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Capítulo 4
-¿Karen viste a Chico Bestia?
-¿A quien?
-Me refiero…¿viste a mi gato? -se corrigió Rachel saliendo de su oficina- lo perdí de vista desde el medidodia, es hora de volver a casa.
Karen negó con la cabeza y comenzó a rebuscar entre sus libretas y cajones con pereza, comentando la obligación de otorgarle a la "mascota" un collar y un nombre adecuado. Como Fito, Firulais o Silvestre.
Rachel asentía a todo sin escuchar realmente, no podía ocultar su desesperación. Hasta ese momento el día laboral había trascurrido sin sobresaltos, ni siquiera Malchior la había molestado. Y eso era mucho decir ya que desde que su demonio le prohibió seguir algún tipo de orden de albino o de lo contrario le obligaría a desvestirse. …las cosas se pusieron bastante agresivas entre ella y su compañero de trabajo.
-Bueno no esta aquí –dijo su secretaria reclinándose cansada sobre su escritorio- regresará. Los gatos son así, se van, luego regresan sucios y hambrientos. Mi tía tenia uno que desaparecía cada semana.
-El no es así.
-Mmm no sé…-suspiró la morena conteniendo un bostezo. El asunto le era irrelevante, solo deseaba volver a casa a dormir- ¿te parece que mañana salgamos de compras al centro comercial?
-¿Te parece tomarte esto en serio? -arremetió su jefa de brazos cruzados sin contener su enojo- busca a Chico Bestia de una buena vez.
-¿P-pero que quieres que haga?
-Convoca al personal. Búsquenlo por los pisos del edificio. Y date prisa mi padre no tardara en regresar –ordenó indiferente la pálida joven abandonando su oficina como pocas veces lo había hecho.
Karen quedo con la boca abierta. Jamás Rachel le había hablado así, bueno en realidad nunca se había dirigido a alguien de manera tan hostil y lo peor de todo es que parecía importarle un bledo su opinión como amiga. Como nunca temió perder su trabajo solo por un felino que no aparecía, así tomó el teléfono y marcó a todos los empleados.
Si, todos y cada uno de los que se encontraban en aquella editorial dedicaron lo que quedaba del día a buscar un misterioso gato verde. Hubo algunos quienes lo tomaron como una broma al principio pero luego de ver como "la hija del jefe" caminaba por entre las oficinas emanando un aura oscura…callaron y rogaron al cielo que la mascota apareciera.
Rachel por otro lado se devanaba los sesos pensando en todas las cosas que pudieron haber provocado tal situación. Chico Bestia no la abandonaría ¿o si? Claro que no, que no y que no. El siempre estaba para ella sin importar las circunstancias.
¿Entonces?
Entonces algo malo le pasó.
¿Algo como que?
Algo malo, muy malo.
Un oscuro presentimiento cruzó su mente y corrió veloz por los miles de pasillos y recovecos del edificio. La idea de que Chico Bestia se encontrara en manos de su contrario la ponía de nervios. Así que guiada por la intuición y la prisa llegó a la oficina a la que juró jamás de los jamases entrar. Tocó la puerta un par de veces y como no recibió respuesta, forcejeó la cerradura un rato sin resultado.
Maldición…
Un grupo de bulliciosos empleados pasó cerca de ella y guardaron silencio sepulcral a verla. Por reflejo tuvo que soltar la perilla rápidamente, sintiéndose ridícula y fuera de lugar. ¿En verdad estaba pensando entrar en la oficina de Malchior solo para verificar que su demonio no estuviera allí? Claro que no. La hija del jefe no haría cosas como esas.
Limpió las palmas de sus manos en su pantalón avergonzada, inspiró profundo y se encaminó de regreso. De todos los sitios donde Chico bestia podía estar, ese era el menos probable. Talvez se estaba dejando llevar demasiado por sus miedos. Mejor buscar en otro lugar.
Sin embargo cuando oyó un familiar maullido provenir de esa puerta, ni siquiera se cuestionó lo que era correcto o no. Simplemente volvió sobre sus pasos y pateó la cerradura.
-Hola Rae –fue su bienvenida al abrirse la puerta.
Los siguientes veinte segundos fueron posiblemente los más desesperantes en toda su vida. Rachel se lanzó sobre él, abrazándolo y revisando su cuerpo con brusquedad.
-¿Estas bien? ¿Te hizo daño? –eran las palabras atropelladas que con asombro el demonio escuchó de su dueña mientras sentía como suaves manos revisaban su cuerpo y rostro en busca de algún rasguño.
-Estoy bien, yo solo estaba jugando –se disculpó quedando completamente inmóvil e indefenso en brazos de la chica- encontré este lugar y creo que perdí la noción del tiempo ¿tú estas bien?
Rachel respiró un par de veces recuperándose del susto y se apartó lentamente. Todo estaba bien ahora, sus miedos habían sido infundados, su enemigo mortal estaba en alguna junta a las afuera de la cuidad y su demonio solo era un gato travieso. Y hablando del tema… se percató de un montón de cartillas de colores destrozadas en el piso. Las mismas cartillas que se había negado completar toda esa semana sin importar lo furioso que el albino se pusiera o las amenazas que le diera.
-Te conseguiré un collar –masculló con su habitual voz monótona y se dedicó a examinar el lugar con detalle.
Nunca había estado en esa oficina, los enormes ventanales le daban una vista de la hermosa cuidad cubierta de nieve y la luz del atardecer iluminaba su alrededor haciéndolo todo mas agradable y pasajero.
Una enorme biblioteca llamó su atención, como siempre, solo que no había en los estantes ni un solo libro con contenido. Todos eran documentos y papeles, no fue sino hasta que sintieron pasos por los pasillos que aparto sus ojos de ellos.
-Hay que salir de aquí ya –inquirió Chico Bestia, que hasta ese entonces había permanecido estático y silencioso mirando la nada en el mismo lugar donde su dueña lo había encontrado. La joven no discutió, tomó todo los papeles que pudo y corrió en dirección a la puerta de salida, pero el ruido de los pasos cada vez más cerca le advirtieron que ya era imposible salir por el pasillo.
Apretó los dientes y apoyó su espalda contra la puerta escuchando el ruido de alguien acercándose. No había salida.
-Por aquí Rae.
Cuando Malchior cruzó la puerta de su despacho, no encontró nada más que miles de cartillas de colores destrozadas en el suelo y hojas revoloteando por todos lados debido al frío viento que se filtraba a través de los ventanales abiertos.
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-Pareciera que necesitaran ayuda.
-Para nada, yo puedo solo. Desaparece.
-¿Estas seguro? Yo creo que tu dueña tiene una opinión diferente, podrías preguntarle y dejar que yo ayudara.
-¡No gracias! –gritó Chico Bestia sujetándose fuertemente del barandal de una ventana a diez pisos de altura, con Rachel sujeta de su cuello luchando por no caer.
Habían salido de la oficina de Malchior justo a tiempo. El demonio trasformado en un gorila gigante logró saltar por los grandes ventanales cargando a la joven de manera eficaz, pero su trasformación no duró demasiado y ahora se encontraba balanceando su cuerpo en los aires, con la ventisca azotando a ambos a miles de metros de altura y con una joven pelirroja flotando alrededor de ellos.
-¡¿Quien es ella?! –gritó Rachel y sin querer miró abajo. Desde su posición las calles y los autos eran diminutos y las luces de las calles iluminaban de a poco la cuidad.
-¡Rae me estas ahorcando! ¡Nos caeremos si sigues pataleando!
-Bueno de todas maneras caerán, es una lástima que el destino de ambos sea arder en el infierno –murmuró la chica girando en el aire entusiasta- ¿aceptaran mi ayuda?
-¡¿Rachel quieres ser salvada por ella?! –preguntó Chico Bestia sosteniéndose con sus últimas fuerzas.
-¡¿Es una broma?! ¡Claro que quiero vivir!
-¡Glorioso!
Lo siguiente que Rachel vio fue como una bella pelirroja la sostenía por los aires a salvo y como su demonio se hacía más y más pequeño al caer desde diez pisos de altura.
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Hola!
See ya sé. ¿Con qué cara los saludo después de mi larga ausencia? ¡Lo siento!
Pero al fin estoy aquí como un fénix que renace de sus cenizas *O* … o más bien como un zombie que vuelve a la vida en busca de cerebros.
"Hay un lugar muy oscuro en el infierno para los que no actualizan y lo sabes"
Si, te hablo a ti que estás leyendo esto. Esta indirecta (demasiado directa) va para ti.
Bien, eso es todo. Los quiero chicos (y la culpa por no actualizar me consume)
Connor Kurasay.
