Imagen 11, propuesta por Nii-chan Ukio.

Personajes: Yamato y Mimi.


Rétame y cantaré

Hoy sería uno más de los innumerables conciertos de Yamato Ishida. Sus amigas de las aventuras en el Digimundo lo esperaban para desearle buena suerte.

—Extraño tu hermosa voz —confesó Sora a Mimi.

—Si es así, es posible que hoy cante y opaque a Yamato en su propio concierto —le sacó la lengua, como prueba de su broma.

—Eso nunca pasaría —aclaró Yamato serio, entrando a la sala de espera sin aviso alguno—, ni en tus más locos sueños, Princesita.

Mimi lo miró algo sorprendida y no le gustó el tono de sus palabras ni esa sonrisa de superioridad.

—No te atrevas a retarme Ishida.

—Eso quisieras.

Mimi lo miró detenidamente por unos segundos y lo escaneó tratando de reconocer sus verdaderas intenciones.

—No lo haré —No seguiría su juego, no quería discutir por una estupidez—. Es tu concierto, no pienso dejarte en ridículo, eso no es lo que hacen los amigos.

Mimi se dirigió a la salida del lugar a paso firme y fue acompañada por Sora, la última le dedicó una mirada reprobatoria a Yamato.

Las luces del lugar cambiaban de colores y bailaban con la música por el lugar. El público estaba enloquecido, coreando junto a su propia voz. La guitarra eléctrica deseó hacer acto de presencia con un solo que dio por terminada la quinta canción. Los gritos de emoción llenaron el ambiente, todo era perfecto, eso quiso creer… la verdad es que Yamato aún estaba molesto, esa niñita caprichosa…

—Hoy quiero hacer algo especial —anunció el rubio y su publicó aguantó la respiración para escuchar lo que tenía que decir—. Una amiga de infancia vino de visita desde Estados Unidos. Quisiera que me acompañara en la siguiente canción ¿Dónde estás Mimi?

Las luces buscaron entre el público a la nombrada y la encontraron en primera fila junto al resto de sus amigos. Mimi tenía cara de incredulidad ante el anuncio del rubio, no podía creer los alcances de ese niñato y ahora sentía que se volvía su peor enemigo.

—Sé que puedes tener miedo, pero canta conmigo Princesita.

La sangre de Mimi hirvió ante su comentario. Quería guerra, guerra iba a tener.

—¿Contigo? No gracias.

—¡Uh! —se escuchó corear al público, emocionado por la pelea.

Yamato miró a sus espectadores divertido y sonrió ante el reto.

—Bueno, quizá me equivoqué y tú no eres esa increíble cantante de la que hablan. Creo que los demás exageraron bastante alagándote.

—Eso es gracioso Ishida, recuerdo que tu dijiste que mi voz era lo más parecido al hermoso sonido de tu antigua armónica.

Varios rieron ante la respuesta de la castaña y Yamato la miró irritado.

—Es cierto, lo recuerdo —aceptó—. Entonces porque no vienes aquí y refrescas mi memoria.

Mimi infló sus cachetes de rabia y se fue en dirección al escenario. Yamato le entregó un micrófono sonriendo por haber conseguido lo que quería.

—Damas y caballeros, con ustedes Mimi Tachikawa. Uno, dos, tres.

La batería y las guitarras eléctricas empezaron a retumbar en el salón, el público estalló en euforia al escuchar la introducción de la canción más famosa de Yamato.

—Un momento, un momento —interrumpió, su grupo dejó de tocar— Que grosero he sido ¿Quieres algo más suave y romántico? Algo más de tu estilo.

Mimi lo miró sin compasión, esa había sido la gota que derramó el vaso. Le sonrió con superioridad y su hermosa voz se escuchó a capella; era la canción de Yamato, dos tonos más agudos, su ritmo era exacto, al igual que los arreglos que el mismo hacía. El público y Yamato se quedaron en silencio, escuchándola, luego pareció reaccionar la batería para acompañarla y pronto se emocionó la guitarra permitiendo que su sonido bailara con las notas de Mimi, para luego hacer un solo que dejaría frenético al público.

—Dijiste que querías cantar conmigo —recordó Mimi por el micrófono—, esta canción es tuya, ¿no?, vamos con confianza.

Tocaba el siguiente coro y él entró a tiempo con su voz varonil. Usó nuevos arreglos que dejaron impresionados hasta a sus mismos compañeros de banda. Entonces Mimi decidió que no se quedaría atrás, entró en la siguiente frase con un agudo que resulto angelical, formando armonías inigualables junto a la voz de Yamato. El público estalló en emoción.

La guitarra eléctrica volvió a tomar protagonismo. Mimi miró a Yamato y este le sonrió divertido, entonces ambos cantaron la última estrofa de la canción. Yamato la acompañó gustoso de haber provocado semejante espectáculo y luego dejó que ella terminara la canción. La voz de Mimi ascendió a notas inimaginables dejando al final un ambiente de irrealismo.

—Un aplauso para la encantadora Mimi Tachikawa —pidió Yamato y el público no se dejó rogar, todo el salón retumbó por los fuertes aplausos.

Mimi se acercó a él y le devolvió el micrófono.

—Te defendiste muy bien, Princesita.

—Hacemos buen dúo Ishida.

Mimi le guiñó un ojo y sonrió antes de darse la vuelta y bajar del escenario.

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¿Qué les pareció?

Espero leerlos pronto, bye, bye.