¡Hola! Cuarto capítulo de este fanfic, en el que voy trabajando a destajo.

Aún quedan muchas tramas e historias por trascribir pero espero que disfrutéis de cómo comenzó todo.

En el capítulo anterior, Autumn y Dean terminaban el caso de Mathilde y su padre fantasma, y la vampira decidía quedarse a pasar una temporada con Dean, a la espera de nuevos casos.

Este es más bien un capítulo de transición y para sentar las bases del nuevo caso.

Espero que os guste, a pesar de que es el más corto hasta ahora.

Agradezco comentarios (en la caja de comentarios) constructivos sobre qué os parece la historia. ¡Muchas gracias!


Disclaimer: El personaje de Dean Winchester pertenece a la cadena televisiva "The CW Network" y a los creadores.

Pero la historia es original y totalmente inventada por nosotras, aunque tomando referencias e ideas de ambas series de televisión

-AutumnVBlonde y Dean_Winches_ -


"Because all I know is we said hello
And your eyes look like coming home
All I know is a simple name and everything has changed
All I know is you held the door
You'll be mine and I'll be yours
All I know since yesterday is everything has changed"

4

Fantasmas, niños y vudú

Dean:

Las semanas siguientes tras lo acontecido con la amiga de Autumn se basaron, como era habitual, en la vida de Dean: buscar nuevos casos, vigilar la radio de la policía y en buscar en periódicos. E incluso aprovechó ese tiempo para explicarle a Autumn cómo trabajaba él. Ya que iban a pasar tiempo juntos, lo mínimo era que ella supiese cómo actuaban los cazadores. Tras una semana en la que no encontraron ningún caso que se relacionase a lo que Dean, y ahora ambos, se dedicaban una serie de asesinatos en un periódico local, llamó la atención de ambos y se dirigieron al lugar, pero resultó ser un autentico chasco. Los asesinatos habían sido llevados a cabo por un psicópata y en cuanto ellos llegaron, la policía ya había dado con él e iría directo a la cárcel. Aunque para Dean hubiese ido al mismísimo infierno.

Entre ese supuesto caso y el siguiente pasaron varios días más en los que ambos iban afianzando las bases de la amistad que se estaba desarrollando entre ambos. Dejando a un lado el deseo irrefrenable que sentía Dean por poder pasar una noche, solamente una noche, entre las pierna de esa tan atractiva mujer. Una mujer que a cada día le sorprendía más... sus gustos, su forma de pensar e incluso la forma en cómo se cepillaba el pelo o cómo se quitaba una camiseta. Pequeños gestos o acciones comunes que para él eran dignos de ser vistos, grabados, memorizados. Y que no le pasaban desapercibidos. Algo que no llegaba a comprender demasiado bien. Ni tampoco llegaba a entender por qué una de las noches en la que durmieron juntos y tras tener una pesadilla, Autumn le despertó preocupada e intento hablar con él de lo que había soñado. Y él intentando no darle importancia al asunto, ya que prefería borrar de su mente cómo en el sueño volvían a aparecer las imágenes del día en que su padre falleció. Y cómo cuando ella, tras preguntarle varias veces, al final terminó por darse por vencida y haciéndole caso se dio la vuelta para dormir y Dean necesitó girarse hacía su lado, acurrucándose contra ella pasando su mano por la cintura de ella. Necesitando ese contacto que le relajaba y le ayudaba a volver a conciliar el sueño, dando mentalmente las gracias por que ella siguiese aguantándole. Que siguiese aguantando momentos en los que él se comportaba, sin intención de enfadarla, como un capullo:

Como el día en que él había perdido su cepillo de dientes y sin ningún tipo de pudor ni respeto uso el de Autumn. Ella le pilló justo en el momento en que se estaba lavando los dientes y tuvieron una pequeña riña que terminó con Dean comprándole un nuevo cepillo de dientes. U otros momentos, en los que Dean se encabezonaba en ver o un partido (o porno) en la televisión consiguiendo que, en algunas ocasiones, Autumn se largase durante unas horas. Todo esto durante el mes siguiente desde que decidieran seguir juntos.

Tras aquellos días de inactividad, pareció que volvían a la carga aunque con casos que para Dean no eran un verdadero reto, siempre recordando que en una vida como esa siempre corres un riesgo:

El primero los llevó hasta el fantasma resentido de una mujer que había muerto, décadas atrás, a manos de su marido maltratador. Despertó a causa del hallazgo de un viejo diario a manos de una mujer del pueblo. Un diario que contenía todas las vivencias de esa pobre mujer y que provocó que varias esposas de esa ciudad, que estaban en una situación parecida a la que ella había vivido, terminasen con la vida de sus respectivos maridos. En un primer momento les costó conseguir averiguar cómo parar al espectro, pues no había huesos y ya nadie de su familia seguía con vida. La mujer que había encontrado el diario, y de nombre Samanta, fue la que se encargó de ir hasta Autumn y Dean con el objeto muerta de miedo por las muertes que estaban sucediendo en su pueblo. Quemaron el diario y dieron descanso al fantasma y al resto del pueblo, lo que los llevaba a un trabajo terminado y un nuevo viaje que emprender.

Tras ese caso tuvieron unos días libres hasta el siguiente trabajo. Unos días de confesiones entre ambos o más bien de Dean, en los que le había explicado a Autumn lo que algunas noches le atormentaba: La culpabilidad por el hecho de que su padre se sacrificase para que él siguiese vivo y el haber fallado a la promesa que le hizo a su progenitor. Seguir cuidando de su hermano pequeño Sam, con el que ya no mantenía contacto a excepción de un mensaje en el contestador para avisar de que todo estaba bien. Incluso hablaron de sus viajes y del turismo que habían hecho. Era obvio que Dean conocía menos sitios que ella y que uno de sus deseos era poder ir algún día a la playa. Autumn le prometió que terminarían por ir a la playa, juntos. No solo hubo momentos de intimidad, también hubo pequeñas peleas y desacuerdos entre ambos, momentos de tensión lógicos entre dos personas que apenas se conocen y están aprendiendo a convivir juntos. Momentos que les llevaban a tomarse horas separados, cada uno por su lado pero que siempre acaban igual... Volvían a reunirse y pasar por alto lo que había pasado entre ambos.

El siguiente caso con el que se toparon dejó atrás la racha que llevaban con los fantasmas y, verdaderamente fue algo que Dean agradeció. Necesitaba algo diferente, algo más complicado, y sus oraciones fueron escuchadas:

En un pequeño pueblo, los niños menores de diez años caían enfermos sin ningún tipo de motivo, de la noche a la mañana. Los médicos no entendían el motivo, ni qué les pasaba. Terminaban en coma y a las veinticuatro horas, irremediablemente fallecían. Necesitaron hacerse pasar por agentes del CDC para conseguir la mayor información que pudieron. Haciendo uso de lo que los padres de los críos y el médico encargado del caso pudieron decirles e Internet llegaron a ver un patrón que se repetía cada ciertos años en un lugar distinto. Cuando vieron los informes de la primera vez que pasó algo así (casi sesenta años atrás), una de las fotos los dejó estupefactos. En la foto aparecía un grupo de médicos del hospital donde eran ingresados los niños. Y entre esos médicos, con la misma cara, el médico que estaba encargado de ese hospital en la actualidad, les devolvía la mirada. Tras saber contra qué monstruo se enfrentaban y saber cómo matarlo, se encargaron de él acabando con el caso y salvando la vida de todos los niños que estaban ingresados por culpa de aquel ser.

Cuando volvieron al motel donde se estaban quedando para recoger sus respectivas pertenencias y dejar ese pueblo atrás, Dean recibió una llamada de un hombre que le indicaba que un trastero a nombre (nombre falso) de su padre había sido forzado. Tras colgar, le indicó a Autumn su nuevo destino. Estaba bastante mosqueado, no tanto por el hecho de que forzasen un trastero que pertenecía a su padre, más bien porque desconocía que su padre tuviese un lugar para guardar quién sabe qué. Y lo que más le mosqueaba de todo el tema era que habiendo pasado ya tiempo desde el fallecimiento de su querido padre, todavía a día de hoy le seguía sorprendiendo y no sabía que más se podía esperar de él.

Apenas habló durante el trayecto y cuando ambos llegaron, Dean pudo ver en primera persona lo que el tipo que le había llamado le comentó por teléfono. La cerradura estaba destrozada y en el suelo un pequeño reguero de sangre y un par de huellas de zapatos, que le indicaba que habían entrado dos personas. Paró a Autumn para que no entrase, pues el lugar seguramente tendría más de una trampa como método de seguridad (algo muy típico de su padre). Tras desactivarlas, con la mano le indicó que entrase con él. Echaron un vistazo al trastero que estaba organizado por estanterías a ambos lados y una gran mesa al fondo de la sala. Las estanterías, como es normal en una cazador, contenían todo tipo de armas, tanto armas de fuego como armas blancas. Lo que si dejó a Dean ciertamente desconcertado, eran ciertos objetos que no entendía ni qué eran ni para qué servían y que prefirió no tocar por si acaso. Lo que más llamo su atención fueron dos cajas de metal, una junto a la otra, con distintos símbolos pintados. Símbolos que, reconoció, serían vudú por lo que serían algún objeto maldito o similar... Junto a estás dos cajas, a la derecha, quedaba la marca sobre el polvo de que allí hubo otra caja mas. Tres cajas y no dos. Sin saber qué podría contener esa caja y sin ninguna pista que seguir, a Dean no le quedaba más opción llamar a Bobby Singer para que les iluminase.

Parecía que él si sabía que podría contener pues, según dijo, fue él quien se encargó de poner en contacto a su padre con la persona que fabricó esas tres cajas para contener los objetos que en ellas había. Al parecer, el contenido de la caja desaparecida se trataba de una pequeña muñeca de tela maldita que servía para asesinar a cualquier persona que quisiese el portador de ésta, tan solo bastaba con pensar en la persona que uno quería borrar del mapa. Lo que era algo verdaderamente escalofriante.

Ahora les tocaba averiguar quien era el ladrón. Para ello necesitaron varios días, ya que no tenían ninguna pista por la que tirar. Tuvieron que esperar varios días hasta que unas extrañas muertes fueron comunicadas en el periódico. Los fallecidos pertenecían a la junta directiva de una de las grandes empresas de ese Estado. Lo cual era verdaderamente extraño y sospechoso. ¿Qué probabilidades había de que en circunstancias totalmente normales falleciera media junta directiva de una misma empresa? Partiendo de esa base, y tras horas de investigación, descubrieron que esa empresa tenía un rival en el sector, como suele ser común, una empresa de nombre Norbum.

Por lo que pudieron deducir de recortes y noticias en la web, la última estaba pasando una mala racha y el mercado que ambas compartían, estaba siendo dominado por la de Alquiz, a la que pertenecían los fallecidos. Con todo este asunto el que más dinero estaba perdiendo era el director general de Norbum y principal accionista, con más del 70% de las acciones debido a la extensa herencia familiar, y eso llevó a Autumn y Dean directamente a él. Él debía ser el ladrón.

La cuestión era cómo entrar en su casa sin ser vistos, ya que según habían investigado, la opulencia y los más sofisticados métodos de seguridad eran sus fetiches favoritos.. La única opción que tenían era esperar a una fiesta que se celebraría un par de días más tarde y para la que Autumn consiguió dos espléndidas invitaciones.

Cuando ella apareció en la habitación con las entradas en la mano, Dean se incorporo en la cama como movido por un resorte.

-Pero... ¿Cómo..? - preguntó con una mueca perpleja.

-Armas de mujer...

La rubia no dio más explicación.

Al oírla decir aquello a Dean se le revolvió de golpe el estómago.

-No me digas qué... - dejó la frase en el aire y cuando la rubia lo mandó a la mierda de forma educada respiró aliviado y con una sonrisa traviesa y divertida, soltó

-Oye, ¿qué tal las rodillas?

Una pregunta que era más bien una broma y que, como consecuencia, le hizo ganarse un pequeño puñetazo dejando de lado las bromas y que consiguió que se callase. Un par de días más tarde, ambos se encontraban preparándose para la fiesta, y como es normal en este tipo de fiestas de alta sociedad, debían ir bien vestidos.

Autumn entró al baño para arreglarse y Dean,por su parte, se puso un traje elegante de color azabache, y también se peinó. Se estaba colocando los gemelos cuando la puerta del baño se abrió y él giró la cabeza en dirección al servicio. Al ver a Autumn salir con un largo vestido rojo con un corte en el lado derecho mostrando sus piernas junto a un recogido alto en sus tirabuzones rubios, el cazador enmudeció.

Se giró hacía ella con la boca semi-abierta

-¡Wow! Estás... - la miró de arriba a bajo, quedándose plasmado delante de ella sin encontrar una palabra que hiciese justicia a la belleza de esa mujer.

Autumn:

Durante los días siguientes, semanas más bien, Autumn hubo de aprender a volver a convivir con alguien. Tanto ella como Dean hubieron de acostumbrarse a estar el uno con el otro. A compartir tiempo juntos. A cuidarse y guardarse las espaldas. Hacía mucho tiempo que Autumn no compartía tanto tiempo con alguien pero no obstante, la vampira se hizo fácilmente al cazador y sus costumbres. Se le hacía sencillo estar con él. Dejando de lado las obvias rencillas y tontas discusiones que se forman con el roce al convivir con otra persona. Ambos eran cabezotas. Eran obstinados. Y eran increíblemente orgullosos. Pero demostraban una y otra vez, que por más discusiones que tuvieran, siempre eran capaces de volver a hablar las cosas como personas civilizadas, aunque la mayoría de las veces se demostraba que Autumn tenía razón. Y Dean tenía que ceder. Por ejemplo, comprándole un nuevo cepillo de dientes cuando usó el de ella sin permiso. Eran ese tipo de cosas las que a Autumn le hacían sonreír suavemente y morderse el labio inferior para evitar que él la viera.

Pero lo que más hondo le llegó a la mujer, lo que más hacía que un escalofrío recorriera su columna vertebral, eran los momentos en los que Dean dejaba de ser el bruto y tonto que aparentaba ser. Cuando dejaba caer su máscara y se convertía en un ser humano, en ese buen hombre que Autumn veía en él. Como esa noche en que ella, apenas dormía y se había ido a alimentarse como siempre solía hacer, de noche para que Dean no la viera, y al volver a ponerse la ropa de dormir le había sentido removerse en la cama haciendo ruidos de quien está pasando una horrible pesadilla. Ella se subió a la cama y lo zarandeó para despertarlo. Y la expresión asustada que vio en su rostro removió algo dentro de ella. Estaba solo. Desprotegido. Como sólo se podía estar en esos momentos en los que uno se halla entre el sueño y la vigilia. Estaba claro que algo lo perturbaba. Que algo le quitaba el sueño, que algo le hacía daño. Y ella no podía hacer nada por remediarlo. Intentó hablar con él. Intentó que le contara qué le turbaba... Pero él se lo negó. La rubia bufó y se dio media vuelta en la cama para dormir. Y Dean pareció hacer lo propio, pero menos de un minuto después se giró hacia ella, pues la mujer notó el suave calor del cazador en su cuerpo, y la rodeó con un brazo, acurrucándose contra ella. Y la vampira no se movió, se mantuvo quieta, pretendiendo estar dormida. Pero movió una de sus manos y se dedicó a acariciar suavemente la piel del brazo de Dean hasta notar que la respiración del hombre se tornaba tranquila, relajada...

En cuanto a los casos, ella solo se dedicaba a hacer lo que él decía. Se dedicaba a aprender, observar cómo trabajaba, cómo se movía y como interactuaba. Si quería ayudarle, primero tenía que aprender. De modo que así pasó aquellas semanas en que les acontecieron un par de casos. Ayudaba y anotaba mentalmente cada procedimiento a seguir con cada nueva criatura que se encontraban y encontrarían. Así era ella, metódica, ordenada, y limpia. Sobre todo, limpia. Y estaba más que orgullosa de ello.

Le gustaba compartir confidencias con el cazador. Hablar. Charlar. Delante de dos botellines de cerveza sentados en la cama y ya con ropa para dormir en los ratos que tenían libres en el motel. O sentados en el capó del Impala cuando paraban a comer en alguna vía de servicio.

Adoraba escuchar todo lo que él tenía que decir. Aprendía de él, a cada palabra. Se reía con él. Era un tipo gracioso, eso tenía que admitírselo. Pero ella hablaba poco, y la mayoría de lo que hablaba eran cosas que tenía que maquillar ya que Dean no sabía nada de su condición ni de sus hábitos alimenticios.

Siempre recordaría aquel día en que los dos estaban sentados en el asiento trasero del Impala, habiendo estado jugando una partida al póker en la que Autumn había perdido veinte pavos, quizás a propósito para que él no se sintiera tan culpable por que Autumn le hubiera ganado la promesa de que algún día le dejaría conducir el coche. Le había costado asumirlo, pero al final la victoria de Autumn había sido una sentencia. Dean ganaba veinte pavos con la segunda partida, y Autumn en su primera mano había logrado la promesa de que podría conducir el coche. Y tras eso habían vuelto a hablar de sus vidas, de los hechos importantes o insignificantes de los que se iban acordando según hablaban. Y la noche les sorprendió, pero ellos no parecieron darse cuenta de ello, ya que estaban enfrascados en una de las conversaciones más importantes que habían tenido en mucho tiempo: El cazador se confesó con respecto a eso que lo atormentaba y le impedía conciliar el sueño con normalidad. Se sentía culpable por el hecho de que John se hubiese sacrificado por salvarle la vida a él. Y esa era una carga muy pesada, Autumn podía verlo en sus ojos y leerlo en su lenguaje corporal. Era una carga muy pesada para alguien como Dean que de por si parecía cargar con el peso del mundo sobre sus hombros...

También le atormentaba el hecho de que había prometido cuidar de su hermano, y ahora mismo sentía que fallaba a su promesa ya que era obvio que estaban separados, solo Dios sabía por cuántos kilómetros. Estaba claro que aquello también lo tenía muy apenado y algo agobiado.

Autumn no fue capaz de decir palabra. Solo bajó la mirada y observando las manos del cazador, una apoyada en el respaldo del coche y la otra reposando tranquilamente encima de los raídos pantalones vaqueros, decidió alargar una de las suyas y cubrir la del cazador con esta para darle un suave apretón cariñoso. Alzó la mirada después y le dedicó una sonrisa cómplice. Y la vampira se prometió a si misma, no supo bien por qué, cuidar de él. Cuidar de él como una vez le prometió a John Winchester. Pero cuidaría de él de manera que Dean no sospechase que lo hacía.

Pero lo que Autumn no era capaz de discernir aún es que no solo cuidaría de Dean por aquella promesa que le hizo a John. No. Había algo más. Algo que crecía en el corazón de la rubia. Ese corazón que consideraba muerto.

Tras una pausa en la que ambos se miraron en silencio, Dean al final sonrió como si acabara de acordarse de un chiste y, siguiendo con las confidencias, dijo que jamás había pisado la playa y que se moría de ganas por ir a una. Que era un sueño que había tenido desde pequeño. Y Autumn no pudo evitar ampliar su sonrisa.

-Iremos. Juntos. Te lo prometo- asintió. Y lo haría realidad, costase lo que costase. Autumn era así. Cabezota. Hasta decir basta. Dean empezaba a conocer esa faceta suya.

Gracias al tercer caso del que se hicieron cargo juntos, contando con el de Mathilda, Autumn se dio cuenta de que Dean era verdaderamente bueno con los niños. Les caía bien, y él era cariñoso a la hora de hablar con ellos, de preguntar y de preocuparse por el estado de salud de cada uno de los pequeños. Era un caso que le afectaba. Pues a nadie le gusta ver como decenas de niños morían cada día sin que se supiese la causa aparente. Pero para Autumn había sido verdaderamente enternecedor ver como, tras resolver el caso, Dean se sentaba al lado de la camilla de un crío con el que había entablado amistad y le decía que se pondría bien y que su hermano pequeño no corría peligro.

Autumn observaba la acción desde el pasillo, observando lo perfecto y a la vez mágico de aquel momento, la ternura y paciencia que Dean tenía con el chaval... Y entonces la rubia sintió una punzada en su muerto corazón. Ella no tendría aquello. Nunca. Y entonces se dio cuenta... ¿Por qué al mirar a Dean pensaba en... niños?

"

Dios, Autumn... Te estás volviendo loca"

Así que prefirió salir de allí y acudir a algún lado donde pudiese conseguir un trago de sangre. Y las refrigeradoras del almacén del hospital fueron una buena idea.

Se bebió dos bolsas de A+ y para cuando Dean salió al encuentro de su coche, ella ya le estaba esperando apoyada en el capó del vehículo. No dijo nada, solo le sonrió y se encaminaron en busca de algo nuevo que hacer.

Pero no acababan de salir de un caso y ya tenían uno nuevo.

Según llegaron a la habitación de motel para recoger sus cosas, Dean recibió una llamada telefónica, y por la expresión de su rostro al colgar, era algo personal.

"

¿Sam?", se preguntó la rubia.

Dean no le decía nada. No dijo nada durante el trayecto, la rubia tuvo que atar cabos cuando por fin llegaron a su destino tras conducir durante varias horas hacia una ciudad en cuyo nombre Autumn ni se fijó ya que estaba más preocupada por saber qué preocupaba al cazador y qué sería aquello que había ocurrido.

El tema era escabroso cuanto menos, y ahora entendía que Dean no hubiera apenas hablado durante el camino. Mientras analizaba aquel pequeño almacén, Autumn se dio cuenta de que había un tarro con verbena en una de las estanterías. Reconocía aquel tarro. Ella misma se lo había dado a John para que lo usase con ella, ya que no se fiaba de...

Bueno, eran cosas del pasado. Era mejor no indagar en ello. El caso que se traían entre manos era importante.

Según la información que un tal Bobby había dado a Dean, en el interior de una de las cajas que habían robado, por que sí... Alguien había robado en aquel almacén privado de John, había una muñeca de vudú capaz de matar a cualquier persona solo con las vibraciones negativas de una persona. Ahora la pregunta era... ¿Quién lo había robado y para qué?

Esa pregunta tuvo pronta respuesta, y ellos ya trabajaban en ponerle solución. Iban a robarle la muñeca de vudú a un magnate de los negocios que estaba liquidando a la competencia.

Necesitaban colarse en la casa de este tipo, y para su suerte, iba a celebrarse una fiesta de alto copete en su mansión. Ellos solo tenían que conseguir entradas. Y eso... Eso corrió de parte de la rubia.

Salió por la puerta del motel en dirección a la torre empresarial de aquel tipo y haciendo gala de sus dotes vampíricas, es decir, compulsión; logró que el secretario personal de Michael Townsend, que así se llamaba el tipo en cuestión, le concediera dos invitaciones para la fiesta que se celebraría dos días más tarde. Y también, como regalo personal y para Dean, le sacó al tipo aquel dos de los grandes para comprar ropa adecuada para aquel evento.

Un par de horas más tarde, la mujer entraba por la puerta de la habitación con las invitaciones en una mano y cargando dos fundas de ropa, de una cara boutique del centro, en la otra.

Cuando Dean insinuó que seguramente ella había tenido que rebajarse a la altura de la entrepierna de algún baboso ella le propinó un puñetazo en el hombro. Y le tendió su percha con la ropa dentro de la funda.

-Esto es para ti. No pienso dejar que vayas vestido como un ganadero a una fiesta así...- dijo echando un ojo a la ropa que el cazador solía ponerse, y que a ella no le disgustaba, pero le gustaba lanzarle esas pullas de vez en cuando.

Dos días más tarde, en el momento de la hora "D", como Dean lo había llamado para abreviar algo como "la hora Dean", la rubia se hallaba en el cuarto de baño de la habitación observándose en el espejo justo después de haberse maquillado y arreglado perfectamente. Pasó las manos por el delicado y bonito vestido rojo de palabra de honor, sujetándolo para que no se le resbalase ya que no alcanzaba a subirse la cremallera que le llegaba a la altura de la espalda baja. Suspiró, aunque no lo necesitaba, ya que eso de respirar para ella era secundario y solo tenia que fingir hacerlo delante de Dean y se decidió a salir por la puerta.

Una parte de ella se moría por ver la reacción de él.

Y no pudo esbozar una sonrisa tímida, y si la sangre corriera por sus venas se habría ruborizado al ver la expresión ensimismada en el rostro de Dean.

Y supuso que la misma expresión bailaba en su rostro cuando vio al cazador enfundado en aquel traje que le sentaba como un guante. Estaba increíblemente guapo.

-Cállate...- dijo ella suave y tímidamente mientras llegaba a su altura y se daba la vuelta- Súbeme la cremallera, por favor... Es que... Es que no llego... -dijo, de manera algo torpe.

Y vaya si lo hizo... El cazador ascendió la cremallera de la espalda de ella a la vez que se las apañaba para acariciar suavemente toda la columna vertebral de ella hasta finalizar el trayecto a la altura de los omóplatos.

La rubia se giró hacia él y, aunque no hacía falta, llevó sus manos a la corbata de él haciendo como que la adecentaba, solo para sentir el cuerpo de él contra sus manos.

Y el pareció sentir esa misma necesidad de no poder apartar las manos de ella... Ya que una de sus manos se deslizó para "apartar" uno de los mechones del cabello de ella a la par que se inclinaba hacia delante.

Cielo santo. ¿Quería besarla?

-Listo...- dijo ella, que había terminado de "adecentar" la corbata de él. Y por una vez en mucho tiempo, la rubia deseó que su corazón latiese por primera vez solo para notar ese ligero sobresalto que proporciona aquel momento en el que sabes que has sentido un flechazo...

En el que sabes que quieres saber más, mucho más de esa persona que tienes frente a ti.

Tras mirarle varios segundos a los ojos, o tal vez llevaban horas allí de pie mirándose el uno a la otra, ella carraspeó y apartó las manos del pecho de Dean.

-Tenemos que irnos..- dijo, con un hilo de voz- Es... Es "la hora D"...

Y fingió que respiraba hondo. Y deseó poder hacerlo de verdad. Por necesidad.