DISCLAIMER: los personajes de Harry Potter y de Naruto le pertenecen a J.K Rowling y a Masashi Kishimoto respectivamente.
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Capítulo 3
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By CambiaNombres:v
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— ¡HUFFLEPUFF! —
Oh no …
Mierda …
Esto me iba a traer problemas en mi familia. Si el abuelo se enterara …
Conociendo a mi padre, haría lo imposible para que el abuelo no supiera. Mamá estaría igual de escandalizada que padre, pero en menor escala. Porque en efecto, esto va a ser un escándalo dentro de mi familia. Y en otras familias de "sangre pura". Menuda estupidez …
Si tan solo estuviera en Ravenclaw, no habría tanta conmoción como en la que hay en la sala ahora mismo. Creo que escuché a la profesora McGonagall soltar un pequeño quejido de exaltación, que pudo controlar muy bien; y a la jefa de Hufflepuff, Pomona Sprout, dar una exhalación de horror cuando el sombrero seleccionador gritó el nombre de mi casa, sentí que varios ojos me miraban.
Eso me molestaba bastante, ¿Qué tenía de malo ser parte de Hufflepuff? Nada. Pero la respuesta puede hasta ser racista en mi caso. Por mi apellido cualquiera hubiera dicho "Slytherin, de seguro queda en Slytherin como su hermano mayor, padre, madre, abuelo y … y … ¡Toda su ascendencia!". A veces enoja la forma de pensar tan cavernícola de las personas de este mundo.
Ravenclaw hubiera sido menos "fastidio", digo pues, teniendo este apellido era normal quedar en Slytherin, pero una Ravenclaw en la familia no estaría mal, padre podría estar hasta orgulloso de mí. No me malinterpreten, no quedé en Ravenclaw por ser alguna rubia cabeza hueca, no era estúpida, yo mantenía el perfil bajo, pero no era ninguna tonta. En el fondo de mi corazón, muy en el fondo, pienso que es mi culpa quedar en esta casa, que no tiene nada de malo; según mi hermano y mi padre, yo era demasiado "bondadosa" … ¿Y eso qué tiene de malo? La bondad se puede convertir en ingenuidad, mamá lo decía todo el tiempo.
¡Pero esa no es excusa para mirar a todos, que no fueran de "la misma sangre o clase social", como si fueran inferiores a mí o tratar a Dobby y al resto de elfos domésticos como si fueran cualquier cosa!
Con total naturalidad me levanté de mi asiento y me dirigí a mi casa seleccionada, cuando estuve en frente de los asientos un par de chicos me miraron fijamente a los ojos, y asustados, se apartaron para dejar que me siente sin que ellos o yo dijéramos algo, les debo dar mucho miedo. La ceremonia de apertura continuó, nadie me aplaudió ni siquiera cuando me senté, traté de dar una sonrisa agradable a mis nuevos compañeros. Yo les saludé lo más amigable posible, por dentro me sentía un poco nerviosa, que me vieran extraño no me ayudó mucho, pero di mi mejor sonrisa. Ellos por su parte me devolvieron el saludo algo extrañados, no los culpo, de seguro mi hermano y sus "secuaces", les hicieron la vida imposible, y que su hermana menor quedara en su casa y les saludara de manera amigable, debió ser totalmente inesperado para ellos. Un prefecto que se sentaba cerca de mí me tendió la mano para saludarme, pude notar que estaba algo dubitativo, yo se la acepté con una sonrisa encantadora.
A ver si mis "habilidades" no se oxidaron.
Y en efecto, no lo estaban, una vez que entablé una conversación con el prefecto, unos cuantos empezaron a hablarme. Pero duró muy poco, ya que dirigieron su atención hacia el sombrero seleccionador con otro niño sentado.
Por mi parte mi asiento daba una perfecta vista hacia "ella". Le hice un rápido análisis visual; sus ojos de un verde único en ella, pelinegra ahora, pero ese no era su verdadero color de cabello, no importa cuánto trataran de disfrazarla, su esencia era la misma.
Ella estaba tan tranquila mirando … no sé qué estaba mirando, pero estaba demasiado tranquila.
Joder … cuando anunciaron su casa no se escandalizaron tanto como en la mía.
Casi pude presenciar la envidia atravesando mi corazón.
Sonreí divertida ante esa sensación.
No estoy para niñerías.
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Pasaron varios minutos y todos los nuevos ya estaban en sus respectivas mesas; el Director Dumbledore dio un pequeño discurso, y el gran banquete dio inicio.
Pasteles, puré de manzana y de papas, tartas, pollos y pavos rostizados, bebidas de diferentes colores, galletas, tartaletas y mucho más; aparecieron en las cuatro largas mesas, nadie espero ni un poco más y devoraban lo primero que encontraban.
Yo, con todos los modales que me enseñaron desde que tenía memoria, que por cierto ya me tenían harta, comencé a comer, miré a mi alrededor y pocos en esta mesa tenían "los modales de etiqueta en la mesa" que con tanto esfuerzo me enseñó mi padre, porque, a decir verdad, él era el más tiquismiquis de los cuatro en casa, cinco contando a Dobby. Este "tipo de modales" se encontraba frecuentemente en la mesa de Slytherin, y si no los tenías, pues hasta donde yo sé, se encargaban "muy amablemente" a enseñarte. Di un vistazo a esa mesa, y realmente fue así.
Mi hermano me miraba ceñudo, le desafié con la mirada y sonreí, como si esto fuera lo más divertido del mundo.
Aparté mi mirada y volví a fijarla en la mesa de Gryffindor. Ella ya había comenzado a comer, con más vehemencia que yo.
De un rápido vistazo noté que no hablaba con nadie.
En ese instante solo deseaba que ella no tuviera metida en la cabeza eso de "¡las sangres puras son mejores en todo!". Otra estupidez. La pureza de sangre no tenía nada en especial, no teníamos ningún poder diferente que no queríamos transferir con las demás personas, nuestro control de la magia no era mejor que de cualquiera, era de lo más normal, ¡es más! La otra vez, a escondidas, revisé las notas de mi hermano, y he de decir que no eran las mejores, tenía muchos altibajos. Nada nos diferencia del resto.
¡Ah, no!, si hay algo que nos diferencia del resto.
Nuestra arrogancia.
Sacudí levemente la cabeza en busca de despejar mis ideas y seguir comiendo tranquilamente; y, por el bien de mi salud mental, pude. Volví a analizarla.
Siempre discreta nunca indiscreta.
Otra cosa que noté, es que no comía otra cosa que no fuera … carne o presas. Dejaba toda la verdura a un costado del plato y bebía solo era agua, tampoco comía de los postres de la mesa, lo cual es raro porque ella amaba los dulces; también dejaba las menestras, los cereales y las frutas.
Parece una niña mimada.
Sacudí levemente la cabeza ante esa idea, ella no es así y jamás lo sería. Conociendo a su padre, estaba casi segura de que nunca la educaría así.
Volví a mirarla, y sonreía divertida ante lo que estaba viendo. Ella estaba siendo regañada por alguien que era un año mayor que ella por no comer sus vegetales. Aseguraría, según alguno de los relatos de mi hermano, que esa niña se llama Granger. Que, por cierto, la mencionaba con mucho odio solo por ser una nacida muggle.
Y, en efecto, otra característica de mí es que yo jamás llamaría a los nacidos muggles como lo hace mi familia.
Sin darme cuenta me volví a enojar, era como si el ácido se posara sobre mi estómago y mi corazón.
Volví a sacudir la cabeza.
Y, otra vez, volví a observarla. Si alguien me viera así y pensara que soy una acosadora, bueno, yo no los culparía …
Por su apellido, también debería estar en Slytherin, no obstante, acabó en Gryffindor.
Nunca esperé verla aquí, pensé que estaba sola. Verla aquí me llenaba de felicidad, mis ojos empezaron a arderme al recordar nuestra amistad, de seguro perdida. Porque cuando nos vimos en el tren ella no … yo …
No…
No lloraría ni aquí ni ahora.
Ahora lleva otro apellido y otro nombre, al igual que yo.
No me esmeré en buscar a los demás. Por eso no encontré a nadie.
Bueno, ¿qué más podía hacer una mocosa de 11 años?
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Pasó alrededor de una hora y todos estaban satisfechos por el gran banquete. Nosotros, los nuevos, pudimos conocer a varios fantasmas. Tuve una conversación "agradable" con un tal Zacharias Smith, una persona algo superficial, también conversé con una niña llamada Susan Bones, ella era tan kawaii que me daban ganas de abrazarla y apretarles los cachetes hasta que exploten. Que, por cierto, con esta fuerza que tengo no era tan difícil …
El director Dumbledore dio fin al banquete desapareciendo todos los platos y vasos de las cuatro mesas de un simple movimiento de varita. Y por último nos dio una advertencia sobre el bosque prohibido.
La profesora McGonagall nos ordenó que siguiéramos a los prefectos de nuestras respectivas casas. Todos se pararon y obedecieron. Yo también, pero alguien me agarró fuertemente del brazo.
— ¿Pero qué…? — mi voz se apagó cuando vi a mi "opresor".
— Esto debe ser un enorme malentendido, enviaré una lechuza a padre para que arregle esto — me hablaba en susurros, sin embargo, algunos curiosos se nos quedan viendo. — saldrás de esa mugrosa casa antes de que te des cuenta — terminó con una sonrisa maliciosa.
— A veces no te reconozco, Draco. — de un brusco tirón me alejé unos pasos de él.
— Y yo a veces no sé de donde sacas esa actitud, Margarette — se cruzó de brazos, cada vez había más personas observándonos, esto empezaba a incomodarme.
— Hablaremos mañana, estoy cansada — solté un suspiró exasperado — esta es mi casa de a partir de ahora, ni papá, ni todos los galeones de la bóveda Malfoy me sacarán de aquí, ve acostumbrándote — de forma infantil le saqué la lengua y me fui corriendo de ahí.
— Mañana hablamos Maggie — le escuché casi como un susurro.
Mi hermano a veces era insoportable.
Pero no lo culpo.
Todo el mes me ha estado diciendo como era Hogwarts por dentro y sus secretos, la mayoría de veces hablaba solo de Slytherin.
Me había dicho TODO sobre Slytherin, sobre sus dormitorios, su sala común, el fantasma de su casa, hasta me dijo el cómo entrar. Estaba tan ilusionado.
En el tren me presentó a sus "amigos".
Que a mi parecer era una amistad tóxica, pero si él era feliz …
Recuerdo no haberme quedado mucho tiempo en el vagón de Slytherin, hice bien en irme a la primera oportunidad que tuve, conocí a algunas personas.
Uno de ellos era un par muy singular, unos gemelos, George y Fred Weasley, las personas a su alrededor no los podían diferenciar del uno o del otro.
Pero yo sí.
Mi padre una vez me contó sobre los Weasley, me decía que eran unos alborotadores y traidores de la sangre; y que tenía que alejarme de ellos, Draco asentía fervientemente cuando escuchó esta "recomendación" por parte de padre.
Pero yo no los veía así, no conocí a su hermano menor Ron, supe de su nombre tras una mención de Fred y George sobre que no lo veía a ningún vagón con su amigo Harry, sabía que eran amigos junto a Granger por los relatos que a veces me contaba Draco, era gracioso verlo fruncir el ceño y murmurar sobre ellos, bueno, en fin, una conversación que no tenía mucha importancia, pero si conocí a su hermana menor Ginny, que está en el mismo año que yo, era muy graciosa, pero no tanto como sus hermanos. Los había visto, traté de conocerlos lo mejor que pude en un corto periodo de tiempo, y te podría decir que son bastante nobles y divertidos, le hacen justicia a su casa Gryffindor.
También conocí a una tal Luna, la primera vez que la vi me puso los pelos de punta, no me malinterpreten, no era su forma de ser o de vestirse lo que me hiso sentir incómoda, tampoco sus bonitos ojos saltones, era su mirada, eso me perturbaba, así estén a través de esos lentes, que nunca en mi vida usaría, sentía que podía mirar a través de mí, de mi alma.
Como si supiera mi más grande secreto.
Traté de no demostrar lo mucho que me afectaba, e hice bien, a los pocos minutos entablamos una conversación muy divertida, y se podría decir que hice mi primera amiga.
¡Bien Ino, bien!
¡Huy, perdón! Que es Margarette
Bien, me estoy saliendo por las ramas, conocí a un tal Neville Longbottom, con solo mirar directamente a sus ojos pude notar lo atormentada que llegó a ser su vida, vi la tristeza y la ligera melancolía en ellas, vi esa mirada varias veces en shinobi experimentados. Pobre, tan joven …
Hablar así me hace sentir tan vieja.
Bueno yo realmente era … vieja.
Es decir, espiritual y mental, porque físicamente estaba en plena flor de la juventud.
Estábamos llegando a la sala común de Hufflepuff, que curiosamente estaba en el mismo pasillo de las cocinas de Hogwarts, cuando recordé esa frase. De no ser por mi buen autocontrol me hubiera carcajeado, así pude reprimirla en una risita discreta.
Neville está en Gryffindor, al igual que Fred y George, tan asustadizo y tímido, al principio no entendí por qué estaba en esa casa, se suponía que ahí entraban los "valientes". Por su gran compañerismo, dedicación a mejorar y su amabilidad, pensé que estaría en Hufflepuff, pero entendí porque no quedó ahí. Con mirarlo otra vez, comprendí.
Tener el corazón roto, por razones que posiblemente nunca conocería, no derramar ni una sola lágrima en frente de tus amigos y siempre sonreír. Eso es de valientes.
El prefecto de nuestra casa se detuvo enfrente de las puertas de Hufflepuff y nos explicó la manera de como entrar a la sala común y como estarán divididas nuestras habitaciones.
Además, para llegar a ser valiente, antes hay que tener miedo.
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