Comentarios: Se sitúa diez años luego de la película Rise of the guardians. Es el primer Hiccup/Jack que hago, y espero que la actitud dominante de Hiccup me salga más o menos bien uvu
Discleimer: Ningún personaje me pertenece, todos son propiedad de DreamWorks y sus respectivos dueños.
Atención: Chicos terriblemente sexys[? Contenido yaoi, homosexual. Desde ya, homofóbicos, absténganse de leer y busquen algo de su agrado, ¿sí? Gracias ~ ¡Al resto, disfrútenlo!
Películas involucradas: Rise of the guardians [El Origen de los guardianes]; How to train your dragon [Como entrenar a tu dragón]
A mi lado hasta el final
¡Capítulo dedicado a TianaEspecial!
Jack ese día se encontraba meditando, sobre la copa de un gran pino. Imágenes del día previo aún navegaban por su cabeza, reviviendo mares vergonzosos. Suspiró, llevándose una mano al rostro, sintiéndolo tibio. ¿Qué rayos había sido eso?
Sí, eso. Eso mismo que el castaño le había hecho la tarde del día anterior. ¿¡Qué demonios había sido eso!? Se quejó por lo bajo y se bajó de la cima, dejándose caer suavemente sobre la rama del mismo árbol, recargándose contra el tronco. Observó el cielo grisáceo, señal de que pronto anochecería y fue cerrando sus ojos, con lentitud, preso de una sensación extraña y pesada.
—Oye, Jack…— Conocía esa voz, por supuesto que la conocía. Abrió sus ojos, cegado por la luz del sol, y lo vio. Delante suyo, el torso al descubierto y una sonrisa cretina; ese último detalle le hizo fruncir el ceño.
—¿Hiccup?, ¿Qué rayos…?—Se hizo hacia atrás, abriendo sus ojos en cuanto su cabeza golpeó el tronco del árbol. Se llevó ambas manos a su cuello, dónde estaba la mano del vikingo, sosteniéndolo con fuerza. Intentó inhalar con fuerza, casi sin aire. Lo miró, sus ojos resplandeciendo en miedo, pero mostró sorpresa al verse, ahora, él, enteramente desnudo.
—Jackie, ahora me toca a mí…
—¿Qué vas a—se quejó ante la presión, viéndolo con sus ojos aguados. En un solo movimiento, su pecho tocó la rama y su cuello pasó a ser sostenido con la misma mano, firmemente. Vio como la otra mano se entrometía entre sus piernas, y levantaba sus caderas; el tacto ardiente más que presente.
—Prepárate Jack, esto va a dolerte… y mucho…
—¿De qué estás—se calló al sentir un golpe en su mejilla, cayéndose del árbol y enterrándose en la nieve. Se removió los restos del blanco invernal y miró hacia arriba, más que molesto. La pelirosa riéndose en regocijo.
—¡Al fin despiertas, Jack!—Cupido se sentó sobre la rama, con lo que aparentaba ser una sonrisa de oreja a oreja—. Realmente no quería despertarte, y es que sé que estabas teniendo un bonito sueño, pero al parecer alguien soltó ciertas palabras y ahora los Guardianes saben sobre tu pequeña y "secreta" relación con nuestro querido, y amado por ti, Señor del Otoño.
Los pensamientos de Jack salieron tan impulsivos que se atropellaron en su boca y apenas algo se entendió— ¡No sé de que sueño estás habland-¿¡Quién se supone que dijo algo como es-¡Yo no lo amo!
La oji-crema solo ensanchó su sonrisa— Pequeño Jack Frost, ¿puedo hacerte una pregunta para quitarme dudas?— Entrelazó sus manos, tranquilamente, bajo la mirada desconfianza del Guardián de la Diversión.
— Depende… ¿Saldré lastimado?— La femenina se rió y negó con la cabeza— Entonces… Adelante…
Cupido sonrió, satisfecha con la respuesta—Bien, —Curvó sus labios en una sonrisa gatuna— dime Jack… ¿Alguna vez has tenido… "La Charla"?
¿Qué?, el adolescente eterno la observó con sus ojos abiertos, y entonces la chica se convenció de que su respuesta era sí, salvo por… —¿La Charla? ¿Qué es eso?— Que oportuno.
—Ya sabes, Jack… La Charla, todas las personas la tienen en algún momento—Su sonrisa se amplió— Salvo cuando algunos lo descubren por si solos, claro…—Se rió por lo bajo— Es algo muy importante que debes saber… Más ahora que Hiccup está esperando hagas algo por… él… —Se bajó de la rama, permaneciendo en el aire, amagando con irse— Yo si fuera tu iría a que me la dieran. Tu familia de Guardianes deben de poder hacerlo, todos los padres lo dicen a sus hijos— Le guiñó un ojo, alejándose— ¡Suerte!
Y así es como, rebosante de curiosidad e intriga, el espíritu invernal emprendió vuelo hacia el cielo.
Supo que primero debía buscar a aquel que estuviese más cerca, se ahorraría energías de estar volando de aquí para allá. Y como si sus pensamientos hubiesen sido escuchados, arena dorada comenzó a aparecer en los cielos nocturnos, ocasionándole una sonrisa.
—Justo a tiempo, Sandman…—Sonrió y se apresuró a llegar hasta la fuente de todos esos granos de arena flotantes y mágicos. Su sonrisa se amplió al ver al hombrecito sobre su nube de arena, haciendo su trabajo como cada noche desde tiempos inmemorables —¡Meme!—El aludido se volteó hacia el dueño de la voz y se mostró alegre, agitando su mano. El peliblanco se rió, acercándose. Mantuvo distancia para no arruinar su trabajo—Es bueno encontrarte, necesito hacerte una pregunta…
El Guardián de los Sueños lo miró con curiosidad, más un signo interrogativo que apareció sobre su cabeza; expectante. Jack sonrió—¿Me darías "La Charla"?
¡Boom!
Jack vio con sorpresa como el ser delante suyo liberar arena por sus oídos y su rostro oscurecerse de ira. Se espantó—¡S-Sé que no hablas! P-Pero, ¡aprendiste a escribir con la arena! Y-Yo solo… era una pregunta…—El espíritu más bajo negó cuantas veces pudo y entonces Jack notó y comprendió que no era rojo de ira, era rojo de… ¿pena? Estaba a punto de decir algo pero Sandman se le adelantó.
Sobre la cabeza del mayor apareció una figura que el espíritu invernal pudo reconocer fácilmente. Semejante a un duende.
—¿Dingle?... Espera… ¿North? ¿Te refieres a North?—Preguntó, el otro, calmándose, asintió—¡Oh! ¿Tú crees que North pueda ayudarme?—Sonrío ampliamente y solo asintió, antes de salir despedido al cielo y dejar al otro seguir su trabajo— ¡Gracias Meme!
El Guardián de los Sueños lo vio alejarse hasta perderlo y casi pareció rogar con la mirada al delfín que estaba a su lado que nadie se desquitara con él luego.
No tardó mucho en llegar al Santoff Clausen, entrando como si fuese su propia casa—aunque por el tiempo que pasaba allí parecía así—, buscando a Santa con la mirada.
El mismo se encontraba sentado tranquilamente sobre un gran sofá de una sola pieza, disfrutando gustosamente de sus galletas y el vaso de leche que sus amigos yetis traían para él. Todo era una ambiente demasiado pacífico en la hora de descanso del Guardián del Asombro; eso al menos hasta que el viento corrió.
—¡North!—El anciano observó a quién veía como a un hijo—¡Dame La Charla!— Los yetis se cubrieron cuando el mismísimo Papá Noé escupió lo que estaba comiendo. Muchos, entre ellos Phil, se acercaron a auxiliarlo cuando comenzó a toser. El peliblanco vio estupefacto como se lo llevaban y lo dejaban solo—Eh… ¿dije algo malo?
Uno de los yetis regresó antes de que el muchacho helado partiera. Permaneció en silencio y tomó una de las pizarras que usaban los niños para dibujar o escribir. Tomó un marcador y trazó líneas, mostrándole luego al espíritu del invierno.
Jack mostró confusión al ver lo que parecía un ave y una… ¿abeja? Arqueó una ceja y observó una vez más al ser lleno de pelo. Éste amagó con golpearse el rostro, pero se reprimió.
Con las señas que pudo hacer para que el menor entendiera, Jack supo qué decía hacer: buscar a Tooth.
Cuando llegó al Palacio de los Dientes, lo primero que hizo fue buscar plumas brillantes y coloridas. No le tomó mucho tiempo hacerlo.
Sonrió al ver al Hada con apariencia de colibrí que tenía como compañera. Se acercó a ella, casi desesperado. ¡No entendía nada de lo que estaba haciendo o sucediendo! Era frustrante. Antes de poder hablar, ya la tenía enganchada al cuello. Se rió y le devolvió el abrazo.
—¡Jack, que alegría verte!—Dijo, emocionada, una vez se separó de él. Notó entonces el rostro casi suplicante del chico y cambió su expresión a una de preocupación— ¿Qué sucede, Jack?
—Tooth, quiero preguntarte algo…—Sonrió nervioso. Ya dos de sus familiares de corazón no habían reaccionado como esperaba. La Guardiana de los Recuerdos era comprensiva, pero tenía miedo de que sucediese lo mismo; intento, por ello, ser menos directo— ¿Sabes algo sobre aves o… abejas?
Era oficial, el rostro femenino mostró entera confusión— Jack, ¿qué es lo que quieres saber sobre… abejas?
El peliblanco estaba más que desesperado— N-No lo sé, uno de los yetis de North me dibujó una abeja en una pizarra y dijo que viniera a verte.
—¡Oh!—La mujer colibrí sonrió— Creo que sé que es lo que quiere que haga…—Se acercó, diciéndole algo a las pequeñas BabyTooths y volvió con él— ¡La Historia de las Abejas!
—¿La historia de las abejas?—Parpadeó confundido, viéndola asentir. Se encogió de hombros y solo la miró— ¿De qué trata?
—Te la contaré entonces…—Dijo, con una simple sonrisa.
"Era, pues, una abeja haragana. Todas las mañanas apenas el sol calentaba el aire, la abejita se asomaba a la puerta de la colmena, veía que hacía buen tiempo, se peinaba con las patas, como hacen las moscas, y echaba entonces a volar, muy contenta del lindo día. Zumbaba muerta de gusto de flor en flor, entraba en la colmena, volvía a salir, y así se lo pasaba todo el día mientras las otras abejas se mataban trabajando para llenar la colmena de miel, porque la miel es el alimento de las abejas recién nacidas.
Como las abejas son muy serias, comenzaron a disgustarse con el proceder de la hermana haragana. En la puerta de las colmenas hay siempre unas cuantas abejas que están de guardia para cuidar que no entren bichos en la colmena. Estas abejas suelen ser muy viejas, con gran experiencia de la vida y tienen el lomo pelado porque han perdido todos los pelos al rozar contra la puerta de la colmena.
Un día, pues, detuvieron a la abeja haragana cuando iba a entrar, diciéndole:
– Compañera: es necesario que trabajes, porque todas las abejas debemos trabajar.
La abejita contestó:
– Yo ando todo el día volando, y me canso mucho.
– No es cuestión de que te canses mucho – respondieron –, sino de que trabajes un poco. Es la primera advertencia que te hacemos.
Y diciendo así la dejaron pasar.
Pero la abeja haragana no se corregía. De modo que a la tarde siguiente las abejas que estaban de guardia le dijeron:
– Hay que trabajar, hermana.
Y ella respondió en seguida:
– ¡Uno de estos días lo voy a hacer!
– No es cuestión de que lo hagas uno de estos días – le respondieron –, sino mañana mismo. Acuérdate de esto. Y la dejaron pasar.
Al anochecer siguiente se repitió la misma cosa. Antes de que le dijeran nada, la abejita exclamó:
– ¡Si, sí, hermanas! ¡Ya me acuerdo de lo que he prometido!
– No es cuestión de que te acuerdes de lo prometido – le respondieron –, sino de que trabajes. Hoy es diecinueve de abril. Pues bien: trata de que mañana veinte, hayas traído una gota siquiera de miel. Y ahora, pasa.
Y diciendo esto, se apartaron para dejarla entrar.
Pero el veinte de abril pasó en vano como todos los demás. Con la diferencia de que al caer el sol el tiempo se descompuso y comenzó a soplar un viento frío.
La abejita haragana voló apresurada hacia su colmena, pensando en lo calentito que estaría allá adentro. Pero cuando quiso entrar, las abejas que estaban de guardia se lo impidieron.
– ¡No se entra! –le dijeron fríamente.
– ¡Yo quiero entrar! –clamó la abejita–. Esta es mi colmena.
– Esta es la colmena de unas pobres abejas trabajadoras le contestaron las otras–. No hay entrada para las haraganas.
– ¡Mañana sin falta voy a trabajar! –insistió la abejita.
– No hay mañana para las que no trabajan– respondieron las abejas, que saben mucha filosofía.
Y diciendo esto la empujaron afuera.
La abejita, sin saber qué hacer, voló un rato aún; pero ya la noche caía y se veía apenas. Quiso cogerse de una hoja, y cayó al suelo. Tenía el cuerpo entumecido por el aire frío, y no podía volar más. Arrastrándose entonces por el suelo, trepando y bajando de los palitos y piedritas, que le parecían montañas, llegó a la puerta de la colmena, a tiempo que comenzaban a caer frías gotas de lluvia.
– ¡Ay, mi Dios! –clamó la desamparada–. Va a llover, y me voy a morir de frío. Y tentó entrar en la colmena.
Pero de nuevo le cerraron el paso.
– ¡Perdón! – gimió la abeja –. ¡Déjenme entrar!
– Ya es tarde – le respondieron.
– ¡Por favor, hermanas! ¡Tengo sueño!
– Es más tarde aún.
– ¡Compañeras, por piedad! ¡Tengo frío!
– Imposible.
– ¡Por última vez! ¡Me voy a morir! Entonces le dijeron:
– No, no morirás. Aprenderás en una sola noche lo que es el descanso ganado con el trabajo. Vete.
Y la echaron." (*)
—Es por eso, Jack, que debes recordar qu—
—Un momento…—El hada observó a un muy, MUY, confundido espíritu del invierno— No estoy entendiendo nada, ¿qué tiene que ser esto con Hiccup y conmigo?
—Jack, ¿de qué est—
Se sacudió las hebras blancas, frustrado, gimiendo en berrinche— ¿¡Cuál es el sentido de La Charla!?
Realmente, hay que decir, el rostro de la mujer fue un poema. Primero se puso rígida, luego pasó a blanco y terminó en un rojo pasión que casi le causó una hemorragia— ¿¡L-L-LA CHARLA!?—El grito asustó tanto al adolescente eterno como a las haditas— ¡YO NO SÉ NADA!—Sin más, desapareció de su vista.
—No lo entiendo…
—Mira, Frostbite, ellos siempre están cuidando a los niños, piensan en los niños, y por eso deben olvidar ciertas cosas… No lo tomes a pecho, no dijiste nada malo ni tiene que ver contigo.
El Guardián de la Diversión solo observaba los huevos de pascua correr de un lado a otro, yendo blancos y volviendo con diversidad de colores. Observó al pooka delante de él y sonrió— Gracias Bunny, pero… ¿Por qué tu no reaccionaste igual que ellos?
El aludido dejó de pintar uno de sus ovoides y lo miró de lado, volviendo a su trabajo— Soy un conejo, compañero…
Jack arqueó una ceja, pero le restó importancia—Si, un gran conejo parlante—Se rió al escuchar el gruñido y solo jugueteó con su cayado. Lo miró y solo volvió a sus pies, en silencio— ¿Y bien?
—¿Eh?—El Guardián de la Esperanza lo miró, como si se hubiese perdido de algo.
—¿Me la darás?
—¿Qué cosa?
El albino pareció impacientarse—¡La Charla, Bunny!
—¡Ah!—El pooka se rascó la parte posterior de una de sus orejas y lo miró— Claro, no veo por qué no…
El adolescente sonrió, ¡al fin!, y se sentó delante de él, dejando su cayado a un lado para no congelar nada de la madriguera, y lo miró atentamente.
—Verás Jack… cuando una abejita quie—
—¿Por qué son abejas? —El menos lo miró casi acusadoramente— No lo entiendo.
—Así es la historia, Frostbite— El pooka solo rodó los ojos, sentándose— Como decía; cuando una abejita quiere mucho a un abejito, e—
—Pero, las abejas no tienen sexo. Osea, ¿qué es eso de "abejita" y "abejito"? ¡Son macho y hembra!
El mayor gruñó—Está-Bien. Cuando una abeja HEMBRA quiere mucho a una abeja MACHO, él le entrega su semillita y s—
—¿Semilla? ¿Qué no hacen miel?
Listo. Punto final y aparte. Una vena palpitó en la sien del enorme conejo y tomó al chico de la sudadera, pateando el suelo y desapareciendo con él allí.
Jamie miraba su laptop bastante aburrido. En Burgess ya había anochecido y el resto de su familia había salido. Sophie con sus amigas a una pijamada y sus padres a una cena de vaya a saber qué cosa.
Fue al tocar los quince minutos antes de las once que su cama tembló y vio el agujero formarse en el suelo, apareciendo ante sus ojos el Conejo de Pascua y su amigo de la niñez. Parpadeó sorprendido.
—¿Qué es lo qu—
—¡Ten!—Arrojó al peliblanco hacia la cama, oyéndose el quejido del mismo al caer— ¡Muéstrale cómo se aparean ustedes y que no se vaya hasta saberlo!—Sin más, desapareció por el hoyo.
El adolescente helado se levantó, creyendo haber oído mal— Espera, ¿dijo "aparean"?
El castaño lo miró, tecleando en su computadora— Ven Jack, veamos algunos videos…
Y Jack jamás volvió a ser el mismo(?)
(*)La Abeja Haragana, de Horacio Quiroga (Escritor Uruguayo- Infantil)
Espero les haya gustado y me disculpo por tardar x'D Reviews me alegran el corazón~
¡Hasta el próximo!
