Hola a todos de nuevo ^^ Siento mucho la tardanza y espero que hayáis tenido unas buenas vacaciones ^^U Aquí os dejo otro capítulo más para que lo disfruteís. Por cierto, que se me ha olvidado ponerlo... Si queréis decirme algo, ya sea bueno o malo acerca del fic, dejarme un review ^^
¡Seguir así!

Capítulo 4: No lo olvides.

El rostro del rubio se iluminó al verle allí, esperando en la puerta. Llevaba una chaqueta de cuero, unos vaqueros negros y una camiseta blanca. Ante el contraste de colores claros y oscuros, lucía tan atractivo como siempre, con esos ojos dorados y esa sonrisa perversa.

Y ahora que estaba allí con él... ¿Qué era lo que debía hacer? ¿Lanzarse a sus brazos? ¿Dejar que volviera a hacer con el lo que él quisiera?

En aquella ocasión, Vanitas siguió apoyado en la pared, con los brazos cruzados.

- ¿Qué haces aquí?

- Estaba aburrido y decidí venir a verte sufrir encerrado aquí.

- ¿Cómo sabías dónde...?

- Supongamos que un día estuve callejeando y... Te vi entrar aquí.

Realmente, a Ven le daba igual el cómo sabía donde se encontraba. Se alegraba tanto de que el pelinegro no le hubiera olvidado que no podía parar de sonreír. El ojiamarillo le contempló, examinando su rostro rebosante de felicidad.

- Estás más... Feliz que la última vez que te vi.

El joven rubio se dio cuenta de la enorme sonrisa que se le había dibujado en los labios al ver al pelinegro.

- N-no es eso... -Agitó la cabeza mientras que intentaba dejar de sonreír.-

- Hmph, ya veo ya... -Levantó las cejas.-

¿Qué había querido decir con eso?

- Bueno, ¿a qué has venido?

- Pensé que quizás ya te habías decidido... Pero veo que aún no. -Dijo mientras se giraba para marchase de allí.-

Al ver a Vanitas girarse y marchase de allí, Ventus no pudo evitar agarrarle del brazo para que no se fuera.

- ¡Espera!

Los ojos dorados se posaron sobre los zafiros del rubio, que se ruborizó automáticamente. Una sonrisa pícara adornó la cara de Vanitas ante el gesto del contrario, que miró hacia otro lado.

- ¿Qué pasa, Ven?

Ventus había meditado durante varios días sobre el tema, pero no tenía nada en claro. Cambiaba todo el rato de opinión hasta que apareció frente a él y lo tuvo claro. Sabía qué era lo que quería. Lo difícil era decírselo a la cara, sobretodo cuando aquellos sobrehumanos ojos se posaban sobre él, examinándolo hasta volverlo loco.

- Y-yo... -Le miró a los ojos y se puso cada vez más nervioso.- ¡Y-yo...!

Entonces, los labios del pelinegro se posaron sobre los del rubio, interrumpiéndole de golpe. Ven cerró automáticamente los ojos, mientras que su corazón se calmaba de repente. A pesar de la apariencia tan oscura y fría de Vanitas, sus labios estaban increíblemente cálidos.

Bueno, aquello fue al principio.

De golpe, la lengua del ojiamarillo recorrió la boca del ojiazul, que comenzó a temblar. Sus manos lo atrajeron hacia él, aprisionándolo contra su cuerpo y teniéndole a su merced. Mientras que el rubio intentaba seguir el ritmo de Vanitas, degustaba el sabor a café que desprendían sus labios.

Era tanto lo que estaba sintiendo en aquel momento... La respiración agitada, el corazón al límite de sus latidos y como la más profunda oscuridad devoraba lo más profundo de su ser. Ven no sabía que se podía sentir tanto con un solo beso.

Las inocentes manos del rubio continuaron en su posición inicial mientras que las del pelinegro se enredaban entre su pelo, alargándo los besos de ambos, que cada vez eran más cálidos y bruscos hasta que acabaron sobre las mejillas cálidas del de ojos azules, separándose de él, pero sin antes darle un brusco mordisco en el labio inferior.

Los ojos de Ventus se abrieron de forma tímida y, al encontrarse con los de Vanitas, un escalofrío recorrió su cuerpo. Él, al verlo, volvió a sonreírle y le acarició la cabeza mientras que se separaba de él.

- Era esto lo que querías... ¿No es así?

Ven asintió mientras que continuaba mirándole aún con las mejillas de color rojo y Vanitas no pudo evitar reírse de él.

- Demasiado inocente.

Los dos comenzaron a andar mientras que Ven se cruzaba de brazos e hinchaba los carrillos a causa del último comentario del ojiamarillo. Estuvieron un rato andando en silencio.

- Eres tú, que eres demasiado... -Se quedó pensando.- Bruto.

- ¿Bruto? ¿Qué quieres decir con eso? - Se frenó en seco.- ¿Qué quieres que deje de serlo?

- ¡N-no! -Dijo girándose hacia él y colocándose las manos en la boca avergonzado.-

Mierda...¿Eso a salido de mi?

- Ya veo... -Levantó las cejas y se acercó hacia él, quitándole las manos de la boca y dándole un mordisco en la punta de la nariz.-

¿Cómo podía hacer que se acelerara tanto su cuerpo con solo acercarse a él? Era una de las cosas que no podía controlar al estar allí, junto a él.

Continuaron andando mientras que hablaban de forma aleatoria. Les venía bien conocerse, y mucho más ahora que... Bueno, ahora que salían juntos. Trataron muchos temas diferentes, desde la música hasta los videojuegos, a los cuales eran muy aficionados ambos.
Ven lo invitó a comer en su casa pero Vanitas no aceptó, era jueves y sabía que si se quedaba allí, el rubio no se concentraría en hacer todos los ejercicios que le había dicho que tenía que hacer.

Por fin, intercambiaron los números de teléfonos.

- ¿Cómo pretendías que te encontrara si decidía?

- Sabía que aceptarías en cuanto me vieras... -Levantó las cejas mientras que le miraba.-

A pesar de lo molesto que podía sonar el comentario, tenía toda la razón.

Continuaron andando y hablando hasta que llegaron al cruce donde se solían separar Aqua, Terra y él y la culpabilidad volvió a ser el tema principal de sus pensamientos. Se quedó mudo mientras miraba al suelo.

- ¿Qué te pasa?

- … Es que me he acordado de Terra.

Vanitas se quedó pensando en el nombre que habían pronunciado los labios del joven Ven mientras que su mirada azulada se apagaba hasta llegar al gris.

- Ese Terra... Es el que te hizo llorar aquella vez, ¿verdad? -Se dirigió a él de forma fría.-

- S-si, pero no te preocupes, es mi amigo.

Amigos. Era un concepto que el de ojos dorados no conocía. Nunca había confiado en nadie desde aquello...

- Si vuelve a hacerte llorar, se las tendrá que ver conmigo.

Ven empezó a reírse, creyendo que el pelinegro hablaba en broma hasta que vio el rostro del chico.

- T-tranquilo... No será necesario.

- Mantengo mi advertencia.

- En realidad... Aqua y él me ayudaron mucho cuando mis padres... -Tragó saliva.- Bueno... -Volvió a mirar al suelo.- Son lo único que me queda.

Al escuchar aquello, Vanitas abrió los ojos enormemente. Siempre había estado solo, desde aquel incidente que le arrebató a sus padres y le envió junto a su despreciable tío, el cual escapó en cuanto pudo.

Era extraño. Al lado del rubio, podía sentir la calidez de estar junto a alguien. Olvidar la soledad que le había acompañado todos esos años.

- No te olvides de que ahora... Estoy aquí.

El pelinegro le pasó una mano por encima de los hombros mientras que caminaban, haciendo que la sonrisa iluminara la cara de Ven y el rubor se apoderada de sus mejillas.

Momentáneamente, los ojos dorados del chico divisaron una pareja que se acercaban a ellos. Sus rostros le eran muy familiares. Entonces, cuando el moreno frunció el ceño al verlos, Vanitas lo reconoció y tuvo claro cual sería su siguiente movimiento.

Se paró en seco, acercándose a Ventus hacia su cuerpo dándole un beso dulce mientras que les miraba de reojo, esperando su reacción.