—Korra, Korra, ven a sentarte con nosotros.-Mierda.- cerró los ojos cuando oyó la voz que gritaba a su espalda. Era Bumi; habría reconocido su voz en cualquier parte. También sabía lo que le esperaba. Le había bastado con quince minutos en la larga reunión de la mañana.

Esperó en la fila de la cafetería, puso una ensalada de pollo y un refresco de cola en su bandeja, pagó en la caja registradora, y se volvió para buscar a Bumi. Se le encogió el estómago al verlo con otras personas representantes de ventas alrededor de una mesa. Detrás de ellos había una segunda mesa de ocho. Y enfrente, otra. Todos los ojos se clavaron en ella con expectación, y Korra comprendió que el equipo entero había estado esperando a que apareciese para abalanzarse.

—Valor —murmuró, dirigiéndose hacia ellos.

Los vendedores vestían sus mejores galas... los hombres traje y corbata, trajes de chaqueta o vestidos las mujeres, aunque Pema llevaba un traje pantalón azul marino de aspecto caro que le sentaba de maravilla. Parecían un grupo de triunfadores, aunque según Asami no era eso lo que indicaban los números.

— ¿Qué diablos ocurre, Korra? —Bumi habló en nombre de los demás en cuanto Korra se sentó, inclinándose hacia delante para subrayar sus palabras—. ¿De dónde diablos ha salido la Cruella de Vil esa? ¿Qué mosca le ha picado?

Korra abrió la lata de cola mientras trataba de buscar un modo de arreglar la situación. Los vendedores confiaban en ella. Era su punto de contacto, y recurrían a ella para conseguir lo que necesitaban. Asami había sido durísima con ellos, los había criticado por las pobres cifras de ventas y los había hecho escuchar sus instrucciones para mejorar durante cuatro horas.

—No sé qué decirte. Es dura.

— ¿Dura? —Intervino Pema al tiempo que se comía una patata frita—. Es horrible.

Korra se frotó la frente, notando síntomas de dolor de cabeza.

—Creo que quiere que aumenten las ventas.

Bumi, sentado a mi izquierda, repuso en tono burlón:

—Pues sí que eso quiere no creo que sea muy motivador echarme en cara que mis márgenes de venta eran ridículos delante de todo el mundo. ¡Por Dios! ¡Qué falta de tacto!

Korra se encogió interiormente.

—Hiroshi jamás nos habría tratado así, ya te lo digo.

Korra asintió. Era cierto. Todos hablaban maravillas del señor Sato

—No somos niños —afirmó Bumi en tono práctico—. No hace falta gritarnos de esa forma y mucho menos en una sala llena de vendedores. No me gustó nada que dijera que mis resultados eran muy bajos.

Korra frunció los labios. Aquéllas habían sido las palabras exactas de su jefa, y tenía razón. Bumi era el vendedor más pesado, llamaba a Korra dos o tres veces al día para pedir cosas, así que había sentido cierta satisfacción cuando Asami lo había visto su realidad. Le habría gustado reírse de su indignación, pero consiguió contenerse.

— ¿No puedes hacer nada? —preguntó Pema.

Ya estaba, la pregunta que tanto había temido. Los vendedores dependían de ella para todo. Korra era su vínculo más sólido con la empresa, en realidad era como su madre. Resultaba lógico que le pidiesen ayuda.

Korra escogió las palabras con cuidado:

—No sé si podré hacer algo, chicos. La jefa es ella.

—Dile que esta sucursal de su empresa es la que tiene más ventas de la Costa Este — indicó Bumi, con el rostro encendido por la decisión y la ira—.

¿Acaso no lo sabe? Ganamos un montón de dinero para esta empresa. Díselo.

Bumi tenía razón, pero dicho así sonaba fatal. Korra clavó la vista en la comida sin probar.

— ¿No puedes decírselo? —La voz de Pema era más amable, menos exigente. El pelo castaño de ella, sus ojos café claro que siempre demostraban su amabilidad. La ayudaban ante Korra. Aún no entendía como era posible que esa mujer estuviera casada con el gruñón de Tenzin. Pema la miraba e imploraba con dulzura—: Por favor, dile que no sea tan dura.

Korra acabó cediendo.

—Lo intentaré —respondió con un suspiro, entre murmullos de alivio de las otras mesas. Korra había olvidado que los ocupantes de las otras dos mesas estaban pendientes de la conversación.

— Pero no puedo prometer nada. Tener en cuenta que también es nueva para mí, y me toca verla todos los días. A ustedes no.

—Pero hablarás con ella —quiso saber Bumi.

—Sí. —miró la ensalada de pollo y se dio cuenta de que no tenía hambre. Bebió el refresco de cola y se fijó en que de repente las mesas estaban muy calladas, cosa rara en un grupo de vendedores que se morían por charlar y cotillear.

Sin duda, Asami había inculcado miedo en ellos.

Eran casi las seis y media cuando Korra miró el reloj en forma de perro que tenía sobre la mesa.

—Dios mío —murmuró. No había notado el silencio de la oficina ni que los teléfonos habían dejado de sonar.

Oyó el ruido de una aspiradora a lo lejos: el equipo de limpieza estaba arreglando la sala de reuniones. Parpadeó y se frotó los ojos cansados pensando, no por primera vez, que tal vez necesitase gafas dado el tiempo que pasaba ante la pantalla del ordenador.

Miró por encima del hombro el despacho de Asami, al otro lado del pasillo, y la vio sentada ante su ordenador.

Korra no se sorprendió. Parecían almas gemelas en cuanto al horario laboral. Tras una semana y media trabajando con su jefa, ya conocía sus hábitos y se preguntaba si Asami haría algo más, aparte de trabajar. Casi siempre estaba en el despacho cuando Korra llegaba y allí seguía cuando ella se marchaba por la noche.

Korra sonrió al pensar en el cabello negro, los ojos verdes y la piel blanquísima que no veía el sol. —Tal vez sea una vampira.

Pasó parte de la tarde decidiendo cuál sería el mejor momento para hablar con ella sobre los vendedores. Aún no habían asimilado la reunión anterior, y Korra ya había recibido un montón de llamadas de Bumi, obsesionado por saber cómo había respondido la jefa al mensaje que Korra debía transmitirle. Korra tenía en la punta de la lengua unas cuantas cosas para decirle a aquel tipo, pero prefirió guardárselas para el futuro. Enfrentarse a él no era una actitud inteligente. Bumi tal vez era arrogante y egocéntrico, pero tenía a su cargo cuentas muy importantes, y eso le daba poder.

No le hacía ninguna gracia comentar con Asami la opinión que los vendedores tenían sobre sus métodos, pero era porque aún no conocía bien a su jefa. Hablar con ella del asunto no sería fácil. Pero formaba parte de mi trabajo. Y una vez abordado el tema, Korra pensaba dejar caer un par de observaciones sobre cómo tratar al personal en el futuro. No, nada fácil.

Se sobresaltó al oír la voz de Asami quebrando el silencio de la oficina.

—Korra, ¿puedo hablar contigo un minuto, por favor?

—Ahora voy. —Korra cerró el programa que estaba utilizando en el ordenador y cogió un cuaderno y un bolígrafo. Se había dado cuenta de que, aunque no necesitaba tomar notas durante sus reuniones, Asami se sentía mejor si Korra fingía hacerlo. Se dirigió al despacho.

Los días anteriores Korra se había fijado en que el despacho de Asami estaba cada vez más lleno de cosas. En las estanterías se alineaban carpetas con informes de ventas y varios libros sobre gestión de ventas y mercados en general. Y muchos planos que por lo visto su jefa había trabajado en ellos. Había también premios de las diferentes empresas en las que Asami había trabajado. Korra había echado un vistazo la semana anterior, cuando su jefa no estaba.

En un trofeo y tres galardones de cristal figuraba el lema "Empresaria del año". Cinco piezas distintas la consagraban como "Directora regional de ventas del año". Los doce galardones eran de tres estados diferentes. Quedaba claro que Asami dominaba el tema de las ventas y alcanzaba el éxito en todo lo que hacía. A Korra la impresionó y, al mismo tiempo, se sintió orgullosa de trabajar con una persona tan competente.

Un curioso descubrimiento que hizo durante el examen clandestino de la decoración del despacho de su jefa fueron dos fotos enmarcadas sobre la mesa. Los únicos elementos personales del lugar, colocados de cara al sillón de Asami, como si no estuvieran destinados a la visión pública. Korra tuvo que rodear la mesa para ver las fotos.

Una era una foto antigua de una familia de tres miembros: un hombre y una mujer de cincuenta o sesenta años; los ojos ámbar del hombre y la marcada línea de la barbilla indicaban que debía de ser el padre de Asami; con ellos estaba Asami, sonriendo sin convicción. En la otra foto se veía una versión mucho más relajada de su jefa junto a un hombre sonriente y atractivo. Ambos llevaban lentes y brindaban con margaritas ante la cámara. Asami tenía las mejillas cubiertas de rubor y los ojos centelleantes; parecía como si se estuviese riendo a carcajadas. A Korra le llamó la atención el contraste entre las dos fotos. Como si Asami fuese dos personas distintas: una la jefa que Korra veía todos los días, y la otra una mujer más divertida y vibrante. A Korra le gustaba que en la vida de su nueva jefa no sólo hubiera seriedad y concentración.

Mientras repasaba lo que pensaba decir sobre los vendedores, se sentó en una de las sillas tapizadas de tela marrón frente a la enorme mesa de caoba, apoyó el cuaderno en la rodilla y esperó a que Asami dejase de teclear. La superficie de la mesa estaba cubierta de mapas, gráficos y listados de ordenador. Había una taza de café frío sobre un posavasos de piel, junto al teclado.

Asami, con el ceño fruncido por la concentración, alternaba entre el teclado del ordenador y una gran calculadora, mordiéndose los labios mientras pensaba. Korra se fijó en las manos de la mayor al teclear, admirándolas. Eran pequeñas y femeninas, pero parecían fuertes, como si Asami pudiese aplicarse maquillaje, trepar por una escalera o dar martillazos sin fallar. Se había quitado la chaqueta negra, que colgaba del respaldo del sillón, y la camisa roja de manga corta permitió ver por primera vez los brazos de Asami. La lisa piel de porcelana parecía de una suavidad increíble, y a Korra le dio vergüenza el deseo de tocarla, de comprobar aquella suavidad con sus propios dedos. Tragó saliva y clavó los ojos en el cuaderno mientras.

— ¡Has llegado! —exclamó Asami, sin dejar de mover los dedos.

— ¿Usa gafas?

Asami se las coloca en la cabeza.

—Las necesito para el ordenador. No me gusta mucho usarlas, me veo mal, ¿verdad?

—No, está muy guapa —dijo — ¿Cuánto hace que las usa?

Asami sonrió.

—Debe de ser cosa de la edad. Desde hace dos años las utilizo para leer y para el ordenador.

—Le quedan muy bien —dijo Korra —Pero me gusta más sin gafas. Tiene unos ojos demasiado bonitos para esconderlos.

—Gracias Korra –dijo con un leve sonrojo en sus mejillas.

—No hay de que… —genial Korra siempre hablando de más… debes controlar eso. —se regañó a sí misma.

—He visto que ayer comiste con los vendedores. —Asami apoyó los codos en la mesa y miró a Korra con gesto serio.

Korra asintió, preguntándose cuándo había visto Asami al grupo.

—Ocupaban varias mesas en la cafetería y me invitaron a sentarme con ellos.

—Supongo que no estarían felices después de la reunión.

—Hummm... no.

— ¿Y cuántas veces te han llamado hoy?

La pregunta hizo reír a Korra.

—Bastantes.

—Intentarán que te pongas "de su lado", claro. —Trazó dos comillas en el aire con los dedos—. Creen que soy la Reina de las Nieves o algo parecido.

Korra frunció los labios y asintió de nuevo. —En realidad, te toman por Cruella de Vil. —pensó Era evidente que Asami sabía la fama que arrastraba. Korra no hizo ningún comentario.

Asami entrelazó los dedos y apoyó en ellos el mentón, observándola durante unos segundos interminables. Arqueó una ceja y dijo con gran naturalidad:

—Crees que fui demasiado dura con ellos.

A Korra se le ocurrieron docenas de respuestas y abrió. Pero la mirada de Sato dejaba claro que no admitiría más que la verdad, así que suspiró.

—Sí, lo creo.

— ¿En qué sentido?

— ¿A qué se refiere?

— ¿En qué sentido fui demasiado dura con ellos?

Korra se movió en la silla, nerviosa.

—Yo... tal vez... —No sabía cómo expresar lo que quería decir sin parecer totalmente fuera de lugar y sintió cierto resentimiento por verse en semejante situación. Casi no podía hablar.

—Hummm...

Asami suspiró.

—Dilo de una vez. ¿Cómo lo habrías hecho tú?

—Creo... —Korra se aclaró la garganta—. Creo que habría sido un poco más amable.

Asami dedicó un instante a asimilar la frase y asintió muy despacio.

—Un poco más amable.

—Sí.

—Interesante. —continuó asintiendo, pero su mirada se endureció—. En primer lugar, no estoy aquí para ser agradable. —Asami se recostó en el sillón y cruzó los brazos—. Segundo sus resultados son muy bajos y tienen que mejorar. Esto no es un colegio, sino el mundo real, y ya es hora de que se comporten como adultos.

Korra adoptó una actitud defensiva.

—Ni siquiera los conoce. Son el mejor equipo de ventas del este del país, Señorita Sato. Son buenos vendedores.

Se dio cuenta de que se había pasado de la raya al ver chispas en los ojos de Asami.

— ¿De verdad? —replicó —. ¿Has visto este informe? —Arrojó ante Korra un listado de ventas.

Korra intentó dar marcha atrás, temiendo que esta discusión afectara para mantener su empleo.

—Disculpe, no pretendo meterme en su terreno ni nada por el estilo. Pero no comparto su forma de enfocar las cosas. Este grupo está acostumbrado a... —buscó las palabras adecuadas.

—Hiroshi. Están acostumbrados a mi padre.

—Sí.

—Les paso demasiado, Korra. No les inculcó disciplina ni objetivos.

—No lo sé. Pero por lo que me dicen era más amable. Ellos le tenían afecto. El señor Hiroshi era más agradable. —La última palabra sonó sarcástica y salió de la boca de Korra antes de que pudiese reprimirla.

Asami estaba sorprendida, pero lo disimuló muy bien.

—Bueno, yo no soy mi padre.

—Ya lo sé.

—La amabilidad conduce a esto en el mundo empresarial. —Asami señaló de nuevo el listado que Korra aún no había mirado

—Fíjate en la última línea, Korra. Esta región ha bajado casi el 35% con respecto al año pasado. Y el 20% con respecto al anterior.

Korra parpadeó ante los números. ¿35%? Aquello no pintaba bien. Nadie menciono nada de eso.

—Ni siquiera has visto el informe, ¿verdad? —preguntó Asami como si leyese la mente de Korra. En su tono había una nota de triunfo. Sospechaba que ella no estaba al tanto de esa información—. Korra. —Su voz profunda resonó en las entrañas de la menor, obligándola a alzar la vista. Asami habló con cuidado, pero con una decisión imperturbable—. Mi padre me dejo a cargo por algo, ya era hora de que se jubilase. —Esperó un par de minutos, dejó que Korra asimilase lo que acababa de decir y continuó—: ¿Estas cifras? Por eso estoy aquí para corregirlas. Y por eso se fue antes de tiempo.

Miró los bonitos ojos verdes de Asami, esperando ver un aire de comprensión en ellos. Pero no lo encontró. Parecían aún más fríos. —No puedo permitir que mi mano derecha se ponga en contra mía. Es contraproducente y dificulta mi trabajo.

Korra asintió, roja como un tomate.

—Por no decir que me molesta mucho.

—Lo siento —dijo Korra con un hilo de voz, bajando la vista—. No volverá a ocurrir.

—Sé muy bien que a los vendedores no les gustó la forma en que les hablé ayer, pero ¿sabes una cosa? —Asami bajó la cabeza para buscar los ojos de Korra y obligarla a levantar la vista.

—No me importa. Mi trabajo es aumentar el resultado final. No estoy aquí para ser su amiga o la tuya. Me da lo mismo caerles bien o mal. No es cosa mía. ¿Crees que me importa cómo me llaman mis empleados?

Korra cabeceó.

—No. Me interesa el último renglón del listado. Deben aumentar esa cifra.

Asami respiró a fondo y exhaló lentamente, ladeando la cabeza para mirar a Korra.

—Korra, creo que eres una estupenda asistente. Me alegro de tenerte aquí. Me has facilitado las cosas, y sólo llevo aquí dos semanas. Sé que Bumi puede ser muy molesto, como la mayoría de los vendedores, pero no permitas que te intimide. Y maldita sea, si tiene algo personal conmigo, dile que se comporte como un hombre y que me lo diga a mí. A lo mejor no le gustan mis métodos. A lo mejor a ti no te gustan mis métodos. Pero su opinión no me importa y, francamente, la tuya tampoco. Mi trabajo consiste en aumentar las ventas de esta región. Para eso estoy aquí y es lo que voy a hacer. Preferiría que me ayudes a que te enfrentes a mí, pero tú eliges. —Hizo una pausa para impresionar

— ¿Ha quedado claro?

Korra tragó saliva, consciente de que tenía la cara ardiendo, cosa que odiaba. Asintió, sintiéndose pequeñita.

—Bien. —Se reclinó y despidió a Korra con un gesto, dando por terminada la discusión—. Vete a casa. Come algo y descansa. Mañana tenemos mucho que hacer.

Korra se levantó, apretó el cuaderno contra el pecho y se dirigió a su cubículo sin mirar atrás. No quería que Asami viera como sus palabras le habían afectado. Avergonzada, recogió sus cosas en un tiempo récord y salió por la puerta de empleados, deseando meterse en su coche lo antes posible.

—Estupendo, la he hecho enojar… -fijo su vista a una pequeña maleta—debo relajarme, es tiempo de volver a las andadas. –dicho eso, saco su celular y marco

— ¿hay algo para mí? Si estoy segura, dime el lugar estaré ahí en seguida. Gracias –cuelga. —sensacional espero que el día mejore.

— ¡Esta noche tenemos una nueva retadora! –Gritaba un hombre algo mayor. –Su nombre ¡Azula, la princesa de fuego!

Los gritos siguieron, y la multitud se apartó cuando Azula entró en la habitación. Un espacio circular fue formado, y la multitud silbó, abucheó y se burló de ella. Azula saltaba, sacudía el cuello hacia atrás y adelante; su rostro severo y concentrado. La multitud se calmó. Las manos de Korra sudaban estaba nerviosa, la música sonó por los grandes altavoces en el otro lado de la habitación.

— ¡Nuestra siguiente combatiente no necesita presentación, porque personalmente esta mujer me asusta a morir cuando se enoja, pero lo haré por ustedes! Sacudan sus botas, chicos. Y señoritas ¡quítense sus bragas! ¡Les presento a Korra, La avatar Korra, está de vuelta!

El volumen explotó cuando la ojiazul apareció en una puerta de la habitación. Ella hizo su entrada, con un top negro y un short azul, aparentemente relajada y natural. Echó a andar hacia el centro del círculo, como si se estuviera presentado a otro día en el trabajo. Los músculos se extendían bajo su piel morena mientras ella chocó sus puños contra los nudillos de Sokka el árbitro y presentador de esta pelea. —Suerte Korra –le dijo ya apartándose de aquel círculo.

Azula se puso cara a cara con Korra y la miró directamente a los ojos. Azul vs Ámbar. La expresión de Azula era de miedo; Korra por su lado se veía ligeramente divertida.

Las chicas tomaron unos pasos hacia atrás, y Sokka grito — ¡Comiencen! —Azula tomó una posición defensiva y atacó a Korra. Azula la agarra con sus trabajados brazos y trató de tirarla al suelo. Cuando esta se inclinó con el movimiento, Korra estrelló su rodilla contra la cara de rival. Antes de que su oponente pudiera evitar el golpe, Korra la atacó; sus puños hicieron contacto con la cara ensangrentada de aquella chica una y otra vez.

Azula tiro un puñetazo para defenderse. La morena giro, para poder esquivar su golpe, pero no fue demasiado rápida, recibió el golpe en su ojo izquierdo, —no me vencerás tan fácilmente—pensó. Hizo un círculo completo, estrellando su codo derecho en el centro de la nariz de Azula. Sangre roció su cara y salpicó la parte superior de su top. Azula cayó al suelo de cemento con un ruido sordo y en un breve instante la habitación estuvo en completo silencio.

Sokka lanzó una tela roja cuadrada sobre el cuerpo quieto de la chica y la multitud estalló. El dinero cambió de manos una vez más y las expresiones se dividían entre satisfechas y frustradas

—La ganadora indiscutible por nocaut ¡La avatar Korra! –alzo el brazo derecho de la ganadora en señal de triunfo.

—Muy bien peleado niña, se nota que tu rendimiento no ha bajado para nada, espera unos minutos hablamos y te doy tu dinero.

—Gracias Sokka. —Observa cómo se va su antiguo amigo y como es que corre a los espectadores de su propiedad.

—Buena pelea Korra.

—Gracias Azula tú también peleaste muy bien, mejoraste este tiempo que no estuve.

—Si pero no tanto, no pude ganarte –sonrió.

—tu último golpe me sorprendió, seguro que mañana tendré muestras de lo que fuerte que te has vuelto –rio.

—Eso te ganas por no haber venido a visitarnos, pero estas perdonada ahora unas chicas y yo vamos a festejar ¿Vienes?

—Lo siento, pero mañana debo trabajar debo poner hielo a mi ojo gracias a ti. Sino tendré un lindo moretón que mostrar.

—De acuerdo, pero para la próxima no aceptare un "No" como respuesta –abrazo a quien hace menos de cinco minutos era su contrincante.

—Gracias fue bueno verte de nuevo.

Más tarde Korra ya había hablado con Sokka, recibido sus ganancias y ya se encontraba en su casa en su amado sillón reclinable con una bolsa de hielo sobre su ojo lastimado. —Solo espero que el maquillaje funcione y oculte este golpe. –Suspira cansada. —Hora de dormir, mañana será otro día.

Muchas gracias a todos los que han dejado su Review, me fascina leer lo que piensan de la historia. No duden de que su comentario será respondido en el siguiente episodio.

RESPONDIENDO COMENTARIOS:

Nobodyknows05: Gracias por leer y espero que te guste este nuevo episodio. Saludos.

AdharaMix: Así es desde que la vio en el baño le agrado ;)

Luz del Amanecer: Gracias al principio pensé que la temática no era bueno pero me decide a subir el fic con la esperanza de que les gustara a algunos :) Gracias por leer la historia.

Marydekuga: Gracias a ti por leer que bien que te gusta. Espero te guste este capítulo.

Zakuro Hatsune: jajajaja sí creo que fue corto pero es que no estoy acostumbrada a escribir mucho y fue quizás por eso que viste que escribi en primera persona en vez de tercera si te soy honesta aun no detecto ese error así que agradecería mucho si me dices en donde para verlo y así no volver a cometer ese detalle. Por ultimo no tomaría para mal tu comentario son recibidas las críticas constructivas, me ayudan a mejor. Gracias por leer

Sexy-Tomboy: Hola. Jaja si quise poner una escena con la muy interesante imaginación de Korra jaja Gracias por leer.

Zebra: Hola gracias me alegro por saber que te haya gustado y jaja tienes razón Kuvira tendrá que soportar que Asami pasara a formar parte de su vida junto con Korra. Saludos.

Anónimo: Hola Gracias por leer trato de tardar tanto en actualizar jaja como seguidora de otros fics sé muy bien que la espera es como tortura para el lector xD Saludos

DjPuMa13g: jaja Gracias por dejar tu review son bien recibidos :D que bien que te guste el objetivo era que el inicio de su encuentro fuera diferente respecto a tu pregunta es un Si pero no dire mas no quiero hacer spolier de la historia xD Espero te guste este nuevo capítulo.