CAPITULO 4: "UNA OSCURA ESTADÍA EN COREA DEL NORTE I"
En este capítulo se demostrará la crudeza del secuestro y maltrato por parte de los norcoreanos a Alfredson Loud y Roberto López.
Luego de un buen almuerzo, mientras Rita se dedicó a lavar los trastes que había dejado tanto Lincoln como su padre, el joven Loud siguió a su abuelo, que se dispuso a tomar sus pastillas para poder continuar con la historia, como se lo había prometido.
-¿Puedes pasarme un vaso con agua? – preguntó el abuelo para que pueda tomar sus pastillas.
-¡Por supuesto abuelo!- respondió con entusiasmo Lincoln mientras corrió a la cocina por aquel vaso con agua que necesitaba el abuelo para poder seguir relatando sus anécdotas de antaño. Lincoln apenas lo vio tomarse sus medicamentos, se dedicó a sentarse en el suelo y prestar atención a estos relatos.
-¿Listo? – preguntó el abuelo luego de tomar su última pastilla.
-¡Sí!- concluyó Lincoln.
-No recuerdo decían aquellos norcoreanos aquel día, pero nos apuntaron durante todo el trayecto a Pyongyang con fusiles AK-47 soviéticos…. – recordó nuevamente el abuelo al momento de ser capturado y trasladado a la capital de Corea del Norte junto con su compañero y colega de vida Roberto López, que por sus expresiones notaba nerviosismo en la parte posterior del auto, donde se encontraban d soldados norcoreanos, justo como pudo recordar el abuelo.
-¿Estabas asustado abuelo? – preguntó intrigado Lincoln por la forma en que relataba el abuelo la historia.
-La verdad que sí, no sabía qué hacer, ni siquiera podía entender a aquellos soldados que estaban gritando entre ellos mismos- dijo el abuelo en respuesta de la pregunta algo capciosa por parte de Lincoln, al no poder hacer nada el joven Alfredson, que sentía mucho miedo.
De lo poco que pudieron observar en aquel hermético país, las carreteras estaban completamente vacías, en las cuales solo pasaban convoyes militares para pruebas o simplemente una rutina diaria.
Un soldado se apiadó de los rehenes y decidió abrirles la compuerta en el cual estaban observando el paisaje norcoreano por un pequeño hueco en la parte transversal de aquel compartimiento.
-¡ESTO ES COREA DEL NORTE, NORTEAMERICANOS DE MIERDA– fue el grito de furia que lanzó otro soldado norcoreano que al verlos nuevamente, les lanzó un golpe con aquella arma de grueso calibre que cargaba en las manos. Un soldado empezó a reírse de tal maniobra, a tal punto que un golpe fue recibido por cada uno, tanto de Alfredson como de Roberto.
-Los norcoreanos nos odiaban, no sé cómo no morimos en ese instante, además ese corte que nos hizo en la cabeza fue algo profundo, la cabeza me daba muchas vueltas en ese instante- recalcó el abuelo mientras le enseñaba a su nieto la herida que le provocó ese golpe.
-¿A dónde crees que nos lleven?- preguntó algo intrigado Alfredson a su compañero.
-No lo sé, simplemente no lo sé…. – concluyó Bobby.
Luego de un lapso de aproximadamente ocho horas, desde su secuestro en Darigun, China, además de algunos refrigerios que los soldados estuvieron dispuestos a darles para que no pasen hambre, además de pasar por varios recintos donde a pesar de haber cosechas en abundancia, se notaba una completa pobreza por parte de los agricultores y personas del sector rural. Pasando además por varios sectores industriales en los cuales, los soldados recalcaban con el nombre de la ciudad con un inglés sencillo y rustico, el objetivo se acercaba cada vez más a los secuestrados.
-Un gran arco construido a base de dos mujeres que sostenían una serie de cestos nos decía que ya estábamos en Pyongyang- relató el abuelo Loud lo que había observado en ese lapso de tiempo, mientras que su mejor amigo se encontraba en reposo por tan largo viaje.
-¿Y cómo es esa ciudad abuelo? – preguntó Lincoln al escuchar que esa ciudad estaba en una completa ruina, además de pasar por una terrible hambruna por un gobierno dictatorial.
-En ese tiempo, la ciudad se veía muy próspera con sus grandes estructuras- contó Alfredson mientras recordaba con anterioridad su llegada a aquella ciudad comunista, para luego llegar a un fuerte militar norcoreano , donde los soldados se encontraban rompiendo filas para cumplir con sus labores.
-Nos bajaron en ese lugar, nos querían interrogar….- recalcó el abuelo, además de al momento de bajarse del auto, les ataron las manos y les llenaron de agua los pies para que si pensaban escapar, se les iba a resultar muy difícil, además de tener un guardia en cada lado custodiando su camino.
-Observé que era uno de esos campos de concentraciones en el cual los de la Agencia Norteamericana nos había contado, que todo rehén era llevado a un campo de concentración- siguió con su relato el abuelo, mientras Lincoln aun no podía salir del asombro por semejantes cosas que le ocurrieron en ese tiempo.
Luego de varios metros recorridos, los científicos fueron llevados a una pequeña covacha donde debían de aguardar, de repente apareció un general norcoreano, vestido con su típico traje verde oscuro, bañado en condecoraciones y medallas, en el cual también constaba un listón con una insignia dorada, además con el rostro de Kim Il-Sung, el cual era "Líder Supremo" de ese país.
Una cara furibunda se notó en ese general, el cual se empezó a presentar.
-Mi nombre es Lee Il Cho, su futura pesadilla cerdos bastados- fueron las pocas palabras que expresó aquel general que llamo a 4 soldados a atar tanto a Alfredson como a Roberto en unas sillas de madera, puesto que aquel sujeto tenia las intenciones de interrogarlos bajo torturas.
-¿Qué carajos estaban haciendo en frontera norcoreana? Y digan la verdad, o no querrán sufrir…. – fueron las palabras de aquel tipo que saco una navaja de una parte de su bota izquierda, para romperles la camisa que usaban los científicos.
-Ese sujeto colocó una batería industrial sobre una mesa conectada con 4 cables de fácil conducción, era un taser eléctrico casero….- fueron las palabras del abuelo al relatar la forma de tortura que deseaba emplear aquel nefasto tipo, el cual empezó a conectar los respectivos cables a la corriente eléctrica, para luego empezar a chocar los cables que restaban con sus manos.
-¡Alfred, no quiero morir!- fueron las palabras de histeria por parte de Bobby, en el cual se encontraba muy asustado para poder pensar en tal peligrosa situación.
-¡Hablen, los quiero escuchar! ¿Por qué carajos estaban haciendo estudios en nuestra frontera?- interrogó con más furia el general norcoreano mientras se acercaba con aquellos cables a sus respectivos cuerpos, mientras se mostraban decididos a no cooperar, debido a que aquel proyecto era confidencial y por ende los enemigos no debía de saber acerca de este proyecto militar impulsado por el Gobierno Norteamericano para poder monitorear desde el aire a sus enemigos.
-¡Tiempo de que hables negro! – gritó con profunda demencia mientras los cables toparon el torso de Bobby, que no pudo resistirse al dolor por el choque por los más de 7200 kv que recibió producto de no "cooperar" con aquella insistencia.
-Fue un momento muy difícil a ver a mi mejor amigo sufrir por tremenda carga que tuvo que soportar, a mí me electrocutaron dos veces, pero Bobby me defendió durante todo el proceso, el recibió cinco descargas…. – fueron parte de las palabras del abuelo al relatar el nivel de tortura que recibieron los jóvenes científicos, mientras Lincoln se dispuso a traer un vaso con agua que el abuelo pidió, debido a aquel relato crudo, producto de su arriesgada vida.
A partir de la quita descarga, Alfredson Loud no quiso ver sufrir nuevamente a su mejor amigo por otra descarga que estaba lista por parte de aquel general, tanto así que se escuchó un grito estruendoso en toda la covacha que sorprendió inclusive al mismo general ,el cual se le cayeron los cables.
-¡HABLARE, PERO YA DEJEN DE TORTURARNOS!- me expresé con todas mis fuerzas, no aguantaba más descargas, mucho menos las que les estaban dando a su amigo Bobby, con algo de temblor en sus labios relataba aquel duro momento que paso en aquel interrogatorio. El general de repente se lo noto con una sonrisa frívola pero alentadora por algunas palabras que empezó a decirles a aquellos rehenes que sufrieron producto de tal tortura que el mismo había fabricado.
-Ahora si están hablando en mi idioma, ¡desátenlos!- fueron las palabras del general, al dar la orden de desatar de manos y pies tanto a Alfredson como a Roberto, por el cual empezaron a relatar todo lo que sabían, desde los principios del proyecto hasta cual era el objetivo de realizar aquellos estudios en la frontera.
-¿Qué les costó cooperar desde un principio? – recalcó aquel sujeto, que luego de aquella información dada, se retiraba con una sonrisa de oreja a oreja por "tal buena labor" para aquel régimen, sin antes darles una bofetada a cada uno de los científicos.
-Lo hicieron bien estúpidos, y para que vean que soy benevolente….- fue parte del diálogo que Lee expresó mientras dio la orden de traer comida a los rehenes, que por las expresiones en sus rostros denotaban cansancio, hambre y sed. El general se retiró del sitio lentamente, sin antes mencionarles que ese iba a ser su lugar de estadía hasta que otro alto superior del gobierno central norcoreano decida qué hacer con aquellos amigos que sintieron un miedo por su impunidad.
-Alf, te debo la vida…. – fue la reacción de Roberto al agradecerle por haber terminado con semejante tortura.
-¡Somos hermanos y los hermanos nunca se dejan caer!- expresó con furia el abuelo luego de aquellas palabras que hicieron sentir culpable al abuelo Loud, producto de las descargas eléctricas. Luego de ello, dos soldados llegaron al lugar para entregarnos un plato lleno de comida, en lo cual apenas les entregaron aquellos alimentos, se dedicaron a comer sin cesar, debido al hambre.
Una vez con el estómago lleno, los mismos soldados llevaron una manguera de bombero, de aproximadamente 50 cm de diámetro para poderlos asear, bajo un chorro ilimitado de agua helada, para entregarles una muda de ropa y que puedan dormir en dos bolsas para descansar que los mismos soldados cargaban.
-Por lo que veo, el general fue algo benevolente abuelo- interrumpió Lincoln luego ese relato sobre aquellas cosas que recibieron en aquella covacha.
-Sí, fue muy benevolente Cho- el abuelo respondió aquella incertidumbre mientras se acordó de otra covacha que tenía a unos cuantos norcoreanos desnutridos, sin asearse, además de mostrar signos de tortura.
-Al recostarme, recordé mucho a Lorient…- conmemoró aquel momento el abuelo, mientras Lincoln se disponía a comer unas frituras que Rita le llevó a la casa luego de hacer algunas compras en el centro comercial para la cena de más tarde.
-¡Dame!- fue ágil el abuelo al momento de quitarle una que otra fritura que estaba degustando Lincoln.
-¡Abuelo! – fue la queja del joven Loud.
La noche paso en un abrir y cerrar de ojos por el cansancio y los recuerdos que agobiaron tanto a Alfredson como a Bobby, en especial de sus respectivas esposas e hijas que se encontraban al otro lado del mundo, pidiendo día a día que sus esposos estén sanos y salvos en aquellas tierras peligrosas, cosa que no era así.
Las seis A.M daba el reloj por la alarma que sonó en aquel campo de concentración en las afueras de Pyongyang, en el cual el general entró lentamente a la covacha donde se encontraban los norteamericanos, con dos carpetas en su mano izquierda, donde constaba toda su información, desde la fecha de nacimiento hasta sus trabajos más recientes en los cuales les costó su secuestro.
-¡Arriba pedazos de mierda, esta vez sí van a trabajar en serio! – fueron las palabras de Cho, mientras nuevamente se los ataba de manos para que sus intentos de escape fueran en vano, custodiados además por dos soldados cada uno. La luz del día cegó por un momento a los compañeros, producto de estar toda la noche en un lugar absolutamente oscuro.
-Nos llevaron a una especie de oficina, donde nos esperaba una persona superior a aquel general por el acto de reverencia que les hicieron todos aquellos que nos dirigieron a ese lugar- contó el abuelo mientras a cada momento degustaba de aquellas frituras que su nieto tenía en una funda plástica.
-Tomen asiento, les voy a ser claro y conciso- les dio la bienvenida a Alfredson y compañía un astrofísico- general del partido Juche , el cual era apodado "Copérnico" por sus vastos conocimientos en la rama, además de ser el encargado de otro proyecto norcoreano en secreto nombrado "Wanbyeoghan Seupai", o simplemente "Plan WS" , que significaba espionaje secreto en coreano, que consistía en lanzar dos satélites militares camuflados como comerciales de Corea del Sur , dado que aquel país del sur estaba probando también esa misma tecnología bajo la tutela de Estados Unidos, tanto en espacio aéreo surcoreano como norteamericano.
-Ellos ya sabían que íbamos a ir su frontera, ya todo el secuestro estaba planificado- dijo el abuelo Loud mientras Lincoln quedó mas impactado de lo normal por aquellas declaraciones.
-¿Ya sabían? – preguntó Linc.
-Sí, ya sabían que íbamos a hacer estudios- siguió con su relato el abuelo.
Las opciones son sencillas trabajar con nosotros para sobrevivir o morir por negarse a colaborar- fue parte del dialogo de aquel hombre, que por dentro sabía que iban a aceptar, puesto que deseaban ver a sus respectivas familias y no morir de forma tan prematura.
Con cabeza gacha, daban por positivo la colaboración que iban a realizar para el gobierno norcoreano, cabe recalcar que tanto Alfredson como Roberto tenían conocimiento sobre el espacio aéreo norteamericano, tanto así que en los cuadernos de estudios de los científicos tenían todos los apuntes y estudios de aquellos espacios aéreos, aquellos cuadernos se encontraban confiscados, hasta que acepten el trabajo de tiempo completo, donde iban a realizar aquellas labores solo por sobrevivir, mas no por profesión.
-Nos llevaron a la ciudad, donde íbamos a estar hospedados hasta el día siguiente , donde nos detallaron que trabajaríamos 10 horas los 7 días de la semana, en diferentes puntos de Corea del Norte , primero para obtener coordenadas de aquel país, luego seguir con el protocolo- relató Alfredson Loud a su nieto.
-¿Cuánto tiempo te iban a tener ahí abuelo? – preguntó curioso como siempre Lincoln.
-Hasta el día que me muera…. – concluyó el abuelo.
Lincoln no supo que responder a aquellas palabras por parte del veterano de la astrofísica, tanto así que solo le dio pauta para que el abuelo siga nuevamente con su relató.
-Hicimos algunos estudios en ese país, y aunque ya no nos trataban como rehenes, nos sentimos presos al no poder salir de aquel país, sin ni siquiera poder ver ni escribir a nuestras familias- recordó con mucha tristeza aquellos días de estudios de campo junto a su amigo, pero sin el apoyo y cariño de su familia, en especial de su amada esposa Lorient y su hija Rita, en honor a Santa Rita de Cascia, beata italiana, a la cual calculó que había nacido 5 meses atrás, días después de que Alfredson partiera a su viaje por trabajo, que al parecer , no tenía retorno.
-Estuvimos en Corea del Norte casi dos años, trabajando como esclavo por nuestra supervivencia, hasta el día que fugamos de ese nefasto país – contó el abuelo.
-¿Y Bobby? – preguntó Lincoln luego de escuchar tanto de él.
-No volvió conmigo a casa luego de la huida que tuvimos…. – terminó de relatar el abuelo, mientras Rita llamó a merendar tanto a su padre como su hijo , cosa que no le agradó tanto al joven Loud por haber interrumpido en el punto máximo del relato.
-¿Te pasa algo abuelo? – preguntó Linc al ver un poco sollozos los ojos del abuelo.
-No, tranquilo querido Lincoln, vamos a comer- invitó el abuelo a la mesa y degustar de canelones que preparó la Sra. Loud con mucho esfuerzo.
Aunque el abuelo por fuera demostró fortaleza a su nieto, por dentro aún se sentía devastado por aquel fatídico día de Octubre del año 1974, el cual no volvió a ver más a su mejor amigo.
Aquí termina el capítulo de hoy, sin antes agradecerles de antemano por leer mis historias, que son simplemente entretenimiento para mi alma, además de llevarles una buena historia, gracias totales!
Atte: TonyPresido, un pequeño topógrafo.
