Capítulo 4: Viaje a Aokigahara parte 1.
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Kazumi se paró justo a la orilla del mar. El sonido de las olas la relajaba de una manera deliciosa. A su lado se encontraba un chico de cabello verde. Él la estaba tomando de la
Admirando la hermosa noche estrellada.
―Quería decirte algo... ―dijo ella en voz baja. ―Quería disculparme por cómo me he comportado contigo todo este tiempo.
―No importa. Yo también me comporté mal contigo. Solo olvídalo ―dijo él mientras que con delicadeza entrelazaba sus dedos con los de ella. ―¿Te gustan las estrellas?
―¿E-eh? si…. ―dijo ella desorientada por la pregunta repentina.
―La superstición dice que pidas un deseo si ves una estrella que surca el firmamento. Las estrellas fugaces son asociadas a la buena suerte. Muchas personas piden su deseo si ven una ―dijo el joven mirando el cielo.
―¿Cuál sería tu deseo si cruzara una estrella fugaz ahora mismo? ―preguntó interesada.
―Simple. Mi deseo es y siempre será estar al lado tuyo ―contestó con firmeza.
―El mío también ―ella sonrió.
En el cielo brilló una estrella fugaz mientras ambos se acercaban para unir sus labios en un tierno be….
Midorima se despertó de un salto y lastimosamente se calló de la cama. Kazumi, por otra parte despertó gritando y asustada como el infierno.
―No, no puede ser. No puede ser que estoy soñando con ese idiota ―dijo la pelinaranja mientras se tapaba la cara con las manos.
―No puedo estar soñando con esa histérica ―dijo Midorima mientras se acomodaba nuevamente en la cama.
―Se-seguro fue….esas vitaminas raras que Miranda nos mandó a tomar. Si eso es ―ella dijo convencida.
―Debe ser el olor a incienso de la habitación de Kamiko que me hacen ver visiones. Si eso es ―él dijo convencido.
Ambos se arroparon nuevamente en sus respectivas camas, y esperando no tener el sueño….es decir, pesadilla de hace unos instantes, se dejaron llevar por Morfeo nuevamente; aún faltaban cuatro horas para la escuela después de todo.
OoOoOoOoO
¡Y ahora vamos con cáncer!
Estás en el onceavo lugar. Eso no es muy bueno para ti por lo que procura llevar tu objeto afortunado que es un balde de color amarillo. Esta semana será el mismo artículo. Recuerda estar muy pendiente a tus alrededores o si no, algo desagradable puede pasar.
Oha-asa nunca se equivoca. Y Midorima estaba estresado al ocupar el penúltimo lugar de la clasificación. Por lo que tuvo especial cuidado con todo mientras tomaba el desayuno antes de ir a Shutoku.
―Oye Onii-chan ―él volteó a ver a Kamiko. ―¿Quién es Okita?
La pregunta lo tomó con la guardia baja y se atragantó con el tocino que estaba comiendo. Su hermana menor era sin duda una tonta. Rápidamente bebió del jugo de naranja para empujar el alimento atascado en su garganta y no morir.
―Kami-chan, casi matas a tu hermano ―regañó su madre.
―¿De dónde sacaste ese nombre? ―el peliverde logró preguntar.
―Anoche estabas murmurándolo mucho. Así que me entró curiosidad.
Oh, mierda. Maldita la hora en que la pared de sus cuartos era compartida. Todo se podía escuchar. TODO.
―No es nadie ―se levantó. ―Me voy a la escuela ―tomó su balde y se marchó.
―Ten cuidado ―dijo su madre.
―Mamá. ¿Por qué incluso concibieron a alguien tan raro como él? ―preguntó la menor.
―Kami-chan, se te hace tarde para la escuela.
…
No había una jodida forma de que Kazumi llevara un balde amarillo con ella. No, definitivamente hoy no llevaría su artículo afortunado. Es decir, ¿¡Qué carajo pensaría la gente!? No es que sea una loca compulsiva después de todo.
―Kazu-chan, ¿por qué estás de mal humor? ―preguntó Mei. Es cierto que su amiga está enojada la mayoría del tiempo, pero hoy parecía estarlo más.
Sin quererlo, la mente de la más alta vagó de nuevo al recordar el sueño de hace apenas unas horas. Y eso fue suficiente para provocar que se sonrojara y estremeciera. ¿Cómo era incluso posible soñar de esa manera con alguien que ella odia?
―No me pasa nada ―dijo mientras apartaba la cara para que Mei no la viera.
En la entrada del instituto, se encontraron con el famoso rickshaw (se volvió muy famoso en la escuela. Es el vehículo más peculiar de todos) de Midorima y Takao.
―¡Takao-kun, Midorima-kun! ―Mei los saludó con alegría.
―¡Buenos días, Mei-chan, Kazu-chan! ―el pelinegro siguió.
Tanto Midorima como Kazumi no se atrevieron a mirarse. No, tienen demasiado orgullo como para eso. Los dos pelinegros compartieron una mirada de confusión. ¿Por qué demonios tenían que tener amigos tan tsunderes?
―Así que… ¿Dónde está tu objeto afortunado, Kazu-chan? ―preguntó Takao al no ver el balde que se supone ella también debería tener.
Ya todos en el club sabían sobre la manía compartida por ambos jugadores. Y que ambos eran Cáncer. Les sorprendió que hasta en eso se parecían. Eran como almas gemelas. Eso fue lo que dijo Miranda. Claro que Takao y Mei compartieron el pensamiento. Lo único diferente era que Midorima nació 3 horas antes que ella.
―No voy a traer algo tan vergonzoso como un balde conmigo ―respondió secamente.
―Tch ―el más alto chasqueó la lengua.
―¿Tienes algún problema? ―la pelinaranja le preguntó.
―¡Vamos a clase! ―Mei declaró antes de que una pelea campal se formara.
Los cuatro se sentaron en sus respectivos asientos mientras escuchaban al maestro dar la clase. Gracias al cielo y tendría 4 días de descanso. La semana dorada era una muy buena cosa. Las clases transcurrieron sin problema, hasta que llegó la hora de la práctica.
Para Miranda ser la entrenadora y gerente de las niñas era increíble. Ellas eran quienes sudaban para conseguir un increíble estado físico mientras la castaña ojeaba revistas. Claro que estaba pensando en la forma de conseguir que las chicas tuvieran un mejor rendimiento si querían participar en la Inter-High femenina. Por la cabeza del entrenador Nakatani pasaba algo similar. Y entonces, mandado desde el cielo, un papel cayó de la nada haciendo alusión al famoso bosque Aokigahara. Un lugar en donde los chicos obtendrían resistencia.
―Ehhh, entrenador Nakatani, ¿está pensando lo mismo que yo? ―preguntó la niña.
―Eso depende, señorita Smith. ¿Tiene que ver con llevar a los muchachos a ese bosque durante la semana dorada?
La sonrisa de Miranda lo decía todo. El silbato sonó y las pelotas naranjas pararon de rebotar aquí y allá. Ambos equipos se reunieron alrededor de ambos entrenadores. Aunque cada equipo en una banca diferente.
Equipo femenino:
―¡Niñas, tengo un anuncio! ―gritó Miranda con energía.
―Eso no debe ser nada bueno ―dijo Hikari mientras se secaba con una toalla.
―Oh, vamos. Será divertido ―la castaña hizo un puchero.
―Ve al grano ―pidió Koizumi.
―Todas han odio hablar de Aokigahara, ¿cierto? ¡Pues resulta que haremos un viaje de resistencia para subir el monte!
―¿¡Tú nos quieres matar!? ―todas gritaron, a excepción de Kuromi, que estaba… como siempre.
―Entrenadora, no creo que tengamos la resistencia necesaria ―dijo Mei. Ella era la más pequeña y delgada del grupo. Así que si alguien moría, era ella.
―Oi, oi. Nosotras no podemos hacer eso ―empezó Hikari.
―Claro que podemos. Si los hombres pueden, ¿por qué nosotras no? ―Miranda se cruzó de brazos.
―¿Ellos van a ir? ―preguntó Kazumi.
―Por supuesto. ¿Quién nos armaría las tiendas y harían el fuego si no van?
―Claro. Y recogerían a alguna de nosotras mientras muere subiendo el monte ―Koizumi dijo con sarcasmo.
―Eso también ―Miranda estuvo de acuerdo ―. Chicas, ustedes tienen una capacidad increíble. Debemos mirar hasta dónde puede llegar dicha capacidad. Y este viaje será algo bueno si queremos ganar la Inter-High.
Las presentes se miraron con inseguridad, pero luego asintieron. Si han de morir, que sea con honor. La vedad no esperan morir. Siguen siendo niñas y le temen a los bichos y esas cosas.
Equipo masculino:
―Muchachos, hay noticias ―empezó el entrenador ―. Iremos a Aokigahara para la prueba de resistencia.
―¿Prueba de resistencia? ―preguntó Otsubo.
―Si. Van a subir el monte en el menor tiempo posible ―continuó el hombre.
―Jajajaja. Eso es una broma, ¿verdad? ―dijo Miyaji.
―No.
El silencio se hizo unos minutos antes de que sus cerebros lentos captaran la información dada.
―¿¡QUÉ!? ―todos reaccionaron violentamente.
―¡Midorima! llena ese balde de agua y tíraselo al entrenador. Está delirando ―dijo Yuuya, el hermano menor de Kiyoshi.
―No haré eso ―el peliverde negó acomodando sus lentes.
―Hay que verlo por el lado amable. Va a ser divertido ―dijo Takao.
―No le veo lo divertido por ningún lado ―comentó Kimura.
―Estoy seguro que las chicas aceptaron sin titubear ―dijo el entrenador.
El silencio se hizo nuevamente, pero fue roto pocos segundos después.
―¿¡Ellas van a ir!?
―Si.
―Bueno, ¿cuatro días en un bosque con chicas por qué sería algo malo? ―Takao intentó convencerlos.
―Cállate, Takao ―dijo Midorima.
―No es algo malo pero…. ―Miyaji comenzó nervioso.
―Dormir en tiendas es incómodo... ―terminó Otsubo.
―Estoy empezando a pensar que las niñas aquí son ustedes ―dijo el entrenador. No hay mejor manera de hacer que un hombre acepte, sino es provocándolo.
―Iremos ―todos dijeron al unísono. No, ellos no eran niñas.
OoOoOoOoO
Lunes en la madrugada. El frio de las pobres personas que están paradas esperando un autobús que los llevará a la base del monte que será su muerte, es devastador. Cada uno tenía una mirada distinta en su rostro. Pero todos compartían el mismo sentimiento: el miedo a lo incierto.
Los monstruos que se suponen eran sus entrenadores, llegaron muy cómodos en dicho vehículo. Los presos se subieron en él para partir a su destino final.
A la aventura de sus vidas. O de sus muertes.
Me disculpo profundamente por la tardanza. Y agradezco a todos los lindos comentarios y a quienes siguen la historia. Prometo que mañana subiré la continuación sin falta.
¡Nos vemos!
