NT: Hago la nota acá porque más abajo no sabía donde meterla. Creo que pidiendo disculpas me quedó muy corta. No sé tendría que hacer una torta, galletas, muchas cosas para hacer mérito y que perdonen mi demora... Pero como las cosas de la cocina (virtuales o no) no se me dan, lo único que pude hacer fue traducir el capítulo y subirlo :) Espero que lo disfruten :)
GRACIAS POR LEER Y COMENTAR! Saludos especiales a: Phantom REILP, janisita y Lolipop 91 :D :D :D son los mejores! gracias! :D
Muchas gracias a todos los que han estado leyendo y dejando review, definitivamente aprecio los comentarios (y los halagos) es muy alentador, de verdad, y agradezco cada review que recibo. Lamento no haber podido contestarlos esta vez – simplemente quería subir este capítulo lo antes posible, ¡así que aquí esta y espero que les guste!
Ah, fue apurado, sí apurado – más incluso que el capítulo anterior, y me temo que no pude meterme en él a pesar de todo lo que estaba pasando. Pero prometo que hay más en reserva para la trama y falta hacer un poco de desarrollo de personajes. Me disculpo si algo parece OOC, de veras me parece a mí OOC D: pero como he dicho, este capítulo, por alguna razón fue difícil de llevar al papel.
También hay un poco de Kataang, pero como dije, quiero que esto sea una transición realista de la verdadera serie de Avatar, y creo que en el canon está implícito que Katara siente algo por Aang y todo eso – pero no se preocupen. Esto es definitivamente Zutara, LOL.
Como sea, sin más demora, aquí está el Capítulo Cuatro C:
A Q U I E S E N C I A
Sin embargo, mientras se acercaban a la boca del desfiladero y tenía que esforzarse por enderezarse, se volvió para ver a un irritado Zuko sacudiéndose el polvo, era difícil no acribillar con la mirada su ceño altanero.
La caballerosidad estaba muerta y enterrada.
Capítulo IV
Fantasmas recientes
La aldea era pequeña y apartada, con chozas primitivas y gente de aspecto amigable. Katara escrutó el área, caminando más rápido que sus amigos (y Zuko). Alguien tenía que asegurar el perímetro antes de dejar que el Avatar y un príncipe desterrado caminaran por las calles, después de todo. Aún creía que esto no era una buena idea, pero Sokka había insistido en que fueran. Era un riesgo, uno que dudaba valiera sus vidas, pero Aang había accedido y ella iría hasta el fin del mundo con él – todos irían. Era un tipo especial de amistad la que compartían, lazos irrompibles y confianza. Katara sintió que sus labios ardían levemente ante esa mentirilla. Sí, seguiría a Aang hasta los confines de la tierra, pero tachar de simple amistad a tal devoción era evidentemente falso. ¿Aang como algo más que un amigo? ¿Cuándo se había admitido que a pesar de la diferencia de edad (sean los cien años o los míseros dos) Aang se había hecho un lugar especial en su corazón? ¿Un lugar que nadie más podía alcanzar, siquiera podía esperar encontrar?
Inadvertidamente, se pasó el dorso de la mano por los labios, cosquilleando ante el simple recuerdo de su beso. Ante lo espontáneo pero ciertamente acogedor que fue, ante la sensación que recorrió su sistema, ante lo bien que se sentía y lo acogedor que había sido. Katara dejó caer su mano a un costado, palmeando la bolsita de monedas atada a la cintura. Pensar en Aang y su beso era una distracción y cuando se trataba de lidiar con una situación peligrosa no era bueno tener distracción. Meditó sobre el cambio que podía haber en su relación más tarde, quizás pudiera finalmente encarar a Aang.
Era obvio que había estado queriendo hablar con ella, ya fuera para disculparse o tal vez intentar avanzar en su relación, no tenía idea – pero el hecho aún permanecía que había estado demorando cualquier conversación sobre el beso y el potencial que repentinamente floreció entre ellos. Por supuesto, había sabido todo el tiempo que Aang estaba perdidamente enamorado de ella – cualquiera con ojos podía verlo. Lo que no sabía era el alcance de su propio afecto hacia él. Le tomó un beso, ese dulce y súbito gesto, para que se diera cuenta que sus sentimientos por Aang iban mucho más lejos de lo que podía haber imaginado.
Y todavía era un pensamiento conmovedor, uno que la agitaba y la hacía sentirse en casa al mismo tiempo – era inexplicable…
-¡Hey, Katara!
La maestra agua se detuvo, paseando la vista alrededor para encontrar al habitante de sus pensamientos apresurándose para alcanzarla. Usaba un pañuelo y tenía la caperuza encima para esconder sus flechas, pero el hecho de que estaba usando sus nombres era muy peligroso. Tiró de su brazo con firmeza, atrayéndolo hacia sí para que no la oyeran.
-Ten cuidado, Aang –susurró-. No deberías estar gritando nuestros nombres así. La Nación del Fuego nos está buscando definitivamente, ¿recuerdas?
Él le dedicó una sonrisa avergonzada.
-Oh, cierto –y se sonrojó con un brillante tono de rojo.
Katara vaciló por un momento, insegura de por qué sus mejillas se habían encendido. Un comentario para Zuko estaba listo en la punta de la lengua, pero este dejo de rojo no se debía a ninguna clase de calor físico… y los ojos de la maestra agua se agrandaron un poquito antes de aflojar su agarre en su muñeca, hasta soltarlo del todo eventualmente. Su brazo cayó y lo observó colgar lacio a un costado. El calor subía lentamente por sus mejillas, podía sentirlo, y la muchacha se volteó, soltando una tos para romper el silencio.
-Eh, sí –irrumpió-. Solo, ten cuidado cuando uses nuestros nombres.
Sokka observaba al dúo desde una distancia bastante prudente, una sonrisa cómplice atravesando sus labios como muestra de diversión. Estaba plenamente consciente de los sentimientos de Aang hacia su hermana, podía ser un burro en lo que se refería a emociones y chicas, pero no era estúpido (muy bien, ¿cuál era el problema si un par de francos comentarios de Toph lo habían ayudado a llegar a la conclusión? ¡Era la base del asunto!)
-Guau, ¿Pies Ligeros y Princesita están haciendo algo? Porque están bastante excitados - ¿qué está pasando?
Zuko intentó no vomitar con las imágenes mentales
Incluso Sokka no parecía esconder su aparente disgusto con la idea de Aang con su hermana…
-Toph, quiero que me prometas nunca aludir a nada como eso de nuevo –soltó ahogadamente, con una mueca fija en sus facciones oscuras. Una cosa era ver y saber de un romance que era tan obvio que bien podía golpearlo en la cara, otra cosa era conocer los detalles. ¿Había incluso detalles? Sokka se ordenó no pensar en ello e hizo una nota mental de tener un ojo puesto en su hermana y mejor amigo.
La maestra tierra a su lado estaba riendo por supuesto.
-Sus corazones están latiendo tan rápido, ¡es como que se estuvieran reproduciendo como conejos…!
-¡Toph!
Su manó tapó la boca de la chica y miró con el ceño fruncido, dentro de esos ojos translúcidos e inquietantes. La fulminó por un largo segundo, durante el cual el tiempo pareció detenerse. La respiración de Toph era irregular, sus labios apretados, y las cejas fruncidas para expresar su furia ante su accionar. Entonces se dio cuenta que ella no podía ver su mirada caústica.
-¿No te acabo de decir que no vuelvas a decir nada como eso? –inquirió Sokka.
-¿Desde cuando te escucho? –Toph se las arregló apenas para murmurar contra su piel. Su propio rostro estaba ruborizado ahora, un dejo de color más brillante que su piel que sugería o que el clima estaba muy caliente o que se estaba sonrojando, pero las posibilidades de una Toph ruborizándose eran tan ridículas que Sokka lo descartó de una.
Retrocedió, enderezándose.
-Haz nos un favor a todos y deja de hablar de Aang y mi hermana de esa manera, ¿quieres?
-¿Quizás tú eres el único que tiene un problema con eso…? –lo desafió Toph, pero eso fue cortado de raíz por un pálido Zuko que parecía estar recuperándose de las náuseas.
-No lo es –aseveró el príncipe, rigurosamente asqueado por el tema-. ¿Puedes simplemente dejarlo?
-¡Gracias! –Exclamó Sokka-. ¡Deja de hablar de eso!
-¿Deja de hablar de qué? –clamó Katara cuando ella y Aang se volvían para saludar al trío que los seguía. Su hermano puso cara de culpable de inmediato y se rió, rascándose la nuca. Era claro que Sokka no era del tipo mentiroso, Zuko puso los ojos en blanco ante el patético intento. Casi se sintió mal por el espadachín.
-Eh-Yo…
Ante la torpe respuesta de Sokka, Toph optó por hablar por él,
-Tú y…
Pero él se encargó de envolver un brazo alrededor de ella así que sus labios se encontraron con la piel del mismo, y rió nerviosamente mientras Toph forcejeaba con su durmiente abrazo.
-¡Nada, nada en lo absoluto, hermanita! –replicó Sokka con una sonrisa cuestionable.
Katara no parecía convencida (lo cual no era para nada sorprendente), pero lo dejó pasar, descartando el asunto como irrelevante. Probablemente no era importante, de cualquier forma. Le sonrió a un par de transeúntes, que le respondieron con una cabeceada. La aldea era pequeña y remota, ¿estas personas sabrían que había una guerra en andas?
-Mantengan bajo lo que sea que estén hablando –les ordenó-. No deberíamos estar llamando la atención.
-Sí, Toph –masculló Sokka, ganándose un pisotón de parte de la maestra tierra. Gritó, saltando en un pie y sobándose el otro, maldiciendo entre dientes.
-Muy bien chicos, Katara tienen razón, dejen de jugar –chilló Aang-. Estamos aquí por una razón –sus ojos saltaron sobre Sokka que bajó su pie al suelo y se alejó un notorio paso de la maestra tierra-. ¿Verdad, Sokka? –el espadachín asintió confirmando, y Aang aplaudió-. Deberíamos separarnos, sería menos sospechoso.
¿Separarse?
A Zuko... le gustaba bastante como se escuchaba eso.
-Sokka, tú tienes que ir solo, ¿no? –preguntó el Avatar, y el guerrero asintió con la cabeza.
-Recuerden silbar si están en problemas –les indicó Katara quedamente, mirando a su hermano con el ceño fruncido sombríamente. Era difícil respirar, difícil no cancelar todo el plan, pero ya estaban en la aldea, siendo tan obvios como podían… y además, Sokka estaba determinado a hacer eso y ella no se le interpondría en el camino. Él era el genio militar allí, el estratega del grupo. El beneficio era demasiado grande como para no buscarlo, pero incluso así, era difícil pensar en lo que podía pasar si todo salía mal.
Si él estaba mal.
Sokka le devolvió a su hermana una sonrisa tranquilizadora.
-No necesitas preocuparte por mí –le afirmó con seriedad-. Estaré bien.
-¿Tienes tu espada contigo? –inquirió la maestra tierra.
-Metida bajo la ropa –murmuro Sokka.
Zuko estaba perdido - ¿qué demonios estaba sucediendo allí? ¿Por qué necesitaban separarse? ¿Por qué Sokka iba a ir solo? ¿Por qué necesitaba su espada y por qué podría pasarle algo?
-No creo que comprar comida sea tan complicado –señaló Zuko con un cinismo que superaba el de Toph-. ¿Qué es lo peor que podría pasar? ¿Qué le den mal el cambio?
Katara lo fulminó con la mirada
-Ocúpate de tus propios asuntos –le espetó.
-¡Este es mi asunto! -insistió el maestro fuego con impaciencia, sus dedos cerrándose en puños una vez más.
Toph estiró la mano para agarrarle la manga y tiró de él hasta que quedó a su altura.
-Solo cállate y sígueme, Chispas –le demandó en voz baja, antes de soltarlo-. Yo iré con Chispitas –se ofreció la chica, señalándolo con una inclinación de cabeza-. Ustedes dos tórtolos –una tocecita admonitoria provino de donde estaba Sokka y fue débilmente ignorada—pueden ir solos y Sokka puede ir a hacer sus cosas tranquilamente, ¿qué tal?
-Suena bien –acordó Aang de una, sonrojándose un poco ante el entusiasmo de su voz.
Zuko no podía dejar de notar la ruborizada pero halagada expresión del rostro de la maestra agua y escondió un bufido.
-Bien, como sea, vamos –y se alejó sin molestarse en esperar a la más joven del grupo.
Toph acomodó su marcha para alcanzarlo y levantó las manos detrás de su cabeza, caminando apresuradamente para ir a su paso.
-¿Soy solo yo o estas particularmente molesto con Aang y Katara?
-Estoy molesto con todos –respondió el príncipe con un tono monocorde.
-Quise decir especialmente molesto –corrigió Toph intencionadamente.
Zuko gimió interiormente - ¿quizás debía de haber ido con el Avatar? Optó por no contestar, dejando a la chica en silencio. Era tolerable cuando tenía la boca cerrada.
Pero Toph no era tan complaciente.
-Así que apuesto a que te estás preguntando que estamos haciendo aquí, ¿no es así? –le provocó, y esta vez tuvo mucho más éxito. Zuko miró de reojo a su acompañante, una muchacha mucho más baja que él, más joven que él, pero una maestra control tan diestra como él. Una sonrisa curvó sus labios ante su curiosidad, sus latidos lo revelaban todo-. Te has dado cuenta que no es realmente por comida.
-Mjm –gruñó el maestro fuego evasivamente. ¡Por supuesto que se había dado cuenta de eso! No era estúpido.
-Bueno… yo no puedo decirte –contestó simplemente. Zuko estaba a punto de empezar una diatriba sobre como no podía entusiasmarlo así para callarse de una, pero parecía que Toph no había terminado. La maestra tierra se encogió de hombros, mirando fijamente hacia delante a la nada y a todo al mismo tiempo. Lo guiaba por la aldea y Zuko estaba sorprendido con su súperdesarrollado sentido de la orientación y tacto (aunque nunca lo admitiría)-. No todavía –prosiguió Toph-. No hasta que esté segura.
¿Segura de qué? Zuko estaba desesperado por preguntar, pero mantuvo el silencio.
-Ya veo –y lo veía. Al ser un (antiguo) príncipe, entendía el concepto de la confidencialidad y de trabajar sobe una base de información necesaria. Aunque esto no aliviaba la irritación que sentía – había estado con estas personas por un mes, había estado entrenando al Avatar en fuego control, pero se suponía que no era lo suficientemente bueno para ganar su confianza, y no podía guardarles rencor contra su decisión de mantenerlo en la oscuridad.
-Realmente me sorprendiste, sabes –señaló Toph.
-¿Ah? –repuso Zuko sin interés.
Ella asintió con la cabeza, avanzando perezosamente hacia ningún lugar en particular.
-Pensé que serías un mocoso arrogante, para ser honesta. No eres tan malo. Digo, eres bastante malo, pero nada que no podamos manejar.
¿Cómo se suponía que respondiera a eso?
Toph entonces rió, sacudiendo la cabeza.
-Necesitas dejar de esforzarte tanto por impresionarnos, créeme, sabemos lo que puedes hacer. Ya estamos impresionados…
-No estoy tratando de impresionar a nadie –la voz de Zuko era suave pero firme-. Estoy intentando ayudar al Avatar.
Solo un vistazo rápido. Sus ojos se encontraban, luego se desviaban, y rubores gemelos cruzaban sus mejillas. Tal era el procedimiento de lo que la mayoría podía clasificar como amor joven, y donde tales cosas eran preocupantes, este era el más joven y fuerte que la aldea alguna vez había visto. Hombres y mujeres, jóvenes y viejos, sonreían tan animadoramente a la pareja que Katara no podía evitar dirigir la mirada tímidamente al piso que desaparecía bajo sus pies a paso de tortuga. Aang caminaba a su lado, devolviendo tan incómodamente como ella las sonrisas amistosas, pero no decía nada tampoco. Hubieran caminado en un cómodo silencio de no haber sido por la despedida de Sokka. Katara se hizo una nota mental para darle una paliza luego. ¿Su ¡Más vale que se comporten chicos! era realmente necesario?
-Así que… -empezó Aang, jugueteando con sus manos-. ¿Cómo dormiste anoche?
Katara miró en su dirección, sonriéndole divertida. Siempre le preguntaba eso cuando no sabía que decir, siempre que había una incómoda tensión entre ellos – excepto que esta vez no era tensión, era algo nuevo y excitante. Se encogió de hombros, tratando de que su sonrisa se ensanchara de más.
-Bien –respondió simplemente la maestra agua-. ¿Y tú?
-Muy bien, realmente muy bien –respondió con entusiasmo.
Otro silencio.
-Mira Katara…
-… Aang...
Parpadearon ante el simultáneo arrebato antes de continuar con un unísono:
-Oh, no, tú primero – y una risa predecible.
Katara sacudió la cabeza, acomodándose un cabello detrás de la oreja de y dejó de caminar en lo que parecía el medio de un bazar.
-¿Qué decías? –prosiguió, mirando expectante a su compañero.
Aang miró rápidamente su rostro, al modo en que sus cristalinos ojos eran tan sinceros y hermosos y luminosos, a la manera en que su piel era oscura y sin mancha – y ah tan suave – a la manera en que las espesas ondas de su cabello enmarcaban su cara, a la manera en que sus labios se curvaban en una maravillosa sonrisa…
Y perdió completamente el coraje...
-Lo… lo olvidé –tartamudeó, evitando sus ojos y maldiciéndose internamente por retroceder. ¿Pero cómo hacía uno para declarar su amor a una chica que era la esencia completa de la perfección y la belleza? Lo único que le molestaba aún más era que no debería estar proclamándole su amor, pero no podía evitarlo. No podía obligarse a no amar a alguien, así como no podía obligarse a amar a alguien.
Emociones eran emociones, algo a lo que no se podía modificar.
Algo tan sagrado que ni los elementos podían alterar su curso.
-Aang… sobre eso…
-¡Pero si no son Pies Ligeros y la Princesita! –exclamó Toph, riéndose para sí como disfrutando de una broma privada. Sus latidos estaban tan acelerados, las vibraciones fuertes y claras a través de las casi curadas plantas de sus pies-. ¿Qué hacían, chicos?
-¡Nada! –era obvio que el Avatar no servía para mentir.
Zuko hubiera preferido mantenerse apartado del resto del grupo, incluso si eso significaba soportar los comentarios insidiosos y las bromas de Toph. Dejó que su atención derivara del dúo que se veía bastante culpable para no haber estado haciendo "nada" (no que le importara) y recorrió perezosamente el área con la mirada. Sus ojos dorados no percibieron nada de mayor importancia o interés – nada precisamente, hasta que se fijaron en el rostro sombreado de una joven sentada sola en una puerta cercana. El príncipe la miró con el ceño fruncido – estaba seguro que los había estado observando. Era una curiosa atracción en esa pintoresca y pequeña aldea (con poco menos que hacer que en el templo aire) pero no era exactamente su mera existencia lo que intrigaba a Zuko, oh no, era el hecho de que parecía tan interesada en ellos.
¿Y por qué debería estarlo? No eran nada más que una banda de viajeros pasando por ahí. O eso decían ser. ¿Qué razón tenía para no creerles? Desde el momento en que Zuko la ubicó ella no se atrevió a mirar, y Zuko miraba hacía el otro lado, echándole un vistazo a los figurines de vidrio que un vendedor ofrecía.
Esperando, esperando - ¡Ajá!
Su reflejo se volvió para observarlos nuevamente y esta vez Zuko echó a andar, alejándose del grupo, por el camino como dirigiéndose al lugar de donde habían venido.
-¿Ey Cara de Piedra, a dónde vas?
Zuko se limitó a esconderse tras su cabello aplastado, asegurándose que su cicatriz estaba completamente cubierta, y se despidió perezosamente del trío.
-Ya regreso –respondió, impasible.
Sokka deambulaba por las calles de tierra, junto a las encantadoras chozas y las pequeñas familias que lo veían pasar. Les sonreía, y ellos le devolvían el amable gesto con sonrisas propias, genuinas expresiones humanas que no habían sido practicadas ni eran engañosas. Esta gente estaba tan contenta, aparentemente ignorante de la guerra expansiva, de la intención de la Nación del fuego y su creciente poder. Le dolía siquiera pensar de cómo podrían reaccionar cuando el primero de muchos ataques finalmente alcanzara su paraíso aislado. Se aseguró de mantener un ritmo regular para no promover sospechas mientras avanzaba directamente a lo que podía ser la choza más pequeña del montón.
-Eh, disculpe –empezó Sokka, vacilante, sintiéndose bastante estúpido al hablarle a nadie en particular.
-¿Quién es? –la voz de un anciano emergió desde la choza, pero la puerta no se abrió.
Saltó ante el repentino ladrido. A pesar de los temblores de la edad en el tono del hombre, su voz era aún de mando, y de alguna forma, intimidante. Llena de autoridad que no sería cuestionada. Sokka se aclaró la garganta, súbitamente sintiéndose increíblemente tonto e insignificante, pero su mano tanteó el mango de su preciosa espada a través de la ropa, y asintió a la entrada.
-De la misma forma que la espada no le pertenece a ninguna de las naciones. El conocimiento del arte le pertenece a todos –recitó con confianza, tranquilamente.
Hubo una vacilación dentro de la choza antes de que la cortina fuera apartada y el rostro sonriente de un hombre que Sokka no conocía saludara al joven guerrero. El hombre parecía lo suficientemente amistoso, su sonrisa era amplia, y había años de trabajo duro y experiencias tallados en su pálido rostro. Su cabello comenzaba a faltarle pero era todavía oscuro, e incluso a través de la ropa Sokka podía decir que era físicamente bueno, especialmente para un viejo.
El anciano soltó una risa estridente.
-Un pupilo de Piandao, ¿eh?
Zuko se deslizó entre la pequeña y apiñada multitud, caminando con rapidez y abriéndose paso por la aldea para poder atrapar a la encapuchada con la guardia baja. Cortó camino entre los puestos, pasó las chozas, y la encontró ya en la carrera. Ella estaba consciente de él, ¿o no? Bueno… estaba bien y dandi, no importaba. El príncipe la siguió, tratando de permanecer desapercibido, hasta que ella echó a correr. Y la persecución comenzó. Dejó a su grupo, dejó a Aang y a Katara y a Toph y a Sokka (donde fuera que ese chico estuviera) para atrapar esta muchacha que podía ser un peligro potencial para ellos (y probablemente lo era, considerando su obvio intento de escape). Zuko podría capturarla fácilmente, si tan solo pudiera usar fuego-control… pero eso podría arriesgar con desenmascarar su (ya pobre) cubierta. Todavía estaban en la aldea y había demasiados civiles cerca como testigos. La única opción viable era seguirla hasta que estuvieran a una distancia lo suficientemente segura para poder hacer fuego control. Pero ella tenía otros planes en mente.
Un mano delgada se levantó de debajo de la capa y un shuriken (1) fue volando directo hacia él, fino y largo, atrapando la luz y destellando con un brillo casi juguetón. Zuko esquivó las agujas con una facilidad relativa, pero sus ojos se entornaron para distinguir la figura frente a él que solo apremió su paso. Bien, si ella recurrió a la ofensiva, entonces era solamente justo que él hiciera lo mismo. Ella trazó el campo de juegos –al diablo con la cubierta, ya había sido desenmascarado de cualquier forma. Alguien sabía y este alguien podía muy bien hacer la delgada diferencia entre la vida y la muerte, el equilibrio y el caos.
Zuko se apresuró tras ella, conjurando una llama en la palma de su mano y disparándola hacia la figura encapuchada. Ella tambaleó, inmediatamente arrojando la bata, pero él se puso a su alcance entonces y se interpuso en su camino, bloqueando su ruta de escape. Su cabello oscuro voló de su rostro, revelándolo como el príncipe desterrado, pero no importaba – ella ya sabía bien quién era.
-¿Qué estás haciendo aquí, Mai?
La pálida muchacha permanecía de pie, con su expresión aburrida decorando sus facciones. No parecía para nada afligida por ser capturada, ni tampoco mostraba ningún signo de pena o enojo o cualquier otra emoción. ¿Qué pensaba de él? ¿Lo odiaba por irse? ¿Acaso quería matarlo? ¿Acaso... posiblemente todavía lo amaba? Era un desafío no sentir nada por ella, no querer estar con ella, acercarse y abrazarla, sentir sus labios y oír su voz. Tenía que permanecer alerto, tenía que permanecer estoico. Estaban en diferentes lados de la línea divisoria ahora. Eran enemigos.
-¿Dónde está Azula? –demandó, deseando sonar enojado, amenazante.
Ella no respondió y se limitó a mirarlo fijamente, su capa ardiendo entre ellos, las llamas saltando y danzando, como atrayéndolos hacia sí, juntos. Pero no, había acabado, ellos habían terminado. Él lo había terminado cuando se fue. La muchacha buscó dentro de su manga.
-Mai…
Ella retrocedió y sus manos le agarraron los brazos, sosteniéndolos hacia abajo. Arrojó un saco violentamente sobre su cabeza, sumiéndolo en una familiar y perturbadora oscuridad.
-¡Que-quítate! –gruñó, luchando contra los fuertes lazos-. ¡Suéltame! ¿Qué esta pasando? –un objeto romo dio contra su nuca y por un momento todo giró. Se tambaleó, las manos lo atraparon, lo mantuvieron de pie, y él se aferró a los vestigios de su consciencia, pero no hubo caso. Estaba girando, girando…
-No te preocupes, Zuko, todo va a estar bien.
...Y entonces no hubo más nada
Y aquí esta este capítulo, desafortunadamente, no estoy segura cuando podré actualizar nuevamente. Dependiendo de cómo siga la semana con la tarea y eso.
Traté de actualizar pronto, para el viernes más definitivamente.
En otra nota: si no tienen idea a donde que está pasando en la aldea.
¡Genial! LOL, no se supone que la tengan ;D
Todo será revelado en el próximo capítulo.
Capítulo V – Hojas de té y tilo (fichas) Extracto
-¿Qué es esto, alguna especie de broma enfermiza?
Katara le dedicó una mirada severa, una que le decía cállate para que no nos maten. Pero no dijo nada, dejando que sus ojos recorrieran la cámara oscura. Nunca habría adivinado que la pintoresca y tranquila aldea tendría tales calabazos - ¿para qué podía posiblemente esa gente necesitar prisiones?- ¿Por qué no eres útil y nos pones un poco de luz aquí? –sugirió, levantando una mano para tocar las frías paredes de su celda.
El príncipe hizo una mueca al tiempo que luchaba por sentarse, tocándose apenas la parte posterior de su cabeza.
-Oh sí, estoy bien. Aprecio tu preocupación.
