NO DIGAS: TE AMO
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IV
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Cuando Emily regresó a su habitación decidió que interpretar el papel de "mejor amiga" la estaba hartando. Francamente ser la confidente y aliada de Hermione Granger era de lo más agotador y tedioso.
La morena soltó un largo suspiro. Menos mal que pronto acabaría con esa farsa.
- Todo sea por él. - masculló abriendo el grifo del baño y enjuagándose la cara con agua helada. - Vamos - se animó frente al espejo - aguanta un poco más, recuerda que tú siempre consigues lo que quieres Emily Taylor. Las palabras de aliento surtieron efecto y la chica sonrió.
Aparentar ser la mejor amiga de Hermione, peinarla, maquillarla, prestarle vestidos, animarla…
- Todo valdrá la pena si al final consigo a Draco.
La joven prendió la radio en su estación favorita y empezó a desnudarse para tomar un relajante baño. Mientras la música sonaba recordó el día que había decidido que Draco Malfoy sería suyo…
-- Flashback --
Cuando por falta de fondos ella tuvo que mudarse de su apartamento a los dormitorios estudiantiles se sintió morir. Tres años viviendo sola la habían hecho disfrutar de la libertad más de lo debido y sería un duro cambio tener que convivir con molestos vecinos. O eso pensaba hasta que se enteró que el heredero de la fortuna Malfoy también vivía en los dormitorios y que además, para su buena suerte, sería su vecino.
Claro que era una decepción que el chico no estudiara en su misma facultad ya que compartir carrera con él le hubiera facilitado el camino; además de haber sabido que él vivía allí se habría mudado antes, pero no tenía sentido pensar en eso, por algo tenía que empezar y ser su vecina era sin duda alguna la mejor forma de relacionarse con él.
Se oían gritos desde la habitación contigua. Como no podía aguantar la curiosidad, salió sigilosa de su recámara y pegó su oído a la puerta vecina.
- ¡¿Tenemos que tener esta conversación cada año?!
- No tendríamos que tenerla si te fueras de este lugar. Compra un departamento ¡tienes dinero suficiente!
- No pienso marcharme sólo porque una lagartija como tú lo dice.
- ¿Cómo me llamaste? - exclamó una voz femenina - Eres un… - pero como no encontraba las palabras apropiadas prefirió gritar: - ¡¿Acaso viniste aquí para hacerme la vida miserable?!
- ¡Bromeas! Si hubiera sabido que estudiabas aquí ni siquiera habría venido a esta universidad. Todavía no me imagino como puedes costear tus estudios en un lugar como este.
- ¿No conoces las becas? - preguntó irónica - O ¿acaso pensaste que al morir mis padres me dejarían desprotegida?
- ¿Podrías dejar de hacerte la víctima? - preguntó la voz masculina - Tus padres murieron hace dos años y los míos hace cinco. ¿Quieres que hagamos una competencia de quién es más miserable? , porque si lo decidimos cronológicamente, yo gano. - replicó el chico de forma seca, pero mordaz.
El silencio se prolongó por medio minuto. Detrás de la puerta Em se asomó por una rendija y logró ver a un chico rubio muy bien parecido, quien sin duda era Draco Malfoy, y cerca de él vio a una chica que bajaba la cabeza apenada.
- Tienes razón, lo siento. No sé porque me puse tan paranoica.
La muchacha poseía un cuerpo poco desarrollado, muy pocas curvas se asomaban por debajo de sus jeans y su holgado suéter. Tenía una indomable cabellera y ojos castaños. No podía describirse como una belleza, pero tampoco era fea. Común, era la palabra con la que ella la describiría.
- Lograste que me diera migraña. - se frotó las sienes el rubio.
- Eres un debilucho…
- ¿Cómo acabas de llamarme? - preguntó Draco acorralando a la joven.
Emily notó como parecía que saltaban chispas entre esos dos.
- Eso fue por haberme llamado lagartija. - respondió ella - Estamos a mano.
El rubio soltó una carcajada y empujó a la chica hasta la puerta, dando apenaas el tiempo suficiente para que Emily se ocultara.
- Ya me cansé de hablar Granger, vete.
- Ush, eres… ¡odioso!
-- Fin del Flashback --
Cuando la morena regresó a la realidad se percató de que el recuerdo de ese día seguía latente en su mente; a partir de entonces resultó obvio para ella que el medio más seguro para llegar hasta Draco Malfoy era a través de esa menuda castaña. Su plan tomaría tiempo, de hecho ya llevaba casi un año, pero sin duda rendiría frutos.
- "Todo será perfecto" - se dijo
Ya en la regadera Emily meditó sobre los nuevos acontecimientos. A ella le convenía que Hermione saliera con Hunter pues así dejaría de ser un estorbo entre ella y Draco, así que se felicitó a sí misma por lanzarla a los brazos de ese tipo. En lo que a ella respectaba, todo iba de maravilla.
El día estaba nublado. En Inglaterra resultaba común ese tipo de clima, lo que era verdaderamente raro eran los días soleados. Específicamente en Cambridge, que era donde Hermione estudiaba, sólo había pocos días al mes con un clima verdaderamente agradable; aunque ese no era el día.
- Rayos, olvide el paraguas y mi chaqueta. - gruñó la castaña frotando sus manos en un intento de darse un poco de calor - Espero que Hunter no tarde mucho… - musitó consultando su reloj.
Una hora de retraso no era precisamente poco tiempo. Hermione pensó que tal vez el chico habría confundido la hora de la cita y que en vez de llegar a las ocho, llegaría a las nueve.
- Brrrrr…que frío - resopló la chica.
Había sido una verdadera imprudencia por su parte el salir del campus sin tomar ninguna precaución, incluso había olvidado las llaves de su apartamento. Tendría que pedirle una copia al encargado de intendencia.
- "Las llaves serán lo de menos, eso lo arreglaré mañana. Hoy no pienso dormir en mi cama" - pensó con cierta emoción, pero también con nerviosismo. Esa sería su primera vez en brazos de Hunter, y si él era tan perfecto en la cama como parecía serlo en otros aspectos, entonces… - "Basta Hermione, deja de ser tan pervertida" - se reprendió ella volviendo a darse calor con las manos, para después consultar de nuevo su reloj.
- Las nueve y media…
Lo esperaría una hora más y ya.
- ¡Ey Malfoy! ¿quieres la última cerveza?
- Estoy a un piso de mi habitación, ¿en verdad crees qué si deseara beber más habría regresado aquí? - preguntó el rubio con cara de pocos amigos.
El otro chico estaba tan ebrio que no podía articular otras tres palabras coherentemente, así que como única respuesta sólo se encogió de hombros y dejó al rubio tambaleándose al pie de la escalera.
- Veintisiete escalones. - suspiró.
Diantres. Sí que había escogido un buen momento para ponerse como una cuba: afuera estaba lloviendo a cantaros, él estaba empapado y de todos los días del año el ascensor había decidido descomponerse ese día justamente. Ahora tendría que subir esas malditas escaleras.
- Catorce, quince…
Unos cuantos escalones más y llegaría a su habitación. No quería ni imaginar la jaqueca que tendría el día siguiente.
- Veinticinco, veintiséis, veintisie… ¡Ahhh!
Se oyó el sonido de un choque estrepitoso.
- ¡Auchhh! - se quejó la otra persona.
- ¡Quítate estorbo! - gritó Draco intentando incorporarse. En cuanto viera la cara del imbécil que lo había hecho tropezar le rompería la…
- ¿Estorbo? ¡Es tu culpa por no fijarte por donde caminas!
Esa voz. Él conocía esa molesta, repugnante y desagradable voz.
- ¡¿Se puede saber que rayos haces durmiendo en el piso Granger?!
- Para tu información sólo estaba sentada en el piso, no estaba durmiendo. - respondió ella incorporándose con algo de dificultad.
- ¿Y porqué te recuestas a mitad del pasillo y no en tu propia habitación?
- Olvide mis llaves. - respondió simplemente. No tenía ánimos para embarcarse en una discusión sin sentido con el rubio.
- ¿Y?
Si la intención de Draco era exasperarla, lo estaba logrando.
- Cómo que ¿y? - se exaltó Hermione - Si no tengo llaves obviamente no puedo entrar a mi habitación. - gritóella. - Emily tiene una copia, pero creo que salió y el conserje tampoco está. Tendré que esperar hasta mañana. ¿Te parece suficiente?
- Tampoco te pedí una sarta de explicaciones. - prorrumpió el chico esbozando una sonrisa. Le encantaba jugar con su vecina.
La castaña le dirigió una mirada ominosa, y cuando lo hizo, Draco se percató de que estaba empapada de pies a cabeza, temblando y con los ojos irritados. ¿Habría estado llorando?
- ¿Podrías entrar a tu dormitorio ya? - pidió la joven - Necesito estar sola.
- El pasillo es libre, no tengo que hacer lo que tú me digas.
- Haz lo que quieras. - suspiró ella alejándose del chico - Es lo menos que se puede esperar de alguien que está ebrio.
- ¿Cómo supiste que..?
- Tu aliento te delata - respondió ella cortando la frase del chico.
- Sólo bebí dos o tres copas de vino. - se excusó él.
- Si claro, ¿y cuántos whisky?
- Eso no te incumbe.
Ella no dijo nada más. Esperó a que él se marchara, pero no lo hizo.
- En vista de que no te vas, lo haré yo. - dijo ella dando media vuelta.
Draco la detuvo tomándola por el brazo.
- ¿Y a dónde se supone que irás? - preguntó con mordacidad - No tienes llaves, estás empapada, descalza y parece que de un momento a otro vas a derrumbarte. Ni yo soy capaz de dejarte ir así… - masculló - Pasa. Dejaré que te seques, después puedes hacer lo que quieras. Incluso puedes quedarte a dormir.
Hermione no podía creer lo que oía.
- Suéltame. - dijo ella lo más serena que pudo, por alguna razón no le era posible confiar en él - No necesito de tu generosidad.
- ¿Generosidad? - repitió con sorna - Yo lo llamaría lástima, pienso en ti como una obra de caridad. - dijo duramente. - No tengo todo el día, pasa. - ordenó empujándola.
Hermione sólo había entrado una vez a la habitación de Draco - el día que él le impuso el ultimátum - y en esa ocasión no se había percatado de lo amplia y cómoda que parecía la estancia, podría decirse que era incluso acogedora.
El lugar estaba bien decorado y sorprendentemente limpio. A la chica no le extrañó, pues aún recordaba a Narcissa, la madre de Draco, la cual era sumamente escrupulosa.
- ¿Sorprendida? - preguntó él - ¿Pensabas que viviría en una pocilga desamueblada como la tuya?
Ella lo vio con suspicacia y se preguntó cómo es que él sabía como lucía su recámara.
- Para nada. Debe ser sencillo para alguien con dinero conservar este lugar tan bien arreglado.
El rubio prefirió ignorar el comentario. ¡¿Qué problema tenía esa mujer con su status social?!
- Ten cuidado, no quiero que me dejes todo el piso mojado.
- ¿Y cómo se supone que voy a evitarlo?
- Sólo quédate donde estás, te traeré una toalla y algo para que te cambies.
Hermione abrió y cerró la boca un par de veces, sin emitir sonido. A pesar de no querer cambiarse no tenía otra opción, estaba completamente empapada y el frío le calaba hasta los huesos.
- Toma. - dijo él hoscamente tendiéndole una toalla y una de sus camisas.
- Gr-gracias. - tartamudeó ella por el frío.
Unos segundos pasaron.
- ¿Porqué no te cambias? - preguntó él con brusquedad.
- ¿Dónde?
- Pues aquí.
- Entonces date la vuelta.
- ¿Cómo?
- ¡Que te la des! - gruñó ella - No pensarás que voy a cambiarme contigo mirándome ¿o sí?
La idea le pareció de lo más tentador a Draco; sin embargo admitía que ese no era el mejor momento para tener fantasías eróticas con Hermione como protagonista, de modo que se dio la vuelta.
- Ahora cierra los ojos.
- Pero si ya me voltee…
- ¡Ciérralos!
El rubio siguió las instrucciones. Rayos, sí que era pudorosa era esa mujer.
- No mires. - advirtió ella de nuevo mientras dejaba caer su costoso vestido de satín rosa en el piso.
Draco oyó el sonido de la tela mojada al caer, y no pudo evitar que su imaginación se disparara hacia las pronunciadas caderas de Hermione, hacia sus preciosas piernas, hacia su…
- "Contrólate, ya no eres un adolescente" - se reprendió.
- Ya puedes voltear. - anunció la castaña.
Cuando él se giró y abrió los ojos, pudo notar perfectamente que ella tenía las rodillas raspadas, y que la camisa le quedaba tan holgada que el cuerpo se perdía entre los pliegues, parecía una niña pequeña e indefensa; sin embargo, jamás la había visto tan atractiva, ni tan frágil…
- Creí que habías dicho que esta noche no volverías - fue el primer comentario que salió de sus labios - Voy a adivinar: ¿acaso el príncipe se convirtió en sapo? - se burló el rubio.
- Basta. - dijo ella intentando contener sus lágrimas.
- Acerté, ¿no es cierto? - la acorraló él.
Hermione comenzó a llorar, esa vez no fue de manera silenciosa, sino como un quejido ahogado y doloroso.
Draco debió de disfrutar de ese momento, pero no lo hizo. La despreciaba, y sin embargo, aun con su camisa cubriéndola, con los cabellos sueltos y húmedos, goteando y con el maquillaje corrido, ella solo tuvo que inclinar la cabeza para que la visión de su nuca lo llenara de una ternura inexplicable.
- Oye, cálmate… - intentó tranquilizarla el rubio.
Los sollozos de la castaña comenzaron a disminuir hasta convertirse sólo en una especie de hipo.
- No quiero hablar de eso. - fue la primer frase que consiguió articular la castaña.
No tenía la menor intención de compartir con Draco lo que había pasado esa noche. Prefería olvidar las horas que había pasado bajo el frío y la lluvia esperando a Hunter, no quería recordar las llamadas que él no contestó ni el suplicio que pasó para que un taxi aceptara llevarla hasta el apartamento de Hunter toda empapada.
Sobre todo, prefería desdibujar de su mente el momento en que su novio le había abierto la puerta y se había encontrado tras de él a una rubia semi-desnuda; el mismo instante en que él le había dicho que todo terminaba entre ellos, que lo perdonar porque "no era su intención lastimarla".
¿No lastimarla?
Entonces ¿cómo le llamaba a dejarla plantada a mitad de un diluvio, a no contestar sus llamadas y a no hablarle de frente?
- ¿Qué te hizo? - preguntó el rubio, de forma seria.
- ¡He dicho que no quiero hablar de eso! - explotó la chica.
- ¿Te echó de su cama en cuanto terminaron? ¿Fue demasiado brusco contigo?
Hermione abofeteó a Draco por instinto, casi por inercia. No soportaba seguir oyendo ese lenguaje ofensivo.
- ¡Eres un bruto!
- ¡Y tú una…
Otra bofetada. Y luego otro golpe más, esta vez en el torso del rubio, después siguieron otros impactos cada vez más débiles en el pecho del muchacho. Él no pudo definir el momento en que los golpes de Hermione se habían convertido en un silencioso desquite, en un desahogo para ella.
Sin embargo dejó que la castaña siguiera hasta cansarse. Sus golpes eran para él poco menos que piquetes de mosquito.
- Él no me tocó. - fue la confesión que escapó de los labios de ella. - Tenías razón… - musitó entre sollozos - Hunter sólo quería una cosa, y como no la obtuvo lo suficientemente rápido de mi, la fue a buscar con otra.
Hermione se separó de Draco y lo miró a los ojos, como intentando pedirle perdón por desquitarse con él. El rubio no dijo nada más. Un alivio inexplicable lo inundó al oír que ella no se había entregado a ese imbécil, mientras la sorpresa se mezclaba con la furia que sentía hacia ese bastardo.
- Yo siempre tengo la razón. - fue su único comentario.
- Coff, coff, coff… lo siento, me está coff, coff, dando un coff, coff, ataque de tos - dijo ella entre quejidos - Coff, coff, coff…¿tienes alguna medicina?
- ¿Acaso parezco médico? - respondió él recuperando su frialdad.
- Esta bien, creo que no necesito medicina. - dijo ella - ¿Dónde voy a dormir?
- ¿No ves el sillón?
- Pensé que dormiría en la cama.
- Lo siento, no soy tan caballeroso. - dijo él con sarcasmo.
- Bien, ¿tienes mantas al menos? - preguntó ella con la misma brusquedad.
El rubio le tendió unas cuantas sábanas y una almohada.
- Duerme. - le ordenó apagando las luces, quitándose la camisa y metiéndose a su cama.
- "Al menos no se ha desnudado por completo" - pensó Hermione - Esta bien, buenas noches…coff, coff, coff.
Veinte minutos después, cuando la tos de la castaña al fin había cesado, y ella se encontraba dormida, el rubio empezó a sentirse como un verdadero patán. Si iba a hacer un favor, al menos lo haría completo.
Se bajó de la cama y caminó hasta el sofá donde Hermione se encontraba. La miró revolverse en el incómodo sillón, notó que su frente estaba perlada de sudor, tocó su mejilla y se percató de que estaba ardiendo en fiebre.
- "¿Tienes alguna medicina?" - le había preguntado ella. Él la había ignorado.
Demonios. Se veía realmente enferma.
- Hey, despierta…
Al ver que ella ni se inmutaba, la tomó entre sus brazos con la mayor delicadeza que pudo y la llevo hasta la cama.
- Coff, ¿qué pasa?
- Tienes fiebre, te llevo a la cama. Aquí estarás más cómoda. - dijo colocándola con suavidad sobre el mullido colchón.
- ¿Y tú donde dormirás? - preguntó Hermione.
- Una noche en el sofá no me hará daño.
La castaña lo tomó por la muñeca.
- No, quédate aquí.
- No sabes lo que estás diciendo. ¿No te das cuenta? - preguntó - Ahora tú eres como la oveja, y yo soy el lobo. No podría dormir a tu lado y no intentar ponerte una mano encima.
- Entonces házlo.
La respuesta de Hermione exaltó los sentidos de Draco. Diantres, jamás había deseado tanto a una mujer como la deseaba en ese momento a ella.
- Estás delirando por la enfermedad. - respondió él intentando apartarse.
- Tal vez. - dijo ella - Pero deseo hacerlo. Aquí, ahora. Quizá tú estés ebrio y yo esté delirando, pero si no tomas lo que te ofrezco ahora, entonces encontraré a alguien que si lo haga.
La velada advertencia de Hermione surtió el efecto deseado. El imaginar su cuerpo enlazado con el de cualquier otro hombre detonó un sentimiento de posesión que hasta entonces Draco no sabía que existiera. - "Mía" - eso era lo único que pensaba.
Por voluntad propia el cuerpo del rubio se inclinó hacia el de la castaña, quien febrilmente besó sus labios, invitándolo a continuar. Cuando los suaves brazos de Hermione rodearon su cuello, Draco se perdió por completo.
Ella era su perdición. Al demonio sus escrúpulos y su vano intento de actuar como un caballero. De su cuenta corría que lo que ella quería, él se lo daría con creces.
- ¿Estás segura? - preguntó - Una vez que digas que sí, no me detendré por nada del mundo.
La castaña acercó aún más cu cuerpo al de Draco, quien se encontraba sobre ella.
- Sí. Estoy más segura que nunca.
En ese mismo instante el rubio desconectó el cerebro del resto de su cuerpo, odiaba tomarla de esa forma, él quería poseerla por completo, en todos los sentidos. No soportaba tenerla a medias; sin embargo odiaba aún más el saber que lo que ella quería lo deseaba sólo por despecho, por solo un breve, intenso y clandestino momento. Lo que lo mataba era saber que no lo quería de él. Lo quería de aquel bufón.
Continuará . . .
N/A: En primer lugar¡hola a todos, gracias por leer este cuarto capítulo!, perdón por el retraso y en segundo lugar ¡feliz cumpleaños a mí, feliz cumpleaños a mí…! :D jajaja, estoy cantando yo sola, me siento un poco rara jajaja :D ya tengo 20 añotes, adiós a mi juventud ;P jajaja
Pues como lo ven, este es mi regalo de cumpleaños para ustedes, espero que les haya gustado. Sé que todos quieren enviarme regalos y felicitaciones, pero ¡no se amontonen! jajaja, me conformó con sus Reviews. El mejor obsequio que pueden darme en este cumpleaños son sus opiniones, así que ya saben como hacerme inmensamente feliz.
Atte. Aimé
P.D.
De ahora en adelante responderé los reviews de manera personal, por medio de ff . net y para quienes lo hagan sin estar registrados, lo haré por medio de mi blog. Así es, me he modernizado y ahora tengo un blog, ahora este será el medio de contacto con ustedes, mis lectores. Si tienen un poco de tiempo que perder les agradecería que lo visitaran y me dijeran que les parece.
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Agradezco por los reviews del capítulo anterior a:
REBELDE4E, Itzavy, joyce malfoy black, Sul, Terry Moon, Victoria Malfoy, Coniwi-pops, Pikitona, petalo-VJ, Gossip Giirl, Karyta34, katie lynch, FatiPotter, SelePotter, WenLoony, rOBerta pardo, yo, Adriana y tychesita.
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