Nota de autora: Hay un Pov con un sueño, espero que se entienda.
(Disclaimer;los personajes de esta historia pertenecen a J. K. Rowling, excepto
los que han sido creados por mí.)
Capítulo 4. Acabando con el dolor
Viernes 07 de noviembre del 2007, 12:00 p.m.
Sintió sus ojos enormemente hinchados producto del llanto. Su respiración ya era más tranquila desde que había despertado, hace unas horas. No había podido contenerse, era inevitable, ante esos recuerdos que le producían mucho más daño del que ya había sufrido.
Sintió el toque de la puerta.
—Hija, ¿Estas despierta?
¿Qué podía contestar? —Sí… —la voz le salió tan raposa que creyó, por un momento, que su madre entraría. Ante tal pensamiento entró en pánico.
—La comida estará lista —le murmuró Jean Granger.
Respiró profundo antes de contestar —Bajare en un momento —la voz le salió casi perfecta. No recibió respuesta ni nada, por lo que supo que ya se había ido.
Pero al volver al hilo de sus pensamientos, se sentía sin ganas de nada. ¡Maldición! Estaba completamente segura de ya habría pasado el efecto del hechizo. Solo eso la animó a levantarse y dirigirse, con arrastre de pies, al baño.
Se miró al espejo y, en efecto, el hechizo había perdido su capacidad de cubrimiento. No se molestó en aplicarlo de nuevo. Se daría una ducha para relajarse. Cerró la puerta con pestillo, no deseaba interrupciones, y cerca del lavamanos dejó la varita.
Se sacó la ropa y tanteó el agua de la ducha, metiéndose. Caliente fue lo único que sintió al cerrar los ojos, para acostumbrarse a esa sensación. El agua poco a poco se fue tornando tibia, a una temperatura soportable.
Apoyó la frente contra la pared.
Había pasado una noche horrible, entre sueños y pesadillas, las mismas malditas pesadillas de siempre atacaron su sueño, después de que consiguió dormirse.
Era siempre lo mismo, como una película siempre se repetía…
.
Pov. Hermione
Las ganas de dormir pronto llegaron a mí. Fui consciente, entre sueños, que mi madre se levantaba y abandonaba mi habitación.
Pero pronto mi mente se transportó a otro lugar, a mi casa en Italia; si es que se podía llamar así.
Estaba parada enfrente de la puerta y esta estaba abierta, siempre soñaba lo mismo. Entré, particularmente era una casa sencilla de un piso. Caminé por uno de los pasillos a la recamara matrimonial y me veía a mí misma acariciando mi vientre de casi nueve meses. Caminé más cerca; me veía feliz, pero mis ojos irradiaban tristeza. Sentí pasos y ambas levantamos la mirada.
—Podrías dejar de hacer eso —Viktor acababa de llegar. Seguramente solo venía a cambiarse de ropa, para después largarse con sus amigos.
—No estoy haciendo nada malo —le contesté desafiante.
Dando dos zancadas estuvo a mi lado, me tomó del brazo levantándome bruscamente. Y, sí, realmente eso dolió —Si que tiene… porque "eso" no es hijo mío —se acercó a mi oído y yo podía escuchar esas palabras tan frías y llenas de odio—, no es mío y no esperes que yo lo quiera, menos si se parecerá a él —me empujó contra la cama y se fue nuevamente, brinqué del susto cuando la puerta de la entrada principal se cerró. En realidad más que pesadilla, era un recuerdo.
Me observé a mí misma ¿Cómo había sido tan tonta de aguantar? ¿Cómo había podido? ¿Cómo…?
— ¡Oh Dios no! —volví a fijar mi vista en mi misma— ¡Por Merlín no! —se intentó levantar, pero el dolor pulsante en la columna no la dejo hacerlo y comenzó a llorar.
Después de eso. Las imágenes pasan como una ráfaga de viento hasta que me veo en el hospital.
En aquel pasillo y allí está sentado él, fingiendo, con su mirada indescifrable. En estos sueños me sentía particularmente como un fantasma viendo todo desde otro punto de vista. Era realmente extraño.
—Señor Krum —una enfermera se acercó a él—, acompáñeme su esposa está a punto de dar a luz —él se levantó—. Necesito que se coloque la ropa especial.
Caminamos por unos cuantos pasillos. Después entramos a una sala y yo estaba tendida en la camilla respirando rápidamente, su mirada, mi mirada, se enfocó en él…
—Que se vaya —susurró muy bajo. Las enfermeras y el médico siguieron atendiéndola—. Que se vaya —la voz ronca y profunda hizo que una enfermera la mirara— ¡QUE SE VAYA! —gritó— no quiero que este aquí… que se vaya.
—Pero señ…
—No quiero que nadie este en el parto, quiero que se vaya, por favor —susurró agotada. Él la miró e hizo una mueca y salió sin decir más.
Y luego de eso me trasporto a lo que es un quirófano o una sala de parto. Poco antes me habían dicho que tendrían que hacerme una cesárea de urgencia, ya que él bebe presentaba problemas con la posición en la que venía; nada tan grave, me dijeron.
Estaba acostada, consciente o casi consiente, y yo me veía a mí misma ¿Realmente habrá sido todo así? ¿Como yo lo soñaba? En toda esa inconsciencia escuché el llanto de un bebe que fue tapado al instante. Me veía que luchaba por levantar mis brazos y recibirlo, pero no podía la anestesia me lo impedía. Y yo lo anhelaba, ¡Por Dios!, quería, aunque por unos segundos, verlo. Pese a que suene terrorífico hubiera preferido que muriera en mis brazos y no en una incubadora.
Recuerdo que desperté exactamente veinticuatro horas después en una sala común de maternidad, escuchaba: llantos, madres cantando a sus hijos y yo solo podía sentir el dolor la zona baja de mi estomago, pero que importaba si mi hijo había nacido. Abrí los ojos lentamente y una enfermera me miraba con lástima…
— ¿Dónde está mi hijo? —fue lo primero que pregunté y ante eso ella bajo la mirada murmurando algo como "debo ir a buscar el médico".
No sabía si habían pasado segundos o minutos, pero ahí estaba el médico, otro; no el que atendió mi parto —Señora Krum… ¿Cómo se siente?
—Bien —en realidad mal porque me dolía todo—. ¿Dónde está mi hijo quiero verlo? ¿Dónde está?
Él pareció dudar, me miró a los ojos y creo que, en ese momento, hubiese deseado estar acompañada por mi "esposo" —Lo siento —esas simples palabras detonaron algo en mi—, señora Krum, pero su bebe no resistió… hicimos todo lo po…
Yo lo miraba sin verlo, "no resistió" — ¿Qué quiere decir? Yo…
—Lo siento su espo…
— ¡No! —grité— no me diga que lo siente… —me tapé la cara con las manos para reprimir el llanto—, porque no sabe lo que yo siento en este momento ¡Quiero a mi hijo! —le susurré con voz quebrada.
Quería correr, verlo, sostenerlo, acariciarlo, saber…
No lo resistí y me destapé tan rápido como pude. Levantarme fue realmente toda una osadía, la enfermera pronto llegó a mi lado me zafé de esta y aparté al médico, no sabía cómo podía caminar con una herida semejante, pero poco me importaba. Solo me detuve cuando la puerta de esa habitación se abrió y en el umbral estaba él, Viktor.
Se acercó a mí y me abrazó no muy fuerte. Creí que eso me aliviaría, de cierto modo, pero maldición, que equivocada estuve ese día y los demás —Lo siento… —me susurró—, pero para la próxima no vuelvas a hacer lo que hiciste —pude percibir su sonrisa de triunfo. Y yo sabía y era consciente de que el tuvo algo que ver con todo lo que pasó ese día. Me permití llorar nuevamente soltándome del y cayendo al suelo, entendiendo muchas cosas…
.
Abrió los ojos, sin quererlo las lágrimas se mezclaban con las del agua. De inmediato cerró la llave de la ducha y salió al instante.
Había tomado una decisión, después de tan relajante baño.
Alcanzó su varita y murmuró un "Muffliato".
Caminó lentamente hacia el espejo y se miró. No era bueno para ella recordar, su salud mental siempre desbalanceaba.
Los ojos castaños le devolvieron la mirada con tanto odio, sus nudillos estaban blanco de tanto apretar los puños.
Se encontraba tan sumida en su mundo que no supo cuando le pegó un golpe al espejo, quebrándolo. El dolor solo le golpeó segundos después: gritó llorando, pegándole más y más golpes al espejo. Descargando toda su rabia.
Odiaba su vida.
Odiaba a Viktor Krum.
Odiaba a Draco Malfoy.
Odiaba todo…
Solo el pensamiento del nombre de Draco Malfoy le hizo detenerse. No a él no le odiaba, él no tenía la culpa de nada, porque había sido ella la que quiso irse, fue ella la que aceptó casarse, fue ella la que tomó las malas decisiones, él… ¿Se habrá casado?
Sacudió su mente de esa pregunta. Respiró un par de veces y llegó a la conclusión de que aún no liberaba la suficiente adrenalina. Se miró la mano magullada y con sangre. Dolía, pero nada se comparaba ante tormento que había vivido.
Comenzó a buscar en los cajones algo que le ayudara y encontró más de lo que quería. Cayó al suelo con los objetos en la mano, y una mirada alucinada apareció en sus ojos. Tomó entre sus dedos la solución a sus problemas, estiró el brazo sobre su regazo y deslizó un dedo desde la muñeca hasta el pliegue del codo; finas cicatrices marcaban su brazo, ambos realmente, pero ahora se concentraría en uno en particular. Tres dedos arriba de la muñeca, había un recuerdo; su primer corte, uno de tantos que ya ni la magia los podía borrar. Aquel día, la sensación había sido del más profundo alivio ante el dolor que la acongojaba. Debió aprender a vivir con ello, pero ya no quería hacerlo; ya no más dolor. Entre esa cicatriz y la muñeca posicionó el bisturí; un movimiento: venas y ligamentos serían cortados acabando con su vida. Cerró los ojos, solo quería sentir, no quería ver…
*O*O*O*O*O*O*
Viernes, 12:50 p.m.
Día libre…
Día libre…
No podía ¿Por qué maldita razón, no podía tomárselo?
Caminó por el pasillo; necesitaba llegar a la sala de descanso, servirse un café y continuar con el que se suponía sería su día libre.
Cuando llegó a la estancia, suspiró aliviado; nadie estaba allí. Con un movimiento de varita, el café se empezó a preparar y, exactamente, cinco minutos después tenía un delicioso y simple café entre sus manos. Se bebió casi la mitad de un solo golpe.
— ¿Draco? —solo unos segundos, pensó—. Draco, ¿Qué demonios haces aquí?
Suspiró —Tomando mi día libre —contestó con ironía, sentándose en el cómodo sillón.
Ella le miró y caminó para tomar lo quedaba de café — ¡Por Merlín! —escupió—. Draco, ¿Cómo puedes beber esto? Esta horrible.
Bufó —Me gusta así, café negro sin azúcar… ¿Qué haces tú aquí? Tu especialidad está arriba.
Ella rodó los ojos, sentándose junto a él —Me gusta tu área —se encogió de hombros—. Además, el departamento de emergencias siempre tiene más movimiento.
—No es mi culpa que hallas elegido tan mal el lugar donde quisiste trabajar. Además, no podrías hacer mucho, ya sabes, necesitas experiencia —le contestó arrogante.
Ella puso los ojos en blanco —Sabes que tengo experiencia en todo esto. Además, estando en mi área no es tan esclavizante; me refiero a los horarios.
—Me gusta trabajar…
—Se nota, ¿Cómo es posible que estés aquí en tu día libre?
—Me llamaron, como soy el mejor necesitan siempre de mi —le dijo presuntuoso.
Ella le pegó en el hombro —Eres un idiota, presumido, arrogante, nunca cambiaras…
Él acercó a ella y besó su mejilla —Igual me quieres así y todo… —rió y se ganó otro golpe en el hombro—. De todas formas, deberías estar trabajando y no aquí…
Ella bufó —Yo ya termine con lo mío: recetar pociones, revisar papeles y listo. Si me necesitan me buscaran.
— ¡Ja! Pues entonces podríamos… —comenzó con voz lasciva.
—Doctor Malfoy… —la puerta se abrió bruscamente—, en el box cinco hay un intento de suicidio.
Definitivamente sería un día largo y él que tenía pensado otras cosas —Pues a trabajar se ha dicho —se levantó arreglándose el uniforme. Dejó la taza en la mesa—, nos vemos después… —le dio un beso en la frente.
— ¿Cenaremos hoy? —preguntó ella.
Draco, se detuvo en la puerta y la miró.
—Por supuesto que sí, Luna —le sonrió, guiñándole un ojo.
Caminó un poco más y en el pasillo se encontró con la enfermera que estaba encargada del box, en realidad esa habitación no le correspondía, pero habiendo tan pocos médicos en el hospital tenía que hacerse cargo.
—Enfermera Swan, cuénteme...
Draco, comenzó a caminar junto a la enfermera.
—Mujer de 24 años, sin patologías asociadas, ingresada hace algunos minutos con un intento de suicidio… —le relató la enfermera. Draco, no vio a la familia por lo que supuso que estaban afuera.
— ¿Qué clase de intento? —preguntó al entrar al box. Las tres camas estaban cerradas con cortinas. Siguió a la enfermera hasta la cama indicada.
—Herida profunda en sus muñecas e ingestión de píldoras de varios miligramos, ya se le aplicó el lavado de estomago. La derivaron de arriba a este lado… porque…
—Muy bien… —la cortó, no quería mas información— deme el expediente —tomó el papel leyendo desde la última hoja hacia la primera. Tenía la mala costumbre de nunca leer el nombre primero, por lo que cuando lo leyó; casi se cae dé la impresión—. Oh por Dios, no puede ser.
Y abrió las cortinas…
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Hola a todos!
Tengo una gran afición por Draco-médico-o-medimago. Lo amo así... y es por eso
que cada vez que puedo o se da la oportunidad lo pongo de ese modo.
Les recuerdo también que si les molesta Viktor Krum hablando bien, pueden
decírmelo.
Gracias por todos los comentarios, favoritos, follows y PM que me han enviado a
lo largo de los 3 capítulos. ¡Muchas gracias!
Espero que este capitulo les allá gustado e intentare no demorar mucho con el
siguiente.
Muchos besos y saludos.
Bye.
Respondiendo comentario:
Lisa: Holaaa!
Me alegro que estés gozando de tus vacaciones, digamos que yo ando en las mismas
solo que son indefinidas (hasta el momento).
Graciaas por tus palabras :D
Krum no es solo terrible, es horrible y todos los adjetivos parecidos a eso.
Sufriraa, sufrí también escribiéndola así, y mucho.
Creelo lo perdió, pero en este capitulo... abra dudas!
Uuuuf terrible para él. No recuerdo quien me pregunto ¿Porque no había ido tras
ella? (o a lo mejor lo alucine) y creo que esa es la respuesta. Y ahora que tu
me lo preguntas, pues es eso.
Uuuuuuuh... no diré nada... las cosas se desmadejaran solitas ;)
Cuídate también...
Espero que tu semana allá sido buena.
Saludos! :)
