Capitulo 4

El erotismo da miedo porque se lleva las palma en el exceso,

se abre en la superabundancia y en lo ilimitado.

Eleva el instinto a categoría de un arte de amor,

y por lo tanto de vivir.

Sophie Chauveau

Los días pasaban y cada vez se sentía mas frustrada porque no podía montar a Castiel, el ranchero no había logrado domarlo para ella, pues el animal cada vez que la veía quería reventar las sogas y salir desbocado, sabia que era una treta del estúpido huérfano para que ella diese su brazo a torcer, seguramente lograría que su padre se lo regalase como ya hace algunos días se lo hizo saber, pero estaba muy equivocado si creía que se quedaría con su caballo, prefería que lo sacrificaran antes que el imbécil de Tomas se lo adueñara, por lo que trataría de poner todo de su parte para que el animal la aceptase y así mandar al lodo las intenciones de él.

Sin duda alguna lo que mas le gustaba de cabalgar eran las docenas de trajes de equitación que poseía, esta vez se coloco un pantalón blanco hermosamente ajustado, que hacían lucir hermosamente sus botas de equitación rojas las cuales llegaban justo debajo de sus rodillas, la chaqueta de terciopelo igualmente roja de un solo botón al frente y su camisa cuello alto con vuelos de encajes en color blanco, esta vez se hizo una cola a la base de la nuca, para que a la hora de colocarse el casco esta no incomodara.

Pudo ver al campesino tratando de domar al caballo que él había traído, la verdad era que la vestida daba miedo, ya que era de un negro intenso, ni siquiera se le diferenciaba el color de los ojos, mas sin embargo este no demostraba temerle, por el contrario ante su movimientos en tensarle la cuerda le hacia saber quien mandaba, como siempre estaba sin camisa esta la llevaba amarrada por sus mangas en las caderas donde siempre estaban los vaqueros, se acercaba en silencio mientras lo observaba dominar a la bestia, su espalda y brazos perlados y tensados logrando con esto marcar aun mas los músculos en esto le dejaban apreciar que el trabajo de vaquero lograba crearles un cuerpo envidiable, además de hacerlos resistente ante cualquier ejercicio, trago en seco antes de hablar a algunos pasos de distancia.

- Te están pagando para que logres que yo pueda montar a Castiel, no para que disfrutes de las instalaciones de mi padre para que domes a esa bestia. – Dijo le chica en voz alta, desde la baranda, colocando uno de sus pies en los tubos del corral.

Lo hizo en ese momento perder la concentración por lo que el animal logro sacarle provecho, pero no por mucho tiempo, hizo un poco de esfuerzo, para luego amarrarlo y sin decir una sola palabra se acercó hasta ella, mirándola de arriba abajo sin el mínimo reparo, dándose cuenta que logro incomodarla, por la manera tan rápida de bajar el pie de la baranda, Tom dejo libre media carcajada, para tomar impulso con sus manos y brincar sobre la barda, quedando parado al lado de la chica quien observo con admiración la agilidad del chico, pero un segundo después lo miraba con desprecio por encima de su hombro aun cuando este era mucho mas alto que ella.

Tom antes de que la joven pudiese decir alguna estupidez y lo sacara de sus cávales decidió hablar él, su plan debía tener el efecto esperado, por lo que se mostraría sumiso ante ella, tal como lo hace con los caballos, seguro será una yegua mas que caerá rendida ante él con palabras de cariño y una suaves caricias en el lomo, él miro de reojo el trasero de la joven observando la curva de este y se dijo que al menos tenia buen lomo, pensándolo bien no lo pasara tan mal, la venganza puede ser mas que placentera.

- Entonces estas lista. – Le pregunto dándole la espalda y encaminándose al establo, sin esperar la respuesta le dijo. – Vamos a que lo montes. - Ella sin dar respuesta lo siguió. – Espera aquí. – le dijo en la entrada. - Organizare un poco, no quiero que te lastimes. – Le dijo con voz profunda, Eliza solo parpadeo lentamente tratando de digerir las palabras del huérfano.

- Espero no sea una mas de tu estupideces. – Acoto tratando de tomar el control, viendo como él se alejaba tomando los cubos de paja, tomo una de las navajas y corto las cuerdas que lo mantenían unidos, para luego esparcirla alrededor de Castiel, esa acción la repitió con cuatro cubos, ella lo observaba en silencio realizar el trabajo. – No creo que pueda ir a ninguna parte con Castiel atado. – Le dijo acercándose.

- Si lo suelto te aseguro que iras a parar tres metros bajo tierra. – Respondió llegando hasta ella nuevamente. – Quiero que…

- No me ordenes nada. – Intervino sin dejarlo terminar.

- Solo es una sugerencia tú veras si la tomas o la dejas, quiero que por fin subas a ese caballo y dejes de hacer berrinches, camina muy despacio y deja que yo te guie, te agradecería no abras la boca. – Se acercó al animal mientras Eliza se mantenía un paso detrás del joven, acaricio el cuello de este y palmeo suavemente. – Hola Castiel, buen muchacho… tranquilo. – Elisa al escucharlo hablarle solo puso los ojos en blanco en señal de fastidio e impaciencia y movía la cabeza en señal de burla, pero manteniéndose en silencio. – Sabes que no te hare daño. – Tom seguía conversando con el animal y Eliza fue consiente en ese momento de como Castiel movía sus orejas como captando lo que el huérfano le decía mientras le acariciaba uno de los costados, en ese momento el chico la tomo por la muñeca jalándola, ella sintió una extraña sensación recorrerla completamente, que era mucho mas fuerte que la aversión que le tenia, Tom la coloco delante de él sin soltarla por el contrario llevo su otra mano y le retiro el guante, manteniéndolo él, seguidamente cubrió lentamente la mano de la chica y ella pudo sentir que las manos del joven no eran rústicas como ella esperaba, por el contario su textura era realmente agradable, observaba con detenimiento como él guiaba la mano deella hasta el costado del caballo y empezó a moverla como ayudándola a que acariciara el animal, quien se sacudió un poco por lo que ella se asusto pudo sentir como una carcajada se ahogo en su oído. – Tranquila no te hará daño. – Le susurro cerca del oído sintiendo el aliento de él estrellarse contra su mejilla percibiendo un agradable olor entre menta y canela, se sentía débil ante la cercanía del joven mas no se lo dejaría ver. – Tienes que ser un poco cariñosa con él no te pide mas. – Cada palabra que salía de la boca del chico la sumergían en una especia de sopor realmente placentero, uno que no había experimentado nunca antes, pero algo dentro de ella la alerto por lo que en un movimiento brusco trato de alejar la mano del pelaje del animal y prefirió no haberlo hecho, porque él cerro su cintura con fuerza adhiriéndola a su cuerpo e hizo la prisión de su mano mas posesiva, ella cerro los ojos ante la sensación que sentía en la parte baja de su espalda, estaba sintiendo a Tomas Stevenson como un hombre y le agradaba que era lo peor, tanto que le daba miedo porque realmente se instalaba un calor en el centro de su cuerpo nunca antes experimentado. – Háblale. – Susurro el joven a escasos centímetro del oído de la chica.

- No tiene caso. – Susurro ella con voz temblorosa, pero quiso que esta fuese dura. – Es estúpido hablarle a un animal. – Sentía que toda ella temblaba.

- No… no es estúpido, dile su nombre… pero con cariño… a veces a los animales nos gusta que sean cariñosas… - Ella podía sentir los labios de él rozar su oreja. – Di Castiel lo siento… Dilo. – La insto rozándose contra ella, sintiendo que no podía estar mucho tiempo así porque los latidos en su miembro aumentarían, Eliza trago en seco.

- Cas… ya suéltame. – Le pidió en un susurro porque por la fuerza no podía, Tom la tenia sometida y sabia que si alzaba la voz el caballo se asustaría y terminaría pisoteándola, se sentía en un bucle entre miedo y excitación que le hacían complicado respirar. – Suéltame. – Exigió con los dientes apretados pero su cuerpo batallaba contra su voz, pues esta quería que la soltara pero su cuerpo no lo deseaba así, moría por seguir sintiendo los latidos de él contra su espalda, de que su masculinidad se ubicara acoplándose en medio de su trasero, sus labios rozar su oreja y seguir embriagándose con el olor a menta y canela.

- Solo háblale. – Le susurro una vez mas y esta vez rozo su labios contra la mejilla de la joven, podía sentirla temblar y le orgullecía el tener ese control sobre ella, sentía que poco a poco estaba empezando por medios de las vibraciones de ella ha tener éxito su venganza, por lo que con la palma de su mano, empezó a apoderarse del vientre de la chica, presionándola para encontrar lo que necesitaba y no era mas que le pidiese disculpas al caballo. – Repite lo que te dije.

- Cas… Castiel lo siento. – Susurro acariciando al animal, descubriendo que no era tan difícil y observo como este movía sus orejas tratando de ubicarla.

- Prometo no volver a lastimarte. – Le insto Tom de la misma manera que lo estaba haciendo.

- Prometo no volver a lastimarte… - La pelirroja sintió al caballo relajarse un poco y ahora Tom no tenia que guiarla en las caricias. – Se que me he portado mal contigo, pero no lo hare mas. – Le hizo saber al animal quien dejo libre un resoplido, ella apenas logro sonreír, sintiendo la energía del animal. – Estoy hablando enserio… lo prometo.- Expuso nerviosamente.

- Ves que no es rencoroso…. Ahora pídele que te deje montarlo. – Le dijo alejándose un poco de ella, la joven se sintió realmente desorientada y una ráfaga de frio la envolvió cuando él alejo su cuerpo de ella, tanto que sentía desesperar por sentirlo así nuevamente.

- Es absurdo huérfano. – Le dijo con rabia, pero era porque la había soltado del abrazo, así de repente sin previo aviso.

- No lo es, si no lo haces no te dejara montarlo. – Le explico él algo aturdido, por las sensaciones que recorrían su cuerpo, ella no sospechaba que tuvo que soltarla de esa manera porque si no terminaría tirándola a la paja y le arrancaría ese traje de equitación, pidiendo a Dios que la joven no se voltease por armaría un escandalo al verlo realmente excitado.

- ¿Castiel me dejas montarte? – Pregunto poniendo los ojos en blanco en evidente fastidio y sin esperar que el animal le diera el consentimiento coloco su pie en el estribo y subió a este con total maestría, los ojos de Tom admiraban a la joven encima del caballo, quien lo miro con superioridad. - Te lo dije huérfano. – Y su actitud volvió a ser la misma de siempre, esa de niña estúpida caprichosa, que cree tener el mundo en las manos y darle las vueltas que a ella le de la gana, por lo que él se lleno de rabia y todo lo que sentía sencillamente se esfumo. – Vamos a salir Castiel, sabia que tarde o temprano te iba a domar…. Suéltalo ¿Qué esperas? – Le ordeno al joven quien solo la admiraba.

- Creo que aun no debes trotarlo no tiene la confianza suficiente. – Le advirtió el joven.

- Te crees el amo y señor de los caballos que todo lo sabe… no seas estúpido, suéltalo. – Le ordeno una vez mas, Tom dejaría que ella misma se llevase su merecido, aunque se sentía temeroso si lograba sacarlo, porque ya él no lo podría detener, se acercó y desamarraba al animal cuando este sin precio aviso se sacudió y se levanto con energía en su dos patas traseras elevando a la chicas por los aire quien dejo libre un grito, Tom sintió que la respiración se le atascaba y el corazón se le detenía al verla estrellarse contra la paja seca, trago en seco y empezó a temblar, estaba por correr cuando la vio sentarse.

Él no dejaría ver su preocupación por lo que dejo libre una carcajada, la cual se intensifico ante la cara de la joven y todos sus cabellos en desorden entrelazados con paja, la chica se levanto un poco adolorida pero realmente furiosa por la burla del huérfano, ya que realmente no le ganaba una, siempre le dejaba claro que era él quien tenia la razón y quien sabia de caballos. A Tom le dolía el abdomen ante el esfuerzo de reírse por tanto tiempo, Elisa se encamino donde estaba la cubeta con agua sucia de los animales y lo tomó actuando rápidamente y se la lanzo al joven en la cara.

- Sigue burlándote animal. – Le dijo con rabia y esta vez fue ella quien se hecho a reír con las ganas que disponía observando al joven quien quedo estupefacto con la estúpida sonrisa congelada. Tom salió del pasmo en el que se encontraba y llenándose de rabia ante los caprichos de la chica corrió hasta ella, la joven trato de huir, pero el chico fue mucho más rápido y la tomo por la cintura, elevándola y se la coloco sobre uno de los hombros. - ¡Suéltame! Bájame huérfano. – Gritaba la chica golpeándole la espalda, pero esto a él no le incomodaba en lo mas mínimo, por lo que se encaminaba, ella enterraba sus uñas en la piel de chico quien le propino una sonora y dolorosa nalgada, ella dejo libre un grito. – ¡Imbécil! Se lo voy a decir a mi papá y te vas a arrepentir, eres un bruto, por golpearme… - Hablaba con las lagrimas inundando su garganta. – Acoso no has escuchado que a una mujer ni con el pétalo de una rosa. – Proseguía mientras sentía la nalga arder ante el azote, seguramente le saldría un moretón.

Tom seguía en silencio caminado con energía el azote fue la acción necesaria para que dejara de lastimarlo con sus uñas y de cobrarse el que lo haya hecho tragar agua sucia. Elisa escucho el eco de la madera bajo las botas del chico, por lo que abrió los ojos, los cuales había cerrado porque se estaba mareando, además sentía toda la sangre concentrase en su cabeza y supo inmediatamente hacia donde se dirigía.

- No… no. – Le decía a Tom sabiendo que estaba en el muelle que daba al lago. – No me lances al lago… no se nadar. – Le dijo envuelta en pánico.

- Si claro. – Fue lo único que dijo.

- Te juro que no se nadar… no sé… no lo… - Estaba por decir algo mas cuando un grito salió de su boca al sentir que su cuerpo se estrellaba contra el agua helada, hacia esfuerzo por mantenerse en la superficie pero las botas se le llenaron de agua haciéndola mas pesada, arrastrándola a la profundidad.

Tom pudo ver el cuerpo de ella hundirse, pero salió una vez, la segunda no lo hizo, por lo que supo inmediatamente que la chica tenia razón no sabia nadar y esta vez no era un teatro barato de niña caprichosa, por lo que se lanzo inmediatamente al lago, se sumergió y no la encontró, tuvo que hacerlo un par de veces mas para poder dar con ella, no pudo evitar asustarse al encontrarla inconsciente, como pudo la saco y la recostó sobre el muelle, sabia de primero auxilios abrió un poco la camisa de la chica y presiono, pero esta no reaccionaba, por lo que fue preciso proceder a darle respiración boca a boca, al primer contacto con su labios pudo sentir los de ella realmente fríos y suaves, soplo como ya le habían enseñado para un segundo después la chica reaccionar, él dejo libre un suspiro manteniéndose a escasos centímetros de la boca de ella, observando los labios rojos a causa del agua y antes de que ella fuese completamente consiente se acercó nuevamente y succiono los labios con delicadeza, pues si no lo hacia moriría, primero el inferior, luego el superior, para después rozar su lengua contra la de ella, las sensaciones que recorrieron su cuerpo fueron sencillamente inexplicable, tanto que le era imposible alejarse y dejar de saborear los labios que del chica, se sentia flotar cuando en ese momento un empujón que lo hizo caer sentado.

- Aléjate ¿Qué haces? – Le grito y ella sentía la garganta arder y las lagrimas ahogando sus ojos ante el miedo y la rabia, se puso de pie y se alejó mientras temblaba ante el frio dejando a Tom observando el cuerpo de la chica a través del pantalón mojado el cual dejaba ver demasiado.

Continuara...


Chicas aquí les deje el cuarto capitulo, ya hubo beso a medias pero hubo, ese Tom si que sabe como subirle los colores la rostro a Elisa!

Gracias por leer, besos y abrazos!