CHAPTER 4: Say A Little Pray For You
La bronca que le echa Sue a la mañana siguiente entra directa al puesto número 1 del pódium. Amenazas, aspavientos de brazos y pies, gritos -con megáfono incluido, más le vale ir pidiendo cita al otorrino- y un sinfín de preguntas retóricas que Quinn no tiene tiempo de contestar porque su entrenadora parece haber olvidado que el objetivo de un diálogo es el intercambio de información entre dos o más partes y no un monólogo. Chasquea la lengua, cruza una pierna por encima de la otra y aguanta estoicamente el ataque de histerismo de su profesora a la espera de que éste disminuya, lo cual le toma algo más de veinte minutos.
- ¿Puedo hablar? –dice transcurrido ese tiempo, y con un dolor de cabeza más que considerable.
- Hablarás cuando yo te lo diga, rubia oxigenada traidora –Quinn arquea una ceja. Oxigenada usted, que yo soy rubia natural-. Entrar… entrar en el Glee Club. Con mi peor enemigo. ¿Cómo has podido, Q? –el dramatismo que le pone a sus palabras es digno de ganar un Óscar.
- Entrenadora, fue usted la que me enseñó a ser ambiciosa. El año que viene quiero entrar en Yale y el Glee Club es una buena oportunidad para sumar puntos. No estoy vendiendo mi lealtad, al contrario –descruza las piernas con galantería y se inclina hacia adelante en tono confidente-. Que yo esté dentro significa que usted obtendrá información privilegiada de primera mano de todo lo que allí se cuece. Piénselo. Yo gano, usted gana.
Acaba de servirle un pastel de chocolate y lo sabe. Casi puede verle dibujados un par de corazones dentro de las pupilas. La mujer respira hondo y parece que la sarta de insultos y de gritos ha sido pospuesta. Quinn es consciente de la ardua batalla que se está librando dentro de la cabeza de su entrenadora, por lo que aguanta unos segundos más en esa posición hasta que oye el click que antecede al veredicto de Sue.
- Cada viernes quiero un informe sobre todo lo que pasa allí dentro. Y cuando digo todo, es todo. Lo que planean, las palabras exactas del pelo-coliflor, lo que le responden los cerebritos y hasta el número de veces que van al baño, así tengas que seguirlos hasta la puerta del lavabo para averiguarlo, ¿queda claro?
No hay margen para la discusión y ni falta que hace. Quinn sonríe y recuesta de nuevo la espalda contra el respaldo de la silla.
- Cristalino.
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A Rachel casi le da un infarto cuando el Sr. Schue les informa, ingenuamente ilusionado, que la animadora Quinn fabray ha pedido unirse al Glee Club.
Rachel grita un "¡Nooooooo!" tan alto que las paredes de la habitación tiemblan. Artie inhala ventolín como si le fuera la vida en ello, Kurt comienza a abanicarse con la palma de la mano, completamente sofocado, y Tina y Mercedes se levantan de un salto. Bueno, Mercedes se levanta, porque Tina, fruto de los nervios, tropieza con su propio pie y cae al suelo.
Will no entiende nada. Es una incorporación nueva -y voluntaria, sin coacción alguna-, algo insólito digno de marcar en el calendario. ¿Por qué reaccionan tan mal?
Rachel alza un dedo y grita: "¡Corrillo de emergencia! ¡YA!" El profesor pone los ojos en blanco cuando ve cómo sus cinco pupilos juntan las cabezas y comienzan a cuchichear. Se sienta sobre el piano y saca un libro de su bolsa. Esto va para largo.
- Es una trampa –dice Artie, que sigue con el ventolín en la mano. Tina se lo arrebata cuando ve que tiene intención de metérselo en la boca otra vez.
- Han secuestrado a su familia y la están extorsionando, no hay otra explicación –Mercedes es siempre la de las teorías conspiratorias.
- Estoy seguro de que dejaría que acribillasen a su familia a balazos antes de ingresar aquí –observa Kurt-. Estoy con Artie, tiene que ser una trampa.
Rachel inspira hondo y trata de calmarse. Quinn en el Glee Club. Su oasis de paz, su remanso de tranquilidad, su hábitat… Invadido por esa bruja perversa disfrazada de animadora. No, por favor. Eso sí que no.
- Hay que averiguar qué es lo que trama –dice Rachel- y echarla. ¡Hay que echar al enemigo!
Will alza los ojos del libro cuando oye lo que parece ser un grito de guerra y ve a los muchachos salir corriendo hacia la puerta. Niega con la cabeza. Definitivamente, en ese colegio no le pagan lo suficiente.
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Quinn sabía que no iba a ser sencillo enfrentarse a los freaks, pero lo que no pensaba es que, nada más poner un pie en la puerta del aula del coro, iba a encontrarse rodeada por cinco pares de ojos cargados con balas de odio contenido. Meh, a quien quiere engañar, sí se lo esperaba, ha tenido la precaución de tomarse tres aspirinas antes de salir de casa. El dolor de cabeza con el que va a acabar el día será monumental entre unas cosas y otras, lo está viendo venir. Levanta las manos en señal de rendición, lo cual no deja de ser humillante.
- Antes de empezar con el interrogatorio, ¿puedo sentarme?
Rachel le bloquea el paso cuando intenta acercarse a las sillas.
- Solo los miembros del Glee Club podemos sentarnos aquí.
Quinn le pone un dedo en la frente y la empuja hacia atrás.
- Pues atenta a las nuevas noticias, monada: yo soy miembro del Glee Club.
Oh, por Dios, ni en sus peores pesadillas imaginó jamás decir algo así. Cuando llegue a casa piensa lavarse la boca con jabón. Se deja caer sobre una de las sillas y se prepara para el inminente fusilamiento. Por mucho que le joda, ahí dentro ellos tienen el control. El embrujo de la Reina no funciona entre esas cuatro paredes.
Kurt se pone en plan portavoz y se para delante de ella, con los brazos en jarra y la cabeza ligeramente inclinada hacia la derecha. Muy masculino todo, sí señor.
- ¿Qué es lo que quieres, Fabray?
- Un refresco no estaría mal, gracias. Light, a poder ser.
Kurt frunce el ceño. Quinn no sabe si le conviene o no cabrearlo, pero qué diablos, es divertido.
- Ya sabes a lo que me refiero –dice.
Oh, sí, claro que lo sé. Artie comienza a inhalar con ansia el ventolín y Mercedes y Tina la fusilan con la mirada.
- ¿Qué estáis esperando que os diga? Quiero entrar en Yale el año que viene y estoy tratando por de mejorar mi expediente. Vuestro club es una buena forma de conseguirlo, fin de la historia.
No quiere dar demasiados detalles. Cuantos más das, más patente se hace que estás mintiendo, todo el mundo lo sabe. Alza el mentón y espera el veredicto. Los muchachos intercambian miradas los unos con otros. No la creen, está claro.
Rachel da un paso al frente y Quinn se permite el lujo de mirarla descaradamente de arriba abajo. No se olvida de por qué está allí ni cuál es el objetivo de toda la parafernalia que está montando.
- Y has decidido ingresar en el Glee Club. Claro, claro. La antítesis de todos tus ideales, la viva contraposición de tu clase social. Quieres entrar en un club de canto que no soportas cuando ni siquiera sabes cantar para "mejorar expediente" –encomilla las palabras con los dedos-. Por supuesto, por supuesto. Quinn, ¿en serio esperas que me lo crea?
Eh, eh, espera, rebobina. ¿Qué es lo que ha dicho?
- ¿Quién te ha dicho que no sepa cantar?
La pregunta pilla a Rachel desprevenida. A todos, en realidad. Quinn aprovecha el momento de confusión para entonar algunas notas y tararear varios lyrics de Say A Little Pray For You. Le sale especialmente bien, quizás por el placer que le produce poder derrotar a los freaks en su propio terreno. El argumento de Rachel queda más que invalidado en menos de un minuto, que es lo que tarda en terminar la canción. Sabe cantar -lo adora, de hecho-, su odio hacia el Glee Club no refleja una falta de amor por la música ni nada por el estilo –refleja una falta de amor por esos nerds en general y por una de ellas en particular-.
Quizás es por lo rápido que han sucedido las cosas, pero ahora todos parecen estar descolocados. No saben qué decir. Rachel comienza a buscar desesperadamente miradas de apoyo, pero sus cuatro compañeros tienen su atención centrada en ella. Jódete, Berry, piensa. Se aclara la garganta antes de proseguir.
- Escuchad, no tengo intención de hacerme amiguita vuestra, eso quiero dejarlo claro desde ahora. No me interesa participar en estúpidos recitales –Rachel abre tanto la boca que Quinn cree que podría caberle una barra de pan entera. Afortunadamente, sigue hablando antes de que pueda interrumpirla- ni en nada que se le parezca. Solo quiero pasar aquí tres horas a la semana, cantar un poco, mejorar mi expediente y ya está. Es todo, no hay ningún as bajo la manga.
Punto para moi; al menos ha sonado convincente.
Es solo un momento. Un instante de duda, una pequeña brecha, un "¿Y si…?" fugaz, pero Quinn no ve claramente reflejado en sus rostros. Bueno, menos en el de Rachel. Ella es la única que lo no muestra ningún atisbo de titubeo. Sus ojos echan chispas y tiene el gesto tan contraído que Quinn apuesta su mano derecha a que le duele toda la cara.
- Y, por mucho que os fastidie, el ingreso a este club es abierto a todo el mundo; no podéis impedirme que esté aquí –esto último lo dice mirando a Rachel y solo a Rachel.
Quinn puede verla apretar los dientes y su mirada está cargada de odio. Por un breve instante, la animadora se achanta, algo intimidada. Hay algo en sus ojos que hace que su cuerpo se vea sacudido por un temblor. Para su suerte, el momento de debilidad no dura mucho. Rachel no puede hacer nada, por más que quiera. Sonríe triunfal. La muchacha da media vuelta y sale de la sala del coro dando un portazo. El ambiente está cargado, tenso. Tina, Mercedes y Artie miran la puerta por la que Rachel se ha marchado, pero Kurt no ha despegado los ojos de Quinn en todo el roto.
- No intentes nada raro, Fabray.
Su voz suena extrañamente intimidante, lo cual no deja de ser curioso en un tono tan agudo como el suyo. Quinn no dice nada, ni siquiera asiente con la cabeza. Se limita a sostenerle la mirada unos segundos hasta que el Señor Schuester entra por la puerta.
- Siento el retraso, chicos, he tenido un problema con el motor del coche. Hoy daremos la bienvenida a un nuevo miembro del… ¿Dónde está Rachel?
Nadie le responde.
