Shōyu ramen
De cómo empezó la relación de Minato y Kushina
Las ollas no habían dejado de silbar y arrojar vapor por el pequeño orificio de la tapa que las mantenía cerradas desde que se habían dispuesto en la parrilla. El golpeteo del cuchillo contra las tablas de madera mientras se cortaban las verduras apenas había tenido descanso, y los brazos del cocinero no habían terminado aún de estirar fideos desde temprano esa mañana. Pero lo más increíble del asunto es que solo estaba él atendiendo la cocina.
El local se encontraba lleno de ninjas que no portaban la banda de la aldea de la hoja. La villa de la que provenían, aunque no conocía el símbolo de la placa, por comentarios que había escuchado era la del remolino, y habían llegado desde hacía unos días, aunque solo hasta ahora tenía la oportunidad de conocerles, desafortunadamente no en muy buenos tiempos. Estaban en guerra no era ignorante del asunto, pero dentro de Konoha sinceramente no había reparado en ese detalle con el temor de muchos, aún siendo que su aldea natal había sido arrasada por esa causa algunos años atrás. No miraba al pasado, y aunque aún guardaba luto por todos los caídos de esa noche, a resumidas cuentas la filosofía del bambú consistía en continuar el ciclo de cambios, porque precisamente, los cambios eran lo único constante en la vida.
La aldea del remolino ya no existía, y ellos tenían que hacerse a la idea de eso ahora que solo quedaba un puñado de shinobi que con suerte podían rehacer su vida en la villa oculta de la hoja, si bien querían ser algo más que un manojo de melancolía andante.
Para cuando terminó de cocerse la primera ronda de fideos, la salsa estaba ya lista; había preparado una combinación nueva de soja, mirin y carne de cerdo que si no reanimaba a los decaídos comensales, nada lo haría. Realmente tener el local tan depresivo no le gustaba para nada.
Salió de la cocina equilibrando en los brazos los bol con las primeras órdenes.
El ambiente estaba lúgubremente silencioso, los ninjas ya habían sido examinados de todo lo que se podía examinar a alguien desde que habían llegado hacía más de una semana y por alguna razón se movían todos juntos como si esperaran alguna emboscada aún siendo aliados de la hoja. Sus siluetas delgadas daban una triste impresión de guerrero vencido, los semblantes pálidos se perdían en miradas dirigidas entre ellos y hasta podía jurar que los sus ojos se habían convertido en orbes de vidrio sin vida ni reflejo interno que demostrara que aún había alguien dentro de ese cuerpo, tan solo el eco visual de las siluetas de lo que se movía a su alrededor.
Uno de ellos giró la vista al muro que se encontraba a su lado y pasó trémulamente su mano por apenas encima de la pintura… rojo… Minato había dicho que rojo era el color de la sangre y por eso no le gustaba. Quizás debería considerar seriamente la idea de cambiar la mano de pintura, el naranja era buena opción para seguir representando el elemento fuego de la cocina pero sin atosigar con remembranzas de situaciones no muy agradables para la mayoría de los ninjas.
Se asomó por encima de la barra para ver si sus comensales necesitaban algo más, pero notó que la calma con la que comían era parsimoniosamente desesperante, eso en quienes ya habían empezado porque la mayoría ni siquiera los palillos había tomado.
De momento, en medio de ese silencio sepulcral un ruido se hizo presente, el de una persona que se ha dañado el tracto bucofaríngeo y tose creyendo falsamente que su situación mejorará, siendo que lo que solo se hace más daño.
Alarmado por la integridad del sistema respiratorio de quien se estuviera en esa situación salió a toda prisa por el pasillo libre que dejaban las mesas donde se sentaban los shinobi que apenas y se inmutaron en lo ocurrido, a lo mucho un par de giraron disimuladamente la mirada al sitio donde una chica estaba de pie dándose ligeros golpes en el pecho. Su rostro estaba enrojecido y se camuflaba con su largo cabello que caía no muy agraciadamente sobre sus hombros y se movía entre las pequeñas convulsiones.
— ¡¿Pero qué carajos? — exclamó ella en cuanto pudo tener aire de nuevo en sus pulmones para alivio de su garganta y del cocinero.
—Solo en un poco de mirin Kushina-chan, no hagas tanto escándalo.
— ¡Me quemó la garganta!
—Lo que es tener paladar de princesa ¿Verdad?
— ¡Cierra la boca a menos que quieras perder los dientes que te quedan!
—Perdona si no tiemblo de miedo, me apretaron demasiado los vendajes en el hospital.
Y así sin más se abrió la discusión, primero entre la kunoichi pelirroja y el shinobi vendado que se encontraba sentado cerca de la barra, después el resto de los presentes se fueron metiendo, tanto partidarios de uno como del otro para luego terminar todos contra todos en un duelo no propiamente de insultos, sino de comentarios con intenciones claras de causar incomodidad con detalles personales… y en algún momento… el ambiente se aligeró bastante, hablando en los términos de que ya no estaban lapsus de abstracción meditativa, porque dos ninjas saltaron para atrapar al vuelo a la kunoichi que se había lanzado sobre uno, no el que había iniciado la discusión porque extrañamente él ya estaba de su parte, sino uno rubio de ojos azules y banda de la hoja que pensó en voz alta algo sobre la inmadurez al empezar semejante lío por tan poca cosa como la salsa de mirin.
— ¡¿A quién le dijiste inmadura, animal?
Minato giró sobre el banco sin levantarse y le dirigió una sonrisa socarrona a la chica que estaba hecha una furia.
—A este ninja por supuesto — dijo señalando a uno que en realidad no había hecho más que mirar como la discusión corría de un lado a otro del local, con lo que quedaba claro que había usado un sarcasmo y así lo entendieron todos… casi todos.
—Más te vale príncipe valiente. — respondió ella calmándose y tomando su lugar de nuevo ante las miradas atónitas de sus compañeros y la divertida del rubio que agacho la cabeza dentro del cuello de su chaqueta para ocultar la risa burlona que se le escapaba, pidió la cuenta casi al momento.
—No has comido bien, dos bol no son nada para ti. — observó el anfitrión bastante extrañado, pero su amigo solo pidió la cuenta de nuevo así que no le quedó más que hacer dársela, y dejando el importe sobre la barra el ninja de la hoja dejó el local a toda prisa para que justo cuando una de las monedas dejó de girar cayendo finalmente un grito retumbó en la cabeza de todos los presentes:
— ¡Estúpido príncipe valiente! — gritó a todo pulmón la pelirroja cayendo en cuenta de la forma tan ridícula en la que había sido callada.
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Comprendía perfectamente que superar los miedos y debilidades de uno era parte esencial de la naturaleza humana, en serio que lo comprendía, era como cuando sentía la necesidad de hacer unos fideos más consistentes pero delgados y la pasta solo se rompía cuando trataba de estirarla más de lo que había logrado la última vez.
Pero desde que tenía memoria, arriesgar la integridad física no valía la pena porque un hombre desgastado física y mentalmente no da un rendimiento total, o en este caso una mujer que estaba causándole un daño permanente a su garganta pero se empeñaba en terminar cuando menos un bol de Shōyu Ramen, que era como elocuentemente había llamado al plato que sirvió la noche en que los ninjas del remolino cenaron por primera vez ahí en el Ichiraku Ramen. Le había preparado una versión menos fuerte con sake a diferencia de la original para que se acostumbrara primero al escozor del licor caliente, pero aún así la piel blanca de la chica pasaba a rojo más rápido de lo que la había visto hacer sellos de manos para hacer algún jutsu en contra de Minato cuando lo tenía enfrente.
Usualmente no servía agua, para acompañar la comida eran mejor las bebidas preparadas, así resaltaban sabores, pero para este caso en particular tenía una garrafa solo para ella, unas pastillas para agruras y acidez estomacal en el cajón de al lado y un jarabe de miel para garganta irritada al lado del agua.
—Ya puede ponerle más. — dijo ella esta vez menos colorada aunque con los ojos vidriosos y la nariz cubierta por una ligera capa de sudor. No planeaba contradecirla, no estaba ningún ninja amigo que lo salvara de la indignación de la pelirroja, así que tomó el cucharón y sirvió la salsa del "siguiente nivel", un poco más densa que la anterior pero aún así más dulzona que la original.
Un chillido ahogado fue lo que se escuchó desde afuera, un chillido que paralizó al shinobi que venía caminando junto con otros tres ninjas, solo que más jóvenes, directo hacia el local.
— ¿Pasa algo Minato-sensei?
—No Rin-chan. Necesito que vallan ustedes por el almuerzo y me alcancen en el campo de entrenamiento veintitrés.
— ¿Veintitrés?
—Si Kakashi, el que está cerca del río, entre el veintidós y el veinticuatro
— ¡No estoy idiota como Obito! ¡A lo que me refería era ¿Por qué justo al otro lado de la villa cuando podemos comer aquí mismo?
— ¿Qué yo qué?
—Nada Obito, solo háganlo.
Los tres menores asintieron y el rubio se alejó en dirección contraria.
—En casos como este tiene sus ventajas que Kakashi no cuestione de más. — dijo para sí mismo emprendiendo la huída porque ese chillido solo podía ser de una persona.
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Eran ya el segundo litro de agua que se terminaba de golpe y el cocinero se empezaba a preocupar sobre si su comensal respiraba o no. En eso estaban cuando el chime de la puerta sonó y por el umbral pasaron tres jovencitos que venían de vez en cuando a comer con Minato, aunque en realidad no les veía mucho juntos, no calificaban como lo que podría llamarse "equipo unido". El chico Uchiha de las gafas naranja no brillaba por nada de lo que su clan presumía y aparentemente estaba en guerra declarada con Hatake Kakashi, que debió nacer bajo mala estrella o eso creía él porque no lo merecía ni el suelo que lo sostenía y aún con la mitad de la cara cubierta era totalmente improbable pasar por alto la expresión altanera con todo ser viviente que se cruzara en su camino. Y la chica, linda sí, pero no servía para fomentar la cohesión porque obviamente estaba interesada en "el chico misterioso", "el alma torturada", "el héroe trágico", entiéndase: Kakashi y no en el idiota que justo ahora estaba endeudándose con un costoso jarrón de la suerte que se encontraba en la entrada, un jarrón que era imposible ignorar por su tamaño y brillante color azul que contrastaba radicalmente con los muros rojos ¿Cómo no lo vio? A saber.
Suspiró cansado, además de una mujer obstinada que daba un sermón de auto ayuda para terminar el plato "nivel tres" que tenía al frente, también tenía a un ninja excusándose por el incidente, no porque le preocupara el precio en que estaba cotizada la pieza, sabía que tenía las posibilidades económicas, era solo que esos jarrones los hacía un artesano de la aldea del Bambú y que tenía su lápida en el cementerio de allá.
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Finalmente la noche había llegado, ya se había deshecho de la chica que una vez más, al ser derrotada se marchó jurando no darse por vencida, y del chico Uchiha que no encontraba forma de disculparse y defenderse de los comentarios de Kakashi al mismo tiempo. Era un momento de tranquilad en los que no había gente así que decidió mantenerse ocupado mirando con cuidado el catálogo de muestras de pintura en la sección "Colores de otoño" que eran donde se encontraban los tonos cálidos que podrían reemplazar al rojo, pero ninguno terminaba de convencerle, o eran demasiado oscuros y ya entraban en lo que era la madera o eran demasiado claros y amenazaban con restarle "fuerza" al local.
El chime sonó y el rayo amarillo de Konoha se acercó hasta la mesa donde estaba el otro hombre.
— Siempre me pregunté qué hacías en tu tiempo libre.
—Busco un color para los muros, voy a cambiarlos, el rojo es sangre ¿Recuerdas?
— Déjalos así, están perfectos.
— ¿Eh?... ¿Y a qué se debe el cambio de opinión?
—Rojo es genial.
— ¿Genial?
—El rojo es… molestable.
— ¿Molestable? ¿Existe esa palabra?
—Para definir el rojo, sí.
De momento en el local entró una feliz kunoichi pelirroja que se quedó estática al ver al otro comensal que compartía mesa con el dueño del lugar quien solo suspiró con resignación, por fortuna aún le quedaba algo de salsa "nivel tres" para la revancha de la chica con el "poderoso" platillo de mirin, soja y cerdo.
—A mí sírveme un bol de Shōyu ramen. — dijo Minato de manera tan neutral que al cocinero le dio miedo, algo tramaba aunque su expresión de total tranquilidad no cambiara en absoluto.
—Pero si pudieras hacerlo más fuerte, casi no me sabe a nada—. Y estaba en lo cierto, aún sin entrenamiento ninja pudo ser perfectamente capaz de percibir el aura asesina que destilaba la mirada de la pelirroja pero lo mejor que podía hacer era fingir ignorancia y servir las órdenes con sus respectivos "niveles".
— Itadakimasu, Kushina-san.
— Itadakimasu, príncipe valiente.
Cometarios y aclaraciones:
Sé que me tardé pero la musa se rehusaba a trabajar como se debe para que Kushina entrara sin ser Miss Mary Sue.
Y recuerden, los reviews no se cobran y no hay que estar registrado XD ¡así que nada pierden con un pequeño cometario de cualquier tipo!
¡Muchas gracias por leer!
