La noche estaba llena de sentimientos puros. Un estruendoso sonido volvía impacientes a la juventud inglesa, que saltaba con salvaje locura cuando escuchaban esa agradable poesía que tanto les gustaba, bueno claro, no solo la poesía grotesca y real le gustaba, también les encantaba ver como Patán y Brutacio se golpeaban arriba del escenario, parecía que se potenciaban cada vez mas. Se potenciaba el fuego en las almas de los chicos y un terrible nudo en la garganta de Hipo. Estaba con el corazón que le palpitaba a mil, ya que estaba preocupado por el bar y sus futuras condiciones y que tenía a su amor justo a su lado.
Desde el escenario, Brutacio podía ver a casi todo el público, que esperaba con ansias otra canción. Entonces fue ahí donde buscó las miradas de sus amigos y pudo ver.. ¿Que? ¿Como es posible? ¿Acaso tomó demasiado o de verdad estaba viendo a su hermana besándose con otro muchacho? Se enfureció totalmente.
- ¡Patán! - Gritó a su amigo. - Mira a Brutilda. Yo no sé quien mierda es ese pero te juraría que podría ir y romperle la cara... ¡Y a ella también! - Brutacio estaba muy enojado y celoso.
- Si es cierto, pero mira Brutacio, cuando tú estés con otra chica no creo que a ella le.. - Patán volvió a ver a su amigo, que ya no estaba, solo vio el micrófono y su bajo en el piso. - ¿Brutacio?
- Allá está. - Dijo Patapez mientras lo señalaba.
- ¡Ay por Thor..!
Y claro. Un concierto Punk no estaba completo totalmente sin una pelea. Si, Brutacio había agarrado a ese chico que estaba con su hermana. Brutilda gritaba y maldecía a cada Dios por ver como su estúpido hermano se metía en sus asuntos. Brutacio sin escuchar, no por su terca manera de ser de no escuchar a nadie y seguir adelante si no, que había una multitud de rockeros gritando y riendo por esa situación.
¿Sus amigos? Bueno, Patán y Patapez casi se unieron a la pelea, pero era mejor ver cada detalle y luego comentarlo en un par de año para reírse. A Hipo le faltaban uñas. No sabía que hacer para calmar esa lucha. Había parado una discusión de hermanos anteriormente, pero no una pelea cuerpo a cuerpo y encima, de dos tarados.
- ¡Y no toques a la tarada de mi hermana nunca mas! - Finalizó, mientras lo sacó a patadas del bar.
La multitud comenzó a gritar otra vez. Él se sentía orgulloso, pero claro su hermana estaba totalmente avergonzada y lo volvió a golpear e insultar. ¿Amber? Ella miró seriamente la pelea mientras fumaba un cigarrillo. Estaba acostumbrada a ver esas peleas tontas y sin sentido.
- ¡Eres un imbécil, Brutacio! ¿Por qué te metes en cosas que no te incumben? Yo me largo de aquí. - Dijo enojada su hermana, saliendo del bar muy velozmente.
- Ops, se enojó la rubia. - Dijo Patán por el micrófono, haciendo reír a cada espectador.
- Mira Brutacio, si vas a pelear hazlo fuera del bar ¿Está bien? No quiero tener problemas con mi padre luego. - Dijo Hipo ya calmado.
- Esta bien, lo tendré en cuenta la próxima vez. - Dijo riendo. No le importó mucho el enojo de su hermana.
- Deberías ver que pasó con Brutilda. - Dijo Amber.
- Eh yo me voy ahora, tengo que trabajar. - Dijo Astrid. - Si la veo, le aviso que valla para la casa de Hipo. ¿Está bien?
- Claro. - Dijo Hipo sonriente. - Allá la recibirán bien.
- Bien, nos vemos. - Dijo Astrid cuando salió del bar algo apurada.
- Bueno, ¿Que tal si seguimos otra ronda? - Dijo Patán por el micrófono. - Por cierto chicas, estoy disponible, búsquenme luego del show, bellezas.
- Oh Patán, cállate por favor. - Dijo Patapez por el otro micrófono. - Brutacio vuelve al escenario, necesitamos seguir.
- ¡Ya voy! - Gritó.
Mientras subía al escenario pensó que había pasado con su hermana y a donde había ido, pero luego dejó de preocuparse y siguió tocando. Total, sabía que Astrid había ido detrás de ella.
Por cierto, había algo que no dejaba de inquietarles a todos... ¿Donde trabaja? Porque a estos horarios, que trabajo podía ser. ¿Enfermera quizás? No, para eso hay que estudiar y ella solo tiene diecinueve años. ¿Cuidaba ancianos? ¿Vendía drogas? ¿Tenía un kiosko? No lo sabía. Cualquier cosa podía ser, obviamente, pero aún no le interesaba. Tal vez, algún día lo descubrirían.
Astrid caminó unas cuadras, cuando fue allí donde vio a Brutilda caminando por un bulevar. Gritó su nombre y la gemela la se dio vuelta y la esperó. Siguieron caminando y hablando tranquilamente, como si ya se conocieran de antes. Tal vez así era, ya que Astrid venía del mismo lugar que Ilda.
- Mi hermano es un tarado. - Dijo muy enojada. - ¿Por que no se mete en su vida y me deja en paz?
- Te entiendo, hay mucha gente que hace eso. - Dijo Astrid con una sonrisa. - Pero tú no le des importancia. El es así porque te cuida y te quiere.
- Si, seguramente. - Dijo irónicamente. - Y lo peor es.. Que el chico era lindo y besaba muy bien. - Dijo lamentándose y riendo.
- Bueno, yo conosco un lugar donde hay muchos chicos. - Dijo algo seria. - Pero si te llevo, ¿Prometes no decirle a nadie?
- No, claro que no. Será nuestro secreto de chicas. Mi hermano y sus amigos no tienen porqué enterarse donde he estado. - Dijo con una sonrisa maliciosa.
- Esta bien. Esta noche nos vamos a divertir. - Dijo Astrid entusiasmada.
- ¿Y a donde se supone que vamos? - Preguntó Brutilda.
- A mi trabajo.
Ambas siguieron caminando riendo y contando algunas experiencias de vida, como cualquiera ¿No? Parecía que se llevarían bastante bien, pensaba casi igual y eso las hacía unirse.
Mientras tanto, en el bar...
- Y bueno, así fue como me surgieron estas cicatrices. - Decía Patán abrasado a dos chicas.
- Que valiente. - Dijo una de ellas.
- La verdad, esas cortaduras se la hizo jugando con unas hojas. - Dijo Patapez al oído de una de las chicas.
Todos en la mesa comenzaron a reír. Excepto Patán claro, que miraba a su amigo con los ojos entrecerrados.
- ¿Hipo no vas a tomar nada en toda la noche? - Preguntó Patapez.
- Bueno, yo no soy de tomar mucho porque tal vez..
- Bah, ¡Una cerveza, por favor! - Gritó Patán. - Salí de la rutina aburrida de estar todos los días sobrios, por lo menos, esta noche haz algo diferente.
- Esta bien. - Dijo Hipo cuando vio la gran jarra que rebalsaba de una blanca espuma. - ¿Estás seguro?
- Si, no pasa nada. Una cerveza no es la gran cosa.
Hipo se encogió de hombros y aceptó. Tomó un sorbo y luego sus pupilas se agrandaron. ¿Le gustó? Y la había probado antes, pero parecía que esta tenía algo diferente y no sabía porqué. Sin pensarlo dos veces, se tomó la bebida de una vez y golpeó la jarra contra la mesa pidiendo otra.
- ¡Quiero otra! - Gritó con una sonrisa de oreja a oreja.
- He creado un monstruo. - Pensó Patán. - Pero bueno, el chico se tiene que divertir.
- Claro primo, no pasa nada. Solo son unas pocas cervezas. - Dijo Hipo mientras vio la gran jarra llena otra vez.
- Pero te recomiendo que la tomes despacio. - Dijo Patán otra vez.
Hipo giró los ojos, y volvió a tomar un trago de su deliciosa cerveza.
En la barra, estaba Brutacio y Amber charlando como buenos amigos tomando algo. Como él lo había pensado, trataría de pasar una agradable noche en el bar.
- Tú y tu banda saben como entretener al publico. - Dijo Amber tomando su vaso.
- Si, nosotros somos así. - Dijo Brutacio mientras reía.
- Y creo que tu pelea con Patán fue mejor que la otra acá en el piso.
- Si, creo que si.
- ¿Por qué le pegaste así al chico? - Pregunto Amber, mientras reía.
- Bueno, porque mi hermana es .. Mía. - Dijo mirando el piso. - Hay veces que creo que lo hace solo para molestarme.
- No te creas algo, ella no está pensando cada momento en ti, una hermana no está pensando en su hermano cada momento de su vida. - Dijo Amber algo seria.
- Pero dime... ¿Quien no pensaría en esta belleza caminante? - Dijo para si mismo, señalándose.
- Estas loco. - Dijo Amber mientra reía. - Pero creo que tienes razón.
- Claro.
Brutacio sonrió al ver como su amiga reía por eso ultimo. Había tomado algo de la esencia de Patán para decir eso, ya que presumir de si mismo, era su estilo.
Siguió su entretenida charla. Parecían tener bastante en común y se fundió en cada palabra que decían, como si estudiara cada movimiento de sus labios. Pensó que era una estupidez, pero esa chica lo podía... Tanto que ni se dio cuenta de que el bar había quedado casi desierto, de que Hipo estaba tirado sobre una mesa llena de jarras, de que Patán no estaba allí y que Patapez estaba... ¿Con unas chicas? Se dio cuenta de esto, solo cuando Amber decidió irse, al otro día debería trabajar y ya era algo tarde. Se despidió de la chica y la acompañó hasta la salida.
Se fijó en el reloj y ya eran las cuatro y media de la madrugada. Se llevó la mano a la frente y pensó "¡Que noche!". No habría sido la mejor de todas, pero si una buena.
Volvió al interior del bar y miró a Hipo que estaba acostado arriba de la mesa y lo despertó. Preguntó donde estaba Patán, pero nadie le daba una respuesta. Subió a la terraza y vio que la puerta del baño estaba abierta. Pensó que allí estaría, y si. Allí estaba, durmiendo en el piso del baño. Que descontrol.
- Patán levántate, nos tenemos que ir. - Dijo Brutacio, mientras le pegaba patadas a su amigo. - Vamos levántate.
- ¿Que ? - Decía somnoliento. - ¿Donde estoy?
- Estas durmiendo en el piso del baño y si sigues así te va a dar una contractura y luego yo te voy a tener que aguantar. Así que vamos para la casa de Hipo.
- Esta bien. - Dijo cuando levantó su cabeza y luego, se le volvió a caer. - ¿Me levantas, amigo?
- Bien. ¿Que sería de ti sin mi?
Ambos bajaron las escaleras con mucho cuidado y llegaron a las mesas. Brutacio le dijo a Hipo que llamara a la limusina. Con algo de pereza, el chico obedeció y luego de esperar unos minutos, pudieron ver el auto que se detenía en la puerta del bar.
Al salir, subieron todos como podían. Era gracioso, ya que todos estaban ebrios excepto él, que se había propuesto hacerlo esa noche, pero de igual manera, necesitaba recordar cada palabra de la linda camarera, que no era solo una cara linda, también era muy inteligente y eso lo alentaba bastante.
Mientras iba a casa, volvió a pensar en su hermana y en donde se encontraba. Se preguntó si ya estaba en casa, lo averiguaría al llegar. Mientras tanto, no quería hacerse pensamientos malos.
Cuando llegó, el mayordomo abrió la puerta y le dijo que pasaran, tarea difícil para los demás que no podían ver bien la entrada. Con algo de ayuda pasaron, subieron las escaleras y seguramente se fueron a bañar, porque emanaban ese horrendo olor a alcohol caliente. Por otro lado, Brutacio se quedó en la sala.
- Disculpe, ¿Mi hermana ya está aquí en la casa? - Preguntó.
- No, aquí no ha llegado nadie. - Respondió el mayordomo.
- Esta bien, gracias.
Brutacio se tiró en uno de los sillones, esperando a que su hermana abriera la puerta. A los pocos segundos vio al dragón que bajaba las escaleras y se echaba en la alfombra de la sala, con algo de pereza. Entonces, volvió a mirar la puerta con los ojos entrecerrados, el sueño lo vencía.
- Gruñe cuando venga la rubia. ¿Si?
El rubio vikingo cerró los ojos y se acostó en el largo sillón cuando escuchó como el dragón resoplaba. Pasaron los minutos y el chico ya se había fundido en sueño.
El timbre sonó por toda la casa, entonces el mayordomo atendió la puerta y era Brutilda que llegaba. Al pasar, trató de no hacer mucho ruido pero como Chimuelo lo había prometido, gruñó al verla. Al instante, Brutacio se despertó y pudo ver a su hermana que recién había pisado el primer escalón.
- Así que recién llegas. ¿Donde estabas? - Dijo seriamente mientras se limpiaba los ojos.
- No te importa. - Dijo y subió unos escalones mas.
- Vamos dime, llegamos hace unos minutos, ¿Donde estabas?
- Estaba en... Estaba con Astrid en su trabajo y no te diré mas nada. - Se dio media vuelta y siguió subiendo.
Brutacio pudo ver que algo se le había caído así que fue hacia la escalera y allí encontró algo. Un antifaz con unas plumas.
- ¿Que es esto? - Pensó.
Estaba con Astrid en su trabajo.
- ¿Donde rayos trabaja esa chica? Lo tendré que averiguar.
Ayyyyyyyy bueno, este capitulo creo qe revela algo no? Si no, ya van a saber todo en el proximo capitulo. Espero sus reviews qe me inspiran ;) Jjajja Bye, PEOPLE.
