Cuarta parte del regalo de Dmonisa.
Advertencias: En el siguiente capítulo se presentaran escenas sexuales, se sugiere que antes de comenzar la lectura se cuente con un novio, marido, amante o vibrador a mano. Mi persona no se hace responsable si luego no pueden controlar las altas temperaturas.
Capítulo 4
Rin no había esperado que Sesshoumaru asistiera a la recepción de la boda y mucho menos que la vigilara como un halcón, durante toda la noche había tenido una sensación de déjà vu, y fue por eso que no quería separarse de sus amigas, siempre intentaba estar con al menos una de ellas.
Pero ahora mismo estaba indefensa, por así decirlo. Sus amigas bailaban con sus parejas y la habían dejado a la merced del depredador.
En un principio no quiso pensar que Sesshoumaru había ido hasta allí solo por ella, eso era esperar demasiado, pero después del modo en que la había estado vigilando comenzaba a pensar que si era el motivo de su presencia.
Aprovechó que Kohaku paso cerca y le dijo que la acompañara a bailar, ya habían bailado una pieza, pero ahora esta era necesaria si quería mantener alejado a Sesshoumaru.
—Eres la última —le comentó Kohaku.
—¿Disculpa?
—Por casarte. Mi hermana fue la primera, le siguió Kagome y ahora Ayame, todas con un año de diferencia. Solo quedas tú, y según la tradición te queda solo un año —el muchacho sonrió.
—¿Pero qué cosas dices?
—Lo obvio, en un año podríamos estar celebrando tu boda. —Rin se echó a reír ante ese comentario.
—Ni siquiera estoy… —una voz a su espalda la hizo callar.
—Disculpe, ¿me permitiría esta pieza con la señorita? —escuchar la voz de Sesshoumaru hizo que toda su piel se erizara.
—Espere a la próxima —fue lo que respondió Kohaku, y mentalmente ella le agradeció. Pero su dicha duró poco.
—Ven, Kohaku, baila conmigo —Sango acababa de aparecer y tomaba el brazo del muchacho haciendo que se separase de ella.
—Pero hermana, yo…
—Nada de peros. Bailemos. —Vio a Sango guiñarle un ojo mientras se alejaba, ¡eso era conspiración!
Sesshoumaru la hizo dar media vuelta y de inmediato se vio envuelta en sus brazos, la simple cercanía de su cuerpo la dejo sin aliento. Ella intentó alejarse pero él no se lo permitió.
—Sigues tratando de escapar de mí, pequeña escurridiza —le susurró Sesshoumaru al oído.
—Tú fuiste el único que escapo. No esperaba volver a verte —soltó sin poder evitarlo, quizás estaba más molesta de lo que creía porque él hubiese salido huyendo aquella mañana de su departamento.
—No te libraras tan fácilmente de mi —fue lo que dijo en respuesta.
—Ha sido muy descortés el cómo pretendías quitarle el baile a Kohaku.
—Su hermana fue quien se lo llevo —se encogió de hombros—. Además, ya había bailado contigo. —Ella pudo notar cierta molestia en su voz.
—¿Celoso, acaso?
—¿De un niño como él? —se burló Sesshoumaru— Ni siquiera sabe bailar.
—Para mí lo hacía bastante bien.
—Aun debes aprender muchas cosas —él le habló al oído y ¡santo Dios! Lamió su lóbulo.
Justo en ese momento comenzó a sonar una balada suave y lenta y Sesshoumaru era quien guiaba cada uno de los movimientos, le sostenía una mano y la otra la tenía en la curva de su trasero, y deliberadamente lo recorría a su antojo.
Sus cuerpos estaban casi herméticamente unidos y ella podía comenzar a sentir la erección de él.
—Sessh…
—Solo disfruta del baile.
¿Cómo podría no hacerlo? Se sentía como en una nube. Jamás hubiese llegado a imaginar que un baile pudiese resultar tan erótico y excitante.
—Rin —la llamó él de pronto. Ella solo pudo ronronear—, espero que me acompañes a mi casa esta noche —le susurró al odio. Y ella, tan obnubilada como estaba, solo pudo asentir.
Las tres amigas observaban a la pareja con atención, tenían bailando casi tres piezas, y no parecían darse cuenta que eran el centro de atención.
—Sesshoumaru le pidió a Inuyasha que lo dejase entrar a la boda como su invitado —reveló Kagome de pronto.
—¿Cómo lo sabes?
—Inuyasha me lo dijo hace unos días.
—¿Y no lo dijiste por qué…?
Kagome se encogió de hombros.
—Lo olvide, ya saben, el embarazo —sonrió. No había dicho nada porque creía que lo mejor sería que ambos tuviesen un encuentro fortuito. Y ahora que los veía bailando pensaba que había sido lo mejor.
—¿Deberíamos hacer un reservado para el próximo año? —preguntó Ayame de pronto, tenía una gran sonrisa.
—Ya lo creo que si —sentenció Sango.
—Creí que querías que Rin estuviese con Kohaku—comentó Kagome.
—¿Después de ver a este par juntos? Imposible. Solo mírenlos —señaló a la pareja.
—Lo sé, son perfectos —dijo Kagome sonriendo. Desde el comienzo ella había intuido que aquella extraña relación iría más lejos, y aunque su amiga insistiera en que solo se trataba de algo sexual, estaba más que claro que no era así.
—Entonces decidido. Vendremos a pedir el reservado para el próximo año —anunció una emocionada Ayame, le fascinaba la idea de organizar otra boda.
—Pero no podemos decirle a Rin.
—Claro que no, la cancelaria en la primera oportunidad.
—Cuando llegue el momento la sorprenderemos y nos lo agradecerá.
Y de esa forma sentenciaron su plan secreto.
Cuando llegaron a casa de Sesshoumaru iban a ser las tres de la mañana, tuvieron que esperar hasta que se fue el último de los invitados.
—¿Estas demasiado cansada o podemos jugar un poco? —preguntó una vez cerró la puerta.
—¿Qué tienes en mente? —preguntó a su vez coqueta.
—Vamos a darnos un baño primero —dijo y con eso le tomó la mano para dirigirse a su habitación.
No sería la primera vez que tomaban un baño juntos, lo hacían cada vez que ella se quedaba en su casa, le encantaba hacerla gemir en la bañera, pero ese no era el plan que tenía en mente para esa noche.
Le quito el vestido a Rin al apenas entrar a la habitación y se quitó su propia ropa al verla dirigirse al cuarto de baño mientras se retiraba la ropa interior de forma seductora.
Su pene dio un tirón. Había estado excitado desde aquel baile y tuvo que hacer de todo su autocontrol para no encerrarla en una de las habitaciones de descanso y tomarla hasta hacerla gritar de placer. La única razón por la que logró contenerse era saber que la tendría en su cama esa noche.
El baño no duró mucho y pronto estuvieron de camino a la cama, antes de llegar, Rin lo hizo detenerse, y sin más le dio un empujón dejándolo sentado. Ella se inclinó sobre él para hablarle al oído.
—Durante gran parte de la noche alguien estuvo tentándome una y otra vez —le susurró al momento que, con una de sus manos, rodeaba el viril miembro. Sesshoumaru gruñó—. Es hora de mi venganza.
Esa mujercita podía llegar a ser verdaderamente atrevida cuando se lo proponía, y eso le encantaba.
Rin le ofreció un breve beso en los labios y fue descendiendo lentamente, dejando un rastro húmedo a su paso. Le mordisqueó un pezón, cosa que lo hizo tensarse de inmediato, pudo sentir la sonrisa en los labios de ella mientras su lengua seguía bajando.
La vio arrodillarse entre sus piernas, ella aún mantenía sujeto su pene con una mano y con la otra se ocupaba de acariciarle el muslo descuidadamente. Rin se lamió los labios y entonces comenzó a mover la mano, arriba y abajo, arriba y abajo. Entonces la cabeza de ella se cernió por completo sobre él, tembló cuando sintió la lengua de ella en su glande, luego uno, dos, tres delicados besos, hasta que lo tomó en su boca. Comenzó a succionarlo mientras que lo torturaba de igual forma con sus manos, con una le acariciaba lo que no lograba tener en la boca, y con la otra acunó su saco, masajeándolo casi de forma dulce. Torturamente dulce.
Su respiración se volvió irregular y soltaba gemidos ente sus dientes. No podía creer cuan maravillosa era ella para llevarlo al límite, y recordar que la primera vez fue tan tímida e insegura. Ahora era toda una diosa. Una pequeña diosa que succionaba su pene de forma gloriosa.
Cuando creyó que ya no podría más, ella se detuvo, alejó su boca y entonces comenzó a lamerlo, en toda su longitud, arriba y abajo, arriba y abajo, mientras seguía apretando con suavidad sus bolas. La lengua de ella lamió su cabeza siguiendo un ritmo circular, lo volvería loco.
—Rin… —no reconocía su propia voz, estaba distorsionada por la excitación. Volvió a sentir la sonrisa de ella.
Y entonces ella comenzó a succionarlo de nuevo, más intensamente, haciendo trabajar también a su lengua, apretó con más fuerza el saco lleno y entonces él se corrió en su boca. La sentía tragar y eso lo excitaba aún más. Ella se separó cuando los espasmos pasaron y la vio lamerse los labios de una forma malditamente seductora.
Sin poder contenerse la alzó un poco y la besó con hambre, saboreando su propio sabor en la boca de ella.
Llevó una mano hasta la entrepierna de ella, y sonrió al sentirla mojada.
—Ahora es mi turno de probarte —dijo mientras la dejaba de espalda a la cama.
Se ubicó entre las piernas femeninas, las cuales se abrieron con anticipación, hizo un camino de besos desde las rodillas de ella hasta la entrepierna, y finalmente depositó un beso en el monte de venus, la sintió estremecerse.
Con sus manos se ocupó de separar los delicados pliegues, dejó escapar una exhalación sobre el diminuto botón de ella y la escuchó suspirar, podía jurar que se estaba mordiendo los labios.
Comenzó a lamerla, recorrió toda la zona sensible con su lengua, sintiendo como fluían los jugos de ella como cual manantial, dulce y exquisito. Detuvo su travesía para sumergir su lengua en la húmeda cavidad, allí la movió a su antojo. Rin se retorcía en la cama gimiendo, con sus manos sujetó las caderas femeninas frenando los movimientos.
Retiró su lengua del canal y saboreó el dulce néctar. Volvió a recorrer toda el área y luego se detuvo sobre el clítoris, para darle especial mimo. Soltó una mano de la sujeción en la cadera femenina y descendió, en una caricia suave hasta la abertura donde recientemente había estado.
Pasó uno de sus dedos a lo largo de los hinchados labios, por el borde de la deliciosa entrada, y un poco más abajo, justo en el área más sensible hacia el ano. Rin gimió y se estremeció.
Ella se arqueó hacia él cuando le sumergió un dedo en la vagina, gimiendo entrecortadamente. Él deslizó el dedo fuera y luego empujo dos de ellos, enterrándolos hasta los nudillos.
Comenzó a embestirla con sus dedos al momento que comenzaba a succionarle el clítoris. Los espasmos en el cuerpo de Rin no se hicieron esperar.
—Oh, Sessh… —gimió ella ya al borde de su liberación.
Detuvo las embestidas, sin dejar de succionarla, y con suma lentitud fue sacando sus dedos, moviéndolos ligeramente, los dejó apenas un segundo justo en el borde y luego volvió a enterrarlos en un ágil y rápido movimiento, ya en el fondo los curvo ligeramente ocasionando con ello que un grito de éxtasis inundara el lugar. El cálido interior de ella apresaba sus dedos ferozmente.
Dejo de torturarle el pequeño montículo carnoso, dejando un delicado beso antes de alejarse por completo. Otro gemido escapó de los labios femeninos cuando retiró sus dedos, y sin poder contenerse los llevo a su boca para saborearlos.
—Exquisita —murmuró con una sonrisa al momento que se alzaba. Casi al instante sintió los brazos de Rin alrededor de su cuello, atrayéndolo a ella, para besarlo con desenfrenada pasión.
Rin lo besó con hambre y movió las caderas para incitarlo, provocándolo, otorgándole la invitación para que la penetrase, él rompió con el beso y fue hasta el oído de ella.
—Aun no. Tengo algo especial para esta noche —anunció mordiéndole el lóbulo.
Se separó de ella y se acostó en la cama, estirándose para alcanzar una caja que tenía sobre la mesita de noche. Sin abrirla se la pasó a Rin.
—¿Qué es?
—Tú tienes tus propios juguetes, así que pensé en comprar algo que yo pueda usar.
La intriga se apoderó del rostro de Rin, pero ella no dijo palabra alguna, tan solo se dispuso a abrir la caja. La vio abrir los ojos con centelleante sorpresa.
—¿Esto es…?
—Un booster de placer.
Al conocer el agrado de Rin por los juguetes se dispuso a buscar algo que pudiese otorgarles un placer en conjunto, y creía haber encontrado el adecuado.
El booster de placer se trata de un juguete diseñado para ser utilizado por dos personas, tenía dos anillos de seguridad que se usan uno en la base y otro en la cabeza del pene, contaba también con una gran manga de inserción, texturizada de 9.5 cm. Lo promovían como un juguete que construye el flujo sanguíneo del pene, dándole a los dos más placer que nunca y pasando al siguiente nivel de placer.
Y eso era algo que esperaba comprobar esa noche.
Le explicó a Rin como colocar el juguete, y luego él mismo la ayudó a ponérselo, le quedaba ajustado y pensó que sería una tortura cuando estuviera dentro de ella.
La muchacha se alejó un poco para verlo y la vio tragar saliva.
—¿Qué sucede? ¿Te asusta? —ella negó con la cabeza.
—No me asusta, pero… —no dejaba de ver el erecto miembro— ¿realmente podre…? —se mordió los labios, al parecer estaba tan excitada como él lo estaba, pero no perdía su característica inocencia. Y eso era algo de ella que no dejaba de sorprenderlo. Y que a su vez le encantaba.
—Iremos a tu ritmo —le dijo asiéndola de la cintura y sentándola a horcajadas sobre su abdomen. Sentía la humedad de ella correr, empapándolo.
Rin se inclinó sobre él y lo besó, para luego erguirse como si de una diosa se tratase, y justo en ese momento eso le parecía, una diosa, adictiva y sensual, y solo era suya.
Ella apoyó las manos en su pecho y elevó las caderas, quedando su pene justo en la entrada de ella. La muchacha se movía sin intención de descender, solo con movimientos circulares y medidos, torturantes.
Sesshoumaru se obligó a ocupar sus manos tomando los senos de ella, solo para contener el impulso de hacerla descender y enterrarse por completo en ella. Habían dicho que iría a su ritmo, dejaría que ella lo controlara.
Tiempo atrás le hubiese parecido absurdo siquiera pensar en que otra mujer dominase el ritmo que llevaban en el sexo, y allí estaba, entregándole el completo control a esa chiquilla.
Rin detuvo los movimientos circulares y comenzó del descenso, bajaba lentamente, la sintió dar un respingo cuando llegó al inicio del booster, entonces se elevó nuevamente, para al instante volver a bajar.
Y así siguió, subiendo y bajando, dejando que se deslizara en la vagina con cada empuje. Rin gemía cada que bajaba, tenía los ojos cerrados y el cuello extendido hacia atrás, sabía que estaba totalmente dispuesta para él, dispuesta a recibirlo por completo.
La escuchó gritar cuando lo acogió por completo. Todo el cuerpo femenino temblaba, y las uñas de ella se enterraron ligeramente en su pecho, él le apretó los senos en respuesta, gruñendo ante tal deleite. Rin se mantuvo erguida sobre él esperando que los espasmos mitigaran, entonces comenzó a elevar las caderas y casi al instante descendió de nuevo, gimiendo.
—No creo que yo… pueda… —su voz estaba estrangulada por el placer.
—¿Quieres que te ayude? —logró preguntar él con voz ronca, su propio placer era tal que le había arrebatado el habla por un momento. Vio a Rin asentir, incapaz de decir algo más, mantenía los parpados entrecerrados y respiraba entrecortadamente.
Soltó entonces los turgentes globos y colocó sus manos en la cintura de ella, la ayudó a elevarse y luego la hacía bajar, comenzó a un ritmo lento y con cada arremetida aumentaba el compás. El interior de ella estaba tan estrecho, lo apretaba tanto que sentía que su pene se quebraría en algún momento, pero lejos de querer detenerse, deseaba más.
La velocidad de las arremetidas aumentó y Rin comenzó a mover las caderas, estaba tan deseosa de llegar al orgasmo como él.
La dulce vagina lo comprimió aún más haciéndole difícil las embestidas, un grito extendido, por parte de Rin no tardó en llegar a sus oídos. Él seguía haciéndola subir y bajar.
—Sessh… yo…—las palabras le quedaban atragantadas en la garganta.
Apretó con fuerza la cintura de ella y la elevó nuevamente, seguro que sería la última, y entonces la hizo bajar en un feroz movimiento, enterrándose por completo en ella. Rin gritó su nombre, dejando escapar pequeños sollozos, con el cuerpo temblándole de pies a cabeza. Él se irguió, aun siendo presa de su propio orgasmo y liberándose de lleno en ella, rodeó con los brazos a Rin y se permitió escuchar los últimos gemidos de ella justo en su oído. Adoraba aquella dulce melodía.
Una vez los espasmos de ambos se detuvieron, Rin se separó solo un poco y le sonrió antes de darle un beso en los labios.
—Sí que ha sido una noche especial —le susurró somnolienta de gusto y placer.
Ella acomodó la cabeza en su hombro y ronroneó, pronto supo que se había quedado dormida. Con cuidado y extrema lentitud se obligó a salir de ella para dejarla tendida en la cama. Se quitó el booster pensando que realmente los había llevado a ambos a otro nivel de placer. Lo dejó a un lado de la cama, ya se ocuparía de limpiarlo y guardarlo por la mañana, en ese momento solo le apetecía permanecer a un lado de esa deliciosa diosa. Así lo hizo, y Rin por mero instinto se acurrucó en su pecho, suspirando aun entre sueños.
Como pudo logró cubrir a ambos con una cobija y entonces con ella entre sus brazos cayó en un sueño profundo.
Rin estaba con sus amigas, las reunió en su departamento para comunicarles la decisión que había tomado apenas el día anterior. La primera persona con quien habló fue su abuela, por supuesto, ya que era su única familia, al menos de sangre. Porque claro que consideraba hermanas a esas tres mujeres que estaban sentadas en su pequeña sala a esperas de que hablara.
Vio a las gemelas de Sango, de tres años ya, llevar al hijo de Kagome, quien ya contaba con cinco meses, hasta su habitación para allí ponerse a ver televisión. Verlos la hizo pensar que el tiempo pasaba realmente rápido, dos años no sería tanto tiempo ¿cierto?
—¿Y bien señorita que es eso que tienes que decirnos? —preguntó Kagome una vez los niños no estaban a la vista, bien sabía que ella era quien más ansiosa estaba.
—¿Acaso ya debemos comenzar a organizar la boda? —inquirió con picardía Ayame.
—¿Qué? Ni siquiera tengo novio —refutó al instante.
—Aja, y al señor "No tengo ojos para nadie que no sea Rin", ¿Dónde lo dejas? —ahora lanzó la pulla Sango.
—¿Sesshoumaru? —se aventuró a preguntar.
—No, el chico que nos atiende en la pastelería del centro —respondió con sarcasmo—. Claro que Sesshoumaru.
Rin suspiró.
—Ya les he dicho que no tenemos esa clase de relación, nosotros solo…
—Sí, si —interrumpió Ayame—, solo tienen sexo cada que se ven. Nada más. Sigue repitiéndolo hasta que te lo creas.
—Es la verdad —objetó.
—Y es por eso que Sesshoumaru comenzó a asistir a las reuniones familiares —señaló Kagome. Antes de su boda había visto a Sesshoumaru en dos oportunidades, totalmente distantes la una de la otra, luego de esta, y de que él y Rin se conocieran, pues ya estaba por perder la cuenta a cuantos encuentros había asistido. La boda de Ayame era un gran ejemplo—. Por el buen sexo.
Rin se encogió de hombros.
—Supongo —fue lo que pudo decir—. En fin, no es por eso que las reuní hoy.
—Ya suéltalo, le has quitado toda la emoción —dijo Ayame.
—Bien —tomó una bocanada de aire antes de continuar—, me han ascendido. Me ofrecieron el cargo de ejecutiva principal en la nueva sucursal de la compañía.
—¡Eso es maravilloso, Rin! —Kagome fue la primera, su desbordada emoción la hizo sentir un poco mal.
—No pareces estar muy emocionada al respecto —señaló Sango, al ser la mayor era quien más observadora solía ser.
—Lo estoy. Seré la encargada, casi la vicepresidenta, es solo que…
—Hay un gran "pero" ¿cierto? —indagó la pelirroja.
—Enorme.
—¿Y es…? —sus tres amigas la veían con atención, ella solo pudo tomar otra bocanada de aire antes de responder.
—La nueva sucursal está ubicada en Londres.
El silencio se hizo presente.
—Dime que no hablas en serio —pidió Kagome—. Y si lo estás dime que rechazaste esa horrible, horrible, oferta.
—Kag —la llamó con ternura—, solo serán dos años, tres como máximo, ya verás cómo pasaran sin que te des cuenta.
—¿Tres años? ¿Dejaras a Ichiro tres años lejos de su madrina? —Su amiga la vio y soltó un suspiro—. Estoy feliz por ti, de verdad, pero no me agrada nada que te vayas, eras mi nena —y diciendo eso la abrazó.
Sango y Ayame se unieron al abrazo, la felicitaron un par de veces y comenzaron a hablar de lo maravillosa que podría resultar aquella experiencia.
—¿Puedo preguntar algo? —interrumpió de pronto Ayame.
—Claro.
—Ya sé que dijiste que no tenías una relación con Sesshoumaru, mas allá de "follamos como conejos", pero piensas decirle, ¿cierto?
La pregunta la tomó por sorpresa, ya que no había planificado hablar con él, suponía que sencillamente se lo diría la próxima vez que él estuviese en la ciudad. Esa fue la respuesta que les dio, las chicas se vieron entre ellas pero no volvieron a mencionar el tema.
Conversaron un poco más hasta que Sango tuvo que marcharse porque las gemelas tenían clase de ballet. Kouga pasó buscando a Ayame después del trabajo, y Kagome dijo que tenía que hacer unas compras antes de ir a casa.
En ese momento pensó como había cambiado la vida de sus amigas, las tres tenían una familia y siempre tenían alguna planificación. Ella además de su trabajo, planificar sus vacaciones con su abuela, y reunirse con sus amigas, no contaba con nada más; y eso estaba bien, se sentía a gusto.
Aunque debía admitir que algunos fines de semana se sentía sola en su departamento, y una que otra noche puede que le gustase tener a alguien con quien hablar de lo que le había pasado. Y si se sinceraba un poco más, diría que aquella sensación se desvanecía cuando estaba en compañía de Sesshoumaru. Algunas veces incluso se preguntaba si aquello realmente estaba bien, es decir ella oficialmente no se había interesado en ningún otro hombre después de conocer a Sesshoumaru, y era obvio que solo tenía relaciones con él, pero un par de veces se preguntó si no sería mejor dejar eso e intentar encontrar a alguien de quien enamorarse, y casi al instante la idea se esfumaba de su cabeza.
Tenía algo bueno con Sesshoumaru, ninguno exigía nada, se sentían cómodos juntos y disfrutan el sexo, ¿qué más podría pedir? Y cada que hacia esa pregunta, una pequeña voz en su cabeza le susurraba una palabra: Amor. Y ella no hacía más que apartar esa idea de su cabeza, ya casi había perdido la esperanza de enamorarse, a diferencia de sus amigas ella no había sentido aquella emoción embriagadora, o las "mariposas en el estómago", y mucho menos andaba suspirando por ningún hombre.
Apartando esos pensamientos de su mente le dijo a Kagome que la acompañaría a hacer las compras, le haría compañía y además aprovecharía para comprar lo que le hacía falta.
Una vez en el supermercado fue ella quien llevaba en carrito de compra, con el pequeño Ichiro sentado en un asiento especial. Comenzaron a recorrer los pasillos y Kagome tomaba todo lo que necesitaba, mientras ella solo se ocupó de tomar un par de cosas. Se detuvieron un poco más de tiempo en la sección de frutas y hortalizas.
Notó como Kagome tomaba una cantidad considerable de piñas y las dejaba en el carrito, no pudo evitar preguntarle por qué llevaba tanto de esa fruta.
—¿No lo sabes? —preguntó coqueta— Pensé que ya te habían pervertido lo suficiente.
—¿A qué te refieres? —no entendía lo que su amiga quería decir. Kagome rió.
—La piña es para Inuyasha, le da un sabor bastante dulce a… ya sabes —entonces vio a Kagome hacer un movimiento con la boca y lo entendió todo.
Kagome volvió a reír, su amiga se había sonrojado y abierto los ojos en una gran expresión de sorpresa.
—Veo que sigues siendo una pequeña inocente —le dijo al acercarse y darle un beso en la mejilla.
—¿Realmente funciona? —preguntó de repente Rin.
—En un principio no lo creía y por eso ni lo intentábamos, pero comenzamos a usarla durante la cuarentena y te puedo decir que funciona muy bien —le guiñó un ojo—. Si no fueses a irte, te diría que hagas la prueba con Sesshoumaru, pero bueno —se encogió de hombros—, en Londres de seguro encontraras a alguien para ponerlo en práctica.
Pensar en eso no le provocó ningún agrado a Rin, tener sexo con alguien que no fuese Sesshoumaru era algo que ni siquiera se le había ocurrido. Y, definitivamente, la idea no le gustó ni un poco, incluso, le causó repugnancia.
Sesshoumaru analizaba un par de documentos, estaba en el hotel puesto que ya nada podía hacer en las oficinas, pero eso no era impedimento para trabajar. Allí radicaba su eficiencia, y la razón por la que era tan solicitado, mientras otros descansaban, él trabajaba.
De hecho, le habían ofrecido otro puesto, pero lo rechazó. Se sentía cómodo y seguro tal y como estaba.
Su teléfono celular sonó y al ver que se trataba de su hermano ni se molestó en contestar. Luego de una gran insistencia se vio obligado a responder, cuando quería, su hermano era un dolor de cabeza.
—¿Qué quieres? —soltó al apenas responder.
—Tan agradable como siempre escucharte, Sesshoumaru. —No habló, esperaba que Inuyasha dijera lo que tenía que decir y colgara— En fin, te llamaba para decirte que el bautizo de Ichiro será en dos semanas, y ya que eres el padrino, quería asegurarme de que vendrías.
—Pudiste enviar un correo, como siempre —comentó con desgana.
—Necesitaba una respuesta inmediata —se apresuró a decir Inuyasha— ¿Vendrás?
—Ahora mismo no estoy en la ciudad, y no regresare hasta dentro de tres semanas —hablaba sin dejar de revisar los documentos—, además creí que esperarían a que cumpliese el año para bautizarlo —comentó, eso le habían dicho cuando el niño nació y le dijeron que querían que él fuese el padrino, al ser el único familiar por parte de Inuyasha.
—Ese era el plan, pero como Rin se ira del país Kagome decidió adelantar todo para…
—¿Qué dijiste? —lo interrumpió al instante, dejando de lado los archivos que antes le parecían tan importantes.
—Que Kagome decidió adelantar el bautizo.
—Acerca de Rin —precisó.
—¿Ah? Bueno, se ira a Europa por su trabajo, es lo que sé.
Sesshoumaru guardó silencio, aquella noticia le causaba cierto grado de inquietud, mucha más molestia, ya que la muchacha ni se había molestado en comentárselo.
—Eh, ¿Sesshoumaru? ¿Podrías venir o no? —escuchó que Inuyasha seguía hablando y le colgó sin darle una respuesta, eso no era relevante.
Pensó en llamar a Rin y preguntarle, pero no le parecía algo para hablar por teléfono, tendría que hablar con ella directamente. El problema residía en el cuándo, si su cuñada estaba tan apurada, significaba entonces que no contaba con mucho tiempo. Rin podría marcharse incluso antes de que el regresara a la ciudad.
Esa noche, por primera vez en mucho tiempo, Sesshoumaru Taisho no logró dormir pensando en aquella sacudida emocional que comenzaba a experimentar, y en el cómo podría manejarla.
—¿Qué te dijo? —preguntó una ansiosa Kagome a su esposo cuando lo vio dejar el teléfono.
—Luego de quedarse mudo me ha colgado.
—Eso significa que se ha molestado, lo cual es bueno —mostró una sonrisa de victoria. Inuyasha la miró con sospecha.
—¿Por qué querías que le recalcara que Rin se iría del país, cuando ella no ha querido decírselo?
—Exactamente por eso, si ella espera a decírselo justo antes de irse él no podrá hacer nada para detenerla.
—¿Crees que Sesshoumaru intentaría detener a Rin?
—No lo creo, estoy segura de eso.
—Ya te estas montando una película romántica —comentó con una sonrisa, su esposa era una romántica de primera categoría.
—Nada de eso, esto es real —habló con firmeza—. Aunque ellos se empeñen en decir que su relación es solo sexo.
—Muchas personas tienen relaciones sexuales sin involucrar los sentimientos, Kag.
—¿Durante dos años consecutivos? ¿Y sin tener otras parejas sexuales? Allí definitivamente hay sentimientos.
—O el sexo es realmente bueno, eso puede hacer que un hombre se quede —se encogió de hombros, le resultaba bastante difícil de creer que su hermano podría llegar a enamorarse.
—Entonces ¿el sexo con Kikyou no era lo suficientemente bueno?
—Termine con Kikyou porque me enamore de ti, lo sabes.
—Tenían buen sexo entonces.
—Kag… —no le gustaba cuando ella se ponía en plan de recordar su relación anterior.
—Eso solo válida mi punto. El buen sexo no te hizo permanecer con Kikyou, así como el buen sexo no es lo que hace que Sesshoumaru y Rin sigan juntos, existe algo mas—afirmó.
Inuyasha suspiró, cuando a su esposa se le metía algo en la cabeza no había poder en la tierra que la hiciera cambiar de opinión.
—¿Podríamos dejar de hablar de mi hermano y Rin? —se acercó a Kagome y le besó el cuello.
—¿Qué tienes en mente?
—Hacerte saber que contigo el sexo es mejor que con cualquiera. —Kagome sonrió al escucharlo.
—¿Y por qué es eso?
—Porque nos amamos, y nacimos para estar juntos —tomó a Kagome entre sus brazos y la depositó en la cama.
—¿Quién es el romántico ahora? —sonrió aún más para luego atraerlo hacia ella y besarlo con pasión.
Continuara.
.
¡Hola, hola gente linda! I'm back!
Como ya ven, no deje botada la historia, así como no pienso dejar botada ninguna otra. Solo necesito tiempo para organizar ideas, y por qué no, emociones.
Ahora bien ¿Qué les ha parecido el capítulo? ¿Muy suave o estuvo bueno? La verdad es que nada de este capítulo estaba pensado en un principio, de hecho deben agradecer al hiatus por tenerlo. Tenía mis dudas con el lemmon, porque bueno, venia subiendo un poco la intensidad en los tres anteriores, y no quería que bajara, creo que logre el objetivo con todo y dolores de cabeza jajajaja
El próximo capítulo sí creo que sea el último, ya que como había dicho sería una historia corta, además no tengo más buenos lemmon que ofrecer(?), debo dejar para otras historias jajajaja
Voy con un pequeño espacio publicitario. Si alguien lo desea puede pasar por una página de facebook creada para los ficker y lectores, "Estrellas de la biblioteca prohibida", allí podrán encontrarme, y de igual forma pueden buscarme por mi facebook personal, Sheila Salazar, por si tienen dudas o quieren saber algo.
Ahora paso a responder los guest, y el resto me tiene al privado.
Floresamaabc: Estas clara, allí, va la primera parte, y aquí el otro año que se menciono, falta la ultima parte de la historia jujuju. Aun se mantiene la personalidad de Rin, intentando negar todo, y un Sessh mas decidido y claro. Y bueno, gracias al hiatus se supo que paso en la boda y después, porque la verdad en aquel momento no tenia idea jajaja. Y bueno aquí voy, no ha sido fácil, pero hay que seguir.
Kathy S: Espero aun pudieses llegar a leerlo, lamento la demora.
Zeden: JAJAJA Buena pregunta, la respuesta es, si la sufrió y por eso quería ir a ver a Rin directamente, pero no le salió tan bien como quería. Y pues eso mismo nos preguntamos todas, ya que queremos saber su gran secreto y poder utilizarlo. Pues es que creo que hasta ahora Rin tiene una idea diferente de lo que es el amor, cree que tiene que ser como ha sido con sus amigas, sin saber que se da de diferentes manera y es lo que sus amigas si saben, e intentan que ella se de cuenta, pero ella solo lo niega. Yo también soy de finales rosas, y allí el reto de esta historia. Creo que si querer precisamente eso era algo que quería expresar, que las chicas podemos disfrutar sin un hombre, y que no esta mal, verdadero sexo seguro(?)
Maritza: Ya debías saber que para leer esto debías estar sola para llevarte sorpresas jajajaja aun no se enamoran o al menos no lo admiten. Yo tampoco me quejo, tengo mis historias jajajaja.
Kishia: Hola! Bienvenida! Que bueno que te haya gustado y espero que aun estés por aquí para seguirla. Lamento haber llegado a confundirte, si hay algo en lo que puedo ayudarte no dudes en buscarme, y con gusto responderé tus dudas.
Guest1: Me alegra saberlo! Gracias por leer!
Yarisha: Así es, o al menos así comienza. Quizás no admita sentimientos, pero si sabe lo que quiere; exacto Rin sabe que es solo atracción sexual, la cosa es que durante tanto tiempo algo puede comenzar a crearse. Eso no pudo crearse, quizás si ella lo hubiese visto en otro ambiente, si se hubiese dado, pero ya que se han visto en ambientes familiares, no ha salido pretendiente para Sessh, además el mostraría su inconformidad. Lo del final abierto no creo que se pueda, ya que, técnicamente, esta historia ya tiene un final, eso viene siendo algo así como una precuela de algo que ya había publicado, así que algunos ya saben que pasara. No pase por cosas fáciles, y por eso mi ausencia, pero voy recuperándome de a poco. Oh! Podríamos ser vecinas! Saludos!
Guest2: Pronto lo tendrá.
Muchísimas por su apoyo, y por la paciencia durante la espera. Espero hayan disfrutado el capítulo, casi tanto como yo al escribirlo.
Nos estamos leyendo! Besos!
