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Godric's Hollow
Era noche cerrada y ambos volaban sobre sendas escobas, inspeccionando el cielo. Bueno, más bien era Regulus quien realizaba esa labor, pues Dorcas se encontraba sumida en sus pensamientos.
Todavía faltaba un mes para que empezase oficialmente el curso escolar, pero Dumbledore gustaba de viajar un mes antes para prepararlo todo, en el sentido de proteger bien la escuela. No es que temiese un ataque del Señor Tenebroso a la escuela, pero siempre era mejor prevenir que curar.
Y por supuesto se sentía abrumada por los acontecimientos recientes. Además, todos en la Orden parecían estar bastante nerviosos, ya que Lily y James pronto serían padres, y ellos ya tenían bastante con estar entre los magos y brujas más buscados por los mortífagos como para tener que defender a una criatura indefensa.
Llevaban horas siguiendo la pista a Dumbledore. Le habían visto volar varias veces por la zona, pero no conseguían alcanzarlo. De repente, se dio cuenta de algo:
—¡Este no es el camino a Hogwarts!
—¡¿Qué?! —corría un fuerte viento y costaba hacerse entender.
—¡Que este no es el camino a Hogwarts! —no reconocía para nada aquella zona.
Entonces, Dumbledore volvió a aparecer cerca de ellos, montado en su escoba. Su túnica azul marino ondeaba con el viento.
—¡No importa, ahí lo tenemos! ¡Vamos! —gritó Regulus.
Dorcas quiso gritar que no lo hiciera. Luchar en el cielo era harto complicado, no sólo porque había que gobernar la escoba con soltura, sino porque también era difícil apuntar a un blanco en continuo movimiento. Si para colmo ese blanco era Dumbledore, entonces la suerte del duelo estaba en contra de Regulus. Pero este demostró al menos volar con soltura, pues se puso a la altura del anciano. Sacó su varita y pronunció la maldición asesina. Un rayo verde voló hacia el anciano, quien en vez de esquivarlo apuntó con su varita y un rayo dorado salió disparado de la punta, golpeando el rayo verde y produciendo una gran y fuerte explosión. Por lo visto, Dumbledore no estaba en situación de negociar con el mortífago.
Dorcas voló hasta ellos, pero Dumbledore demostró tener prisa, porque con un amplio movimiento de su varita, como una perfecta esfera, conjuró grandes llamas que volaron alrededor de Regulus y ella, formando una esfera de fuego que los aprisionó. Dumbledore ya le había advertido que no flaquearía a la hora de enfrentarse a ella, pero aquello a Dorcas le pareció demasiado. Con un movimiento de su varita abrió un boquete entre las llamas y salió junto a Regulus. La gran esfera acabó por consumirse. Dumbledore, ya alejado, había comenzado a descender sobre un pueblo que Dorcas reconoció enseguida porque ya había estado allí: Godric's Hollow, hogar de los Potter.
Al rato, ambos aterrizaron en la desierta plaza del pueblo. La sombra de Dumbledore se perdió al final de una amplia calle, de modo que lo siguieron. Como Dorcas se imaginaba, el anciano llegó a la casa de los Potter.
—¿Qué hace aquí? —preguntó Regulus.
—No lo sé. Quédate por aquí, vigila el perímetro. Yo lo seguiré. No voy a aventurarme a matarlo, simplemente quiero ver qué hace.
Regulus asintió. Se había acostumbrado a no discutir las órdenes de Dorcas, así que se alejó de ella mientras esta caminaba hasta la casa de los Potter. En cuanto vio que Regulus no podía verla, llamó a la puerta. James Potter la abrió. Parecía visiblemente preocupado, pero se alegró de verla.
—Albus dijo que vendrías. Pasa.
—¿Te ocurre algo?
—Lily está de parto.
Accedieron al salón. En la chimenea crepitaba un cálido fuego. En la estancia estaba Dumbledore, que acababa de quitarse la capa. También estaban Sirius Black, Remus Lupin y Peter Pettigrew, miembros de la Orden y que la saludaron.
—¿Y nuestro amigo? —preguntó el anciano director.
—Lo he dejado patrullando el pueblo. Estará entretenido durante un tiempo —Dumbledore asintió.
De repente llegó un fuerte grito desde las escaleras de arriba. James, que había subido antes, bajó corriendo.
—Venid, deprisa.
Todos subieron corriendo. En la habitación principal estaba Lily, tumbada sobre la cama y apoyada sobre unas mantas. Tenía la frente perlada de sudor y las piernas abiertas. Parecía que el bebé no iba a esperar más.
—El doctor no ha llegado todavía y no sé que hacer. Jamás he ayudado a dar a luz a alguien —dijo James, desesperado.
Dumbledore miró a Dorcas, que comprendió enseguida.
—Por suerte para vosotros, yo sí. Necesito toallas secas y limpias y un balde con agua templada. Rápido.
Se quitó la capa y se situó delante de Lily, tomándole las rodillas. Dumbledore conjuró todo lo que Dorcas había pedido. Esta mojó una pequeña toalla en agua y se la pasó a James.
—Humedécele la frente. Lily, cariño, todo va a salir bien. Respira. Toma aire tres veces y después suéltalo. Todo va a salir bien —Lily obedeció mientras James le humedecía la frente. Dorcas pudo ver que el bebé ya estaba en camino. Pudo vislumbrar una coronilla. Armándose de valor pidió a Lily que empujase. La cabeza del bebé ya comenzaba a salir —. Muy bien Lily, muy bien. Lo estás haciendo genial. Vamos, un último esfuerzo. Black, prepara las toallas, ¡rápido!
El mago así lo hizo mientras Dorcas ya sujetaba al bebé. Tras la cabeza llegaron los hombros, después el torso y los brazos y finalmente las piernas. El niño, porque era un niño, parecía sano. Dorcas lo depositó sobre una de las toallas, cortó el cordón umbilical y lo empezó a lavar hasta que, ya completamente limpio, lo envolvió en la toalla y se lo dio a Lily.
—Es un… Es un niño —dijo James entrecortadamente.
—Harry... —musitó Lily mientras acariciaba la frente de su hijo. El bebé no paraba de llorar.
—Enhorabuena —alcanzó a decir Dorcas mientras grandes lágrimas caían por sus mejillas.
Dumbledore posó una mano sobre su hombro.
—Sé que debes estar muy nerviosa, pero necesito hablar contigo.
Dorcas se enjugó las lágrimas y salió fuera mientras la pareja contemplaba alegrada a su primogénito. Los tres magos, amigos de James, bajaron al salón, pero Dumbledore instó a Dorcas a seguirla a una pequeña habitación preparada para ser el cuarto de un niño. El anciano estuvo callado durante un rato, ensimismado con el pequeño móvil de escobas voladoras que había sobre la cuna. De vez en cuando le daba pequeños toquecitos.
—Ha sido maravilloso lo que has hecho, Dorcas. Confío en que ese niño crezca sano y fuerte. Seguro que Lily querrá que seas la madrina del niño. Pero ahora nos apremian otros asuntos. Primero, deberás volver con Regulus Black. Yo me uniré más tarde, para que no resulte sospechoso y me enfrentaré a vosotros. En cuanto a ese niño…
—¿Qué le ocurre?
—Está en peligro. Ha nacido marcado por una profecía que le concierne tanto a él como a Voldemort. O al menos confío en que Voldemort interprete que el bebé de la profecía es el niño que acaba de nacer en la otra habitación.
—¿Cómo sabe él que hay una profecía que lo inmiscuye a él y a ese niño?
—Porque un partidario suyo escuchó cómo se pronunciaba. Por eso está advertido y por eso estoy seguro de que vendrá a por él.
—¿Quiere que haga algo?
—Simplemente, vigila bien cuando estés entre las filas mortífagas. Y ahora, vámonos.
Los dos se despidieron de todos y abandonaron la casa.
—Regulus podría vernos, ¿no cree que debería ir sólo? No, tengo un plan. De momento, el señor Black está a punto de aparecer… ahora.
Dorcas sintió una gran fuerza que la empujaba contra una pared de piedra. Aturdida miró a Dumbledore, que la apuntaba con su varita. Al final de la calle, Regulus corría hacia ellos, varita en ristre. Por un momento no entendió que estaba pasando, hasta que comprendió que Regulus había aparecido.
—Ahora no tiene escapatoria, Dumbledore. Y no se moleste en sus habladurías. Vamos a luchar y vamos a hacerlo ya.
—Oh, desde luego que no tengo intención. Verá, señor Black, voy a ser sincero. Usted no puede derrotarme. Puede intentarlo, pero no lo va a lograr. Por supuesto, no lo mataré.
—Claro que no, porque antes lo mataré yo ¡Bombarda!
El hechizo explosivo golpeó en un árbol, el cual estalló en miles de astillas. Dumbledore agitó la varita en el aire y Dorcas sintió como abandonaba Godric's Hollow. De repente se encontraban en medio de un bosque. Agitó de nuevo la varita y largas cuerdas de fuego se agitaron a su alrededor.
Regulus se movía dando pequeños saltos para esquivar los látigos de fuego de Dumbledore, pero empezó a cansarse, porque uno golpeó en su pierna y lo hizo caer. Dorcas consideró que ya se había recuperado del aturdimiento y que tenía que actuar ya si no quería que Regulus sospechase algo. Se levantó y apuntó con su varita a Dumbledore. Conjuró enorme llamas que rodearon al director, pero este se deshizo de ellas con un movimiento de su varita que invocó una fuerte ráfaga de viento.
Regulus agitó la varita y miles de hojas volaron en torno al director, con pinta de ser afiladas. Pero Dumbledore nuevamente se deshizo de esa amenaza quemando todas las hojas. Provocó entonces una fuerte explosión que derribó tanto a Regulus como a Dorcas.
—Es inútil, no pueden derrotarme. Ahora, si no les importa, me marcharé. Estoy seguro de que Lord Voldemort entenderá su fracaso. Agradezcan con no haya miembros de la Orden aquí para asesinarlos. Buenas noches.
Desapareció entre los árboles que habían sido arrancados por la explosión que había provocado. Se imaginaba que Regulus lo perseguiría, pero estaba tumbado en el suelo, quieto. Dorcas corrió hasta él y se arrodilló para ver cómo un tronco pequeño y astillado le había herido en el costado.
—¡Eh! ¡Vuelva! —Dumbledore decidió volver. Entonces comprendió lo que acababa de pasar —. ¿No dijo que no iba a matarlo?
Entonces el anciano invocó una camilla y transportó a Regulus. Caminaron por entre los árboles hasta que salieron a un claro y Dorcas descubrió que estaban en Hogwarts. Minutos después llegaron a la Enfermería, donde Madame Pomfrey se dedicó a curar a Regulus. Por precaución, Dumbledore lo aturdió.
Al rato, ambos, Dumbledore y Dorcas, caminaban por los oscuros pasillos. Dorcas se sintió aliviada por un momento al pasear por aquel lugar.
—Había olvidado lo poderosa que eres en los duelos. Y el señor Black también tiene habilidades.
—En cuanto despierte lo devolveré al bosque y le diré que usted nos aturdió. Y que ya está en Hogwarts, así que no podremos hacer nada.
—Todo está saliendo como lo había planeado.
—¿Qué ha planeado?
El anciano sonrió enigmáticamente en la oscuridad.
—Ese chico está destinado a hacer algo grande. Usted siga a su lado, Dorcas. Ya lo verá —Dorcas simplemente asintió. Estaba demasiado cansada como para querer saber de qué iba ese plan —. ¿Quieres saber algo sobre Harry?
—¿Quién?
—Harry Potter, el hijo de Lily y James.
—¿Qué tengo que hacer?
Se detuvieron en un puente para observar el paisaje.
—Necesito que me digas en todo momento qué hace Voldemort y sobretodo si tiene pensado atacar a ese niño.
—De acuerdo. Director, tengo que preguntarle algo. ¿Qué pasaría si él atacase al niño? ¿Ocurriría algo fuera de lo normal?
Dumbledore la miró un momento, como si ella le hubiese leído la mente.
—Es un niño. Sólo un niño. No merece la muerte.
—Es un niño del que se ha hecho una profecía que lo involucra con el Señor Tenebroso. Que él quiera atacarlo, matarlo… Sólo me dice que ese niño es fundamental para derrotar al Señor Tenebroso. Dígamelo, ¿qué pasará si él quiere matarlo?
—Una profecía que concierne a Voldemort y a un niño que podría derrotarlo ha sido pronunciada. No sé qué pasará si llega el momento de que él quiera matar al niño, pero las profecías, y esa una materia que he estudiado mucho, siempre, siempre se cumplen.
