, que se alegró al saber que alguien se quedaría a hospedarse. Harry acomodó sus cosas en su cuarto y bajó a comer algo, puesto que ya era la hora del almuerzo.
El resto de la tarde se la pasó recorriendo el callejón Diagon, pero no había mucho que ver, nada diferente a lo que había el año anterior. Pasó por la tienda de Ollivander, pero esta se encontraba cerrada. Harry recordó a la sra. Weasley comentando sobre su desaparición misteriosa y una semilla de inquietud se le sembró en su ser. Tenía una ligera sospecha de
por qué podría Voldemort necesitar de las habilidades de Ollivander como hacedor de varitas.
Pasó también cerca de la tienda Sortilegios Weasley, estaba abarrotada de gente y hasta le pareció ver a uno de los gemelos desde la ventana, pero no entró. Pasó también por Gringotts, de donde retiró una pequeña cantidad de su dinero (si tenemos en cuenta el total) que le serviría para unos meses si lo administraba bien. De paso, preguntó a un duenda si había otras sucursales de Gringotts, este le dijo que sí, pero que solo se podía retirar dinero, ya que el al contenido de su cámara solo se podía acceder desde la casa central, la del callejón.
Cuando ya comenzaba a oscurecer se le ocurrió pasar por el callejón Knockturn, pero lo dejaría para después.
Al segundo día fue a Flourish & Blotts y compró muchos libros interesantes sobre magia avanzada, preparación de pociones curativas y otros que podrían serle útiles durante su búsqueda. Ya había estado leyendo los dos primeros capítulos del libro que le había regalado Hermione y aprendió a realizar dos hechizos escudo muy potentes, sin pronunciar una sola palabra. Concluyó que sus amigos tenían razón cuando comentaban lo bien que se le daban las clases de DCAO. Igualmente había algo que incomodaba a Harry. Sabía que todos los hechizos que aprendiera de los libros comprados en el callejón Diagon serían útiles para defenderse, pero no muy eficientes a la hora de atacar, para aprender verdaderos maleficios, como el sectumsempra debería recurrir a las tiendas del callejón Knockturn.
Iba pensando en esto mientras regresaba al Caldero Chorreante cuando vio a uno de esos vendedores ambulantes que se dedican a vender talismanes para defenderse de las artes oscuras y otras baratijas, salvo que este decía tener pelos de la barba de Dumbledore, que alejaban al innombrable de quien lo llevase consigo. Esto alteró mucho a Harry e hizo que olvidara su idea de controlar más su temperamento y actuar más fríamente. Casi en un instante se había abalanzado sobre el timador, lo tomaba de las solapas de la túnica y lo levantaba en el aire al tiempo que lo empotraba contra una pared.
-¿Cómo se atreve a manchar la memoria de Albus Dumbledore? -gritó Harry, a quien la reacción violenta y la capa oscura que le cubría de la cabeza a los pies le daban un aspecto mucho más oscuro y temerario- debería matarlo ahora mismo.
-Señor…-decía con voz apenas audible el hombre- no es para ponerse así…yo respeto mucho a Dumbledore…pero él ya está muerto…
-¡Y a usted poco te falta para estar es su misma condición! -volvió a decir Harry, cada vez más segado por la ira- ¿con qué derecho habla de su muerte como si fuera algo tan simple? Creo que disfrutaré entregándolo a Arthur Weasley, él sabe qué hacer con infelices como usted…
Pero Harry no pudo continuar, porque se vio invadido por una ola de serenidad, no como la sensación que produce la maldición imperios, no, esto era felicidad de verdad. Tuvo un presentimiento y miró hacia el cielo, ahí estaba volando un fénix cargando un paquete que se dirigía hacia el Caldero Chorreante. Pero no era cualquier fénix, era Fawkes, el ave compañera de Dumbledore. Harry estaba tan seguro de esto, que se echó a correr por el callejón, siguiendo al fénix, en un estado de catatonismo. Cuando lo vio ingresar por la
ventana que daba a su habitación, sus sospechas se confirmaron, y subió rápidamente hasta allí, sintiéndose más feliz como nunca desde la muerte de Dumbledore.
Al llegar se encontró con una escena poco usual: Fawkes estaba parada cerca de la ventana mientras cantaba una canción que alegraba el corazón, cerca, sobre la cama había dejado un pergamino enrollado. Harry se acercó al fénix y lo acarició, a modo de saludo, el fénix correspondió con una nota sonora de felicidad. Luego, Harry se dirigió a la cama y abrió el rollo de pergamino. Grande fue la sorpresa de Harry al notar que no era un pergamino, sino una copia del retrato de Dumbledore que le sonreía. Para sorpresa de Harry, el retrato habló:
-Harry, no sabes cuanto me alegro de verte sano y salvo -dijo todavía sonriente.
-¿Profesor Dumbledore? -dijo Harry, apenas en un hilo de voz- ¿de verdad es usted?
-Si y no -respondió el retrato- verás Harry, cuando un director o directora de Hogwarts muere, automáticamente se crean uno o más retratos de este, que mantienen su aura, un pedazo de su ser. De esta forma, el retrato mantiene la forma de ser y parte del conocimiento del ser original -explicó y luego dijo seriamente- pero no Harry, no soy más que un retrato, Albus Dumbledore murió como tu sabes en la torre de Astronomía.
-¡Pero si yo vi su retrato luego de su muerte, en el despacho del director! -dijo sorprendido Harry,
-Siempre hay un retrato de cada antiguo director en el despacho, pero muchos de nosotros tomamos la precaución de fabricarnos nuevos retratos, que pudieran comunicarse con los otros cuadros. Lo que me recuerda el motivo de mi existencia.
-¿A qué se refiere?
-Harry, yo estoy aquí para ayudarte durante tu misión, ya sabes, la búsqueda y destrucción de los horcruxes.
-En verdad es un alivio señor, tenía casi todo planeado, pero en verdad no sabía por donde empezar.
-Cuéntame muchacho -dijo el retrato con intriga.
Harry le contó como había decidido entrenarse con libros de magia avanzada y hasta aprender maldiciones y maleficios, incluso los imperdonables, solo por si hacían falta. También le dijo sobre su idea de ver la tumba de sus padres en Godric's Hollow y de no comenzar la búsqueda hasta después de celebrada la boda de Bill y Fleur.
-Bien, bien Harry -dijo contento el retrato- has sabido llevar todo esto mejor de lo que yo pensaba…aunque no estoy muy de acuerdo en eso de aprender maldiciones prohibidas…pero es tu vida muchacho y yo solo soy un consejero.
-Entiendo profesor.
-Bueno Harry, ahora dime, te interesaría conocer mis consejos, deberás decidir ahora y la decisión será absoluta, porque te revelaré una información que no podré repetir.
-Información…¿Cómo qué? -preguntó intrigado Harry.
-Eso lo verás si aceptas mi propuesta.
-Acepto señor, a nadie le confiaría mi vida tanto como a usted…-hizo una pausa- bueno, tal vez a Hagrid.
-Entonces escucha y no me interrumpas -dijo ahora muy serio el retrato- lo primero es el asunto con la supuesta traición de Severus Snape -aquí, Harry puso mala cara- escúchame Harry, aunque sea difícil de aceptar, Severus es inocente, yo sabía lo que pasaría en la torre
y cuando me viste rogándole piedad a Severus, en realidad le rogara que cumpliera con la misión que le había encomendado.
-¿Y cuál era? -preguntó Harry.
-Asesinarme frente a los mortifagos, para que pensaran que él estaba de su lado, y al mismo tiempo, para que entrara en acción el hechizo que me permite darte cierta información. Hechizo que, por precaución, solo se activaría en caso de que yo muriera.
-¿Pero cuál es esa información señor, qué puede ser tan valioso como para que dé su vida a cambio de que yo lo supiera? -dijo Harry casi gritando- ni siquiera los horcruxes lo valen.
-Ohh si Harry, hay algo que debes conocer que vale la pena mi muerte. Información que te hará llegar a una persona que te puede ayudar a cumplir tu misión. Una persona que te puede llegar a ayudar incluso más que yo.
-¿Pero quién puede ser, existe persona alguna más poderosa que usted?
-Si Harry, justamente, esta persona fue mi mentor, quien me enseñó toda la magia extraordinaria que tu mismo viste en la batalla del ministerio, magia que no se enseña en Hogwarts.
-¿Y esa persona en qué forma me ayudaría?
-Espero, puedas dar con él y te tome como su discípulo, al igual que una vez lo fui yo.
El retrato siguió dándole instrucciones sobre cómo localizar a esta persona. Se hallaba en el norte de escocia, más al norte que el castillo Hogwarts, en la región de las Highlands, las tierras altas tan mencionadas en el folklore de la magia. Harry decidió continuar entrenando con los libros adquiridos y luego ir a la Madriguera, a la boda de Bill y Fleur y de paso despedirse de su "familia". Luego iría a Godric's Hollow según el plan, y más tarde se embarcaría en su viaje a Highlands.
Así lo había decidido él, junto con el retrato. De esta forma, el destino de su misión daba un giro increíble. Ahora sabía que contaba con la ayuda de un espía, Severus Snape, hacia el cual se reservaba sus dudas, pero por sobretodo tenía la ayuda que le había legado Albus Dumblerore.
