Tontos, jóvenes y enamorados.
Capítulo 4: Ahora empiezan los problemas
En el departamento de Ren se dedicaron a ver televisión y jugar PlayStation. El dueño de la casa había salido a buscar, junto con su "empleado predilecto", Basón, algunas cosas para hacer la cena, y tenían que ir a buscar a su hermana, Jun.
Al regresar, Ren miró a sus amigos jugando con el PlayStation que no les había prestado en ningún momento.
-¿Qué demonios hacen? –preguntó imprevisto, haciendo que todos saltaran.
-B…bueno nosotros, f…fue idea de Hao sacar tus cosas, es que estábamos aburridos y…y…, p…pero… ¡FUE IDEA DE HAO! -dijeron al unísono Yoh y Horo, dejando a Hao con la boquiabierto.
-¿Cómo pueden jugar esa porquería prehistórica? Hubiesen sacado la consola Wii.
Los ojos de los muchachos brillaron como nunca.
Y luego lo volvieron a hacer, al ver a una hermosa joven de ojos azules entrar a la habitación, de cabello verde y recogido, con irresistibles proporciones; la hermana de Ren, Jun Tao.
-Buenas tardes, muchachos. –dijo saludando cordialmente con una linda sonrisa, mientras todos, excepto su hermano e Yoh, que era algo más controlado, babeaban.
-Tan linda como siempre. –Dijo Yoh sonriendo, haciendo que la muchacha de 20 años soltase una modesta risa. –Un gusto volverte a ver Jun.
-Si la belleza se heredara, estaría enamorado de tu hermano. –Comentó Hao, haciendo que el chino se molestara.
-¿Si la belleza se heredara? ¿Me estás tratando de feo? –preguntó el Tao, sin ocultar su irritación.
-No Ren –corrigió Horo- dice que Jun te opaca demasiado, haciéndote ver… -hizo una pausa.- Sí, Hao te trata te feo. No lo culpo, teniendo a una hermana tan linda…
Jun volvió a sonreír, todo el ambiente estaba de color de rosa, claro, menos para el hermano de la joven que se encontraba en una esquina rodeado por un aura azul marino.
-Cada día que los veo creo que son más dulces –sonrió amable- Si hubiese conocido chicos como ustedes a su edad, no duden en que hubiese rogado por tenerlos de novio.
Y todo se tornó de negro más rápido de lo esperado.
-Pero no sé qué haría sin mi Lee Bruce….
Ese nombre les retumbó en la cabeza.
-¡Aún no puedo creer que me caso con él en 3 meses!-declaró emocionada, mostrando su gran sortija.
Y todos miraron al suelo, deprimidos.
Con la noche estrellada, la gran celebración comenzó. Como era la reapertura, toda la comida era gratis –algodón de azúcar, palomitas de maíz, etc.- lo cual le subió mucho el ánimo a Usui después de recibir la fatídica noticia de que su hermana también había ido, acompañada de su amiga, Tamao. Luego de sacar 5 algodones de azúcar, Hoto se reintegró al grupo.
-Qué lindo, nos trajiste algodón. –dijo Lyserg sonriendo.
-¿Les traje? –Preguntó él.-Estos 5 son para mí.
-Qué glotón…-discutió Hao, quitándole un algodón de azúcar.
Los demás lo imitaron.
-Te pasaste Hotín.- agradeció Yoh, dándole una palmadita en la espalda.
-Mi comida…-suspiró con cataratas el perjudicado.
-¡Hermano! –chilló una aniñada voz, cuyo cuerpo se lanzó sobre su hermano.
-Pero no puede ser, sabía que estabas aquí, pero deseé que no nos encontráramos…-se lamentó el de pelo celeste. – ¡Y ya quítate de encima!
-Que malo…-reprochó Pilika, observando disimuladamente a su amor platónico. –Hola Ren –saludó ella, tratando fallidamente de hablar seductora.
-Hola, Pilika. –saludó sin demasiado interés.
-Sentimos interrumpirlos. –dijo apenada Tamao, que llegó junto con la chica del norte.
-No hay problema.- sonrió Yoh. -Buenas noches Pilika, buenas noches Tami.
-B…buenas noches. –contestó apenas Tamao, mientras el rosa se expandía por su cara.- ¡Me dijo Tami!
-Tamao, Pilika, que agrado me da verlas. –dijo Lyserg, sonriendo amablemente.
-Ya comenzó con su sonrisa falsa…-pensó Hao, que sentía que de pronto le pesaba respirar.
-A mí me asombra encontrarte con mi hermano y los demás- exclamó sorprendida la Usui, ya que, por que lo que sabía, su hermano mayor y sus amigos le odiaban, menos Yoh claro, que tomaba a toda cosa que respirara por "amigo", en la mayoría de los casos.
-Pues me encontré con los chicos a la salida del edificio en donde Ren vive, e Yoh me ofreció muy cordialmente acompañarlos al parque. –explicó el de pelo verde.
-Bravo, Yoh…-dijeron entre dientes su hermano, el del cabello azul violáceo y el Usui.
-¿O sea que has estado con Ren todo este tiempo?-preguntó en un susurro la hermana menor de Horo.
– Y no es lo mejor –el muchacho le susurró algo al oído, para luego reírse al unísono. -¡Luego te lo cuento todo!
-Puaj… -Hao miraba con algo de desprecio, imaginándose qué tipo de cosas conversarían más tarde.
Y en realidad, las cosas pintaban color Tamao para ambas chicas. Sus amores platónicos estaban ahí; Yoh para Tamao y Ren para Pilika. Claro que, Tamao era mucho más reservada al respecto. Conocía a Yoh desde que tenían 4 años y desde entonces estaba enamorada de él en secreto, ya que su timidez apenas le permitía hablarle sin tartamudear.
-Mi Yoh...
-Mi Ren…
-Mi Horo…
-¿?
-¿Acaso no puedo pensar en mí mismo? –preguntó Usui, moqueando con cataratas.
-Piensas en ti mismo porque no hay quien lo haga. –molestó Ren.
-¿Y tú no piensas en mí?
Con esto, Horo-Horo voló por los aires, chocando contra uno de los puestos de palomitas de maíz.
-Imbécil, ahora no las podré vender. –gruñó un hombre con cara de haber salido de la cárcel hace poco, mirando grandes cantidades de palomitas tiradas por el sucio suelo- Te ordeno a que te las comas, en castigo. A sí los encargados no me pedirán limpiar.
-Usted… ¡ES UN SANTO! -gritó Usui, abrazando al señor, que por alguna razón, se sonrojó. – ¡Con gusto me comeré estas palomitas!
-¡Qué muchacho! –suspiró el hombre.
Los muchachos, Tamao y Pilika, esperaron a que Horo-Horo acabara con las palomitas de maíz para dirigirse a la montaña rusa más grande del parque.
-¡Cómo adoro marearme! –gritó Hoto, que llegó con la camisa llena de restos de palomitas. – ¡Y cómo amo vomitar sobre otros!
Al sentarse en parejas, nadie quería ir con Horo-Horo.
-Vamos Ren, vayamos juntos, lo del vómito era broma.
-Púdrete. –sugirió con dulzura el amable chino. El mayor de los Usui hizo una mueca, para fingir que estaba ofendido.
-Usui -suspiró el de ojos oro- Sabes que bromeo.
Horo sonrió con malicia al sentarse con Tao.
-¡Una pareja que se reconcilia! –gritó Hao, que llegó corriendo hasta el carro de la montaña.
-¡QUE NO SOMOS PAREJA!
-¡Como sea!
Hao tomó asiento con una muchacha de cabello largo y de un lindo cuerpo.
-Hola, preciosa -saludó sin mirarle realmente a la cara.
-Yo me iba a sentar ahí, hermano.-reprochó Yoh.
-Me da lo mismo, eres un minuto menor que yo, así que tienes un minuto menos de derechos.
-P…pero…
-¿Quién salió primero de mamá?-cuestionó Hao.
-Tú…-pronunció rendido el menor.
-¿Quién se irá con la chica sexy de los grandes senos?-preguntó seriamente, provocando a la muchacha mirarlo con enojo y vergüenza.
Así que Yoh se tuvo que ir con…
-¿Seguro que no te molesta ir conmigo? –preguntó Tamamura, sintiendo que la cabeza le iba a explotar de lo roja que estaba.
-¡Que linda!, por supuesto que no me molesta, al contrario. –respondió Yoh, que solía tratar de ser gentil con la gente con la que no suele hablar.
Ella sólo sonrió, algo nerviosa.
-¿Qué tienes?
-Las alturas me causan escalofríos… - En realidad me subí sólo para estar cerca de Yoh, pero no sólo estoy cerca de él, ¡Estoy a su lado! ¡Esto es un gran paso! ¡Tal vez nos podremos casar y tener muchos bebés! ¡ARRIBA, TAMAO ASAKURA!
Su mundo de fantasías acabó cuando se fijó en que el carro estaba en lo alto, punto de comenzar se veloz viaje. Chilló al ver lo alto que estaban. Y luego el carro se impulsó un poco hacia adelante, balanceándose para bajar a toda velocidad, haciendo sonar a un coro que traía la paz y la armonía; -¡WHAAAA!
-Un momento, ¿Estuviste con Tamao?-preguntó Anna a la vuelta de clases. -¿Con Tamao Tamamura? ¿La niña más torpe y tímida en esta escuela?-agregó en un susurro.
-No seas mala, Anna. -relató Yoh, que miraba el Rolex del chino esperando el timbre del primer recreo. –Luego la invité a otros juegos y gané un peluche, y más tarde se tuvo que ir temprano, pero le pedí pasar este día con ella.
-¿Dices todo el día? –preguntó la rubia, sin ocultar que estaba escandalizada.
-Ni te imaginas como reaccionamos nosotros cuando nos dijo eso…-comentó Usui metiéndose para tener algo de protagonismo.- Me dejó de lado, y más encima con cierto deforme con ojos de gato… ¡Toda la noche!
Ren no tomó en cuenta la indirecta, ya que revisaba sus libros.
-Entonces fue tu noche ideal, Hoto.
-Hao, estimado travesti; lamento informarte que no soy gay, y no me pienso cambiar a "tu bando" homosexual. Y agrego por milésima vez que no tengo nada que ver románticamente con el señor tiburón.
Ren levantó una ceja, sin hacer nada más.
-Queridos alumnos… ¿Queridos? Ay, ¿A quién engaño? Mocosos, cállense de una vez.
-Perdón profesora…
-Ña, ña, ña, perdón profesora. –Imitó con tono de burla la profesora Izumi. -¡Perdón mi trasero! Sigan repasando lo que hemos visto, luego no quiero a nadie arrodillado, llorando por una segunda oportunidad.
Suena el timbre…
-¡Sí! –celebraron los alumnos, mientras se levantaban de sus sillas.
-¿Qué hacen? Vuelvan a sus puestos.
-Pero si ya sonó el timbre…
-¡SÓLO SUENA EL TIMBRE CUANDO YO DIGO!
Luego de 3 largos minutos, los alumnos salieron de todas formas.
En frente a la sala estaban paradas Jeanne, Pilika y Tamao.
-Demonios…-susurró el de los aretes.- Diethel, ven un poco.
-¿Qué pasa, Asakura? –preguntó interesado el muchacho.
-Te querré mucho si pasas sólo tú este recreo con Jeanne, y si puede ser, todo el día.
Ren y Horo comenzaron a reír con malicia al notar el sonrojo del de pelo verde.
-¿Por qué tan rojillo, Lissy? –interrogó Horokeu, sin ocultar su sonrisa macabra.
-Por supuesto que no estoy rojo…es que hace de pronto mucho calor, eso es todo.
-Es porque estás cerca de Hao. –supuso el de ojos ámbar codeando al de cabello azul claro.
Anna les jaló el cabello a ambos, que después de quejarse se dieron cuenta de que su amigo Yoh se estaba yendo por el pasillo junto a la ruborizada Tamamura.
-Esa Tamamura se lo está llevando.- murmuró Ren extrañado, mientras Hao se reintegraba al grupo, ocultándose detrás del joven proveniente del norte para que su novia se fuera sin verlo.
-Parece que Tamatonta te trata de robar a mi hermanito, Annita. –rió con picardía Hao mientras salía de su escondite.
-Te mueres de curiosidad por saber a dónde fueron… -susurró Tao, poniendo uno de sus brazos rodeando su cuello, para que ella suspirara enfadada.
-Por saber a dónde fueron, sin ti. –agregó Usui, rodeándola también con su otro brazo.
La rubia bufó molesta.
-Está bien, ustedes ganan –habló molesta, cruzándose de brazos- Vamos a espiarlos.
-¡Sí!
Tamao e Yoh se encontraban en una de las terrazas del colegio (habían sido prohibidas para ciertas personas demasiado liberales, como Hao, o el algunos casos Hoto, para no lanzarse ni a sí mismos ni a otras personas, cosa que ya había ocurrido.).
-¿Tienes calor? –preguntó el muchacho por sorpresa.
-N…no, ¿Por qué? –contestó la chica ingenuamente.
-Pues porque estás muy roja, Tamao. –exclamó, riendo.
-¡Lo siento!
-¿Por qué lo lamentas?
-¡Siento lamentarme! Tonta Tamao, tonta, debes dejar tu timidez, así Yoh será tuyo. –se decía a sí misma la muchacha.
-¡Te sonrojaste más! –indicó riéndose el de los audífonos.
-¡Esto me pasa sólo contigo!
-¿Ah?
-¡Nada!... TONTA TAMAO, ¡CASI TE DESCUBRE!
-¡Me causas mucha gracia, Tamao! –Comentó Yoh.- Me extraña que hablemos tan poco, siendo que nos conocemos hace casi 10 años. –agregó, junto con su risa típica.
-¡SON 11!
Los súper espías, en cambio, estaban justo detrás de la terraza, escuchando todo comentario.
-Esto apesta, no escucho nada de lo que dicen.-murmuró Ren, contradiciendo a la narración.
-Yo tampoco escucho mucho, pero se ve que la pasan muy bien, ¿No lo crees, Anna? –preguntó amable Horo-Horo.
-¿Por qué lo tomaron conmigo tan "especialmente"?. –preguntó, con bajo volumen la única muchacha entre los 4.
-¡Duh! Porque es Yoh. –excusó el Asakura de cabello largo con una sonrisa llena de picardía.
-¿Y?
-¡Tú ya sabes! –contestaron los demás al unísono.
-Sólo somos amigos. No hay algún sentimiento en especial de mi parte por él, ni por nadie -murmuró la rubia- Ya me voy.
-Espera, tal vez tengan sexo acá arriba…
-¡HAO! –exclamaron al mismo tiempo todos.
-Ah, no quiero perder mi tiempo en esto.
Anna se retiró. Sentía como se revolvía su estómago, y como simplemente no quería estar ahí. Estaba demasiado concentrada en su repentino malestar como para percatarse de que estaba siendo seguida por Hao.
-¿Mucho para ti, Annita?
-Cómo detesto que me llamen así, y sí, fue demasiado aburrimiento -Aclaró molesta, haciendo que Hao se cruzara de brazos y negara con la cabeza sonriendo.
-Tan orgullosa –murmuró el castaño, acercándose peligrosamente, sin apagar su traviesa sonrisa. –Sin olvidar, por supuesto, lo bonita que eres.
Anna no se inmutó, ya que estaba viendo las opciones disponibles; a) Golpear a Hao y mandarlo a volar ó b) Patearlo y dejarlo sin día del padre.
-No te atrevas a cruzar tus límites, Hao.
-No lo hago. –sonrió abrazándola desde atrás por la cintura y apoyando su mentón sobre su hombro –Después de todo, como dices tú, "te veo como una amiga, y no siento nada en especial por ti"
-No es cierto –susurró la muchacha, mirando la pared de enfrente. –Yo sé qué quieres conmigo, Hao.
-Esa es una gran y fea mentira. –dijo él susurrándole al oído- ¿Sabes qué es lo que quiere Yoh contigo, entonces? ¿Sabes siquiera qué es lo que tú quieres con él?
El muchacho se alejó sólo cuando notó que los otros estaban detrás de él y de Anna, observando sin interrumpirlos hasta ése momento.
El de cabello celeste se aclaró la garganta para que los dos se giraran a verlos.
-¿Mal momento? –preguntó Yoh con absoluta frialdad, sus ojos celosos mirando directamente a los de Anna.
La muchacha sintió que debía darle una explicación al Asakura. Pero recordó qué la había llevado a ése lugar al mirar a la chica de ojos rosa que estaba parada, con semblante confundido al lado de Yoh. Y ya no tenía nada que explicarle a Yoh.
