CAPÍTULO 4
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No pasó mucho tiempo después del baile, para que Neptuno y Urano se vieran de nuevo. Dos naves enemigas tuvieron la temeridad actitud de aterrizar en Thalassa, una de las lunas de Neptuno, utilizando como cubierta para poder colarse, una tormenta de asteroides, ya que Neptuno y sus fuerzas estaban ocupadas tratando de neutralizar las rocas.
Tan pronto como pasaron la luna de Neptuno de regreso a la superficie de su planeta, ella sabía que algo estaba mal, ni siquiera los sensores que no mostraban ninguna señal de alteración la engañaban ni por un momento.
Los encontró con la ayuda de su espejo. Dos acorazados escondidos en la sombra de una montaña estéril lleno de una multitud de tropas monstruosas; que habían encontrado el lugar perfecto para esconderse, esperar y planear como atacar.
Fue una insolencia que no sería tolerada.
Neptuno juzgó que podía, probablemente destruir las dos naves por sí misma, a pesar de su impresionante tamaño, pero dado que ya habían llegado hasta allí, y que la seguridad de su planeta pendía de un hilo, sabía que no podía permitirse el lujo de no pedir refuerzos.
Su corazón se apretó cuando tomo el comunicador. Esta sería la primera vez que ella y Urano se volvieran a ver luego del baile. "Urano, es Neptuno. Adelante por favor."
"Urano aquí." La voz de Urano era fresca y formal, no sonando sorprendida, ni excitada ante el llamado.
"Dos acorazados enemigos han aterrizado en una de las lunas de Neptuno. Si estas libre, me gustaría ... Agradecería tu ayuda."
"Por supuesto."
"¿Sabes dónde estoy?"
No había vacilación en el otro extremo de la línea. "Algo así. Hay algo que se siente como interferencia o distorsión. Es a causa del enemigo?"
"Sí. Están usando un dispositivo de camuflaje. Me podría mover más lejos, pero preferiría mantenerlos a la vista. ¿Crees ser capaz de encontrarme?"
Urano apareció a su lado, y habló con una voz demasiado suave. "Siempre."
Neptuno casi rompió su comunicador cuando lo cerro, mirando hacia abajo para ocultar lo que había en sus ojos.
No dijo nada más, Urano se volvió rápidamente a la tarea en cuestión. "No veo nada", dijo ella, recorriendo el paisaje con los bien entrenados ojos.
Neptuno le dio el espejo. "Sostén el espejo reflejando allí y el se encargara de mostrártelo."
"Ah, ahora los veo. ¿Cómo llegaron hasta aquí?"
"Hubo una tormenta de asteroides que dañó algunos de nuestros sistemas defensivos. Parece que aprovecharon la oportunidad para colarse hacia esta luna."
"Es muy audaz." Urano casi sonaba admirada.
"Es muy tonto", dijo Neptuno, con tono frío. "No voy a permitir que nadie venga y dañe mi planeta."
Urano le dio un alegre saludo; Neptuno no podía decir si ella se estaba burlando o no. "Bueno princesa, ya que estamos en su territorio, espero sus órdenes."
"Hay dos barcos; hay dos de nosotras, No debería ser difícil averiguar qué hacer, Urano.".
"¿Tienes alguna preferencia?"
"¿Disculpa?"
"¿Hay una de las naves que te gustaría especialmente pulverizar?"
"Son exactamente iguales!"
"Aún así, probablemente debería decidirte por una. No me gustaría saltar a la batalla y atacar el mismo barco".
"El de la izquierda", dijo Neptuno al azar, con voz fija y un poco de irritación. "Ahora podemos hacer esto, por favor?"
Había un brillo peligroso en los ojos de Urano cuando ella llamó a su Espada de Urano. "Por supuesto, Neptuno. Sólo da la orden."
En los barcos, por supuesto, se arrastraban los monstruos, quienes no se rindieron fácilmente. Neptuno fue cubierta por cubierta, destruyendo de manera sistemática todo como un tsunami. Urano corría golpeando a los enemigos de izquierda a derecha con su espada, moviéndose tan rápido para que nada la atrapara.
Cuando Neptuno estaba a punto de aplastar lo que quedaba de la nave en la que estaba con una pared de agua; tuvo una repentina y horrible visión de Urano muriendo dentro de pocos segundos. Sucedería tan pronto como ella llegara al puente del barco; el capitán había dado órdenes a sus tropas de atacar, formando a muchos de ellos de tal forma que redujeran la velocidad de Urano como fuera posible y así darle tiempo para establecer su trampa.
Cuando Urano entrara en el puente, lo harían estallar con la fuerza suficiente para destrozarlo y que ella saliera volando, dejando su cuerpo disperso en sangrientos pedazos en mitad del campo de batalla. Antes que Neptuno terminara de formar su ataque, sin pensar en su propia seguridad, de lo que sucedería si se caía, ella voló hacia el otro barco, pero era demasiado tarde.
Al llegar a las puertas del puente, la bomba ya estaba explotando, la vista de las llamas abrasaban su alma con desesperación. Mientras en su cabeza veía como Urano moría una y otra vez. Un poder emergió de Neptuno, uno que nunca supo que tenía; era toda la furia del mar desatado dentro de ella. Todos los monstruos del sistema solar se iban a arrepentir de esto, pero primero ... Primero Neptuno iba a luchar para sacar el cuerpo de Urano de las llamas. Incluso si todo lo que quedaba de ella estaba carbonizado, no dejaría ni un trozo de carne allí; ella no podía
"¡Neptuno!"
Un rayo de luz azul paso disparo, levantándola; sorprendida, furiosa y con lágrimas de alivio, Neptuno se encontró en los brazos de Urano, surcando el cielo a gran velocidad por encima del barco en llamas. Urano aterrizó con ella en una roca que sobresalía en la montaña sin mayores problemas, y durante unos minutos las dos, sin decir nada, observaban lo que quedaba de las naves, pero sabiendo que estaban esperando si uno que otro monstruo abordo aun sobrevivía.
El barco que Urano había atacado estaba siendo ya consumido por las llamas y gracias al mal calculado movimiento del capitán; pronto se desplomó en la segunda nave y juntas explotaron, enviando trozos de escombros que volaron por todas partes. Nada logró salir de ese infierno vivo.
Después de una última encuesta rápida de la destrucción, Urano volvió a Neptuno con el ceño fruncido. "Neptuno? ¿Qué pasó? ¿Por qué viniste detrás de mí?"
"Pensé ... Que algo malo te había pasado."
Neptuno apretó los puños. Era la única manera para detenerse a sí misma de tocar a Urano, de asegurarse que estaba realmente allí. Era raro que las premoniciones que Neptuno tenía se equivocaran y se imaginó que Urano era el tipo de persona que desafiaría lo que estaba destinado para ella, aunque en esta ocasión Neptuno estaba fervientemente contenta que se había equivocado.
"Estoy bien," dijo Urano, rozando el hombro de Neptuno en un gesto reconfortante. "Cuando se produjo la explosión, mi espada creó un escudo que me protegió." Miró el arma de forma especulativa. "De hecho, no sabía que podía hacer eso."
"Eres demasiado imprudente," dijo Neptuno con palabras agudas.
Urano le dio una sonrisa arrogante. "Sí, pero todavía estoy aquí y esas naves están hechas pedazos, Así que quien ganó?"
"Destroce mi propia nave, y sin perder casi la vida en el proceso," le recordó Neptuno.
"Lo hiciste," estuvo de acuerdo Urano, dándole una mirada apreciativa que hizo que las rodillas de Neptuno las sintiera débiles de repente. "Pero la próxima vez ..." Los dedos de Urano estaban todavía en su hombro, haciendo un cosquilleo en el brazo de Neptuno. "Sólo confía en que voy a estar bien. Podrías haberte hecho daño en ese incendio."
Sus ojos se pusieron serios, con incluso tal vez una pizca de miedo; Neptuno se encontró de repente con que su mano estaba cubriendo la mano de Urano. "Confío en ti, Urano, pero cuando tengo visiones como esas, rara vez se equivocan. No podía ... No hacer nada."
"Soy tu pareja, Neptuno". Urano tenía el ceño fruncido, hablando con voz grave, como si pensara que Neptuno no entendería. "No importa qué, no te dejaré. No vas a estar sola otra vez. No tienes que preocuparte por eso." Mientras lo decía, el tono de su voz se empezó a ablandar peligrosamente.
"Urano", susurró Neptuno, mirando hacia arriba con dolor en sus ojos, "por favor, no. Ya te he dicho-"
Su conversación fue interrumpida cuando el comunicador de Neptuno sonó. Sin saber si estaba aliviada o molesta por la interrupción se separo para poder responder, asegurando a sus generales de que el enemigo había sido vencido y que estaría regresando a Neptuno pronto.
"Parece que te tienes que ir", dijo lamentablemente Urano.
"Así es." Neptuno sonrió sin alegría. "Gracias por venir hoy. Por supuesto que estaremos encantados de devolverte el favor en algún momento."
Urano asintió, un poco rígida, solamente un pulso rápido en la mandíbula traicionaba lo tensa que estaba. "Lo tendré en mente."
Ella se apartó de Neptuno, preparándose para partir, Neptuno miró los restos todavía ardientes de las naves, diciéndose a sí misma que debía permanecer en silencio, dejarla ir, no decir nada.
"¡Urano!"
Urano se detuvo de inmediato al oír el sonido de la voz de Neptuno, volviéndose hacia ella lentamente esperanzada. "¿Neptuno?"
Las mejillas de Neptuno estaban calientes. No podía creer que estuviera a punto de tocar el tema, estaba absolutamente avergonzada de sí misma, sólo podía mirar a Urano por un momento antes de mirar al suelo.
"Escuché un rumor sobre ti, diciendo que ya tenias una nueva amante. ¿Es cierto eso?"
Un poco medio aturdida y medio ofendida, Urano simplemente respondió con un, "no".
"Oh." Neptuno parpadeó, deseando que Urano no la estuviera viendo de esa manera. "Yo no pensé que sonara probable."
"Estás aliviada?"
Neptuno le dio una risa quebradiza. "No creo que tenga ningún derecho a tener algún tipo de sentimiento sobre el asunto. Incluso si encontraras a otra persona Urano, no es como si..." Se interrumpió, tratando de mantener su voz sin expresión para no mostrar lo mucho que le importaría si algo de eso sucedía. Aún sin mirar a Urano, dijo, "después de todo, rompiste con tu otra amiga antes de darme la perla."
"Realmente Neptuno, no tienes que preocuparte por eso", dijo en voz baja Urano. "Ella ya ha encontrado un nuevo amigo con quien jugar."
"Bien." Dijo finalmente Neptuno encontrándose con los ojos de Urano. "Eso es bueno para ella, supongo, pero ¿qué pasa contigo?"
Urano respondió con una cáscara deliberada en su voz, con sus ojos parpadeando. "¿Qué hay de mí ? ¿Qué hay de ti , Neptuno? ¿Cómo lo manejas?"
Una sonrisa burlona se torció en los labios de Neptuno. "Trato de permanecer lejos de la tentación", dijo, y desapareció.
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Más tarde esa noche, Neptuno estaba en la más aislada de las playas de su planeta. La perla que Urano le había dado estaba en la palma de su mano, Neptuno abrió su palma, viendo como brillaba con la luz de la luna, recordando el miedo que la había apuñalado cuando había pensado que Urano se iba a morir.
Como soldado, Neptuno había visto mucho la muerte. Había tratado con ella, había visto a otros tratar con ella, había visto lo que hacía a los que se quedaban. Pero hasta hoy, nunca había sentido lo que podría significar sufrir una pérdida de la que nunca pudiera recuperarse. Nunca había sentido ese tipo de miedo, sentía una abertura enorme en su interior mientras se imaginaba a Urano fuera de su alcance, su semilla estelar perdida en los remolinos de las profundidades de la galaxia, para renacer caprichosamente en otro universo, en un tiempo y un lugar en el que Neptuno no podría encontrarla de nuevo.
Anteriormente, Neptuno había tenido miedo de que estar Urano podría minar su deseo de luchar, que ella iba a perder los bordes afilados que necesitaba para hacer su trabajo y proteger el mundo. En cambio, cuando se enfrento con la perspectiva de la posible pérdida de ella, Neptuno había sido superada por la emoción, por la desesperación y la rabia, tanto así, que se olvidó de todo lo demás y estaba dispuesta a dar su vida para salvar cualquier pequeña pizca de Urano que pudiera. Aunque quizás no era exactamente el tipo de debilidad que Neptuno esperaba, no podía fingir que era mucho mejor. Si pudiera ser como antes, ella habría puesto fin a esto de una vez y hubiera enterrado brutalmente esos sentimientos, pero no sabía si todavía podía ser esa persona.
No estaba segura de que quisiera ser esa persona otra vez.
"Tengo que hacerlo," dijo. "No puedo permitir que esto continúe. No ... no quiero estos cambios." Dijo Neptuno al aire con todo el coraje que tenia y levantó el brazo para lanzar la perla en el mar.
Algunas lágrimas cayeron miserablemente mientras ella forcejeaba con sus pensamientos y ni siquiera las suaves olas que reventaban a sus pies podían eliminar el dolor.
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Después de eso, Neptuno hizo todo lo posible para resistir, realmente lo hizo. Otros seis meses pasaron, y la única vez que vio a Urano fue en una reunión mortalmente aburrida sobre dignatarios y política. En esa ocasión, era todo lo que Neptuno tenía, una Urano, que aunque no fría o molesta, no trató de hablar con ella más allá de lo que la reunión requería, Neptuno utilizo la mejor fachada de cortesía que sus años de experiencia le habían dado para mantener al mundo a raya.
Esa vez ella sorprendió a Urano observándola, con un deseo inquieto que podía ver en las profundidades de sus ojos, pero ella enseguida bajó la mirada cuando se dio cuenta que Neptuno le había visto. Eso hizo sentir a Neptuno feliz y culpable a la vez porque se dio cuenta que Urano todavía la deseaba; Después de todo, si realmente Neptuno había decidido que nunca podría suceder algo entre ellas, no debería de desear que Urano aun la quisiera y deseara?, ella no debería estar contenta de ver las emociones de Urano las cuales ocultaba tan mal?.
En Tritón, el silencio nunca había sido más profundo, la soledad nunca le había hecho mayor daño. No importaba cuánto tiempo Neptuno pintara o el número de horas que pasaba haciendo composiciones en su soledad las cuales terminaban trayendo lágrimas a los ojos de todos los ciudadanos cuando tocaba en la lejana luna, nada funcionaba. Siempre la perseguía Urano, su poder, su belleza, la intensidad de sus ojos.
Neptuno estaba en la superficie de su planeta tratando de encontrar algún consuelo en las olas, cuando en la oscuridad su espejo empezó a parpadear. Era algo en Urano, no era un enemigo fuerte o con mucha potencia -. Urano no tendría ninguna dificultad en destruirlo por su cuenta. Luchando sola en el frío, sin luz, solo con el brillo de su espada, sin incomodidad, dándole muerte a sus enemigos.
En el momento en Neptuno llegó, más de la mitad de los monstruos ya habían muerto. Urano la reconoció con una mirada y un movimiento de cabeza, pero como la última vez no mostró ninguna otra emoción, ni siquiera sorpresa. Muy pronto, la batalla había terminado. No había sido una lucha difícil. La respiración de Neptuno iba a alta velocidad y no precisamente por el esfuerzo de la lucha, sino por poder ver a Urano de nuevo.
"Urano", dijo, como una suave caricia que no tenía la intención de usar, "Es bueno volver a verte finalmente."
Los ojos de Urano se abrieron por un momento antes de que volviera su expresión en blanco. "Hubiera sido mejor si no hubieses venido," dijo con voz ronca. "No necesitaba tu ayuda de todos modos."
"Ya lo sé. Pero yo ..."
La ira estalló de repente en la voz de Urano. "Tu que, Neptuno? Me has olvidado? Pensé que todo lo que querías era tu deber? Si así es como te sientes, no tienes derecho a mostrarte aquí poniendo cualquier tonto pretexto para verme. ¿A quién crees que estás engañando? A mí ? A ti misma? "Ella apartó la mirada, la desolación se coloco en su rostro observando la negrura del espacio infinito que les rodeaba. Susurró lamentándose, "es mejor si sólo te vas. No voy a jugar este juego. Lo que has decidido es lo suficientemente fuerte como para no amarme, o lo suficientemente fuerte como para dejarme ir. No seré lo prohibido a lo que te niegas hasta que no puedas por más tiempo".
Urano era hermosa, su piel brillaba con la fuerza de su propia luz interior, su pelo espolvoreado con estrellas. Sin embargo, ahora también había una distancia en Urano que era doloroso para la vista de Neptuno, aun mas porque sabía que Urano estaba haciendo esto deliberadamente, estaba tratando de separarse de esto, de sus sentimientos, de Neptuno.
Incapaz de soportarlo, Neptuno la tomó de la mano, por lo que Urano la miro. "Urano", se atragantó. "Realmente Te he extrañado, he Pensado en ti ..."
"Yo sé, Neptuno". La expresión de Urano era torturada. "¿Crees que no sé cada vez que pensabas de mí? Podía sentirlo."
"¿Podías?" dijo Neptuno desconcertada, sintió que sus mejillas se calentaban por la vergüenza. Seguramente eso no era algo que Urano podía hacer antes. Se preguntó con cierto temor cómo había sentido muchos de esos pensamientos hacia ella, y si incluía algunos de sus más ... grandes y privadas fantasías.
Urano le dio una sonrisa triste. "Creo que sí, ... La conexión entre nosotras es cada vez más fuerte. Pero tal vez va a desaparecer si no se alimenta." Parecía como si quisiera añadir algo más, pero decidió no hacerlo. Mirándola de nuevo, ella dijo en una voz plana y derrotada, "Bueno, no hay nada más que hacer aquí. Me voy a casa en Miranda".
"Urano." Dijo Neptuno cuando vio a Urano alejarse sosteniéndole con más fuerza su mano y agarrándola del brazo. Neptuno era consciente de que su comportamiento iba en contra de todo lo que había dicho en el baile, en Thalassa, pero en este momento dejar ir de nuevo a Urano era simplemente una imposibilidad física. Era cada vez más difícil hacer caso omiso entre lo que podría o no podría haber sido cierta en esta vida, Urano era, con toda seguridad, de alguna manera una parte de su destino.
Los ojos de Urano eran oscuros, llenos de necesidad que hacia quemar a Neptuno. "Neptuno"
Apenas terminó de decir su nombre; Neptuno le beso, devorando su boca con una absoluta falta de decoro, que probablemente habría sorprendido a más de un Neptuniano.
Urano dio un gemido que era parte sorpresa y parte estímulo, sus brazos se colocaron alrededor del cuerpo de Neptuno con tanta fuerza que estaba en peligro de hacerla perder el aliento. Se encontró con el fervor de Neptuno con entusiasmo, su lengua se deslizaba contra la de ella de una manera que la hacía entrar en calor, un calor que hizo una llama en el vientre de Neptuno que se extendía a lo largo de su cuerpo.
Rompiendo el beso con un jadeo, Neptuno dijo, "llévame contigo a Miranda. Por favor."
Se encontró con la mirada de Urano sin vacilación, sin ocultar nada. Al parecer, convencida por lo que vio, Urano dio una leve inclinación de cabeza y momentos después estaban en su dormitorio, gracias a la habilidad de teletransportarse.
Urano levantó una ceja aparentemente casual, que no engaño a ninguna de ellas. "¿Estás segura?" preguntó ella, ronca y tranquila.
Neptuno respondió besándola de nuevo y tirando de ella para caer sobre la cama.
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CONTINUARA
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Comentarios:
Hola, para quien me ha pedido la historia "Ven a Buscarme" lo lamento pero no puedo volver a subirla porque sino me vuelven a borrar de FanFiction jeje; pero puedes encontrarla en Scrib, la historia es de Julie Cannon.
Gracias por los comentarios a esta historia, he tratado de mejorar a la hora de la traducción para darle mejor sentido, espero haberlo conseguido.
Que esten bien.
