Cap. 3 Pasado parte 2
Esta vez quién se quedaría a limpiar volvía a ser Auruo. Levi estiró sus brazos y contempló de nuevo a su trabajadora social esa tarde, ya casi siendo noche. Se preguntó si no le incomodaba sentir a veces la miradas de los demás observándola leer. Parecía que no, su concentración en la lectura era realmente admirable.
Aburrido porque ya todos se habían ido y Auruo se encontraba en otro cuarto trabajando, decidió empezar una conversación con ella.
–¿Por qué es que estaba ayudando a esa tonta niña a buscar su muñeco? –Petra desvió su vista de su libro para responderle.
–Se veía desesperada por encontrarlo –escuchó como él chasqueaba la lengua.
–Los niños se desesperan por cualquier tontería. Por eso son tan inmundos y problemáticos –Rall frunció el ceño. Era cierto que a veces son problemáticos los chicos, pero no era razón para llamarlos inmundos. Después de todo, ellos eran la última muestra de inocencia que podía quedar en ese cruel pero bello mundo.
–No diga esas cosas. Recuerde que usted también fue un niño alguna vez –el Ackerman rodó los ojos.
–Si es verdad. Pero yo era un buen niño. Nunca causaba problemas a mis padres.
–Si estaban todo el día trabajando, por supuesto que no lo haría –farfulló y la fulminó con la mirada.
–¿Otra vez empieza con eso?
–Usted empezó –sonrió satisfactoriamente, haciéndolo enojar todavía más.
–Y usted sigue, pero en parte es verdad. Realmente pasaba más tiempo con mi tía política.
–¿Cómo es su tía? –preguntó curioseando por saber más de él.
–"Era", tendría que decir. Murió hace algunos años, poco antes de que mi tío se marchara. Y era una mujer maravillosa y risueña, tenía un extraño apetito, que se incrementó cuando quedó embarazada.
–Se llevaba muy bien con ella ¿no? –pudo la mujer observar una pequeña, y casi desapercibida, sonrisa en él, por hablar de aquella familiar lejana.
–Sí, pero no entiendo porque pregunta todo esto. Si ya lo sabe –Petra perdió un rato su calma, pero la recuperó cuando se le ocurrió una ingeniosa idea.
–No sé de todo. Solo se algunas cosas. Pero quisiera conocer un poco más de usted, para entenderlo mejor.
Levi no sabía que debía de sentir en ese momento. Nadie en su vida lo hubiese querido conocer para entenderlo y nunca se le ocurrió que su pasado fuera un tema de conversación. Inhaló un poco para continuar, mientras Petra volvía a sonreír, le alegraba que no tuviera que ser tan dura ahora y podía ser flexible con él.
–Mi tía Sasha siempre encontraba una forma de hacerme feliz, no sé cómo, pero siempre lo lograba. Como mis padres no estaban, tampoco mi tío, ni aun cuando volvía de la escuela, ella estaba ahí para consolarme –bajó su vista un poco, recordando algo.
Observaba confundido el pequeño de ya ocho años como la mujer castaña, de una coleta, agarraba dos patatas y creaba una especie de puesta en escena que lograba hacer reír a Levi.
–Tía es muy gracioso y todo pero… ¿Tienes que usar patatas para representarlo?
–No veo el problema, a mi me gustan –decía lo último mordiscando una–, ¿Quieres? –el chico negó.
–Creo que están crudas –dando la razón al chico, escupió un poco–, eso es asqueroso tía Sasha. Ahora habrá que limpiar.
–Levi te obsesionas demasiado por la limpieza, Kenny tiene razón –el joven desvió su vista sonrojado negando.
–No es cierto.
–¡Si es! –terminó diciendo carcajeando la castaña, acariciando la coronilla de su sobrino.
–Creo que ella y su tío tenían razón –susurró suavemente captando la atención de Petra.
–¿Qué dijo?
–Nada –cortó seriamente–. Ella, Isabel y Farlan fueron la mejor parte de mi vida.
–¿Quiénes son Isabel y Farlan?
–Dos viejos amigos míos. Los dejé de ver por un tiempo cuando me mudé a la casa de mis tíos, pero me reencontré con ellos cuando empecé mis estudios. A veces hacíamos una que otra travesura… –se vio interrumpido por la risa de la mujer–. ¿Qué sucede?
–Nada. Es solo que usted dijo que era un buen niño, que su infancia y juventud fueron miserables. Pero creo que no todo es cierto.
–¿Qué insinúa? –paró su risa de forma estrepitosa y buscó una forma de calmar la situación.
–Hace mucho frío ¿No quiere que le prepare un café? –la miró desconfiadamente.
–¿Lo hace bien? –ella asintió con un evidente entusiasmo.
–Por supuesto. Mis padres siempre dicen que lo hago muy rico –encogiéndose de hombros, aceptó de mala gana. Aunque hubiese preferido echar otro carbón que ingerir algo preparado por ella. Además la estufa estaba apagada y costaba mucho encenderla.
–Está bien. Solo por ahora, confiaré en usted –volvió a carcajear por la seriedad que el Ackerman ponía en algo tan simple.
–Habla como si yo fuera a envenenarlo –comentó con gracia lo último, antes de iniciar.
Se paró para empezar con la labor. Encontró una pequeña jarra. La llenó con algo de agua y luego de calentarla en una pequeña cocina (no usada de hace largo tiempo) le agregó un poco de café que guardaba de su bolso con un poco de dulzor, también guardado de su cartera.
–¿Lleva café y azúcar a todas partes?
–Sí, a veces sufro de hipoglucemia por mis recurrentes actividades y se me olvida comer, o camino demasiado ya que no tengo el dinero suficiente para una carroza. Y el café es para reponer energía –comprendió compresivamente y le extendió una taza.
–Sírvamelo aquí –después de probar un sorbo ineluctablemente, siguió bebiendo hasta casi terminar su vaso. Realmente estaba delicioso–. No está mal.
Petra mostró una gran sonrisa por el cumplido, logrando que el azabache desvíe su vista de ella con algo de enojo por el alborozo interior suyo que provocó esa expresión de su rostro.
–Volviendo al anterior tema ¿Qué pasó con Sasha? –en los ojos del azabache nuevamente se reflejaba nostalgia y melancolía–. Perdón. Fue un poco entrometido de mi parte ¿no?
–Eso debió de preguntar desde que empezó este interrogatorio –Levi no entendió si lo último lo había dicho seria o sarcásticamente al verla reír en voz baja–. Murió al dar a luz a su única hija, poco después de que mi tío se marchara para nunca volver –ella dirigió una mirada de benevolencia por su respuesta.
–Quiere decir a su prima, Hanji.
–Así es. Yo y mis padres nos mudamos y Hanji fue criada por su abuela materna. Desde entonces siento un gran desprecio a ella.
–No tiene una razón lógica por despreciarla.
–¿Por qué dice que no tengo? Si es por su culpa que mi tía murió –apretó el agarre de la taza sintiendo ese vacío que creía haber extinguido hace mucho.
–Pero Hanji es su única familiar viva. Debería de quererla mucho –empezaba a temblar por la reacción del hombre, pero mantuvo su calma.
–¿Por qué debía de quererla?
–Porque ella mantiene la esencia de su tía, ya que es su hija. Y por lo tanto debería de verla como su hermana. Trate de pensar detenidamente y notará el gran parecido en ambas.
–¿Cómo puede decir eso usted que ni conoce a ambas? –casi salta de su asiento, pero se contuvo respirando hondo.
–Por lo que me ha dicho de la Sra. Sasha y lo que he conocido de la Srta. Hanji puedo deducir eso. Hágalo usted mismo. Además ¿No creé que su tía hubiese preferido que quisiera a su hija, en vez de menospreciarla? –refunfuño un poco. De alguna forma esa mujer ya le iba ganando dos veces.
–No voy tocar más ese tema. Estoy seguro que ya sabe de eso.
–No todo realmente. Como tampoco no se qué sucedió con sus amigos –respondió apenada.
–Con ellos no sé si fue peor –observando la curiosidad que emanaba el rostro de Petra, siguió contándole–. Trabajamos los tres un largo tiempo juntos con el viejo Pixis. Con ellos la navidad era más divertida, como mis cumpleaños.
–Levi –gritaba una joven pelirroja de dos coletas y baja altura al susodicho de 19 años–. Baja de una vez.
–No puedo, estoy ocupado.
–¿Ocupado en qué? –preguntó otro joven al lado de la chica, de mayor altura, tez clara y cabellos grises, casi blancos.
Las tres figuras se encontraban en un pequeño cuarto, ubicado en un alto piso, mientras abajo se escuchaba los festejos.
–Estaba calculando cuanto será el costo de la fiesta –sostenía entre manos, unos papeles que fueron arrebatados por la baja pelirroja.
–Que amargado eres. Es navidad, distráete un poco.
–También planeábamos…
–Farlan Shhh…–el hombre tapó su boca con su mano, procurando no decir más nada revelador–. Quedamos en que sería una sorpresa –el azabache los miró confuso.
–¿Qué sorpresa? –ambos se dieron una sonrisa cómplice.
–Baja y la verás –movido por la curiosidad, se levantó a regañadientes de su asiento para dirigirse a las escaleras.
–Espera –lo detuvo Isabel poniéndole una venda en los ojos– Ahora sí.
–¿Por qué la venda?
–Ya te dijimos que es una sorpresa. Sigue nuestra voz y procura no caerte –escuchó decir al peliblanco.
De a paso lento bajó las escaleras acompañado y guiado de sus amigos hasta llegar a tierra firme.
–¡Listo! –exclamó Isabel quitando la venda de sus ojos.
Un montón de gente se encontraba en el salón mayor alrededor de él gritando "Sorpresa" o "Feliz cumpleaños", entre ellos el Sr. Pixis que venía con un obsequio para él.
–Feliz cumpleaños Levi –el aludido fijó su vista a su dos compinches, como buscando una explicación a todo.
–Te veíamos tan estresado en tus tareas, que decidimos que la fiesta para navidad que organizamos todos los años fuera para tu cumpleaños –aunque no estaba acostumbrado a las fiestas, le conmovía todo el empeño que habían puesto sus amigos organizándola por él.
Creyó que esa calidez de su corazón que sentía por ellos duraría casi por el resto de su vida. Pero siempre el destino te da vueltas que la mayoría de veces son para mejorar o empeorar.
Unos años después, su distancia a ellos se había incrementado con gran inmensidad por culpa de su trabajo, a tal punto que muy pocas veces se hablaban. Llegó el tiempo en que no los volvió a ver, poco después de que se graduó e inició con su trabajo. Un día caminando, se los encontró, casi por casualidad en las calles.
–Farlan, Isabel –llamó a ambos quienes se encontraban caminando de camino a quien sabe lugar–. ¿Qué sucede? hacía largo tiempo que no los veía –ninguno quiso responder hasta que el joven de los nombrados habló.
–Es que últimamente te hemos visto ocupado y empezamos a creer…–no quiso completar su oración, no quería saber si sus sospechas eran acertadas.
–Empezamos a creer que tu nuevo amigo importaría más que nosotros –completó Isabel.
–¿Qué amigo? –miró confundido a los dos buscando algún indicio en sus ojos.
–¡Qué más Levi! El oro.
–Eso nunca ha tenido que ver con nuestra amistad.
–Porque antes éramos pobres –Farlan tomó la palabra esta vez dejando a la pelirroja a un lado–. Pero no nos importaba, al no tener tantas preocupaciones. Te has vuelto muy materialista –esa fue la última vez que charló con ellos. No los volvió a ver, ni supo que les pasó.
Ahora surgía un inmenso arrepentimiento en no poder agradecerles las múltiples cosas que ellos habían hecho por él, no haber reído junto a ellos por su orgullo en mantener siempre su postura seria y no poder decirles el vacío que sintió al perder a sus únicos amigos.
–Sr. Ackerman ¿Le pasa algo? –preguntó Petra al ver que los ojos del hombre estaban un poco brillantes, como si una lágrima estuviese a punto de escapar.
–No pasa nada –su respuesta fue más que fría y su semblante volvió a ser inexpresivo. Los dos voltearon cuando oyeron a Auruo volver sin los útiles de limpieza.
–Sr. Ackerman, ya terminé.
–Puedes retirarte –dijo lo último en voz baja, ocultando su melancolía. Luego se dirigió a la única mujer presente–. ¿Y usted?
–Yo ya he terminado con lo mío –frunció sus cejas ¿Acaso ahora su trabajo se había reducido a hacerle recordar su pasado en sus momentos más dolorosos?
Despidió a Auruo y observó largo rato a la castaña a lo lejos, después de rato por haberse marchado. Su cara era de cansancio y recordó que le dijo que a veces sufría de la glucemia baja. Un impulso hizo querer llamarla y llevarla a su casa, pero desistió, pensando que tal vez, una dama como ella, no le agradaría una osadía así.
Jadeaba un poco de cansancio, ese día se había levantado muy temprano y apenas recordaba si comió. Volteó al lugar donde se encontraba Ackerman que se subía a su carroza cómodamente. Sintió un arrepentimiento interno en no haberle pedido el favor que la llevase, pero de seguro a un hombre como él eso lo hubiera molestado.
Mi forma de llevar la cosa es un poco más psicológica como se ve, (Aunque no evito de pensar que también es algo aburrido) Pero quiero que Levi y Petra se conozcan mejor.
¿Alguien escuchó el cd drama de "Heichou VS Mikasa"? Es muy cómico y me hizo reír muchas veces. No encontré traducción en español pero si en inglés. Realmente vale la pena escucharlo (La voz de Levi hace que mis oídos sangren de éxtasis (OMG dije eso? O lo escribí?)).
Bye bee y tengan un feliz año (Olvide decirlo la anterior vez que subí el otro capitulo)
