Al entrar, anuncié mi llegada, dejé las llaves al lado y comencé a avanzar a la cocina. Qué raro, pero si apenas hace un rato acababa de desayunar, justo antes de ir al parque y encontrarme con Gaara-kun. Llegué y al entrar miré el reloj de la cocina. "¡¿Q-qué?!", con razón tenía hambre, hace seis horas que no comía, salí a las nueve de casa y eran las tres de la tarde. ¿Cómo es posible que haya pasado tanto, sin darme cuenta? ¿Tanto había pasado charlando con Gaara-kun?... Suspiré y me adentré más a la cocina. Descubrí en la estufa un pequeño almuerzo para recalentarse, al parecer me habían guardado mi parte de la comida, así que la tomé, la calenté y me senté a comer tranquilamente.

Al terminar lavé los platos que acababa de usar, y salí de la cocina dispuesta a ir a mi cuarto y sentarme en mi cama a continuar el libro que traía en mi bolsillo. En cuanto llegué me tiré en la cama y eché un vistazo alrededor. Tuve suerte que la banca en la que estábamos Gaara-kun y yo estaba en la sombra de un árbol, o me hubiera cocinado viva con mi piel pálida y sensible y el Sol de verano pegándome enfrente durante seis horas seguidas…

Mientras miraba alrededor el cuarto y pensaba eso, logré divisar una maleta. Me quedé contemplándola un momento. "¿Y si soy sólo un estorbo en la misión? ¿Y si al final no sirvo para nada?..." pensé, algo distraída. "No, tengo que demostrar que soy fuerte…" me dije a mi misma para después ponerme en pie y buscar la mochila que uso cuando voy de viaje a las misiones. Una vez que la saqué, la acomodé en mi cama y comencé a tomar todo lo necesario para una misión, lo normal: mis armas, mi ropa más cómoda, la comida, etc.

Listo. Todo estaba acomodado sobre la cama, faltaba acomodarlo en la bolsa y estaría lista para irme a la misión… aunque aún faltaban días… Bueno, qué más da, no tenía nada mejor qué hacer. Me tomé mi tiempo para acomodar todo en la bolsa, y al terminar, según mis cálculos, habían pasado unas dos horas, pero al mirar el reloj noté que sólo habían pasado cuarenta minutos.

Me senté en la cama dispuesta a leer de nuevo, y justo antes de abrir el libro, puse algo de música y suspiré. "Hace tiempo que no veo a Naruto-kun…" me dije a mi misma mientras sonrojaba un poco. Empecé a recordar la última vez que lo vi, siempre con ánimos en alto, subiéndoselos a los demás también. Sonreí un poco, Naruto-kun nunca cambiará. Entonces, comencé a pensar en Gaara-kun… en lo caballeroso que había sido conmigo últimamente, en la forma que me había hablado, que me subió los ánimos la primera vez que crucé palabra con él, siendo Kazekage. Sonrojé de nuevo. ¿Qué? ¿Pero por qué sonrojo? Sacudí mi cabeza de un lado a otro sacando la idea de mi cabeza y abriendo el libro al fin para concentrarme en otra cosa que no fuera eso, algo raro me está pasando, lo sé, pero, ¿qué es…?

"Estaba yo… recargada en un gran árbol… preguntándome cómo había llegado a estar así. El Kazekage estaba frente a mí, sostenía una de mis manos contra el árbol y su otra mano estaba al lado de mi cintura, yo estaba terriblemente apenada y él estaba tan cerca que sentía su respiración en mi rostro… Se acercó, me susurró algo al oído haciendo que me diera un escalofrío y se alejo un poco con una sonrisa al ver que me tenía completamente atrapada y con la cara roja, acercando su cuerpo más al mío, incluso sentía cómo su pierna comenzaba a separar las mías temblando de nervios…"

Desperté de golpe y miré a todos lados completamente nerviosa. Suspiré aliviada, todo había sido sólo un sueño. Pero, todo era tan real… incluso mis brazos y piernas aún temblaban y mis mejillas aún tenían el tono rojizo. Me levanté de la cama dispuesta a ir al baño a echarme un poco de agua en la cara para despertarme y tratar de olvidar aquél sueño, pero en el camino al baño no dejaba de preguntarme por qué lo habría soñado, y cada vez que lo recordaba, volvía a colorarme como un tomate.

Terminé de despabilarme un poco y volví a mi recámara. Seguí escuchando música mientras leía otro rato hasta que me llamaron a cenar. Cené tranquilamente (o al menos lo intenté), mientras intentaba no pensar en el sueño, y al terminar, recogí mi plato, lo lavé y me dirigí a darme una ducha y ponerme el pijama, mañana tendré que despertarme temprano para el entrenamiento.

Los días siguientes transcurrieron normalmente, aunque debo admitir que a veces alcanzaba a ver a Gaara a lo lejos, y es como si me leyera la mente, porque volteaba al instante, me sonreía, y hacía que mis mejillas tomaran un color rosado, no me quedaba de otra más que saludarlo a la distancia e irme a otro lugar a calmarme, y se acercaba el día… mañana saldríamos rumbo a la misión…

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Va… también uní los capítulos cinco y seis porque noté que tenían concordancia. ¡Buaah! Me estoy metiendo en un enredo con esto de juntar los capítulos y batallaré más cuando tenga que ordenarlos al subirlos pero pues… ¡ya qué!