12
Estaba exhausto por la batalla que llevo contra uno de los peores rivales que pudiera enfrentar. Sus músculos aun tensos gritaban por un baño con agua caliente y una buena cena. Sus ojos pedían ser cerrados y no volver abrirse hasta estar recuperados. Pero nada de eso lo apartaría de lo que seguía, necesitaba hablar con Mimi en privado, y es solo se podría ahora que el pelirrojo estaba en la habitación.
La vio bajar por esa plancha que hacia función de elevador, noto a la lejanía que el semblante de su amiga era uno de una felicidad que hace tiempo no presenciaba. Bajo un poco la cabeza y exhalo un tanto molesto. La vio ir hacia donde aún seguía sentado y se dejo caer a nada de su cuerpo, subiendo las piernas y doblándolas bajo su cuerpo.
—¿Ha elegido habitación?
—Sí.
—Bien.
Verla así de contenta solo le producía que él lo estuviera, desde hace tiempo que eso venía sucediendo, su felicidad radicaba en la de ella. Lo negó por un tiempo, lo quiso evadir por otro tanto, pero al final fue vencido por esa sonrisa y esa mirada tan pura e inocente. No lograba que fuera posible que después de tanto ella siguiera siendo como siempre, si, lo admitía, no era la débil muchachita que conoció a los diez años. Hoy día Mimi era una chica fuerte, endurecida por las experiencias vividas en esos últimos años, había recibido golpe tras golpe y aun así no perdió su esencia.
La admiraba por completo por ser lo que él aparentaba, por no dejarse cambiar ante la adversidad y mantener siempre en alto la cabeza. Firme a su creencia, fiel a sus sentimientos.
Adoraba verla feliz, y no quería que eso cambiara y menos ser él quien lo hiciera, pero necesitaba hablar. En esas últimas horas sucedieron cosas que necesitaban ser explicada, y sobre todo, ver que paso seguía ahora que habían sido encontrados de nuevo.
—Mimi.
—Tuve que hacerlo.
Si algo los caracterizaba, si algo los había unido tanto, eso era la manera en saber lo que el otro pensaba. Tal grado de conocerse lo había sacado de tantos embrollos en el pasado, y unido en lazo especial en otros.
—Entregarle el MIT a ese muchacho fue una falta a ti.
—Confió en Izzy.
—¿Por qué? ¿Qué es lo que has visto en él?
La castaña bajo su rostro en un ángulo que le permitió ver que dibujaba una sonrisa, esa que uno tiene cuando recuerda algo lindo y especial. Su corazón sintió un vuelco ya que por primera vez no sabía que estaba pensando su amiga, y su mente lleno esa falta con suposiciones no gratas.
—Ya veo —destrabó con pesar.
—¿Disculpa?
Mimí levanto su rostro para encontrarse con el de su amigo que le miraba directo a sus ojos grandes y marrones. Siendo una mujer leyó con exactitud la expresión en Matt y lo unió con sus palabras llegando a la respuesta de lo que quiso dar entender.
—No, espera, no es lo que piensas.
—Explícate.
—Izzy es un gran chico, muy avanzado para su mundo —la castaña comenzó a explicar como si estuviera hablando con un profesor que la había regañado y quería excusarse por su falta—. Está desarrollando una investigación de inteligencia artificial que incluso en este mundo no existe aun.
Eso era mucho decir, estaban en el que se consideraba el segundo universo avanzado sobre los demás, solo por detrás de Tierra Prima. Escuchar que el pelirrojo, durmiendo en una de las habitaciones del segundo piso, estuviera desarrollando una teoría sobre inteligencia artificial al nivel de sorprender a Mimí ya era algo que se tenía que tomar en cuenta; que no habían presenciado en un buen tiempo.
—Confió en que él nos pueda ayudar con la transfusión.
—¿Estás segura que es eso?
—Por supuesto, no veo que otra cosa pueda ser.
Su voz sonaba sincera sin dejos de mentiras, pero sus miradas, su expresión corporal no le podían mentir. Aquellas palabras tenía un trasfondo mayor que no le permitían ser sincera, eso le irrito por dentro de una manera que no quería admitir que podían ser celos.
—Sé lo que has hecho —apartó su rostro a otro lado—. Lo vi en su cuello cuando lo desperté.
—Solo lo hice para que pudiera ayudarte.
—Y lo ha hecho.
—No de la manera que deseaba.
—¿Y el MIT?
Mimí comenzó a temblar, eso solo lo hacía por dos razones y esa noche era los nervios.
—A nadie, absolutamente a nadie le has confiado el MIT —su voz dura se fue apagando—, incluso a mí.
—Ya te explique.
No la quería voltear a ver, si lo hacia se dejaría influenciar por su tierna mirada y no pensaría objetivamente. Aunque si lo pensaba bien no lo estaba haciendo, se estaba dejando influenciar por las emociones al mismo modo que su amiga. No podían darse ese lujo, estaba pactado, pero les era imposible; eran humanos.
La castaña se acomodó en su costado y le tomo de las manos para entrelazarla con las suyas. El contacto con su suave piel enardeció esa flama de que ese cariño ya no solo fuera para él, que esa suavidad otro la pudiera disfrutar. Sacudió su cabeza como espantando algún mosquito, no debía pensar en esas cosas y debía enfocarse. Él era el experimentado, el paladín que debía mantenerse frio para salvar a su castaña del mal que los amenazaba.
—Le inyecte adrenalina condensada para que pudiera asimilar todo sin temor —habló tan cerca de su oído que se estremeció—. Yo solo quería que fueras a otro universo y con Izzy empezaras todo el proceso que por años hemos querido terminar.
—Lo planeaste bien.
En su mente se fue armando el rompecabezas a las palabras de su amiga; que inyectara a Izzy con adrenalina era para lo que mencionó y poder viajar juntos a otro universo. Que le lograra quitar al numero tres su dispositivo de comunicación, el pedazo rectangular que le dejo a Izzy, les daría un tiempo mayor para huir y que Arteris no diera aviso a los demás suicidas. Lo único fuera de lugar era que se desprendiera del MIT, ese pequeño pedazo circular de metal que a nadie le confiaba. Sonaba lógico que lo entregara porque creía en que el pelirrojo los podría ayudar, pero, le dolía no ser a quien se lo entregara.
Mimí lo cuidaba con su vida, el único recuerdo viviente de lo que era su vida antes de que todo empeorara. Tenían el pacto de que si ella caía presa destruiría el dispositivo sin titubear, dejando todo a la deriva y salvando de momento el día. Nunca imagino que encontraría a quien pudiera confiárselo.
—¿Por qué no se lo has pedido aun?
—Por el hecho de lo que hemos vivido.
—Se sincera, ¿te gusta el pelirrojo?
—No, no se a que viene todo eso —la castaña le apretó fuerte de las manos—. Lo que planee cuando me atraparon fue muy rápido, hice lo que creí mejor.
Ese era su código: hacer lo necesario para la misión. Sin titubear, ni dudas que pudieran poner en peligro por lo que tantos han perecido y otros han sido capturados. Se tenía que ser de mente ágil, idear un plan en segundo ante una situación adversa, y nadie mejor que la castaña.
—Eres muy inteligente —se giro para quedar a centímetros del rostro de su amiga— Sin ti hace mucho que ya hubiéramos sido capturados.
—Eso no es cierto —le sonrió— Si hemos llegado tan lejos es gracias a ti.
El silencio se adueño de la sala, la joven se recargo en el hombro del rubio y se quedaron juntos pensando en todo lo sucedido hasta ese momentos. No habían tenido el momento para pensar donde habían estado minutos antes, no hasta que estuvieron en esa calma.
La casa donde rescataron a Mimí, el lugar con más sangre querida derramada por los suicidad, el punto de inflexión que los condujo a huir por los universos. Sus corazones latían juntos ante los recuerdos, presionados por la tristeza y el dolor, estrujados por la memoria del ayer.
— Hablando de osados—le devolvió su codificador— esto es tuyo.
Lo tomó con su mano para pasar el metal entre sus dedos. Su plan no tuvo que llegar al punto de que Mimí tuviera que huir con Izzy, dejándolo atrás por ser capturado. Estaba contento de haber salido avante.
—Por cierto, me dolió tu comentario de antes.
—Solo dije lo que es cierto.
—No te hubiese abandonado —le tomo de las mejillas para que no huyera—. ¿Entiendes?
Esa expresión con una convicción firme sin un titubeo en su voz le reanimó, por dentro su miedo se asfixio con las palabras. Por esa noche lo creería, por ese instante dejaría que esa voz lo convenciera. Porque si era realista, ellos tenían una prioridad en donde él podía caer, pero ella no.
—¿Ahora que sigue, Matt?
—Si lo que dices es cierto sobre Izzy —sujeto con fuerza la mano de su amiga—, terminar con todo esta locura.
13
Una mañana nacía como una nueva promesa de vida, con el cielo naranja tiñendo los cielos y aguas del mismo color. El fresco de la mañana era como una amante ferviente que te espera para acariciarte y desearte los bueno días, y las nubes blancas en lo alto surcando el cielo como ángeles que se cercioran de que hoy tengas un buen día.
La castaña se estiro en un gesto de recuperar su movilidad perdida por la noche, respiro hondo sintiendo lo bello de un nuevo amanecer. Pocos días eran tan hermosos como ese que se pintaba atreves de su ventana como un recuadro pintado por el mejor y más famoso pintor. Ella creía que todo eso tenía que tener algún autor, una mente maestra que en su infinita sabiduría creara la vida como una obra teatral perfecta con escenografías exquisitas.
Incorporada sobre su cama se quedó observando unos minutos los montes, arboles y cielo que se dibujaban por su ventana. Un día como es no podía augurar nada malo, pero el destino tenía otros planes.
—Buen día, señorita Tachikawa.
Una voz robótica le dio el buen día y un holograma se proyecto a los pies de su cama. Una mujer de una edad cercana a los treinta le sonreía desde su lugar.
—¿Desea que le prepare la bañera?
—Te lo agradecería, INA.
La mujer de un color azul con textura como pixeleada asintió y desapareció para volver unos segundos después.
—Su padre desea verla a las diez en el laboratorio.
—¿Hoy? ¿No se supone que tendríamos el día libre?
—Me acaba de confirmar que hay unos asuntos que atender sobre los nuevos prototipos.
La castaña se quedo por un momento seria, su padre era conocido por estar casado con su profesión, y que pasara mucho tiempo tratando con el proyecto Orión como su prioridad ante cualquier otro asunto. Sin embargo, en sus años de vida su padre jamás dejo pasar un día de descanso, porque así como sabía que su investigación era importante reconocía que el descanso era parte fundamental. Y eso lo adoraba, porque de pequeña anhelaba con fervor esos días en que tenía a su padre solo para ella.
Le pidió a INA que le dijera a su padre que estaría a la hora marcada en el laboratorio, la inteligencia artificial desapareció acatando la orden y dejo a la castaña sola en su habitación. Se levanto de su cama y camino hacia la ventana, se coloco en el marco para ver como el sol se alzaba en por lo alto del cielo para retomar su reinado. Adoraba su habitación, la que se encontraba del lado hermoso como le decía, prefería ver la naturaleza que la ciudad que se alzaba a su espalda.
Una vez que le dio el aviso la inteligencia artificial de que la bañera estaba lista, se fue al baño para relajarse en la comodidad del agua; en realidad era una solución azul rey un poco más densa que el agua. Le gusto que la humanidad encontrara aquella manera de limpieza para el cuerpo, el agua estuvo por terminarse y con esa solución evitaron que se acabara, dando oportunidad a los científicos de poder crear más de ese líquido vital.
No todo en la tecnología de su época era malo, solo que pensaba que se estaban alejando de lo que su mundo en verdad era. Perdían el objeto de su belleza.
—INA.
—Diga, señorita.
—Podrías solicitarle a Sora que confirme nuestra comida de esta tarde.
—Con gusto.
Estando envuelta solo en una toalla se dirigió al cuarto de cambio, el cual solo consistía en un pequeño rectángulo con una pantalla en la pared negra; las otras tres eran plateadas. Se quito la toalla quedando desnuda y entro al cuarto. En la pantalla apareció un menú con imágenes de la ropa que tenia disponible. Pasaba por cada una y si alguna le llamaba la atención apretaba el pequeño botón morado que decía "modo prueba". Una proyección de la prenda se dibujaba en el contorno de su cuerpo donde debería estar colocada.
Pasado unos diez minutos de prueba encontró lo apropiado, una blusa blanca con bordes en negro, un pantalón obscuro y unas zapatillas que daban juego. Se miro en el espejo de su recamara y se vio hermosa, no era por presumir su belleza, pero reconocía que era una joven de buen ver.
—INA, prepárame el vehículo dos.
—Vehículo alistado para su partida.
—Gracias.
La joven se encontró con el vehículo elegido en el porche. Frente una figura metálica lisa y ovalada con unos vidrios polarizados le esperaba a unos metros. Se acercó y con su huella dactilar colocada en un punto específico del vehículo provoco que este dibujara una línea y se abriera la puerta. Se adentro y acomodo en el asiento del conductor.
—¿Destino? —pregunto una voz mecánica.
—Conducción Manual.
—Conducción manual activada.
La castaña era de las pocas personas que aun le gustaba hacer las cosas por su propia cuenta y no dejárselo a las maquinas. Encendió la radio y mientras alistaba todo para su partida escucho el noticiero, hablaban sobre las acciones del alto consejo y del grupo conocido como los suicidas. Al escuchar aquel nombre de la organización la castaña rodo sus ojos con desprecio, la comunidad estaba admirada con ese grupo de asesinos, los veían como héroes cuando la realidad era otra.
Cambio de estación para no escuchar más sobre las idioteces que sus líderes estaban haciendo en aquellos días. Echo andar el vehículo y se perdió en la carretera que tenía a unos metros de su casa, viviendo a las afueras de la ciudad le tomaría unos cuarenta minutos llegar al laboratorio. Quería saber que era lo que su padre en un día como ese necesitaba aclarar, sin saber que esa tarde todo cambiara.
Su vida no sería la misma.
14
Con el nuevo amanecer sus ojos se abrieron para dar la bienvenida a lo que creyó un sueño y se volvió realidad. Se incorporo en la cama para estirarse, aquella cama era tan suave que durmió plácidamente como nunca creyó hacerlo antes. Bostezo, entorno la mirada y se encontró con el vacio de la habitación. Quiso saber la hora, pero no encontró nada que se la indicara, todo estaba amueblado con extraños objetos que jamás imagino y por consecuencia no sabía usar.
Se levanto solo para volver a estirarse, relajar esos músculos que el día anterior estuvieron tensos y duros. Giro con su cadera hizo un par de flexiones, respiro hondo y decidió salir de la habitación.
Desde el segundo piso, por la sala se paro en el barandal que no permitía caer al primer piso, estaba en una especie de balcón. Bajo su vista y vio en el comedor a Mimí y Matt desayunando cómodamente, charlaban sobre algo que no alcanzaba escuchar, y en un momento la joven sonrió. Era como ver a una pareja recién casada, donde el esposo se disponía ir a trabajar y su esposa se quedaría un momento antes de también salir a su trabajo.
Bajo por ese recuadro que utilizo la noche anterior, siguió los pasas que vio usar a Mimi. Con paso lento camino hasta llegar hasta la mesa donde la pareja, que lo vio sentarse en la silla más alejada. Matt como siempre frio le dedico una mirada desinteresada, en tanto, la castaña frunció el ceño.
—¿Cómo dormiste? ¿Descansaste bien?
—Mentiría si dijera que no dormí bien —el pelirrojo buscaba algo en la mesa que le pareciera comestible, todo resultaba extraño—. La cama de este mundo es simplemente, reconfortante.
—Es bueno que durmieras bien, pero ahora tenemos algo que decirte —escupió con tono sombrío el rubio.
—Matt.
—Tenemos el tiempo sobre nosotros, Mimi, no hay tiempo que perder.
La castaña se quedo mirando a su compañero con sus facciones endurecidas, que después de unos segundos se suavizaron y con un movimiento de cabeza acepto la realidad.
—Sospecho que me involucrare más en su cruzada.
—No sospechas mal —con una media sonrisa Matt se levanto de su lugar—. Te necesitamos, tu eres la opción viable para terminar todo esto.
—Me gustaría ayudar, pero como piensan hacerlo si no me han contado bien su historia —el pelirrojo reto con la mirada al rubio—. Necesito detalles, no solo la superficie de lo que ahora me involucran.
Matt y Mimi se miraron y después volvieron su atención al pelirrojo que esperaba a que le explicaran todo lo que estaba sucediendo.
—El MIT que te entregue —hablo Mimi— es la investigación que mi padre por años desarrollo.
.—La solución al problema que los Reizeit ocasionaron —completo Matt.
—¿La destrucción de universos.
Ambos asintieron.
—¿Qué solución es?
—La quinta dimensión.
A palabras de la castaña, tanto ella como su padre y otros tantos no creían que la solución del alto consejo. Asesinar a los reizeit lo tachaban como una barbarie, una manera nada practica para salvar universos. El padre de Mimi comenzó a desarrollar un método neuronal que bloquearía la habilidad que poseían aquellas personas que mediante sueños viajaban por los universos.
No solo era esa la solución, si no que el alto consejo proclamo criminales a todo quien tuviera la habilidad de la perdición, como lo llamaron, pactando sentencia de muerte. Para salvar inocentes de ser asesinados, y los inocentes que fueron destruidos por los verdaderos culpables; los universos destruidos.
—La quinta dimensión es la que conocemos como aquella que nos permitirá viajar en el tiempo —explico una castaña consternada por sus recuerdos—. Podremos evitar que los universos sean destruidos sin tener que influir directamente en ellos.
—Suena muy loco, pero es una buena solución —Izzy no encontró mejores palabras—, no veo que problema pueda haber para que los persigan.
—El problema radica en que el alto consejero tiene otros planes —Matt puso en la mesa un artefacto que estaba proyectando varias imágenes, en ella apareció la de un sujeto de anteojos y cabellera corta azulada—. Quiere lograr una convergencia, atreves de lo que él llama la trascendencia.
—¿Convergencia? ¿Trascendencia?
Palabras sencillas que implicaban grandes cosas que para su comprensión limitada por su mundo no le dejaba ver más allá.
—La convergencia es la unión de las nueve realidades principales —Mimi hizo que el aparato proyectara un planeta en el que se ramificaban otros nueves, y de esos se ramificaban nueve más así sucesivamente—. El alto consejero quiere unir los nueves universos que rigen a los demás en uno solo.
—¿Y eso como para que?
—Quiere crear un mundo nuevo.
—Solo que la convergencia como tal en nuestra realidades no es lo que se teoriza —Matt apago el aparato dejando todo con la luz natural—. Hacer una implicaría la destrucción de todo, los universos se cancelarían y se colapsaría todo el sistema.
—Y como quiere…
—La trascendencia.
Izzy apenas podía seguir la explicación.
—En nuestro mundo se está trabajando en desarrollar lo que llaman la trascendencia, que no es más que la búsqueda de la inmortalidad atreves de pasar nuestra conciencia al mundo virtual…
No sabría que rostro tenia colocado, pero por como Mimi detuvo su explicación solo le decía que era una que mostraba no poder creer nada, como si estuviera en un sueño.
—El punto es que no está bien lo que quiere hacer el alto consejero —Matt no importaba que no le estuviera siguiendo del todo, solo que comprendiera lo que sería vital para su participación—. Esta asesinando a los Reizeit menos peligrosos para quedar bien con la gente, pero a escondidas captura a los más poderosos para estudiarlos y conseguir la convergencia.
—Entonces, ¿yo que tengo que ver en todo esto?
—Tu investigación, es lo que te tiene aquí —la castaña le tomo de las manos y las apretó fuerte—. Necesitamos que completes la investigación de mi padre.
Aquí traigo un nuevo capitulo, disculpen la tardanza por la actualización pero es que mi tiempo en estas semanas a sido muy reducido para poder escribir. No quería dejarlos esperando mucho así que vengo con este capitulo que es ligeramente más corto que los anteriores, pero el siguiente lo compensare. Gracias por leerme, y espero disfruten de la lectura, nos estamos leyendo n.n
Au Revoir.
