!Aquí está la actualización! Lo sé, después de medio año, pero algo es algo ¿no? Un agradecimiento a Liz Azakura por sus reviews, creía que era la única que dejaba uno !pero no! mi sorpresa fue cuando vi otro, por lo que este capítulo lo dedico a ellas dos, por haberme hecho saber que les gusta el fic.

Capítulo 4 Efímera felicidad

"¿A quién se lo vas a dar?"

"¿Es alguien especial?"

"¿Está hecho a mano?"

"¿Crees que lo acepte?"

Esos y más comentarios inundaban el salón de clases. Kirei simplemente quería que todo acabara ya, que ese día y el siguiente pasaran rápido. Realmente se lamentaba lo vanas que eran las chicas de ese lugar pensando que con un chocolate comprado y minuciosamente decorado podrían llegar al corazón de un chico, quizás de alguno igual de superficial que ellas.

No podía evitar sonrojarse al evocar el día en que cumplió doce años, un día donde también las chicas daban sus chocolates a los chicos, la vez que sin saber muy bien porqué, le dio uno a Saruhiko como muestra de su amistad, tenía doce años y aún no sabía lo que ese día significaba para los demás, estando siempre recluido en su casa o el cuartel.

El rostro sorprendido de Fushimi era digno de recordar, cuando le extendió la caja de chocolates y los demás soldados se habían largado a reír jocosamente, el pobre Kirei estaba hecho un farolillo, entonces Saruhiko resolvió llevarlo de ahí a otro lado donde las risas de sus compañeros no perturbasen la poca tranquilidad del pequeño príncipe. Ese día Kirei recibió su primer beso cuando Saruhiko le dijo que le agradecería su regalo, fue una extraña mescolanza de saliva y ansias que no supo identificar, el aliento a café del soldado lo dejaron con ganas de más, en ese momento por su inocencia no sabía que eso estaba mal, que Fushimi era mayor y ambos eran hombres, pero fue Munakata quien le abrió los ojos cuando llegó y los encontró a ambos ahí, en el lugar donde lo dejó con el rostro ladeado gracias a la bofetada que le había propiciado. El hombre estaba escandalizado y rojo de la ira cohibiendo ligeramente el temple sereno de Kirei de ese entonces, los días que siguieron a ese no vio a Fushimi, entonces supo que su padre lo había mandado a una misión larga para hackear toda una red, dos meses después Saruhiko volvió pero no le dirigió la palabra en dos largos días que aprovechó para dormir, después de ese tiempo, y por insistencia del Kirei, Saruhiko volvió a hablarle como antes (y no es que antes le hablara Esa fue la primera vez que besó a alguien, la primera y última vez que recordaba haber sentido esa sensación.

Regresó a la vida real por los variados chillidos de sus compañeras de clase. A su lado Wakaba platicaba con Yuuki sobre lo que pasaría al día siguiente, las chicas tan efusivas ese día en verdad lo espantaban.

—Todas están realmente ansiosas, ¿no crees?—preguntó Wakaba casualmente mirando el pequeño grupo que estaba delante de ellas como, acaso estaría sorprendida, acaso igual de emocionada que ellas, el caso era que Kirei nunca lo sabría por la cara de póker que tenía la muchacha en cuestión.

—Después de todo mañana es San Valentín, solo se celebra una vez al año—dijo Yuuki sonriente. Y en ese momento el presidente de clase iba pasando refutando que las chicas solo le darían chocolates a los de la clase nocturna, y por todo lo que vio y oyó al parecer era cierto, ninguna tenía intenciones de darle a los pobres chicos de la clase diurna, bien, mal por ellos.

Yuuki se puso nerviosa cuando Sayori apunto un papel que tenía semi cubierto por su cuaderno diciendo que si iba a darle un chocolate "especial" a alguien, la Cross se escandalizó cubriéndolo con su propio cuerpo, con su rostro asemejando a un semáforo.

—Alguien nos está fulminando desde atrás—dijo Wakaba, al tiempo ambas sabían que era Zero, esa aura tan pesada que tenía Kiryu no podía ocultarla tan fácilmente. Kirei que por desgracia llegó tarde y no alcanzó otro lugar estaba sentado a un lado de Yuuki siendo participe pasivo de todo el show, y en verdad quería que alguien terminara con su martirio en algún momento.

—A pesar de que eres una prefecta, ¿le vas a dar algo?—le reprochó Zero con voz cansada. Yuuki volvió a alegar que era sólo para demostrar su agradecimiento para con el Kuran, y hasta ese momento Kirei se dio cuenta de quién estaban hablando todo ese rato, porque tampoco es que él fuese un chismoso.

— ¿He…?—susurró entretenido Kirei viendo todo desde su asiento. No le interesaba el aburrido pasado de Yuuki, tampoco sus sentimientos por Kaname, sólo seguir disfrutando del triángulo amoroso que ella formó con o sin consciencia, resultaba divertido cuando lo miraba desde otro punto de vista, uno en donde él sólo miraba y reía.

— ¿Qué?, ¿Kiryu-kun?, ¿Munakata-kun?—preguntó asombrada una chica más arriba. Kirei escuchó su nombre y tuvo curiosidad por saber que tendría él que ver en esa conversación. Se topó con dos chicas sumamente sonrojadas que hacían el intento de tapar la boca de la chica que había dicho lo anterior, no tenía ni idea de que atrajera la atención hacia su persona, pero se sentía bien sentirse atractivo.

—Es verdad, ¡nosotros los tenemos a ellos dos!—expresó un chico esperanzado volteando a ver a los mencionados.

—Ambos tienen un nivel académico perfecto y son buenos en deportes—concordó el otro sentado en la mesa—sí, son Kiryu y Munakata, nuestras estrellas de la esperanza…—en ese momento los dos chicos fueron víctimas de la mirada fulminante de Zero, Kirei por su parte tenía cosas más importantes en qué pensar, como el hecho de que ya no hubiera chocolates en las tiendas y que el mismo tendría que preparárselos si es que quería probar alguno.

—Tal vez deberías parar…—sugirió una chica a su amiga viendo el aura asesina de Zero.

—Él es imposible—dictó finalmente el chico fulminado por la mirada de Zero, Munakata solo soltó un suspiro pesado, el ambiente era más o menos parecido al que había en el cuartel, y eso era sinónimo de nostalgia para Kirei.

/

Cuando las clases terminaron los tres fueron a ver al director para recibir instrucciones para esa tarde. El director estaba preocupado por la identidad de los de la clase nocturna y que pudiera ser expuesta, por eso pedía extremo cuidado al día siguiente. Zero se había molestado por el hecho de que Kaien haya alabado a los vampiros diciendo lo muy lindos que eran.

—Bueno, los vampiros han sido enemigos de la humanidad desde antes pero…hay vampiros que desean coexistir con nosotros pacíficamente—dijo Cross mirando por la ventana. Por la mirada dura que Zero mantenía Kirei se atrevía a afirmar que el chico odiaba a esos seres, ¿por qué?, eso era un completo misterio.

—Kiryu-kun, aun si es imposible ahora, me gustaría que me entendieras algún día—con voz seria Kaien expresó lo que realmente deseaba. Zero simplemente volteo el rostro molesto.

—Eso es imposible, mientras el pasado no desaparezca—la voz de Zero sonó dolida de algún modo, la mirada preocupada de Yuuki sobre él le hizo saber que estaban hablando de cosas que eran en "familia" y que simplemente a Kirei no le incumbían, así que resolvió salir del lugar.

— ¿Es porque succionan la sangre vital de las personas, y son bestias con forma humana?—preguntó serio Cross. Zero no dijo nada manteniéndose en silencio, después de unos momentos en que Yuuki dio sus regalos al director y a Zero disculpándose con Kirei por no darle uno, estaban dispuestos a salir.

—Munakata-kun, me gustaría hablar con usted—pidió el director deteniendo a Munakata a media puerta. Resignado Kirei regresó en silencio esperando lo que tuviera que decirle. Cross entendió el mensaje, se puso serio—me gustaría pedirte un favor—dijo totalmente serio asustando al chico que solo se atinó a ponerse nervioso, por alguna razón sentía que no le gustaría para nada lo que el director le fuera a decir—primero que nada, feliz casi cumpleaños—dijo sonriente el hombre—ahora, verá…—

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Cuando al fin las insufribles clases dieron fin, otro martirio les esperaba en la entrada de la academia, tener que controlar a las excitadas jovencitas que clamaban con fervor la entrada de los vampiros, Kirei suspiró resignado, lamentándose el haber aceptado la maldita propuesta del director, porque no es como si hubiera tenido alguna otra solución.

Algunas chicas intentaban regatear con Zero para que las dejara dar sus presentes ese día, pero simplemente el chico se mostraba inflexible ante eso, no iba a ser sancionado por las burradas de alguien más. Yuuki era empujada con frecuencia por las chicas que querían ver a los estudiantes de la clase nocturna entrar; Kirei por su parte utilizaba una técnica más eficiente, ignorarlas, de esa manera ellas pensarían o se sentirían menos y comenzarían a cuchichear entre ellas para saber la razón de eso, simple reacción inversa, no necesitó fulminarlas con la mirada como Zero.

Casi se cae por el salto que pegó por culpa de Yuuki y su maldito silbato sonándolo sobre la muralla, las chicas también comenzaron a quejarse por la interrupción y Zero parecía acostumbrado a eso.

— ¡Dar chocolates antes de la fecha oficial está prohibido!—comenzó su discurso amenazando con suspender el evento si se rompían las reglas.

Una chica intentó subirse al muro con ayuda de otra, pero fallo en el proceso cayendo ambas al suelo, el cual nunca tocaron gracias a los dos prefectos que impidieron eso. Zero atrapó en el aire a la chica de trenzas y lentes que iba a subir mientras que Kirei solo evitó que la otra cayera al suelo atrapándola por mero reflejo, como deseo nunca haber hecho eso.

—Si alguien rompe las reglas, el evento será cancelado—amenazó Zero en general. Munakata suspiro irritado, vaya día de locos que había tenido sin contar la noche, no pudo dormir por la maldita preocupación, quizás durante su turno de vigilancia durmiera un poco, no, no quería ser la cena de algún chupa sangre suelto.

Y al fin salieron los tan aclamados chicos de la clase nocturna. El tal Aidou parecía tan alegre como siempre saludando a cada chica que también lo hacía mientras los demás solo miraban aburridos. Yuuki fue empujada varias veces por las chicas hasta que logró estabilizarlas perdiendo sus ojos castaños en la figura de Kaname por un momento hasta que el chico en cuestión la saludo ligeramente, la castaña le devolvió el saludo exageradamente siendo las chicas suprimidas sus espectadoras fulminantes.

—Buenos días, Kirei-kun—dijo Kaname al pasar a un lado del joven cruzado de brazos, en ese momento la menuda figura del príncipe se le antojo terriblemente singular por la expresión aburrida que su rostro mostraba, uno de sus ojos castaños cubierto por un mechón de cabello azabache junto con esos lentes de grueso marco, las mangas recogidas hasta arriba con una cadena en la muñeca de donde colgaba un cascabel; no, sacudió su cabeza ligeramente sorprendido de sus propios pensamientos para nada normales hacia el chico de azul.

—Buenos días, Kuran—respondió como si nada Kirei viendo a cada uno pasar, parecían desfilar, y cuándo le dio la libertad al Kuran de llamarlo por su nombre ¿he?, iba a reclamarle pero la sonrisa tenue en el pulcro rostro del vampiro lo dejó helado, sólo a una persona lo había visto sonreírle de esa manera, y no era a él. Contempló la sonrisa como si eso fuera lo más bello que estuviera en ese momento a su alrededor, ¡Pero qué demonios pasaba con él!, estaba mirando así a otro chico ¡Por Dios, otro chico! Trató de tranquilizarse pensando que posiblemente fuera normal tras varias noches de desvelo continuo.

Kaname alejó su atención de Kirei para ver a Zero, molesto, irritado más que nada.

—Kiryu-kun, ¿cómo te sientes?—preguntó parcamente mirando frente a él al Kiryu contraerse de la ira—por favor cuidate—dijo antes de dar media vuelta y regresar con los otros, Kirei miraba con entretenimiento mal sano la situación que en otro momento quizás lo hubiera preocupado.

Zero cerró con fuerza sus puños— ¿te gustaría comprobarlo?—eso fue un reto, estaba seguro—siempre seré tu oponente…Kuran-sempai—terminó de decir Zero viendo fijamente a Kaname alejarse, la situación se estaba volviendo un poco peligrosa en ese momento.

En el ambiente alcanzó a notar un curioso cambio con las auras que lo rodeaban, estaba consciente de la de los vampiros, también de algunos strains cercanos, pero esta que sintió era diferente a la que otorga el Slate pero parecida de alguna forma a la de los vampiros sin serlo, extrañamente tuvo el presentimiento de que Zero estaba involucrado en eso, más por el extraño comportamiento del Kuran hacía Kiryu que por otra cosa.

/

Estaba en la cocina después de haber preparado sus chocolates, hizo de distintos tamaños y formas y algunos rellenos también, pero el problema radicaba en que hizo demasiados, más de lo que su cuerpo soportaba comer. Se había dejado llevar por las llamativas figuritas de algunos moldes y los colores de algunos rellenos que no notó que hizo muchos. "Que desperdicio", pensó semi agobiado, "no", se dijo mentalmente, los repartiría a sus conocidos o podría concentrarlos en una sola persona para que no parezca raro, además, no es como si conociera a muchas personas.

Guardó lo que quedó en la caja donde venía la harina ya vacía, luego se encargaría de por lo menos forrarla con periódico.

Esa fue una buena manera de festejar él solo su cumpleaños anticipado una noche ya que no pensaba decirle a nadie más que al día siguiente era esa fecha, no en un día como ese.

Justo en el momento que salió Yuuki entró a la cocina, estuvo tentado a decirle que lo dejara, que él le daba los chocolates que le sobraron para que los regalara, pero luego se retractó, no, Yuuki no le caía muy bien por su absurda forma de ser, mejor no.

Iba cerrando la caja y algunos chocolates se cayeron debido a que puso demasiada fuerza dándole la vuelta completa. Los recogió con cuidado de no manchar el piso, en eso escuchó la extraña plática de Cross con alguien más:

—Aun si lo evitas, nada cambiará—se preguntaba a qué se referiría—aun así, te sobreesfuerzas hasta el último minuto—pego más el oído a la puerta, sabía que eso de escuchar tras las puertas y eso era de mala educación, pero no era conocido por seguir las reglas.

—Cállate—esa era la voz de Zero, lo escuchó caer pesadamente contra la pared y gemir de dolor por un momento.

—Te hará sentir mejor, así que bebela—desde donde estaba no podía ver nada de lo que ocurría. El sonido de un vaso rompiéndose le advirtió que Zero quizás había sido el culpable o que Cross lo exasperó de verás.

—Los ataques ocurrirán más a menudo, por favor entiende lo que pasará si sigues así—dijo serio el hombre con gafas—no, tú ya lo sabes—dijo antes de marcharse, desde eso Kirei también silenciosamente se fue de ahí, con la interrogativa de lo que estaba ocurriendo.

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Esa mañana su padre mandó un mensaje a través del PDA deseándole feliz cumpleaños, también sus amigos Akiyama y Goto algo cohibidos por las "informalidades" que se tomaban con el príncipe, incluso Awashima envió uno por mera obligación quizás, pero al menos estaba un poco feliz de que se acordaran de su cumpleaños ya que en años anteriores su padre no lo recordaba por tanto trabajo que tenía y justo cuando se iba lejos todos lo recordaban, que ironía.

La campana sonó anunciando el final de las clases. "Hora de mí tortura", pensó agobiado Kirei levantándose de su asiento. En la entrada le dio una pequeña bolsita cristalina con chocolates a Wakaba, casi no le hablaba pero igual decidió dársela a ella en vez de Yuuki, le explicó los por menores que lo llevaron a dar sus chocolates en ese día, la mayoría estaban rellenos de alguna cosa rara que solo duraba a lo mucho unos tres días, después de eso se pudría sin clemencia.

—¡Rápido, rápido, antes de que los prefectos vengan!—dijo una chica saliendo del lugar siendo seguida por otras más. Pesadamente caminó hasta la salida con rumbo a otro lado, Cross lo había chantajeado muy a su manera con involucrar a su padre en todo eso si no aceptaba, así que tuvo que aceptar, él sería la figura "moe" en ese día tan significativo para las chicas, ¡Cross lo había prácticamente obligado a trasvestirse de una lolita victoriana con un afanado vestido rojo! El maldito traje tenía holanes y listones hasta por donde no imaginaba, según Cross tenía una cara muy linda que inspiraba ternura con solo verla, un cuerpo perfecto que entallaría exactamente al vestido sin dificultades, además, tenía el cabello semi largo así que no habría problema con ello, resopló molesto, solo a él le pasaban ese tipo de cosas sacadas de algún manga shojo o yaoi, además, él para nada tenía un cuerpo que entallara la ropa, menos la femenina, porque era sumamente delgado y algo desgarbado a la hora de caminar.

Justo al lado de donde los vampiros iban a salir estaba una silla adornada con lazos rojos y blancos donde se suponía que iba a sentarse.

Las miradas curiosas de las presentes no se hicieron esperar, el vestido que llevaba era largo hasta más debajo de las rodillas con vuelo y encaje al final de color rojo, una medias blancas con zapatos rojos, las mangas eran largas y bombachas al final pasando un poco del codo hasta las muñecas escondiendo su cascabel, le tapaba el cuello y una pequeño chal rojo cumplía la función de disimular su falta de pechos, para finalizar una cinta roja con listones y encaje en forma de corazón adornaba su mar azabache, los lentes fueron dejados detrás y sus ojos podían ser contemplados con total libertad.

Un tic nervioso se apoderó de su ceja al ser el centro de atención de las miradas brillantes y fantasiosas de las chicas. Con parsimoniosa lentitud se ubicó en la silla destinada para la representación gráfica de ese día, maldecía su estatura, maldecía sus facciones afeminadas, maldecía haber estado en el momento y lugar equivocados.

Gracias a que Munakata tenía toda la atención sobre él al considerarlo las chicas tan lindo y adorable vestido así, fue mucho más fácil para los prefectos acomodarlas en las barandas destinadas a ellas y su distancia con los de la clase nocturna, ni Zero ni Yuuki podían creer que el chico se dejara hacer eso por Cross, aunque la última no podía negar que en verdad lucía lindo en ese traje.

Yuuki sonó su silbato al momento en que los chicos de la clase nocturna hacían su aparición, se detuvieron antes de entrar por completo para escuchar el programa a seguir que Yuuki explicaba. Kaname buscaba con la mirada a Kirei por alguna extraña sensación de desconfianza, pero no daba con él por ningún lado, hasta que sus ojos brillaron en reconocimiento al ver a una linda "jovencita" sentada en una silla demasiado llamativa y con una expresión de irritación, se preguntó qué estaría haciendo el muchacho vestido así ahí, aunque debía admitirlo, realmente se veía…raro, tomando como partida la figura que poseía.

—Etto…—unas tres o cuatro chicas rodearon al Kirei mientras tenía los ojos cerrados. Las miró inquisitivamente más o menos con dificultad por la falta de sus lentes, maldito Cross, le había dicho que no se los pusiera para no "arruinar" el momento— ¡Por favor acepte esto, Munakata-kun!—Kirei abrió sus ojos ligeramente de más, no se esperaba que las chicas de la vez pasada en verdad le fueran a dar algo, incluso la joven a la que impidió que conociera el duro suelo el día anterior estaba ahí también.

Lentamente tomó el presente, y las demás chicas aprovecharon el momento para extender sus propios chocolates al agobiado chico que sin más remedio los aceptaba. Algunas otras que estaban en las filas se salieron para extender tímidamente otras cajitas de chocolates hasta que dejaron al pobre azabache atiborrado de cajitas de diferentes colores y tamaños, con un escueto "gracias" despidió a la última chica.

No sabía exactamente qué hacer con tantas cosas y dónde ponerlas, simplemente las puso en el suelo, a un lado de él, estaba seguro de que esos chocolates si durarían más que los que él hizo.

Sin saber (o sin querer saber), Kaname fulminaba con la mirada a cada una de la chicas que ofrendaron a la "princesa del amor" (como en su mente se imaginó al verlo vestido así) que muy distinto a su naturaleza con él, de forma condescendiente les agradecía el presente con las mismas palabras con todas a modo de guión teatral o un barato cliché. Nuevamente fue sorprendido por la naturaleza de sus pensamientos, quizás nunca fue la persona (o vampiro) más sereno del mundo, pero jamás había tenido ese instinto de querer matar a alguien por el simple hecho de haberle dado un regalo a Munakata, lo que significaba que todas y cada una de las que desfilaron frente al joven estaban interesadas sentimentalmente por el chico. Deseó desaparecerlas en ese momento y dio gracias cuando la última se fue, viéndose sorprendido por la naturaleza de sus pensamientos y que estos no fueran dirigidos a Yuuki.

Zero y Yuuki tenían más trabajo del que pensaron, no solo tenían que cuidar las filas para los vampiros, sino que también debían vigilar que las chicas no aprovecharan el momento en que Munakata estaba semi distraído del mundo para abalanzarse sobre él, era una probabilidad conociendo a las estudiantes diurnas.

Cuando al fin se aburrió de estar sentado como estatua y ser visto de una manera perturbante por más de un vampiro, decidió levantarse y ayudar a los otros dos, estaba aburrido y asustar a las chicas era de una retorcida manera divertido.

Caminó hacia ellos lentamente dejando los chocolates en la silla, ahora la euforia estaba volcada sobre los de la nocturna y agradecía eso aun sin saber cómo ellos podían soportarlo. Justo cuando llegó fue lanzado contra el mundo de frente por unas chicas que trataron de abrazarlo gritando un estruendoso "¡Kya!" contra sus oídos, los lentes que ya se había puesto quedaron fuera del alcance de su pobre visión obligándolo a valerse del tanteo con las manos para encontrarlos.

Alguien le alcanzó los lentes, una mano mucho más grande que la suya los sujetaba suavemente, sintió envidia por el dueño de la mano.

Se puso los lentes y alzó la vista para ver quién era el héroe de sus gafas, Kuran Kaname tenía una sonrisa genuina en su rostro de porcelana al verlo sonrojarse por hacer tanto escándalo al haber perdido sus lentes.

—Gracias Kaname…—dijo siendo ayudado por Kuran a pararse. Se sentía patético además de no haber notado que llamó al vampiro por su nombre y no por su apellido como era su costumbre.

—De nada Kirei, ten más cuidado—dijo contemplando con mudo regocijo el pálido rostro manchado de carmín en sus mejillas, indicando vida en ese ser, mientras el cascabel en su muñeca sonaba suavemente y sus labios los tenía levemente entreabiertos con su cabello siendo mecido suavemente con ese lazo atado a él. Deseó desatarlo y verlo caer salvajemente como siempre. El tiempo le pareció detenerse cuando el muchacho alzo la mirada y sus orbes castañas lo reflejaron en ellas, verse en el chocolate profundo del joven lo embargó extrañamente, supuso que acaso a Kirei también por el hecho de no apartar su mirada, la mano con que lo ayudó a levantarse aún continuaba entre sus dedos, al fin pudo sentir la suave piel del príncipe entre sus manos, algo que en silencio y aunque al principio se lo negara, había deseado desde que lo conoció, y entonces reconoció muy en su interior y quemarropa, que Yuuki no era la única dueña de sus pensamientos.

Kirei miraba las orbes borgoña de Kaname, sintiéndose perdido en ese mar vino que eran los ojos del vampiro. Se sintió estremecer cuando se dio cuenta de la intensa mirada que le dirigía a sus labios, cuando notó el firme agarre que mantenía sobre su mano haciendo sonar el cascabel y sacudiendo ligeramente la manga.

Entonces acabó.

—Kuran-sempai—Zero lanzó una cajita verde con un listón amarillo, reconoció en él el chocolate de Yuuki que vio esa mañana durante clases, cuando se lo mostró a Wakaba—se te cayó algo—dijo Zero con un deje de ira en la voz que más de uno seguro advirtió. Kaname atrapó el presente soltando la mano del confundido Kirei, ¿qué había sido todo eso?

Yuuki comenzó a golpear a Zero por dárselo de una manera tan brusca, y después…después Kirei se aburrió y fue a perderse dentro de la arboleada a saber qué hacer con tanto dulce. Una cajita solitaria reposaba tranquila en su bolsillo derecho.

No se dio cuenta de que muchas chicas le sacaron fotos vestido así, tampoco del momento en que Kuran lo ayudó con sus lentes.

—Esto es problemático…—murmuró Kirei viendo las diferentes cajas frente suyo sentado en el suelo sin importarle mucho arruinar el afanoso vestido de Cross, después de todo él no era una chica y cosas así lo tenían sin cuidado; algo tendría que hacer con todos esos chocolates, no podía comérselos en ese momento porque el día anterior pensando todo lo contrario a lo que ocurrió ese día se atiborró de chocolates y ahora debía esperar algunos días para que su cuerpo se desintoxicara del todo y pudiera volver a comer esos manjares—vaya forma de pasar mi cumpleaños…—suspiró reposando sus manos a los costados revisando la hora en su PDA y saber en qué momento irse a cambiar de ropa.

Una ramita quebrada.

Unos pasos acercándose.

—Feliz cumpleaños, Kirei—dijo Kaname llegando por detrás del muchacho. Alcanzó a oír el último comentario sorprendiéndose de saber que justo en ese día fuera el cumpleaños de Munakata, algo demasiado ilógico contando lo amargado que era el chico contrastando con lo empalagoso del día.

Kirei se sonrojo por dejarse sorprender tan rápido y fácil, también se molestó ya que su cascabel sonó dándole a saber que no podía mantener el equilibrio entre él y sus emociones.

—G-Gracias—dijo después de unos segundos, con su mano un tanto temblorosa sacó la cajita que llevaba en uno de los pliegues del vestido, la contempló un momento y se la extendió al Kuran—tomala, no es tan problemático…—dijo chasqueando la lengua irritado al ver que el vampiro se quedaba mirándolo entre sorprendido y otra cosa que no supo identificar.

—Gracias—dijo Kaname tomando la cajita forrada con papel periódico, la cajita al igual que el mismo chocolate tenían todo el aroma y esencia de Kirei— ¿tú los preparaste?—se aventuró a preguntar, por un momento vio como el chico enrojeció dando una suspiro, Kirei se preparaba para otra larga explicación.

Le dijo desde su antojo por el maldito dulce hasta el haber hecho demás y no querer desperdiciarlos, por un momento Kaname se sintió insatisfecho al haber sido solo un recurso para no desperdiciar la golosina, pero al siguiente momento se sintió extrañamente feliz al saber que él fue una de las primeras personas (o vampiros) que cruzaron por la mente del muchacho al momento de decidirse a quien darle los dichosos chocolates.

Kaname reprimió el impulso de decirle al muchacho lo lindo muy cercano a una chica que parecía con ese vestido puesto, que quien no lo conociera pensaría que realmente era una chica, una muy hermosa por cierto, pero no lo hizo, Kirei podría tomarlo más como una ofensa que como un cumplido que es lo que era, ya no reprimió a su mente al pensar en esas cosas aceptándolas tranquilamente.

— ¿Gustas uno?—dijo tras ver la mirada ansiosa de Munakata sobre uno de los chocolates que reposaban en la cajita.

—Aunque quisiera no podría—respondió después de unos segundos—algunas personas somos más débiles que otras—Kaname quiso preguntar a qué se debía aquello, pero simplemente no dijo nada tras advertir el tono amortiguado que tuvo el chico cuando respondió.

/

El día de Blanco llegó y si el día de San Valentín las chicas estaban eufóricas e incontrolables, ese día andaban peor hostigando de día a los dos únicos chicos en toda la academia diurna que llamaban la atención por su aspecto misterioso y guapo, así que ese día Zero y Kirei lo único que querían era desaparecer tras un rapto ovni o que se los tragara la tierra.

—B-Buenos días, Munakata-kun—dijo tímida una chica rubia viendo sonrojada al chico frente a ella a la espera de algo, por lo menos una respuesta.

—Sí, como sea—dijo pasando de largo, en toda la noche no pudo dormir por más que lo deseaba debido a todas y cada una de las preguntas atormentadoras que su mente formulaba con el único propósito de molestarlo.

Las amigas de la rubia se reunieron con ella dándole consuelo por el desaire de Kirei que ni intensiones tenía de tratar con condescendencia a sus ya proclamadas admiradoras, eso sí era espeluznante.

Quizás ese día no andaban tan apegadas entre ellas tratando de convencer a los chicos de invitarlas a salir o algo por el estilo, pero por la forma en que actuaban mientras aguardaban por la entrada de los de la clase nocturna sugería que estaban ansiosas por llamar la atención de alguno de los dos prefectos o por llegar a llamarla por los de la nocturna.

Un fuerte— ¡KYA!—y Kirei tuvo que ir a ver el círculo de chicas alrededor de algo o viendo algo, su mirada pasó de aburrida a una completamente sombría al ver de qué iba la cosa, si querían llamar su atención lo lograron.

— ¿Qué creen que hacen con eso?—preguntó con voz gutural detrás de las chicas que se voltearon a verlo temerosas mientras una de ellas sostenía aún en su temblorosa mano una fotografía donde aparecían Kaname y Kirei cuando el primero lo ayudo a levantarse después de darle sus lentes.

—Etto…etto…—tartamudeaban incapaces de decir algo bajo esa atemorizante mirada del chico de ojos castaños, asustándose por lo que les pudiera hacer.

—Confiscado—dijo arrebatándoles la foto aprovechando la distracción de ellas temiéndole.

Justo cuando las chicas iban a protestar, aparecieron los chicos de la clase nocturna, por primera vez Kirei agradeció su presencia al ser salvado de una oleada de chicas enfurecidas, nada era más espeluznante que eso.

Kaname dirigió discretamente una mirada al chico azul haciéndole señas con las manos de que quería decirle algo, algo desubicado Kirei asintió siguiendo disimuladamente al grupo de vampiros hasta ver que Kaname tomaba camino propio a un pasillo de la academia no muy frecuentado, le costó un poco seguirlo hasta darle alcance, cuando llegó el Kuran tenía un paquete pequeño, del tamaño de una caja de lápices, reposando en una de sus manos.

—Hola Kirei—saludó viendo al chico llegar un poco desconfiado con las manos en los bolsillos y su cascabel tintineante, con una expresión de irritación.

— ¿Qué quieres Kuran?—preguntó no dándole tantas vueltas al jodido asunto, y debía admitir que tenía curiosidad por saber para qué lo necesitaba el vampiro.

—Feliz cumpleaños—dijo Kaname desconcertando a Munakata, ¿qué no le había dicho eso ya el MES PASADO?

— ¿A qué viene eso tan de repente?—"Tan tarde" quiso decir realmente.

—Toma—dijo Kaname dándole la cajita que tenía en su mano, aun recordaba con algo de gracia el rostro siempre pulcro de Seiren inmutarse ligeramente cuando le pidió que buscara eso, algo que seguramente en otros tiempos jamás hubiera hecho.

En el rostro de Kirei estaba la interrogante de "¿qué es esto?" mientras se acercaba a tomar la caja sin forrar y solo con un listón azul para mantenerla cerrada; deshizo el nudo levantando la tapa y viendo el contenido, reprimió las tremendas ganas de gritar eufórico como el infantil niño que nunca lo dejaron ser al ver lo que había dentro, él pensaba que ya no existían más de esos, aun recordaba cuando trajo a Awashima por todas las tiendas de Shizume buscando uno pero nunca encontraron nada, por eso estaba sumamente contento de tener uno al fin, aunque aún le quedaba una pregunta.

— ¿Cómo?—preguntó, ¿cómo supo que quería uno?, ¿cómo supo que le gustaban?; ¿cómo lo encontró?

—Fue fácil—fue lo único que dijo viendo como el chico sacaba su "regalo" de la caja reprimiendo las ganas de estrujarlo seguramente. Realmente no había sido fácil, pero Seiren siempre (o casi siempre) encontraba lo que le pedía impecablemente.

—Genial—apenas atino a decir mientras miraba desde cada ángulo. Desde los años cincuenta dejaron de venderse esos muñecos, a su madre le encantaban y siempre paraba cantándole esa canción, era lo poco que recordaba de ella y por eso eran de las pocas cosas que realmente atesoraba.

—Me alegra que te haya gustado—dijo complacido observándolo, no recibió respuesta pero si algo mejor, la vista de Kirei abrazando suavemente el muñeco de esas cosas cincuenteras llamadas "Dangos", fue toda una hazaña que Seiren lo encontrara, el día pasado vio como el chico sacaba un aparato de entre sus ropas con un colgante de esos y que de fondo en la pantalla también lo tenía llegando a la conclusión de que a Kirei le gustaban, fue así como decidió regalarle eso de cumpleaños, aunque aún se mostraba un poco reticente a aceptar el por qué quería darle uno y verlo así de feliz.

Inconsciente o conscientemente escuchó como con un poco de reticencia Kirei le daba las gracias retirándose de ahí diciendo que debía volver a sus clases, a Kaname realmente no le importaba perderlas si era Munakata con quien estuviera gastando ese tiempo, pero se sintió satisfecho al verlo mostrar algo más que su máscara de eterno aburrimiento, y aún más cuando un poco más alejado el chico comenzó a tararear lo que pensó era una canción de cuna, pero para los que supieran, era la inconfundible canción del Dango.

/

Y ahí andaba Kirei haciéndola de secretaria de Cross llevando un encargo a Zero, un recado, un paquete de pastillas por lo que pudo deducir al momento de agitarlo suavemente cuando decidió saltar los muros en vez de utilizar las molestas escaleras.

—Zero—lo llamó una vez que estuvo a su lado, fue toda una hazaña encontrarlo en ese lugar que era ridículamente grande—el director te manda esto…—dijo dejando las cosas sobre la mano de Kiryu. Dispuesto a irse dio la vuelta topándose con varios vampiros, los más cercanos seguidores de Kaname por lo que pudo ver.

Al momento Zero sacó su pistola y Kirei el sable retráctil, un casi inentendible "Munakata listo para pelea de emergencia" llegó a oídos de Kiryu y algunos vampiros, al fin tendría algo con que descargar todos sus pensamientos sádicos en ese momento.

— ¿Qué problema tienen, clase nocturna?—siseó con desdén Zero apretando el mango de su arma, Kirei quería dejar de parlotear y ponerse a hacer algo, no por nada había desenvainado su sable.

—Eres un insolente—fue la extraña respuesta de Aidou Hanabusa—Kiryu Zero—Hanabusa vio primero a Zero y luego a Kirei tratando de saber por qué Kaname-sama tendría tanto interés y empeño en ese enclenque humano con apariencia fachosa, ni siquiera era más atractivo que ellos, aunque eso no lo dejaba como feo, aunque en esa tarde había demostrado tener fanáticas como ellos, que fastidio.

—Mostrando esa actitud a Kaname-sama, además tú—dijo Souen apuntando deliberadamente a Kirei—te tomas demasiadas informalidades con Kaname-sama—acusó la rubia viéndolo con ira, el de gafas solo sonrió de medio lado al advertir celos en la voz de la vampiresa.

— ¿Celos?—preguntó con sarcasmo y diversión en la voz, era hora de sacar el mucho estrés que llevaba acumulando desde su llegada y que los árboles no podían aliviar.

— ¿Realmente lo vamos a hacer?—preguntó alguien más a sus espaldas, una rubia con dos coletas y mirada aburrida.

—Ichijou-san dijo que no—respondió un pelirrojo al lado de la chica. Munakata estaba comenzando a impacientarse con todo el parloteo y nada de acción.

—Claro, Hanabusa, Ruka…—dijo el chico Kain viéndolos—si el presidente de dormitorio Kuran nos encuentras se enojara—con eso trataba de hacerlos entrar en razón—Kiryu, deberías guardar esa…—dejo la frase en el aire cuando intentó tocar el hombro de Zero y este le tumbo de un solo movimiento.

—Que tonto—dijeron los dos de atrás.

—Vamos vampiros, a ver que tienen—los retó Zero. Hanabusa comenzó a hacer un camino de hielo hasta los pies de Zero y parándolo abruptamente por una cuchilla que entorpeció su camino, Kirei la encendió con fuego azul asombrando a los presentes sin decir nada.

Las llamas de Kain en un árbol cercano prendieron la chispa del deseo de derramamiento de sangre en Kirei, realmente odiaba el fuego por razones que desconocía.

Cuando estaba a punto de dar el primer golpe apareció Yuuki entorpeciendo todo, ahora sólo veía a esa chica como una molestia que no debería ser tan entrometida.

— ¡Esperen!—ordenó una vez que estuvo entre los dos contrincantes—si quieren pelear, yo como prefecta seré su primer oponente—dijo viendo "amenazadoramente" a todos. Kirei chasqueó la lengua molesto al ver que la idiota se contradecía así misma, él y Zero también eran prefectos, así que también podían ser los oponentes de los molestos chupa sangre.

Incluso los vampiros presentes demostraron estar de acuerdo con el hecho de que Yuuki había arruinado el momento, retirándose irritados no mejor que Kirei en ese momento que solo quería irse de ese lugar.

En silencio recogió su cuchilla volteándose a ver a Yuuki que lo miraba molesta, no le dio importancia encogiéndose de hombros y comenzó a caminar de vuelta a la academia, su ronda de esa noche había acabado.

—Dejame solo…—escuchó decir a Zero al momento que lo adelantaba en camino con grandes zancadas, quizás él también estaba molesto por la interrupción; con la cuchilla miro a Yuuki reflejada viendo la dirección que Zero había tomado con nostalgia, bueno, ese no era su problema, tenía mejores cosas en que pensar, o hacer.

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—Kiryu Zero no puede ser ayudado, porque cuatro años atrás después del incidente, su vida cambió radicalmente—declaró Kaname a los presentes ahí; temía por los estudiantes diurnos, temía por Yuuki…temía por Kirei.

Zero ahora era una amenaza latente.

¿Review?