CAPÍTULO IV: EL DESAYUNO DE MAKO

Mako había ido a desayunar al sitio de siempre, una plataforma desde la que se podía ver a Gipsy Danger. Sólo que Gipsy Danger ya no estaba y tampoco estaba Raleigh. Y ahora ella estaba mirando al vacío, con un montón de bacon vegetal en su plato, que no tenía ninguna intención de comerse.

Normalmente era Raleigh quien lo devoraba, creía que era bacon de verdad. Le gustaba tanto que había pensado que era crueldad sacarle de su error.

Ahora ella se preguntaba cuántas veces Raleigh habría hecho lo mismo por ella. No sacarla de su error para que no se sintiera mal. Probablemente muchas.

Tenía lógica, después de su primera conexión neuronal, había hecho todo lo posible para que no se disgustase. Debería haberse dado cuenta. No es que sintiese nada por ella, simplemente estaba evitando que disparase el armamento de Gipsy Danger por error y que destruyese medio emplazamiento.

Pero todo en sus conexiones había sido tan real, al menos, eso le había parecido a ella. ¿Pero qué sabía? Sólo había establecido una conexión neuronal con Raleigh así que no tenía nada con qué comparar. Tan sólo sabía una cosa: no se parecía en nada al simulador.

Aunque bueno, siempre se había comportado bien con ella, había dado la cara por ella. Eso debía significar algo ¿no?

Suspiró, probablemente lo único que significaba es que Raleigh era un buen hombre.

Lamentablemente con los hombres tenía todavía menos experiencia que con el simulador. Ahora mismo no estaba segura de si no confundiría una simple sonrisa con una declaración de amor. Especialmente cuando la sonrisa se trataba de la de Raleigh.

Lo cierto era que sus capacidades cognitivas se veían seriamente afectadas cuando Raleigh sonreía. Y era algo que sucedía muy a menudo.

Pensándolo bien le afectaba tanto la presencia de Raleigh que era llamativo que hubiese sido capaz de manejar un jaeger teniéndole a él lado.

Y lo peor era que Raleigh había tenido un asiento de primera fila a todo ese desbarajuste. En cambio ella había visto mucho menos de la mente de Raleigh porque al tener él más experiencia entraba en la deriva mucho más rápido.

Cuanto más lo pensaba peor se sentía. Tenía que dejar de darle vueltas al asunto y pensar en otra cosa. Por ejemplo, podía pensar en el hecho de que estaba sin trabajo. Nunca se le había ocurrido pensar en lo que haría una vez que todo pasara. Su vida siempre había sido acabar con los Kaijus y ahora que lo había logrado no sabía qué hacer. No era como Raleigh, que había trabajado en la construcción. Con todo lo que había por reconstruir no le sería difícil mantenerse ocupado.

Bueno, eso sólo podía significar una cosa que Raleigh no tardaría en marcharse. Una lágrima cayó por su mejilla.

¿Vas a comerte el bacon? - preguntó la voz de Raleigh detrás suya.

Mako se enjugó los ojos rápidamente antes de contestar.

No, es todo tuyo- dijo empujando la bandeja a un lado justo antes de levantarse y marcharse sin ni siquiera levantar la cabeza para mirarlo.

Si lo hubiera hecho, habría perdido la poca compostura que le quedaba.

Luego, cuando se hubo alejado miró, aún a riesgo de convertirse en estatua de sal, porque era Raleigh y necesitaba verle aunque sólo fuese una última vez.

Mako cerró la puerta de su habitación. Lo único que quería era derrumbarse en la cama y llorar hasta que ya no le quedasen más lágrimas. Pero no iba a hacer eso. Había tomado una decisión: cogería sus cosas y se marcharía. De todas formas, era algo que iba a tener que hacer tarde o temprano. Mejor temprano y así no alargar la agonía.

Iría a Tokyo, ya no le quedaba nadie allí, pero no dejaba de ser su hogar de alguna forma, buscaría trabajo…

Miró a su alrededor, había pasado años allí, y tenía demasiadas cosas. No podía llevárselo todo, cogería lo esencial y el resto de las cosas mandaría a buscarlas más adelante. A lo mejor podía regresar ella misma, si Raleigh ya no estaba…

Se quedó parada con una pila de camisetas en las manos. ¿Si Raleigh ya no estaba? ¿En qué estaba pensando? Raleigh no iba a estar. Raleigh no iba a estar.

Había estado tan centrada en el hecho de que no la correspondía, que no había caído en la cuenta de que iba a perderlo completamente. No más Raleigh.