Fandom: Axis Powers – Hetalia
Título: Manipulación
Claim: UK/chibi!USA
Tabla: Amorosa
Prompt: #4 – Manos
Género: Family/Fluff
Advertencias: Nope.


[Manipulación]

A Alfred le gustaba tomar la mano de Arthur. Era grande, mucho más grande que la suya, pero era cálida y tenía un tacto suave y gentil. Sí, le encantaba tomar de la mano a Arthur.

De hecho, también le gustaba mucho la cara del inglés; esos ojos verdes tan diferentes a los suyos, esas enormes cejas que alguna vez pensó que eran animalitos que vivían ahí y la nariz respingona y pequeña, como de algunas de las niñas que había visto por la ventana de su casa. También era muy gracioso cuando se enojaba, le gustaba ver cómo sus cejas se juntaban y fruncía la boca antes de gritarle sobre cualquier cosa.

—¡Alfred, préstame atención! —le regañó Arthur, con el ceño fruncido. Ambos estaban ante una mesa… o, mejor dicho, lo que había sido una mesa. A decir verdad ninguno sabía cómo, pero el pequeño Alfred había conseguido partirla a la mitad mientras jugaba en la casa—. Te he dicho mil veces que no juegues en la casa, ¿es tan difícil entenderlo? Esto es lo que sucede —dijo, apuntando con el dedo los pedazos de madera desperdigados por el suelo.
—¡P-pero Arthur! —tartamudeó, tratando de inventar una excusa—. ¡A Mattie sí lo dejas jugar dentro!

El inglés suspiró, cansado de tener la misma conversación una y otra vez.

—Alfred, Matthew no juega de la forma en que tú lo haces, y además es más pequeño, por lo tanto no veo el problema de que juegue en la casa —aclaró, acuclillándose y dejando que el enojo se disipara un poco—. Te he dicho muchas veces que si no fueras tan brusco, te dejaría jugar adentro…
—¡No es cierto, es que quieres más a Matthew! —Arthur levantó una ceja ante la acusación, y aún más al ver las lágrimas que el niño trataba de contener.

Suspiró.

—Sabes que no lo quiero más, Al… —contestó, tomando al pequeño por las manos. El americano sonrió un poquito cuando sintió que sus manos estaban siendo rodeadas por las de Arthur—. Ya te lo he dicho muchas veces, al igual que las razones para que no juegues en la casa.

Alfred hizo un puchero, pero se estrujó las manos del inglés con fuerza. Arthur no pudo sostener su mirada contrariada ante semejante técnica, así que rodó los ojos y volvió a suspirar.

—Sólo prométeme que tendrás más cuidado la próxima vez, y que tratarás de jugar afuera… —cedió, levantándose y tomando la mano del pequeño para alejarlo del desastre.