N/A: Hola, aquí estoy de nuevo! Muchas gracias por los reviews, que a veces me hacen ver cosas de las que no me doy cuenta. Voy a estar de exámenes dos semanas, pero cuando acaben espero traeros el siguiente capítulo y volver a subir el primero, que además tiene errores de formato, para añadir cierta información que creo que aclarará algunas cuestiones que no expuse tan claramente como me gustaría. Y sin más, os dejo con este capítulo. Espero que os guste!

Capítulo 4

Algo que no querías ver

Hermione había registrado la habitación por completo y no encontró absolutamente nada, excepto un par de revistas de Playwizard atrasadas. Gruñendo miró a Patrick, que roncaba tapado con una manta. Le había quitado la ropa y lo había arrastrado hasta la cama, no sin dificultad, y ahora, dormido como un tronco, con una expresión relajada y despeinado, le recordó a Fluffy. Aunque no tan peludo, desde luego. Si hubiera tenido tiempo para fijarse, habría concluido que Patrick era tremendamente atractivo, y que tenía un magnetismo casi animal. Como no lo tenía, siguió revolviendo cajones y armarios.

Tras descartar que hubiera algo de interés, empezó con el protocolo habitual: los hechizos reveladores. Efectivamente, no tardó mucho en encontrar uno que funcionase; apareció una puerta en la pared que no prestó ninguna resistencia. "Demasiado fácil" pensó. Abrió la puerta esperando encontrarse cualquier cosa, pero sólo tenía ante sí un pasadizo iluminado tenuemente por unas antorchas en la pared. No era muy largo, no tendría más de diez metros, y al final había otra puerta. Ésta daba a una sala pequeña pintada de blanco, sin ventanas y absolutamente vacía excepto por una mesa y una silla en el centro. Se sintió muy incómoda por la desnudez del cuarto. ¿Era algún tipo de broma privada que no entendía? Se sentó en la silla y pasó la mano por la superficie del escritorio. Parecía real.

Dio una vuelta por la habitación y empezó de nuevo con los hechizos reveladores, pero esta vez no surtieron ningún efecto. Finalmente, harta de perder el tiempo, se decidió por algo drástico. "Ostende dolum" (muestra el engaño) dijo, con un movimiento de varita. Las paredes blancas empezaron a derretirse, dejando ver la piedra desnuda. La mesa y la silla seguían allí, solo que el barniz también se había derretido. Lo único que había cambiado era una nueva puerta al lado de la puerta de entrada. "Por Morgana, esto sí que ha sido retorcido" pensó.

La nueva sala era algo más pequeña, pero mucho más acogedora. Era de piedra, y en la parte superior de la pared había una vidriera que iluminaba la habitación con rayos de colores. Incluso había fuego crepitando alegremente en la chimenea. Había también un escritorio con una butaca, como en el otro cuarto, pero aquí todo estaba cubierto de pergaminos y libros por doquier. Bastante más animada, le echó un vistazo a los libros: había algunos que parecían bastante antiguos, como "Linaje de los Haggard", "Principales familias mágicas de Inglaterra", un volumen enorme de familias mágicas de Europa… Rancio y típico, extremadamente. Pero otro libro la sorprendió. ¿Nietzsche? Buscó mejor: había dos libros del filósofo, "Así habló Zaratrusta" y "Ecce homo". Se sentó y los hojeó. Nietzsche era un filósofo alemán del siglo XIX, muggle. ¿Qué hacía allí? Buscó; había otros. Heiddeger, Schmitt… Todos tenían algo en común, y sólo pensarlo hizo que le recorriera un escalofrío. Su relación con el nacional-socialismo.

Los magos no eran los únicos que habían sufrido guerras y genocidios. En el mundo muggle también habían tenido lo suyo, especialmente con la Primera y la Segunda Guerras Mundiales. Parecía que, en cierta manera, el enfrentamiento era algo inherente al ser humano, independientemente de la magia. Aunque, desde luego, el deseo de poder era capaz de corromper a cualquiera. Pero dejó de lado esos pensamientos inquietantes, para concentrarse en lo que había encontrado. Porqué tenía Patrick esos libros era un misterio. ¿Por qué puede interesarle a un mago la filosofía muggle, si en el mundo mágico no se le prestaba la menor atención, o se la consideraba como unos muggles idiotas dándose cabezazos contra la pared? No tenía sentido.

No estaba llegando a ninguna parte, así que empezó a revolver los papeles. Facturas, facturas, cartas personales que olían a perfume de mujer, facturas… Probó con el hechizo revelador de tinta invisible, pero no surtió ningún efecto. Aún así, había una o dos cartas escritas de una manera críptica que sin duda tendrían algo de interés. Las copió, las redujo y se las guardó en un medallón que llevaba. Había pasado casi una hora desde que había dejado K.O. a Patrick y debería tardar algo en despertarse, pero aún tenía que borrar cualquier rastro que hubiera podido dejar y arreglar el desastre de la otra sala.

Se cercioró de haber eliminado su presencia allí por completo y salió a la otra sala. Le iba a costar un poco reparar el estropicio que había causado por mera frustración. Ahora se arrepentía un poco de no haber tenido más paciencia. Probó con "Reparo", pero no sucedió nada. Quizás algo más contundente… "Remendo". Tampoco pasó nada. Tendría que intentar limpiar el engrudo viscoso que había en el suelo y pintar la pared. Lo que le faltaba. "Fregotego" Por lo menos la mezcla pegajosa había desaparecido. Ahora… algo para pintar. Lo suyo no era el bricolaje, pero podría hacer algún apaño. "Pingo".

Estaba acabando cuando oyó a alguien acercarse por el pasillo. Obviamente se esforzaba por no hacer ruido, pero seguía oyendo el sonido de la suela de unos zapatos al rozar con el áspero suelo de piedra. Aún le faltaba por pintar parte de la pared, pero no podía perder tiempo, así que sin pensarlo más de una milésima de segundo y esperando que funcionase su táctica de distracción, Hermione se sacó la túnica y se quedó en ropa interior. Se apoyó en la mesa cruzando las piernas, expectante. ¿Por qué se habría despertado ya Patrick? ¿Habría calculado mal la cantidad de poción?

Oía cómo se aproximaban las pisadas. Esperó, pero no vio a nadie. Sin embargo, podría jurar que estaba escuchando a otra persona respirar.

- ¿Hola?

Y una voz grave que no venía de ninguna parte le contestó:

- Hola

Entonces la cabeza de Draco Malfoy apareció flotando en el aire.

- Veo que me estabas esperando. –dijo, con una expresión totalmente inescrutable. Probablemente estaba haciendo grandes esfuerzos por no reírse.

- En realidad esperaba a otra persona. –Hermione también estaba haciendo grandes esfuerzos, pero por no volverse de un rojo chillón, lo que no era precisamente fácil cuando estaba en ropa interior de encaje ante un hombre cuya sola presencia la enervaba.

Lo cierto era que Draco estaba conteniéndose desesperadamente. Podría pasárselo tan bien con una situación tan ridícula como esta… pero en otro contexto. Así que se hizo con el control de si mismo y se centró.

- Granger… Tengo unas ganas increíbles de preguntarte qué haces semidesnuda en una habitación a medio pintar, pero considera mi esfuerzo al preguntar simplemente. ¿Has encontrado algo?

- Agradezco el esfuerzo, Malfoy. Sí, he encontrado algo. -Se desabrochó el colgante y abrió el medallón. - Me siento un poco incómoda hablándole a una cabeza flotante. ¿Te importa?

- Desde luego.

Draco se quitó la capa de invisibilidad, de la que Hermione se había burlado hasta la saciedad en el pasado "Vaya, vaya, así que ahora imitas a Harry, ¿tienes alguna especie de trauma infantil". Pero lo cierto es que era condenadamente útil, y en aquellos momentos Hermione no estaba en situación de reírse de nadie, así que agrandó los papeles y se los mostró.

- "La genuflexión del gato es un problema sin solución. Se da la vuelta y no sabe escribir."¿Qué?

- ¿Qué de qué?

- Nada, estaba pensando en voz alta.

- Bueno, ¿y qué te parece?

- Un haiku muy raro.

- Vaya, no sabía que te fuera la poesía japonesa.

- Y no me va. Un momento, ¿has oído eso?

Se oían unos golpes en la habitación, como cuando alguien está medio dormido (o medio borracho) y se golpea contra todo.

- Oh, vaya, Patrick ya se ha despertado. Acaba de pintar la pared mientras guardo esto. –pidió Hermione.

Draco gruñó, pero no dijo nada. Había momentos en los que podía replicar, y momentos en los que no, y este era uno de ellos, aunque le tocase hacer trabajos de albañilería, así que se cubrió con la capa de invisibilidad y acabó de pintar. Mientras, Hermione había reducido de nuevo los papeles y los había guardado en su medallón.

- ¿Malfoy? –susurró. Los golpes se habían detenido.

Pasaron un par de minutos en silencio y Hermione supuso que Draco se había marchado, pero lo cierto era que Draco aún seguía allí, sin decir nada para hacérselo saber. Aunque reconocería a regañadientes si lo obligasen que Hermione era muy buena en la oficina, no confiaba en absoluto en sus habilidades sobre el terreno. Y no dejaría que pusiera en peligro la información que había conseguido.

Ambos oyeron a Patrick aproximarse por el pasillo. Hermione no estaba nerviosa. Empezó a reír suavemente, y cuando él entró estalló en carcajadas.

- ¿Qué haces aquí, nena?

- Jajaja buscar jajaja el baño. Jajaja. Me voy a hacer pis encima, Patrick. Jajajaja.

Rezaba por su risa fuese contagiosa. Se rió aún más fuerte.

- Por Merlín, ¿qué ha pasado? ¿Me he quedado dormido?

- Sí. –Hermione hizo un mohín.

- Vaya, ¿tan mal anfitrión he sido?- Él también se empezó a reír. –Tengo que dejar el alcohol… -dijo, acercándose y rozándole la mejilla con el dorso de la mano.

- ¿Cómo te sientes al ser superado alcohólicamente por una mujer?

- Mi orgullo no está herido en lo más mínimo –sonrió. –Lo único que lamento es haber dejado pasar la oportunidad de estar con susodicha mujer. –se acercó aún más, y le puso las manos en la cintura, atrayéndola hacia sí.

Draco estaba empezando a sentirse muy incómodo. Vale, le concedería también a Granger que sabía salir de situaciones comprometidas. Pero cuando vio que se estaban besando, y diría que con lengua, llegó a la conclusión de que había sobrepasado el límite. ¿Qué estaría dispuesta a hacer con tal de cumplir la misión? Tenía un nudo en el estómago. Pero si Granger era… ¡era asexual, por Merlín! Nunca había tenido novio formal, ¿no? Que él supiera, su relación con el Pobretón era absolutamente de amigos que se dan besitos en la mejilla y se dan la mano. Luego también estaba Krum, había tonteado con él, en qué, ¿en cuarto o en quinto en el colegio? ... Simplemente se negaba a pensar en ellos así. No era posible. Dos más dos no son cuatro. No. Se negaba a pensar en eso. Claro que volver su atención a lo que estaba sucediendo delante de él tampoco era agradable. Tenía que salir de allí o vomitaría. No se fue precisamente en silencio, pero parecían tan entretenidos que dudaba mucho que lo hubieran oído.