Cap V
En familia
Llevaba cuatro semanas saliendo con Emmett y debo decir que a mi, ahora, mejor amiga Alice, no le parecía en absoluto la idea. Es más, creo que estaban medios peleados por ese motivo, y obvio, yo tenía un gran sentimiento de culpabilidad por lo mismo.
Este sex symbol me parecía bastante atractivo, muy simpático, chistoso, alegre, canchero, sobrecogedoramente regio y muy, pero muy fogoso. Lo último, me había puesto en algunos aprietos, pero superables, hasta el momento.
El viernes, en verdad, la madrugada del sábado, tomó mi rostro con una de sus manotas, más que tibias y bastante suaves, acercó su rostro al mío y me besó con ternura. Abrí los ojos y vi su piel pálida, perfecta y esos rasgos tan delicadamente masculinos que parecían estar muy concentrados en el beso. Emmett me gustaba y cada día más…
Él abrió la puerta del jeep para que bajara y antes de besarme de nuevo, clavó sus ojos miel en los míos y esbozó una gran sonrisa.
–Si que me estás gustando niñita –dejó al descubierto sus dientes blancos como el marfil.
–¿En serio? –fue lo primero que atiné a preguntar.
–Muy en serio. Hace muchísimo tiempo que no me pasaba esto…
–¿Qué cosa? –insistí, aunque ya me lo había dicho.
–Lo que estoy sintiendo por ti, es distinto –acarició mi rostro con el dorso de su mano.
–No te creo –le dije con una sonrisa, pero con esperanza de que fuera verdad.
–No te lo diría, sino fuera cierto –posó sus labios sutilmente y se acomodaron perfecto a los míos, moviendo sincronizados y entusiastas.
Nos separamos un segundo y con voz segura continuó.
–¿Quieres ir a mi casa mañana? Perdón –se corrigió él mismo– en unas horas más –esbozó su boca carmesí en una sincera sonrisa.
–¿A tu casa? –casi me espanto.
–Sí ¿Algún problema con eso? –continuó.
–Eeeeeh… ninguno –tragué saliva.
–Vas en la tarde a tomar té con nosotros ¿Te tinca? –parecía entusiasmado.
–Pero…
–¿Pero qué? –frunció el ceño.
–Alice ¿No se enojará? –mordí mi labio inferior de puros nervios.
–Mmmmm, con el duende me las apaño yo –rió divertido.
–Entonces, está bien –respondí aún insegura.
–Te paso a buscar a las cinco…
–Ok, nos vemos –caminé hacia la entrada de mi casa, pero él me tomó por la cintura y me arrastró, con uno de esos musculosos brazos, hacia él.
Inclinó su rostro y entreabrió mis labios con los suyos, dejando pasar su lengua dulce y osada, provocando que las mariposas danzaran en mi estómago como si las correteara una brisa fría. Pasó su otro brazo por mi espalda y aprisionó, aún más, mi cuerpo al suyo.
–Espero que pasen pronto las horas para verte –rió satisfecho.
–Yo también –dije como una boba.
Me acompañó hasta la puerta de la casa y ahora me besó superficialmente, creo que para no dar un espectáculo en la entrada de mi morada. Abrí la puerta y el esperó hasta que entrara. Por la ventana de mi habitación, lo vi irse.
Cerré los ojos y procesé todo lo ocurrido esa noche ¡Me encantaba Emmett! Era extremadamente galán y me estaba enamorando como una tonta.
Al otro día desperté pasado las 11 y en cuanto abrí los ojos, la imagen de mi "casi" novio se me vino a la mente, logrando que el estómago se contrajera de una manera muy agradable, creo que era el "amor". Mis padres habían ido al supermercado y yo, tomé desayuno sola. A las 12 llamó Jacob.
–¡Hola Bella! –se oía muy entusiasmado.
–Hola Jake –sonreí, aún sabiendo que él estaba al otro lado del teléfono. Él me agradaba.
–¿Saliste ayer? –al parecer no le gustaba mucho la idea.
–Mmmmm, sí.
–¿Con Alice? –se notaba curioso.
–No –fui sincera.
–¡Ah! Entiendo –cambió radicalmente el tema y continuó– hoy nos reuniremos en casa de Jess, van varios del curso ¿Quieres ir? –estaba muy expectante a mi respuesta.
–¿A qué hora?
–A las seis y media. Haremos un asado –estaba feliz.
–Mmmmm, lo siento, pero a esa hora no puedo –intenté ser sutil para no herirlo.
–¡Buuuuuuuuu! ¡Qué pena! Esperaba que fueras, hace tiempo que no te juntas con nosotros –su voz se entristeció.
–Es que me comprometí a ir a la casa de Emmett…
–¡Ah! ¿Él hermano de Alice, cierto?
–Sí –sabía que venía una recriminación.
–Bella, te puedo decir algo… –suavizó su tono.
–Anda, lárgalo –consentí.
–¿No crees que él es algo mayor para ti? Digo, es el más grande de los tres hermanos Cullen, incluso ya trabaja… quizás deberías juntarte con gente más de tu edad –se aclaró la garganta a propósito y no pude evitar reír.
–Alguien como ¿Chris? –dije sarcástica.
–Eeeeh, no exactamente, pero andas cerca –soltó una carcajada.
–Lo pensaré –traté de tranquilizarlo.
–Pero, en verdad, hazlo. No me quiero meter en tus asuntos, pero tantos años de diferencia, mmmm, no puede ser conveniente para ti –continuó.
–Está bien "pequeño" lo pensaré –recalqué el "pequeño" tan sólo para molestarlo.
–Tenemos la misma edad –agregó irritado.
–Pero las mujeres siempre maduramos antes, así que…
–Es cierto –dijo resignado y volvió a entusiasmarse– pero si te desocupas antes ¡Anda! ¿Ok?
–Bueno, prometido, pero sólo si me desocupo antes –recalqué.
–¡Yujuuuu! –aulló por el auricular.
–Jake, aún no tengo certeza de si voy –solté una risotada.
–Pero existe la posibilidad, eso ya me deja contento –nadie le bajaba el entusiasmo a Jake cuando estaba contento.
–Nos vemos Bella –murmuró convencido.
–Chao Jake –le devolví la sonrisa telefónica.
Entré a la ducha. Arreglé mi enmarañado pelo –creo que necesitaba un corte urgente– y puse algo de gloss en mis labios. Reneé me llamó a almorzar.
–¿Dónde vas tan arreglada? –curioseó mi papá.
–A casa de Alice Cullen –contesté de inmediato.
–Mmmm ¿A qué hora? –siguió Charlie suspicaz.
–A las cinco me pasará a buscar uno de sus hermanos, por encargo de ella, claro.
–¡Me gusta esa niñita! –exclamó mi madre para aliviar la tensión.
–Es muy buena amiga –desvié mis ojos hacia Reneé, porque sé que mi padre me increpaba con la mirada.
–Me alegro tanto que por fin te estés adaptando hija –los ojos celestes de Reneé se iluminaron.
–Es verdad, ahora me siento más feliz. Ya no quiero salir corriendo a Washington –miré a mi padre, aunque sus ojos chocolates me incomodaban en este minuto, él sabía que había algo más que la simple amistad con Alice.
Almorzamos los tres, como de costumbre, y luego de ayudarle a mi madre a recoger los platos, fui a mi habitación a contar los minutos para que Emmett me pasara a buscar, y faltaba tanto que, puse una película, "Harry Potter y el Cáliz del Fuego", donde salía un actor que me encantaba: Robert Pattinson. A nadie le interesaba, pero yo lo encontraba muy lindo y por eso la había visto varias veces ¡Qué ridícula me sentía en ocasiones!
A las cinco en punto sonó mi móvil. Era Emmett.
–Hola linda –sonrió a través del teléfono.
–Hola –contesté ansiosa.
–Estoy en la puerta de tu caso –avisó.
–En un minuto estoy abajo–corté.
Tomé un morral, mi chaqueta y salí disparada. Di un grito y les avisé que salía, porque si me detenía a despedirme uno por uno, el interrogatorio sería seguro.
–¡Me voy donde Alice!
–¡Ok! No llegues muy tarde –contestó mi madre.
Salí como una bala y en cuanto abrí la puerta, lo vi. Estaba apoyado sobre su jeep, vestía jeans celeste claro, zapatillas, un polerón gris con con capuchón y una gran y maravillosa sonrisa que me enloquecía. Casi corrí a su encuentro y a penas estuve en frente de él, me besó como si hubiesen pasado semanas sin vernos, casi me deja sin aire ¡Uf! Pero eso me gustaba.
Abrió la puerta del copiloto, me hizo pasar y luego, él se fue a su asiento. Iba bastante tensa, después de todo conocería a mis "casi" suegros, y quería causarles una buena impresión. Entonces, recordé a Alice.
–¿Sabe Alice que voy para allá?
–Sí –contestó seguro.
–Y ¿Todo bien? –continué.
–Claro, no tiene más opción que aceptar…
–Es decir, no le gustó la idea –exhalé todo el aire que tenía en los pulmones, esta situación me complicaba un tanto.
Emmett acercó el auto más hacia la derecha del camino y lo detuvo.
–Bella, tú estás conmigo, no te preocupes por Alice.
–Es que… ella es mi amiga, mi única amiga –dije algo triste y confundida.
–Ella jamás se enojará contigo, te lo aseguro –me guiñó un ojo y quedé más tranquila.
Cuando vio que ya había cambiado la expresión del rostro, partió nuevamente. Llegamos después de todo y sentí que mi corazón se aceleraba. Emmet aparcó en el garaje y ahí me di cuenta, recién, de lo enorme que era esa casa. Había una hilera de autos de lujo: el Volvo de Edward, el Mercedes negro de su padre, el descapotable rojo de Alice y el Jeep todo terreno de Emmett.
Entramos por la puerta principal, donde había un hall moderno y amplio, que daba paso a un living, finamente decorado y luego, el comedor, donde ya todos, o casi todos, estaban sentados. Me puse muy, pero muy nerviosa, sin embargo, mi amiga, dio un pequeño saltito y en menos de un pestañeo estaba a nuestro lado.
–Hola Bella ¡Qué bueno que viniste! –sus ojos miel parecían felices.
Tomó mi mano, a propósito, y me alejó de Emmett.
–Carlisle, Esme, ella es mi nueva amiga, Bella Swan –sonrió y me guiñó un ojo. Yo sudaba frío.
El padre de ellos parecía un actor de cine, rubio, alto, de ojos miel y poseedor de una linda sonrisa.
–¡Bienvenida Bella! –su tono era amable y acogedor.
En tanto, Esme, hermosa como pocas mujeres de su edad ¡Si parecía de 20 y tantos! me dio un gran abrazo y esbozó una sonrisa cálida.
–Alice nos ha hablado mucho de ti… –tomada de mi brazo me acompañó hacia el puesto que yo ocuparía en la mesa.
En tanto, saludé a Jasper y a Tanya, la novia de Edward. Algo incómoda intenté acomodarme en la silla, en tanto, Emmett la corría para que me sentara, todo un caballero. Alcé la vista y me di cuenta que por la mampara inglesa entró Edward. Venía algo distraído, pero cuando me vio se acercó inmediatamente.
–¡Bella! ¡Qué bueno verte! –me dio un gran abrazo.
Casi muero, a pesar de que su abrazo había sido exquisito, pero en cuanto se separó de mí, miré hacia la mesa y Tanya, me fulminaba con la mirada, y no era para menos; Emmett, quedó con la mandíbula y los ojos abiertos de la impresión, y al parecer, le costó trabajo cerrarlos; Alice, sonreía con malicia y el resto, hacían parecer como que todo había sido muy normal. Emmett, se acomodó inmediatamente a mi lado y le dirigió una mirada iracunda a Edward, pero él no pareció inmutarse.
No quería ni mirar a la novia de Edward, porque la única vez que osé hacerlo, después de que me abrazo con tanto énfasis, vi que tenía la cara desfigurada, de tres metros y medio, y calcinaba a su novio con la mirada. Emmett, me abrazó y besó en la mejilla, mientras Edward no dejaba de sonreír y negaba con la cabeza. Alice parecía demasiado entretenida.
Casi no pude tragar bocado y lo poco que comí, fue para no ser descortés, eso es todo, porque el ambiente se había tornado algo tenso. Por fin se pusieron de pie los dueños de casa y luego, los siguió Alice y Jasper, así también, Tanya, por lo que obviamente, tuvo que irse Edward.
Alice me había contado que la novia de Edward era insufrible y el pobre no sabía de qué modo acabar la relación sin herirla. En la casa nadie la soportaba y la relación entre ellos era una verdadera pesadilla. No sé, a veces tenía la impresión de que Alice me contaba todo esto por algo…
Emmett cogió mi mano y fuimos al patio de la casa. Tenía una enorme piscina, un maravilloso parque con árboles, flores y arbustos, perfectamente dispuestos, y también, una linda terraza. Me mostró el lugar, y luego, nos sentamos en una de las mecedoras a conversar. De pronto, aparecieron Carlisle y Esme, vestidos como dos estrellas de cine, él de etiqueta y ella de vestido largo con accesorios de diamantes.
–Chicos nos vamos –dijo Carlisle y pronto dirigió la vista sólo a mí– nos alegramos muchísimo de conocerte Bella.
–Quedas en tu casa pequeña y ven a visitarnos cuando quieras –Esme me dio un gran abrazo.
Desaparecieron y comenzó a correr una brisa algo más fría, así que entramos. No se oía nadie en la casa.
–Ven, te mostraré mi dormitorio –Emmett me condujo hacia su habitación. Eso me dio pánico. Al parecer estábamos solos.
Entramos a una habitación inmensa, muy tradicional, llena de libros, un gran escritorio y vista a la calle. Estaba en el segundo piso, me asomé a la venta y ya había oscurecido por completo.
Emmett puso una música agradable.
–Y ¿Qué te parece mi guarida? –dijo sonriente.
–Linda –contesté algo nerviosa. Estar sola con Emmett, en su habitación, mmmmmm, era complicado.
De repente se acercó y me miró algo confundido.
–¿Te noto algo nerviosa o es idea mía? –dijo preocupado, pero estoy segura que sabía por qué.
–Eeeeeh, no –titubeé.
–Si estás incómoda aquí, nos podemos ir al living –soltó una risita.
–No, está bien –no quería pasar por una niña chica.
–¿Segura? –se acercó a mí sigilosamente.
–Sí –sentí como mi estómago se comprimió.
Acarició mi rostro y bajó su mano hacia mi mentón, acercándolo hacia el suyo. Pasó su lengua húmeda, que ahora me besaba lenta y profundamente. Pasó sus brazos por detrás de mi espalda, y cuando ya me sentí algo más relajada, levantó mi cuerpo frágil, al lado del suyo, y me sentó sobre un muro que soportaba una de las ventanas y que sobresalía un tanto.
Mi corazón comenzó a latir desenfrenadamente, mientras él, continuaba con sus besos afrodisíacos en mi cuello y, también, en los hombros. Desabotonando levemente mi blusa morada, bajó una de sus manos hacia uno de mis pechos. Puse alerta de inmediato.
–Emmett no creo que sea buena idea –dije mientras sus labios aún estaban sobre los míos.
–Disculpa –sacó su mano, pero al rato lo volvió a intentar.
