La historia es una adaptación del libro Taking Emmett de B. N. Toler y los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.
Cuando Emmett sale de su habitación la mañana siguiente, se ve completamente como un hombre nuevo. Yo parezco la muerte andante. Su pequeña follada, gritó toda la noche mientras la cabecera de la cama golpeaba la pared contigua.
―¿Estás bien? ―pregunta después de estirarse prolongadamente.
―Nunca mejor ―murmuro con voz cansada.
Su puerta se abre y nuestra camarera de la noche anterior sale llevando nada más que una toalla a su alrededor, su cabello rojo ondulado cae por su espalda. Me sonríe tímidamente, pero cuando mira a Emmett, muerde su labio y le da una sonrisa de complicidad.
Cuando le rodea la cintura con los brazos, él me da una mirada vergonzosa.
―Uh… Bella, te veré en el auto. Estaré allí en un minuto ―promete.
―Por supuesto, tómense su tiempo ―mascullo mientras me deslizo dentro de mi vehículo.
Toma diez minutos antes de ver a la pelirroja caminando descalza por el estacionamiento a su auto, llevando sus zapatos y sonriendo de oreja a oreja. Deben haber tenido un rapidito. Cuando Emmett sube, asiente con una extraña sonrisa en su rostro. Sabe que no soy estúpida y que he estado sentada en un auto caluroso mientras A, estaba enloqueciendo cerebros de pelirrojas, o B, ella le ha dado una mamada.
―¿Te sientes mejor? ―bromeo mientras enciendo el auto.
Rascándose la cabeza, arruga su rostro por vergüenza.
―Lo siento Bella. No soy realmente ese tipo de chico, pero…
―Oye… ocho años es un tiempo largo. Puedo imaginar que cualquiera estaría deseando algo… ―Me detengo―. Lo siento. ―Niego―. Solo me refiero… que de alguna manera entiendo todo esto ―explico estúpidamente. Estoy balbuceando… ¿Por qué estoy balbuceando?
―¿Lo haces? ―cuestiona.
El rubor se extiende por mi rostro.
―Quiero decir… ya sabes… ha pasado un tiempo.
―Oh. ―Asiente entendiendo, sus cejas arqueándose ligeramente.
―Me refiero… antes de que muriera. Estaba muy enfermo y tomaba muchos medicamentos… ―Emmett me mira fijamente como si hubiera vomitado verbalmente―. Mierda―me quejo―. No sé por qué te estoy contando esto. Solo quería decir que no te sientas mal. Las personas tienen necesidades. Lo entiendo. Me pasa lo mismo…
Saco el auto del estacionamiento del hotel, el silencio llenando el espacio. Dentro de mi cabeza, estoy librando una batalla conmigo misma. ¿Quién habla de su vida sexual con su primo que acaba de conocer? ¿El "seudo" hermano de su marido fallecido?
―Así que, ¿no has… ―se detiene como si buscara las siguientes palabras―… estado con nadie desde que murió Edward?
Miro hacia delante, odiándome por iniciar esta conversación.
―Tres años ―admito bruscamente.
No dice nada más, lo cual aprecio, pero odio al mismo tiempo. Me deja preguntándome si dejó el tema porque no sabe qué decirme porque obviamente había compartido más información de la necesaria; o piensa que soy egoísta por quejarme de ello. No es que me haya quejado.
Llegamos a casa en once horas y estoy desvanecida. Nos detuvimos en una tienda de repuestos en el camino cuando Emmett se dio cuenta de un problema con el aire acondicionado. Necesitaba una carga, así que paramos y lo cargamos.
Desafortunadamente, solo duró cuatro horas hasta que se jodiera de nuevo.
―Debe haber una fuga en las tuberías. Lo puedo reparar cuando regresemos a la ciudad ―prometió cuando salimos.
―El garaje del apartamento está preparado y listo para ti ―informo a Emmett mientras se estira y mis ojos lo miran en la tenue luz del día. Mete las manos en los bolsillos mientras mira el garaje y la casa
―Este es un lugar agradable ―señala.
No puedo evitar pensar en Edward. Hubo un tiempo donde se suponía que esta casa sería el hogar donde formaríamos una familia juntos. Pero, supongo que algunas cosas simplemente no están destinadas a ser. Amó esta casa. Le encantaba porque tenía esa sensación de barrio, pero se extiende por dos hectáreas con un asombroso paisaje montañoso. La mayor parte de la tierra está ubicada detrás de la estructura y lleva a las montañas. El barrio es pequeño, una calle principal con casas a cada lado dándonos privacidad en la parte trasera de la propiedad. Puede que nunca haya tenido el deseo de sentarme en el porche trasero en ropa interior o correr alrededor de mi patio desnuda, pero si lo deseo, puedo. Nadie se enterará nunca. O podía antes de que Emmett se mudara al garaje del apartamento detrás de mi casa.
Aclarándome la garganta digo:
―Te daré un recorrido. Pero Edward dijo que necesitabas ver algo primero.
―¿Lo hizo?
―Sí. ―Río suavemente recordando a mi difunto marido mirando ilusionado, imaginando el día que le presentaría esto a Emmett―. Ha tenido planeado esto por un tiempo.
Llegando al auto, paso por la ventanilla del conductor, presiono el botón para abrir el garaje que esta acoplado en mi parabrisas. La puerta del garaje empieza a levantarse y cuando está completamente abierta, entro y acciono un interruptor para encender las luces del techo. La luz ilumina las paredes que están alineadas como estanterías, donde las herramientas e instrumentos están en contenedores o cuelgan de clavijas y hay un elevador en la segunda plaza, ideal para trabajar debajo de los vehículos o cambiar el aceite.
―Santa mierda ―murmura Emmett mientras da un paso dentro―. ¿Edward trabajó con autos aquí?
Resoplo.
―Sí, seguro. Era un hombre de muchos talentos, pero ser mecánico no era uno de ellos. Lo hizo para ti. Así puedes empezar a trabajar en autos y armar tú mismo un negocio.
―¿Hablas en serio? ―Frunce el ceño mientras pasa una mano por el banco de herramientas de metal.
―Quería ayudarte a empezar. ―Sonrío gradualmente pensando en la obsesión de Edward en cada detalle de este garaje― Creo que quería tenerte cerca, también. Realmente te extrañó, Emmett.
Algunas veces, algo sucede que te hace saltar por completo. Como testigo de un extraño accidente, que succiona el aire de tus pulmones, tu cuerpo congelado, incapaz de contener la respiración por un largo momento. O cuando sientes ese hormigueante sentimiento por todas partes mientras la adrenalina llega. Bueno, así es como se siente ser testigo de ver a Emmett Cullen llorar. Es triste y oscuro, pero hermoso y suave, todo a la vez. Sus ojos oscuros están fuertemente cerrados mientras las lágrimas caen por su rostro. No lloriquea o aspira bruscamente. Se encorva hasta colocar sus codos sobre la mesa de trabajo y sostiene su cabeza en sus grandes manos.
Cautelosamente, me acerco, reacia a tocarlo. El luto de Edward ha sido un infierno para mí, pero Emmett fue encerrado en Arizona cuando su primo murió. Imagino que el dolor finalmente lo ha golpeado ahora que está en casa. Apoyo mi mano en su espalda, increíblemente dura y repleta de músculos, empiezo a trazar círculos reconfortantes. Probablemente debería irme y darle un tiempo a solas, pero el dolor es una cosa caprichosa. Te llena de soledad y Emmett está bastante solo ahora que acaba de salir de prisión. Prometí a Edward que ayudaría a Emmett y lo haré.
―Hay más ―susurro después de unos minutos, cuando veo sus ojos abiertos, su mirada perdida entre sus manos.
Se endereza rápidamente, limpiándose la nariz con el antebrazo, casualmente toma el dobladillo de su camiseta llevándolo hacia arriba para limpiar su rostro. Cuando lo vi en su bata de baño ayer no me di cuenta que tiene varias cicatrices gruesas en su estómago. Son alrededor de dos centímetros de longitud. Baja la camiseta, se aclara la garganta y me doy cuenta que he estado mirándolo fijamente. Otra vez.
Rápidamente hablo y espero que lo pase por alto:
―Por aquí.
Lo llevo al otro lado del garaje, tirando de la lona cubriendo la Harley.
―¿Hablas en serio? ―jadea, sorprendido―. Se supone que iba a venderla y pagar a mi abogado con ese dinero.
―Se la quedó.
―¿Quién pagó mi abogado?
―Él lo hizo. Guardo la moto para ti.
Las lágrimas cayeron de nuevo y esta vez, no esconde su rostro de mí. Su labio tiembla mientras combate sus emociones. Cada rasgo de su rostro refleja dolor, se ve casi como si estuviera rogando a Edward en cierto modo. Lo puedo leer como un libro abierto. ¿Por qué, Edward? ¿Por qué hiciste esto por mí? Hay otros sentimientos que pasan a través como: Soy un gran pedazo de mierda. No me merezco esto. No merezco un primo como tú. Imagino que no es sencillo ser un hombre y llorar. Después de todo, la sociedad no lo señala como un signo de masculinidad. Los ojos de Emmett tienen tanta angustia, no puedo evitarlo. Su dolor está tan extendido, que se filtra dentro de mí y empiezo a llorar también.
Inesperadamente, me atrae hacia él y me envuelve con sus enormes brazos. Es cálido y duro, entierro mi rostro en su pecho y sollozo. Pasamos varios minutos envueltos en los brazos del otro antes de finalmente apartarme, y ambos secamos las lágrimas del rostro. Emmett levanta su camisa de nuevo, pero en lugar de limpiar su propia cara, me limpia el mío.
―Ahora sí ―farfulla―. Todo mejor.
―Gracias ―respondo con voz ronca, su gesto dulce endulzando mi corazón un poco.
Cuando mi mirada se encuentra con la suya de nuevo, lo veo observándome, casi examinándome. Limpio mi cara y nariz, preguntándome si está mirando mi maquillaje desarreglado o si tengo algo asomándose por mi nariz.
―Probablemente me veo como un desastre ―gimoteo mientras me limpio un poco más.
Se acerca un paso y toma mi muñeca en su mano, sacándola de mi rostro.
―En realidad, te ves muy hermosa.
El silencio cae mientras nos miramos fijamente, ninguno de los dos siquiera tomando una respiración. ¿No pensaba la misma cosa sobre él?
Emmett se frota el rostro con las dos manos y se aclara la garganta.
―No quería ponerme emocional. Es solo… demasiado ―aclara, mientras mira alrededor de la habitación― No esperaba esto. No sabía que estaba juntando todo esto para mí. Estuvo aquí, agonizando y preocupado por… mí. ―Se pasa una mano sobre la cabeza y después la baja sobre su rostro.
―¿Por qué no vamos al apartamento y descansas? Han sido unos días largos.
―Sí. ―Asiente― Eso suena bien.
El apartamento sobre el garaje es pequeño, básicamente una habitación grande con una cama, televisión y un área de cocina reducida. Hay un minúsculo baño con una cabina de ducha en la esquina y medio me pregunto si Emmett siquiera pueda encajar dentro para bañarse.
―El frigorífico está lleno con bebidas y unas cuantas cosas más. Si me haces una lista, te traeré algunas cosas más de la tienda mañana.
Emmett entra en la habitación y mira fijamente. Me pregunto si se siente demasiado pequeño para él después de pasar tanto tiempo en Tent City, en el exterior. Imagino que me gustaría dormir en algún otro lugar más abierto con más espacio si fuera él.
―El cuarto de baño esta fuera de servicio en estos momentos. El fontanero viene mañana para conectar las tuberías o lo que sea ―explico. No soy una conocedora del tema, así que no me molesto en tratar de explicar lo que no sé― Oh, y estas son para ti ―menciono mientras abro el cajón más cercano de la cocina y saco el teléfono móvil que había añadida a mi cuenta y tarjetas de presentación que había impreso.
Edward no dejo ningún detalle desatendido bajo sus instrucciones.
―Este es tu teléfono móvil y el cargador, estas son tus tarjetas de presentación. Ya tienen tu número de teléfono. De esa forma cuando salgas, puedes darles a las personas tu información y organizar algunos negocios. He colgado algunos folletos en varios negocios hace unos días con tu información. Espero que esté bien ―agrego.
Mientras Edward tuvo todo esto planeado, no podría haber sabido con cien por ciento de certeza que a Emmett le gustaría trabajar en autos cuando viniera a casa.
Toma el teléfono, un Android y lo examina.
―Tendrás que enseñarme cómo usar esta cosa.
Sonrío.
―Por supuesto que te enseñaré. Aunque no soy tan explicativa como lo era Edward, pero me las arreglo.
Niega y parpadea un par de veces.
―Nunca podría devolverte todo esto, Bella.
Coloco mi mano en la suya que descansa en el mostrador.
―No tienes que hacerlo.
Su mirada se encuentra con la mía, mientras me examina como si estuviera tratado entender. Aparto mi mano y busco a tientas mis llaves.
―Aquí está la llave de la puerta trasera. Allí hay un baño justo pasando la cocina hacia la derecha cuando entras. ―Saco la llave de repuesto de mi llavero y la dejo en el pequeño mostrador.
Después de un largo momento de silencio, Emmett pregunta:
―¿Te importa si abro las ventanas?
―Oh, claro que no. Es un anochecer agradable. Este lugar probablemente necesite ser ventilado de cualquier manera ―comento, mientras abro la ventana más cercana. Con un saludo sutil le digo―: Te veré por la mañana. ―Dándome la vuelta para irme, Emmett toma mi mano girándome.
―Gracias, Bella ―susurra y me besa en la mejilla.
Sé que estoy sonrojada mientras asiento y salgo sin decir otra palabra. Me estoy dando cuenta que Emmett Cullen no es para nada lo que esperaba… por los menos no parece serlo.
Entrando a mi casa por la puerta trasera, opto por dejar el equipaje en el auto y sacarlo por la mañana. El agotamiento se adueña de mí y mi piel se siente pesada con todo un día de sudor aferrado a mí. Sin molestarme en encender ninguna luz, me dirijo directamente hacia arriba a la entrada del baño, cerrando la puerta detrás de mí. La casa se siente sofocante, por lo tanto abro la ventana del baño para dejar entrar aire y me giro hacia la ducha. Me desvisto, entro y me quedo bajo el agua caliente hasta que sale fría, forzándome a salir. Envuelta en una toalla blanca, me dirijo a la habitación de invitados, cansada mentalmente.
Nunca desde que murió Edward, he podido dormir en nuestra habitación. Me puedo vestir ahí, pero no puedo dormir. Lo he intentado, en varias ocasiones, pero la quietud y el silencio de la noche inundaban mis oídos y mi mente solo quería pensar en él, cuánto extrañaba que estuviese acostado a mi lado. Antes que Edward muriera, sabía que lo extrañaría. Era mi esposo, por supuesto que lo haría. Pero hay un montón de cosas que extraño, cosas que nunca pensé que echaría de menos, cosas que tome por sentado. El sentimiento de tener su mano sobre mi cadera mientras dormía. Cuando se giraba y presionaba su espalda contra la mía, no exactamente como caricia pero sí tocándonos. Siempre me estaba tocando. La manera en que siempre se levantaba tan temprano y el sonido de él en la ducha, me facilitaba volver a dormir.
Por lo tanto, lo intenté en la habitación de invitados y encontré la paz suficiente para dormir; así que he estado durmiendo ahí desde entonces. Llevando nada más que mi toalla, camino hacia la ventana y la abro. El cielo nocturno está iluminado con estrellas, cierro los ojos y rezo una pequeña oración por Edward. Espero que donde sea que esté, pueda verme y espero que encuentre una gran paz por ver a Emmett en casa.
Retrocedo hasta que mis piernas tocan la cama y me dejo caer, solo para ser sacudida y caer sobre el suelo. La habitación esta oscura, pero hay suficiente luz de la luna para distinguir la silueta de un gran hombre que acaba de saltar de la cama delante de mí.
Mi mente se desespera por saber qué hacer, no llevo nada más que una toalla. ¿Es un ladrón o un violador? Así que, grito. Se me hiela la sangre.
El hombre empieza a correr, se golpea con el poste de la cama y empieza a gritar obscenidades:
―¡Maldita sea! Hijo de…
―Pero qué… ―interviene otra voz y me arrastro lejos de la cama.
Hay dos personas aquí. Oh Dios mío. ¡Me van a asesinar!
―¿Bella? ―menciona la segunda voz, prácticamente cubriendo el grito saliendo de mi garganta mientras la lámpara de la mesa de noche se enciende.
―¿Angela? ―jadeo con incredulidad.
Cuando miro hacia la derecha, el marido de Angela, Ben, llevando nada más que un calzoncillo, se desploma maldiciendo por su dedo del pie herido.
―¿Qué demonios, Angela? ―grito mientras los miro a ambos.
―Mierda. ¿Estás bien? ―pregunta mientras rodea la cama llevando lo que supongo que es la camiseta de Ben, al mismo tiempo que ajusto mi toalla.
―No, ¡no estoy bien! ―exploto―. ¡Ustedes jodidamente me asustaron! ¿Qué están haciendo aquí?
Fuertes pisadas vienen de las escaleras haciendo que mire hacia allí y Angela no tiene tiempo de responder porque Emmett entra rápidamente en la habitación con un palo de golf apuntando directamente a la cabeza de Ben.
―Tú, hijo de p…
―Emmett, ¡no! ―lloriqueo levantándome del suelo, casi dejando caer la pequeña toalla envuelta a mi alrededor.
El grandulón se detiene en medio del golpe mientras Ben tropieza sobre mí, haciéndonos perder el equilibrio y estrellarnos en el suelo, mi toalla cae abierta mientras él cae sobre mí, su espalda contra mi cuerpo desnudo.
―¡Somos su familia! ―chilla Angela mientras salta al frente de Emmett.
Me aferro como si mi vida dependiera de ello a Ben con una mano, mientras que con la otra busco frenéticamente la toalla que había perdido.
Ben, dándose cuenta de nuestra situación extremadamente vergonzosa, se aparta de mí, pero lo arrastro de vuelta. Su gran cuerpo es la única cosa cubriéndonos a mí y a mi desnudez ahora mismo.
―Ben, si te mueves te mataré ―mascullo y su cuerpo se tensa, pero se mantiene quieto―. ¡Angela! Necesito mi toalla. ¡Ahora!
La mirada de Angela se desplaza donde yacemos su marido y yo, sus ojos se abren como platos. Busca por el suelo. Cuando ve mi toalla y la agarra, extiende la mano hacia Ben al mismo tiempo que lo ayuda a levantarse.
―Mejor cierra los ojos, bebé ―advierte al levantarlo del suelo, tirando la toalla hacia mí.
Echo un vistazo rápido hacia la puerta y veo que Emmett se ha ido. Gracias a Dios por eso.
Angela empuja a Ben fuera por la puerta del dormitorio, sus manos cubriendo su rostro y sus hombros se encogen como si hubiera sido rociado con pimienta.
―Lo siento mucho, Bella. Casi me orino en la cama cuando te escuché gritar―Ella ríe.
―¿Tú? ―cuestiono― Me senté en tu marido.
―Dios, lo lamento.
No le digo que todo está bien, porque ahora mismo estoy muy enojada. Acabo de tener al esposo de mi mejor amiga tendido sobre mi cuerpo desnudo.
Angela coloca sus rizos rubios detrás de sus orejas y fija sus ojos marrones en mí.
―¿Estás bien?
¿Lo estoy? Supongo que no soy la única llevándome un susto de mierda.
―¿Qué están haciendo aquí? ―pregunto por milésima vez.
―La madre de Ben se ofreció quedarse con los niños esta noche, pero quería quedarse en nuestra casa porque dice que rompen muchas cosas en su casa. Con Ben teniendo dos trabajos, no queríamos gastar dinero en un hotel. No creí que te importaría. Te dejé un mensaje de voz.
No estoy molesta de que estén aquí, siempre son bienvenidos en mi casa. De cualquier forma, me hubiese gustado alguna advertencia, pero no puedo estar molesta con ella, solo con la situación.
―Acabo de tener a tu esposo presionado contra mi cuerpo desnudo ―gimo con vergüenza.
Angela pone los ojos en blanco.
―Estará reviviendo eso por años ―bromea haciéndome temblar.
―Sin mencionar que Emmett probablemente me vio desnuda ―me quejo.
―Oh, pobre Emmett ―se burla entre suspiros―. Estoy segura que fue horrible ver a una mujer hermosa desnuda. ―Pongo los ojos en blanco… de nuevo― Vístete ―Camina hacia la puerta― Tengo que asegurarme que el dedo del pie de Ben no está roto.
Cuando me dirijo hacia abajo después de vestirme, encuentro a todos en la cocina. Ben apoyado contra el mostrador mientras Angela bebe un vaso de zumo. Emmett está con los brazos cruzados apoyado en la puerta trasera. Angela sonríe brillantemente y toma la mano de Ben, sacándolo de la cocina.
―Fue encantador conocerte, Emmett ―afirma―. Creo que llevaré a Ben a la cama. Ha sido una noche estresante para él.
―Buenas noches ―responde Emmett― Un placer conocerlos a ambos.
Mientras pasan a mi lado, Ben tiene sus ojos fuertemente cerrados y su cabeza apuntando lejos de mí
―Estoy vestida, Ben ―indico.
―Siento todo eso, Bella ―murmura mientras siguen caminando― No vi nada.
Cuando están en las escaleras, donde ya no pueden oírme, suspiro y miro a Emmett.
―Bueno, ya has tenido una bienvenida a casa adecuada ―bromeo― Lamento mucho todo eso.
Respira hondo y exhala.
―Te escuché gritar y…
―Gracias por venir tan rápido. No era mi intención asustarte.
Su boca se curva hacia un lado y su mirada se encuentra con la mía.
―Fue la fiesta de bienvenida a casa.
Se ríe e incluso yo lo hago mientras mi vergüenza empieza a aplacarse. No puedo imaginar lo locos que cree que somos. Nuestras miradas se mantienen fijas mientras nuestras risas comienzan a disminuir.
―¿Te gustaría ir a dormir o eres madrugador?
―No consigues dormir cuando estás en prisión. No creo que pudiera dormir si intentara ―responde, su mirada dejando la mía y dirigiéndola al suelo.
Mi pecho se encoje con sus palabras. Por la noche de montaña rusa que hemos tenido, parece que he olvidado dónde ha estado y qué hizo. Es un criminal. Uno violento y si soy honesta, me asusta de alguna manera. Pero por el otro lado, sé que es solo un estereotipo volviéndome loca, una vez que se convierte en un criminal violento siempre será un criminal violento. Y eso lo hace peligroso. Pero no siento eso cuando estoy con él. Todo lo contrario. De hecho me siento… segura.
―Haré el desayuno por la mañana. Creo que el fontanero estará aquí temprano, así que baja y únete a nosotros. Angela y Ben también son madrugadores.
No está de acuerdo, pero simplemente asiente una vez y, mientras sale por la puerta trasera, dice:
―Buenas noches.
Después que se fue, me deslizo hacia el sofá y me cubro con una manta. Mi habitación de invitados está ocupada y no hay manera que pueda dormir en la principal. Pero sofá lleno de bultos o no, mi agotamiento rápidamente me consume y me lleva a la deriva por el sueño.
Y aquí tenemos un nuevo capitulo. Pobre Bella el susto que se llevó.
Espero que lo disfruten, gracias a todos por leer.
Lo ideal seria que logre subir capitulo de Lunes a Sabado y si veo que me resulta complicado si les puedo prometer que habrá 3 capítulos semanales si o si.
xoxo
