UNO DE "LOS OTROS"
Disclaimer:Ni Ben ni ninguno de "Los Otros" me pertenecen. Forman parte de la serie televisiva "Lost"; suyos son los derechos de autor.
Conjunto de siete viñetas para la comunidad "Retos a la carta"
TABLA: Virtudes.
FANDOM: Lost.
PERSONAJE: Benjamin Linus.
PALABRAS: 1401.
TEMA: 2.Pureza
RESUMEN: Porque a Ben siempre le ha gustado la idea de tener un hijo.
PUREZA
-Es la hora, Richard.
El hombre se limita a mirar a Ben. Después, afirma con la cabeza y se pone en pie. Recoge sus cosas en cuestión de segundos y sigue a su líder hasta el exterior, donde les espera el resto de la expedición.
Es curioso como Ben se ha hecho con el mando en tan poco tiempo. Nadie sabía por qué, pero Jacob había confiado en él para guiarlos a todos, y Richard, al igual que los demás, estaba expectante por comprobar qué clase de dirigente era aquel tipo menudo y de grandes ojos azules. Por el momento, había mostrado una firmeza admirable; parecía haber nacido para dar órdenes y, aunque algunos consideraran aquella excursión como una estupidez –había incluso quién decía que iban a sobrepasar algunos límites éticos y morales- nadie se atrevía a llevarle la contraria. Ben sólo necesita una mirada para acallar las protestas y Richard no espera ni un segundo antes de obedecer sus órdenes veladas.
Sólo serán cinco. Dos mujeres para ayudar a la francesa en el parto, y tres hombres: Richard, el recién llegado Danny y Ben. Ellos se encargarán de que no haya contratiempos y el plan salga todo lo bien que desean. Irán armados, eso por descontados, y tienen órdenes claras de no dejarse llevar por la lástima. La clemencia no tiene lugar entre ellos. Únicamente es una debilidad que no pueden permitirse.
-¡Tom! Tened todo preparado para cuando volvamos.
El aludido afirma con la cabeza, mientras Ben se cuelga la pesada mochila y echa a andar. No mira atrás para saber si los demás lo siguen; sabe perfectamente que lo harán.
Afortunadamente, es de día. Ni siquiera a ellos, que tanto tiempo llevan viviendo en la Isla, les hace gracia adentrase en la selva de noche. Saben que hay demasiados peligros ocultos y, aunque Richard sea un guía excelente y conozca cada brizna de tierra como la palma de su mano, suelen mostrarse prudentes. De cualquier forma, si la francesa se hubiera puesto de parto cuando el sol se hubiera puesto, habrían salido igual. La misión que deben llevar a cabo es demasiado importante.
Caminan deprisa. Ben sabe que aún tienen tiempo, pero no desea que nada salga mal. Desde que supo de la existencia de aquel bebé, lo desea para él. Quiere que sea un niño. Son más fuertes y él podría educarlo para ser un digno sucesor de su estirpe. Juntos podrían alcanzar la cumbre del poder. Un niño, y los secretos de la Isla serían suyos. Ni siquiera Jacob podría detenerlos.
Ben se sabe ambicioso. Es consciente de que Jacob es demasiado importante para todos, incluso para él, y por nada del mundo intentaría derrocarlo. Pero Ben es un hombre y, de vez en cuando, le gusta tener sueños, fantasías irrealizables que le hacen alcanzar la gloria y lo llevan a un estado de éxtasis puro. Un niño, y todas sus ilusiones estarían un poco más cerca de su alcance.
-¿Qué haremos con la mujer?
Danny lleva muy poco tiempo con ellos, por eso ha preguntado. Richard ha torcido el gesto y las mujeres intercambian una mirada cómplice, esperando la sentencia de Ben.
La muerte sería el mejor destino para la francesa. Ben sabe que si le deja vivir se convertirá en alguien peligroso, pero hay algo en su cabeza que le incita a tener piedad. Una vocecilla que no puede silenciar y que llevaba muchos años muerta, desde que era niño. Matar a la francesa era lo más fácil, pero ella iba a darle a su hijo. Por supuesto, eso aún no lo sabía, pero lo iba hacer. Y sólo por eso merecía que le perdonaran la vida. Ya se encargaría él de que no les causara molestias.
-Si no se resiste, la dejaremos en paz.
Richard se detiene. Hubiera esperado oír cualquier cosa, excepto eso. Mira a Ben como si acabaran de salirle cuernos, y éste frunce el ceño, como animándolo a hablar. Pero Richard sólo agita la cabeza y sigue andando, consciente de que es lo mejor. Ha renunciado a intentar comprender a Ben. No es un hombre que de muchas explicaciones sobre sus acciones.
-¿Y si se resiste?
Esa vez es Ben quien para. Mira a Danny con los ojos entornados, y durante un segundo parece arrepentido de haberlo llevado con él. Después, sonríe con indulgencia y le pone una mano en el hombro.
-Si se resiste, tendrás mucha suerte. Tuyo será el honor de volarle la cabeza de un disparo.
Richard casi puede oír al otro hombre tragar saliva. Las mujeres ríen por lo bajo y Ben, un poco más malhumorado que antes, aumenta el ritmo de la marcha. No le gustan las preguntas. No soporta a la gente que intenta enterarse de cosas que no le importan, pero perdona a Danny en esa ocasión. Es demasiado nuevo, pero tiene mucho potencial. Ben no duda que será un buen peón en aquella curiosa partida de ajedrez que mantiene contra la Isla.
Cuatro horas después de abandonar el campamento, les parece oír unos gimoteos femeninos. Saben perfectamente que la francesa está sola. Todos sus compañeros de viaje, incluido el padre del nuevo hijo de Ben, murieron meses atrás, quizá por los mismos motivos que todos los soñadores ilusos de la iniciativa Dharma. Nadie sabe cómo es posible que esa mujer sobreviviera, pero a Ben le alegra que lo hiciera.
La ven en un pequeño claro del bosque, apoyada contra un árbol. Tiene el pelo muy corto y una escopeta firmemente sujeta entre las manos. Está claramente de parto y no parece estar atravesando un buen momento. Ben la observa, inmutable, y da la orden para que sus hombres se muevan. Richard, sigiloso como un gato, rodea el claro y llega junto a la francesa sin que ella se de cuenta. Antes de que la mujer pueda reaccionar, unos brazos fuertes rodean su cuello y una mano le arrebata el arma. Indefensa, la francesa se revuelve, intentando resistirse. Entonces, una fuerte contracción sacude todo su cuerpo y ella sólo grita, mientras lágrimas de dolor, miedo e impotencia ruedan por sus mejillas.
Ben se deja ver. Danny está a su lado, bastante más tranquilo de lo que cabría esperar, y las mujeres ya avanzan hacia la francesa, que masculla maldiciones en su idioma natal y les ordena que se vayan.
-No tengas miedo, Danielle. No queremos hacerte daño. Vamos a ayudarte a tener a tu hijo.
Ha hablado con suavidad, como si de verdad sus intenciones fueran buenas. No consigue engañar a la francesa, que sigue retorciéndose entre lágrimas. Consigue hacerse entender de forma vaga y les ordena que se vayan. Ben sólo sonríe, antes de darse media vuelta y ponerse a vigilar. Espera que el parto dure poco. Está ansioso por tener al bebé entre sus brazos.
Efectivamente, no tarda demasiado en escuchar los lloriqueos ahogados de una criatura recién nacida. Se da media vuelta y lo ve. Es precioso, perfecto y está repleto de una pureza que Ben no logra entender del todo. Siente una emoción extraña apretar su pecho y sonríe de nuevo. Todos los de la expedición lo están haciendo.
-Es una niña.
Ben se queda frío durante un segundo. Una niña. Él hubiera preferido mil veces un niño, pero ahora que la ve, la huele, la siente, no la cambiaría por nada del mundo. Con sumo cuidado, temiendo que vaya a rompérsele en mil pedazos, la acuna entre sus brazos y le pasa una toalla por la cabecita para limpiarla de sangre. Todo es perfecto, hasta que escucha la voz de la francesa. Débil, suplicante, ansiosa y, en cierta forma, segura.
-Pog, favog. Alexandga.
Ben y la francesa se miran a los ojos. Es evidente que ella no tiene fuerzas para moverse y, durante un pequeño segundo, Ben está a punto de permitirse ser débil y mostrar clemencia. Pero no. Ahora tiene a su hija con él. La decisión es irrevocable.
-Alexandra es un nombre bonito –Dice, dándose media vuelta y mirando al bebé. La niña lo mira con sus grandes ojos oscuros abiertos de par en par, quizá culpándolo de algo –No la busques. Nosotros cuidaremos de ella.
Echa a andar. Una vez más, sabe que sus camaradas lo seguirán y tampoco se molesta en mirar a atrás. Sólo puede sonreír, incluso después de que las súplicas de Danielle Rousseau sean ahogadas por la frondosa vegetación de la Isla.
Necesitaba escribir esto como agua de mayo. Si hay un motivo por el que odio a Ben –a parte de las miles de razones evidentes que existen- es porque se dedica a robar niños. Hay que ser hijo de puta para hacerlo. Si tanto los quiere, que se lleve también a los padres, leches. Y a la pobre Rousseau le quitó a su niña, no sé si tan recién nacida, pero sí cuando era muy, pero que muy pequeña. Quizá, fue como lo he descrito ahí arriba. Ojalá en la cuarta temporada veamos en flash-back de la francesa. ¡Qué ganas!
Y nada más. Otra vez, muchísimas gracias a Miss Halfway por estar ahí. Nos veremos muy pronto :)
