N/A: Hola, aquí les dejo el capítulo 4 de esta historia...lean y disfruten C: acuérdense que solo actualizo sábados o domingos, no los entretengo más. Les aviso que en este capítulo Ikuto empieza a sentir cosas por la niña ;)
Los personajes de Shugo Chara no me pertenecen, son de Peach-Pit...
Capítulo 4.
Pov' Ikuto.
Comimos en silencio, un cómodo silencio entre nosotros dos. El parque era muy atractivo en el horario nocturno, había unas cuantas parejas de enamorados caminando mientras se tomaban de las manos, había padres con sus hijos paseando, etc. Era un lugar digno para admirar y respetar. Como los árboles eran altos las luces de la ciudad eran atajadas por estos y quedaba casi todo a oscuras, la luz de la luna era lo único que alumbraba este lugar.
– Oye Amu, ¿Terminaste de comer? – dije mientras me paraba del banco y la miraba.
– Si... ¿Ahora a donde vamos? – se colocó delante de mí.
– A mi casa – empecé a caminar para salir de este parque.
– ¡Oye, espérame! – corrió hasta alcanzarme, yo solamente me limité a soltar una corta carcajada.
– Bueno –
Caminamos un corto tramo y llegamos a las calles concurridas, ahí tuvimos que intentar pasar desapercibidos pero no sirvió de nada.
– ¡Oigan! ¡¿Ese no es Tsukiyomi Ikuto?! – gritó una adolescente.
– ¡Si, es él! – gritó una mujer más grande.
– ¡Tras él, chicas! – gritó una ancianita divertida. Inmediatamente Amu y yo empezamos a correr por nuestras vidas, literalmente.
– ¡¿A dónde vamos?! – me preguntó sin dejar de correr, Amu.
– ¡Doblamos a la derecha, una cuadra y está el auto! – Corrimos como nunca, al menos para mí y justo antes de llegar al auto alguien pregunta gritando.
– ¡¿Esa no es Amu Hinamori?! – la habían descubierto. Entre nosotros dos nos dimos una corta mirada y corrimos más rápido hacía el auto.
De lejos, pero faltando una cuadra, le desactivé la alarma y desactivé el seguro de las puertas. Cuando lo tuvimos a la vista Amu me preguntó.
– ¿Ese es tu auto? –
– Si – suspiré. Corrimos un corto tramo y entramos al auto, yo de piloto y ella de co-piloto.
– Lle-llegamos – dijo ella intentando controlar su respiración.
– S-si – nos miramos y reímos.
– Pensé que íbamos a morir – me dijo una ves que pudo controlar su agitación.
– No sé si era para tanto – dije encendiendo el auto pero deberán saber que la suerte hoy no está de mi parte.
– ¡Ahí están ambos! – gritó una chica apuntando a mi auto, al instante mi vehículo fue rodeado por una "manada" de mujeres muy necesitadas.
– Amu, agáchate y no levantes la cabeza hasta que yo te diga ¿Entendido? – la miré y ella obedeció como niña buena.
– Si – con lentitud y tratando de no arrollar a nadie empecé a avanzar. Mientras las mujeres golpeaban los vidrios del auto. Recién cuando tuve mi camino libre por delante, pisé el acelerador con todo y me largué de ahí.
– Ya está – le dije acariciándole la cabeza con mi única mano libre.
– Esas mujeres daban miedo – me habló sonriendo.
– Si, hay veces que son peores y empiezan a manosear donde no deben, es molesto –
– ¿Manosear donde no deben?, no entiendo ¿Qué significa? – o Amu era muy inocente o me estaba intentando incomodar. La miré a los ojos y un segundo me tomó para darme cuenta que solo era mera curiosidad.
– Bueno...ella ponen sus manos en lugares donde no deben – me había incomodado, nunca llegué a pensar que una niña de tan solo 11 años me iba a colocar así.
– Sigo sin entender ¿Dónde no deben poner sus manos las mujeres? – después iba a tener que pedirle a Utau que le explicara varias cosas...varias no, demasiadas cosas sobre este tema.
– Hummm...en casa te explico, ¿Vale? – ella asintió sonriéndome.
En todo el camino a casa estuvimos en un total silencio, mientras yo iba concentrado en el camino, ella solo sonreía asombrada por el paisaje y por los altos e imponentes edificios. Algo que no entendía bien era el por qué se asombraba tanto de unos edificios, si ellos eran comunes en Japón.
– Oye Amu – ella me miró con interrogación – ¿Nunca has visto edificios, carteles, etc.? – fue una pregunta bastante estúpida de mi parte.
– Verlos los he visto, pero por la televisión nunca en persona –
– Perdón por mi pregunta pero ¿Por qué nunca los has visto en persona? –
– A decir verdad, nunca me dejaron salir de casa, era como que era una cautiva, nunca tuve amigas o amigos por eso mismo – su mirada se ensombreció.
– Digo, ¿No ibas al colegio? – me fui metiendo despacio en su vida personal.
– No, mis padres le pagaban a profesores particulares por lo que no salía de casa – sonrió con tristeza, ahí me di cuenta que le hice recordar a sus padres.
– Perdón, no fue mi intención hacerte recordar a tus padres – la miré con pena.
– Está bien, no pasa nada...ahora mismo deberían estar en un lugar mucho mejor, desde allí seguramente estarán velando por nuestro bienestar – se limpió unas lágrimas.
– Vos lo acabas de decir, no tienes que llorar si ellos están en un lugar mucho mejor que acá – le acaricié la cabeza.
– Gracias, Ikuto –
– De nada, pequeña gatita – le sonreí mostrando mi perfecta dentadura.
– ¿P-p-por qué eso? – se sonrojo.
– ¿Pequeña gatita? – Asintió – Bueno, eres pequeña de eso no hay duda y gatita fue por que...cuando te limpiaste las lágrimas, lo hiciste con los puños cerrados y de la manera en la que un gatito se limpiaría los ojos –
– No importa, me gustan los gatitos – sonrió con alegría.
– ¿Querrías adoptar alguno? – siempre me han gustado los gatos pero Lulu los odia, por eso no he adoptado ninguno.
– ¡Si! – sonrió feliz.
– Bueno, mañana a la mañana, como a las 8 en punto, vamos ¿De acuerdo? – ella asintió.
Llegamos a la casa, estacioné el auto y bajamos.
– ¿Esta es tu casa? – me preguntó Amu, yo asentí sonriendo – Es igual a la mía – suspiré entristecido – ¿Qué pasa, dije algo malo? – yo negué, la tomé de la mano y fuimos a la puerta, ahí estaba Utau que al verme se me acercó rápido.
– ¡Eres malo, Ikuto! Tuve que aguantar a Lulu toda la maldita hora – yo sonreí y apunté a Amu, la cual se había escondido detrás de mí.
– Ella es Amu Hinamori – Utau abrió los ojos sorprendida.
– ¡Ella es Amu Hinamori! – dijo un poco sorprendida.
– Es obvio, sino te hubiese dicho cualquier otro nombre – le sonreí irónicamente.
– Un gusto Amu, mi nombre es Utau Hoshina – se inclinó un poco.
– Hola – sonrió Amu poniéndose al lado mío sin soltar mi mano.
– ¿Vamos adentro? – me miró y yo asentí.
– ¡Chicos, Ikuto ha vuelto con alguien! – gritó Utau, al instante todos mis amigos estaban acercándose.
– ¡Ikuto, ya era hora de que vinieras! – me dijeron todos a la ves en modo de reproche.
– Lo siento, me retrasé porque una pequeña niña tenía hambre – la alcé a hupa a Amu.
– Ella se parece a alguien – dijo Kukai pensativo.
– Ella es Amu Hinamori, la hija de Tsumugu Hinamori y Midori de Hinamori – habló Utau tranquila, todos abrieron los ojos sorprendidos.
– ¿Enserio? – preguntaron los gemelos, yo asentí.
– Si, al final, como yo pensé fue Hikari el que provocó el accidente en la autopista – les dije mirándola, ella estaba mirando todos los detalles de la sala.
La sala era el ala más grande de la casa, su piso era de madera al igual que el techo, las paredes estaban pintadas de un color vino suave, había dos sillones individuales y dos más grandes, cada sillón estaba en frente de una mesita de vidrio, había un pequeño bar, en una esquina se ubicaban dos estantes llenos de libros, había un gran ventanal al costado de la chimenea y por último había tres fotos: una mía, otra de mis amigos y en la última es en la que estábamos todos.
– ¿Ella no tenía un hermano? – dijo Nadeshiko.
– Si, pero antes de poder comprarlo una mujer extranjera se lo llevó – suspiré cansado – Lo peor de todo es que al salir de aquel lugar, aparecieron mis fans – oí reír a Utau.
– Pues te falta lidiar con otra – me dijo aun riendo.
– ¿Cual? – la miré asustado pero sin demostrarlo.
– ¡Amor! – un escalofrío me recorrió mi espina dorsal – ¿Dónde estabas? – me giré y la vi...a Lulu.
– No te incumbe – le dije fríamente dejando a Amu en el piso, la niña solo miraba a Lulu.
– ¡Querido, si que me incumbe, acuérdate que soy tu futura esposa! – se me acercó meneando su cadera de manera exagerada, empujó a Amu y esta antes de caer al piso Kukai la agarró y alzó.
– No la vuelvas a tocar, Lulu, acuérdate tu posición – le dije toscamente mientras miraba a Amu para cerciorarme de que estuviera bien.
– Estoy bien, Ikuto – me sonrió.
– Bueno...Chicos ¿Por qué no acompañan a Amu a conocer la casa? – le acaricié la cabeza.
– ¡Buena idea! – gritaron Utau y Yaya, caminando se llevaron a Amu y yo me quedé con Lulu.
– ¿Quién es esa niña? – se sentó en un sillón – Se veía muy pegada a ti – me miró enojada.
– Esa niña es importante, así que no te le acerques o no verás la luz del día – le dije de manera cortante.
Subí las escaleras y busqué mi celular, marqué un número y esperé...
– ¡Hola, Kairi! –
– Hola, ¿Qué buscas? –
– Muebles, pintura, juguetes, ropa –
– ¿Para ti? –
– ¡No! Es para una niña de unos 11 años –
– Bueno...vengan mañana como a las 10 de la mañana –
– Gracias, Kairi –
– De nada viejo –
Ahí terminó la llamada. Dejé el celular en la cómoda y me tiré en la cama. Tocaron la puerta y escuché voces, por lo que pensé que eran los chicos y no me equivoqué.
– ¡Pasen! – entró Kukai con Amu en brazos, esta al verme me sonrió con alegría. Kukai la puso en el piso y ella se me tiró encima abrazándome, esto nos sorprendió a Kukai y a mí.
– ¡Me encantó tu casa! – empezó a frotar su cara con mi pecho.
– ¿Enserio? – le acaricié la cabeza riendo, ella asintió.
– En especial me gusto mucho el patio, ¡Es gigante! –
– Me alegro mucho –
– Ikuto... ¿Qué hacemos con Lulu? – me dijo Kukai.
– La pueden echar...hagan lo que quieran con ella –
– Ikuto ¿Dónde voy a dormir? – se fregó los ojos.
– Hoy y mañana conmigo, porque tenemos que preparar tu cuarto – ella me besó la mejilla y yo la miré sorprendido.
– Gracias por todo lo que has hecho por mí – le sonreí y la arropé al lado mío.
– No es nada – le besé la frente, me arropé junto a ella y me dormí. No me había dado cuenta que una chica nos estaba espiando.
– Esta me las vas a pagar Tsukiyomi Ikuto –
Día siguiente. 6:35 AM.
Me levanté con cuidado de no despertar a la niña, cogí algo de ropa de mi gigante armario y me fui a bañar. Una ves que terminé de prepararme bajé a la cocina, ahí estaban Kukai y Utau a los besos y divertido les arruiné el momento.
– Vaya, vaya, vaya...bajo por el desayuno y me encuentro con una escena de fogosos y apasionado besos – entré y los vi rojos como unos tomates bien maduros.
– ¡I-Ikuto! – se tapó la cara Utau.
– Solo venía por dos cosas: una preparen el desayuno, dos ¿Qué hicieron con Lulu? –
– Ah, Lulu está en una habitación para las visitas – me avisó Utau.
– Bueno... – suspiré y fui a mi cuarto. Al llegar prendí mi tablet y me tiré en un colchón de agua que estaba en el piso.
Pasaron 30 minutos y tocaron la puerta.
– ¡¿Qué?! – grité sin moverme.
– ¡El desayuno está! – gritó Utau.
– Utau, ¡Entra! – ella entró y me miró.
– ¿Qué pasa? – se acercó a Amu.
– Como a las 10:50 vamos al mercado por ropa y demás para ella y te necesito para la ropa – Utau sonrió y asintió.
– Hummm...Lulu despertó y está en el comedor esperándote – yo sonreí con burla.
– Va a tener que esperar, ya puedes ir – Utau se fue y me senté en la cama, miré a la niña, le aparté unos mechones de pelo que estaban en su cara y me acerqué un poco, miré sus labios, en mi interior sentí el deseo de posar los míos sobre los suyos, era algo inexplicable y sin pensarlo más...la besé. Posé mis labios sobre los de la niña. Me separé de ella y noté que empezó a removerse, entreabrió sus ojos y me miró.
– ¿Qué hora es? – se sentó y fregó sus ojos.
– Son como las 7 de la mañana – me levanté y fui a mi armario, ahí saqué un cepillo y se lo di. Ella se empezó a peinar.
– ¿Por qué me levantaste tan temprano? – me alarmé, capaz que se dio cuenta de que la besé.
– Yo no te desperté, lo hiciste sola –
– Bueno, no importa – me entregó el cepillo y lo dejé en el lugar del que lo saqué.
– Vamos, el desayuno está servido – le avisé, ella asintió sonriendo.
Salimos de mi habitación y bajamos las escaleras, fuimos al comedor y al llegar noté que Lulu había corrido a todos a una punta y ella estaba al costado de la otra.
– ¿Por qué están todos así? – me preguntó Amu agarrándome la mano.
– No se – me acerqué a la punta en la que estaba Lulu y le indiqué a Amu que se pusiera en la punta, yo me puse al lado de ella y al frente de Lulu, noté como los demás sonreían.
Kukai sirvió la comida y todos empezamos a desayunar.
– Ikuto ¿Hoy iremos a comprar los gatitos? – me preguntó sonriendo Amu.
– Si, gatita, y luego debemos comprar las cosas para tu cuarto – ella se bajó de la silla, me abrazó y me dio un beso en la mejilla.
– ¡Gracias! – los demás sonrieron, menos Lulu. Terminamos de desayunar y Lulu dijo que tenía que retirarse y se fue.
– ¡Si, la chica maniquí se fue! – gritaron Utau y los gemelos.
– ¡Utau! – Ella me miró – Con Amu vamos a comprar los gatitos – ella asintió.
Con Amu fuimos hasta el auto y pisé el acelerador para ir la veterinaria más cercana.
Fin Pov' Ikuto.
N/A: jijiji, ese Ikuto es un aprovechado ¿No?, perdón por no poder publicar más seguido pero...es lo único que puedo hacer momentáneamente. Espero que les haya gustado. Cuídense y besos :)
