Como siempre, quiero agradecer de todo corazón a todos los que leéis y seguís mi historia y a los que habéis comentado el capítulo anterior: Dzeta y CoDDark. Me hacéis muy feliz :)
Este capítulo es uno de mis favoritos ;) He disfrutado mucho escribiéndolo y espero que vosotros lo hagáis también al leerlo. O al menos espero que os guste.
CAPÍTULO IV: Conversaciones
Sirius se apresuró todo lo que pudo por el pasadizo, pero para cuando llegó junto a la estatua de la Bruja Tuerta, no había señales de Remus por ningún lado.
Lo buscó por todas partes durante más de una hora. En todos los rincones de la Torre Gryffindor, en la biblioteca, en sus lugares favoritos en los jardines, subió hasta la torre de Astronomía y bajó hasta las cocinas, pero no lo halló por ningún lado. Tampoco podía consultar el mapa del merodeador porque se lo acababa de entregar a Peter.
Sentado en un banco de piedra, frente a una fuente de uno de los patios, Sirius se devanaba los sesos pensando en qué más lugares podría revisar. ¿Dónde demonios se había metido ese licántropo cabezota? ¿Por qué había huido así? Necesitaba encontrarle y explicarle. Explicarle todo pero también asegurarle que jamás, por nada del mundo, lo dejarían solo y que no estaba todo perdido. Dudaba entre volver una vez más a todos los rincones del castillo que ya había revisado o internarse en el Bosque Prohibido. Se levantó dispuesto a esto último cuando alguien lo interceptó agarrándolo de un brazo.
- Tú, te vienes conmigo.
- ¿Qué? Ahora no, Cornamenta.
- Ahora – y la voz de James no admitía réplica.
- En serio, ahora no puedo – intentó negociar Sirius -. ¿Has visto a Lunático?
- Vamos – y James tiró de él sin darle opción a nada más.
Se dirigieron a los vestuarios del equipo de Quidditch de Gryffindor, que a esas horas estaban completamente vacíos. James se sentó en uno de los desgastados bancos de madera y le indicó a su amigo que hiciera lo propio en el de enfrente.
- Me vas a contar ahora mismo qué es lo que te pasa.
- ¿A mí? – preguntó Sirius dubitativo. No podía evitar mover inquieto una pierna y echar rápidas miradas a la puerta. No quería estar ahí dentro en esos momentos. Quería salir fuera y seguir buscando. - ¡El mapa! ¿Lo tienes ahí? ¡Déjamelo!
- ¿Para qué? – exigió saber James.
- Por favor, Cornamenta. Luego te lo explico todo.
- No. Ahora. Me tienes preocupado. Peter me ha dicho que le ha parecido que discutíais en el pasadizo. Te dije que no lo agobiaras. Dices que él está raro, pero tú lo estás mucho más.
- Yo no…
- Calla. Te distraes cada dos por tres. La mayoría de las veces no prestas atención ni a lo que hablamos. Antes de ayer Peter se comió en el desayuno todas las magdalenas de arándanos y ni siquiera te diste cuenta cuando, por lo normal, te habrías puesto como un energúmeno. Al principio no quise insistir porque pensé que seguirías preocupado por lo de tus padres y que necesitarías tu tiempo. Pero, después de pillarte un par de veces con la mirada perdida y una sonrisa bobalicona, empiezo a sospechar que se trata de otra cosa. ¿Es Melissa?
- ¿Melissa?
- Sí, ayer se te acercó después de comer. Os fuisteis a hablar a un rincón.
- Oh, eso – la chica había mostrado interés en Sirius, pero él la había rechazado lo más cortésmente que pudo-. No, no.
- ¿Entonces quién? Anna, ¿tal vez? ¿Quién es la chica?
- No hay ninguna chica, Cornamenta. Olvídalo.
- Y una mierda. Tú te has encaprichado, más que eso, me atrevo a decir. Reconozco los síntomas, ¿por quién me tomas? Lo que me fastidia un poco es que no confíes en mí. ¿Desde cuándo no me cuentas estas cosas? Soy tu mejor amigo, ¿no?
- Claro que confío en ti, pero es complicado.
- Siempre es complicado. Canuto, venga. Sé que no quieres, pero hazme caso, hablar te sentará bien. O acabarás volviéndote loco.
En eso James tenía toda la razón. Necesitaba hablarlo con alguien.
- ¿Quién es la chica? – volvió a preguntar James.
- No hay ninguna chica. Espera, escucha. Tienes razón. En todo. Pero no es una chica. ¿Comprendes? ¿Me comprendes? – Sirius le miró desesperado, y luego, en un gesto de frustración, enterró su cabeza entre las manos. Y no se trataba de una simple pregunta, Sirius le estaba pidiendo ayuda, una llamada de auxilio. Necesitaba que lo entendiera y comprendiera. Hasta ese momento Sirius no se había dado cuenta de cuánto necesitaba que James le entendiera.
- Oh. ¡Ooooooh! – exclamó James abriendo mucho los ojos y poniéndose en pie-. ¿Quieres decir que tú…? Espera. No seré yo, ¿verdad? Dime, por favor, que no soy yo. A ver, no me malinterpretes, seguirás siendo mi mejor amigo, pero esto complica un poco las cosas. ¡Claro! Y por eso estás tan raro, porque con Lily empieza a ir todo fenomenal y…
- ¡Que no eres tú, pedazo de burro! – gritó Sirius entre exasperado y aliviado -. El mundo no gira a tu alrededor, ¿sabes?
- Remus – susurró James al instante, clavando sus ojos en los de su mejor amigo -. Es él, ¿verdad? ¿Te gusta Lunático?
- Sí – y le supo a poco esa respuesta, pero aún no se sentía preparado para decir en voz alta que, en realidad, estaba enamorado. Completa y perdidamente enamorado.
- Sí que es complicado – dijo James dejándose caer de nuevo en el banco, comprendiendo todo lo que implicaba la confesión de su amigo.
- Te lo dije.
- ¿Y qué vas a hacer? ¿Se lo vas a decir? ¿Crees que él también…? Y si no siente lo mismo… Joder, Canuto. No quiero que mis dos mejores amigos empiecen a comportarse de manera extraña o que ni se hablen – James expresaba sus propias preocupaciones en voz alta sin pararse a pensar que quizás así no ayudaba mucho a su amigo - La discusión de hoy… ¿Se lo dijiste? ¿Fue por eso?
- Le besé.
- ¿Qué?
- Besé a Remus.
- Wow, wow, wow, para, para. Que aún estoy terminando de procesar que te gusta Lunático. ¿Cuándo ha pasado eso?
- Él… Estaba gritando, enfadado, asustado y diciendo cosas que… No sé, Cornamenta, no pensé. Sólo quería… Yo… No pude soportar verlo así, ¿entiendes? – pero James no entendía nada, no tenía ni idea de lo que le estaba hablando su amigo. Sirius respiró hondo y comenzó -. Tenía yo razón cuando te dije que algo no iba bien con Lunático.
-¡¿Por qué no habló con nosotros?! ¡Estúpido Lupin! – exclamó James indignado dos minutos después, cuando Sirius ya le había puesto al día de lo que había ocurrido tras abandonar Honeydukes -. Somos sus amigos, maldita sea – se sentó al lado de Sirius y continuó diciendo, esta vez en voz más pausada - ¿se fue sin decirte nada?
- Le estaba buscando cuando me secuestraste.
- Lo siento, no tenía ni idea – James se sacó la varita y el mapa del bolsillo, dijo la contraseña y luego lo desplegó -. Está en la sala común. Se dirige a nuestro dormitorio. ¿Se lo vas a decir? – preguntó asombrado cuando vio que su amigo se ponía en pie - ¿Ahora?
- Sí. Tengo que hacerlo. Gracias, James – y no lo decía solo por haberle dado la ubicación de Remus, sino por escucharle, aceptarle y seguir a su lado. Ambos amigos intercambiaron una breve mirada justo antes de que Sirius saliera disparado hacia el castillo.
Sirius subió de dos en dos los escalones que llevaban al dormitorio de los chicos. Abrió la puerta y entró como una exhalación. Se quedó desconcertado un instante al no encontrar allí a nadie. Miró en redondo una vez más y entonces se fijó en la puerta del cuarto del baño. Se dirigió hacia allí y echó la mano al pomo para abrirla, pero la encontró cerrada. Sacó su varita y apuntando con ella a la puerta dijo "alohomora", pero la puerta seguía sin abrirse.
- Será posible… - masculló por lo bajo Sirius y aporreó la puerta sin contemplaciones - ¡Lunático, abre! Sé que estás ahí dentro.
Esperó dos segundos, no más porque eso ya sería mucho pedirle a Sirius Black, y entonces dio un par de pasos atrás, volvió a apuntar hacia la puerta con la varita y gritó:
- ¡Bombarda!
Un destello y a continuación una pequeña pero potente explosión que hizo que la puerta saltara de sus goznes. Sirius empujó la puerta, que ahora presentaba una gran marca negruzca donde debería estar el pomo, que yacía abollado en el suelo, y entró.
Remus estaba frente al lavabo. Se había quedado paralizado y miraba perplejo a su amigo.
- ¿Es que te has vuelto loco? – le preguntó a Sirius señalando con un elocuente y enérgico gesto a la pobre e inocente puerta del cuarto de baño.
- Tengo que hablar contigo.
Sirius observó a Remus. Éste se había quitado los zapatos, que descansaban, sucios de barro pero bien colocados, en una esquina. Seguramente y como Sirius había intuido, Remus se habría refugiado en algún lugar del Bosque Prohibido.
Ya no tenía puesto el jersey y se estaba quitando la blanca y arrugada camisa. Al verse escrutado por su amigo, volvió a colocársela rápidamente, aunque sin llegar a abrocharla.
- ¿Y no podías esperar ni cinco minutos? ¿Era necesario derribar la puerta de esa manera?
- Te fuiste. Estábamos hablando y te largaste. Llevo horas buscándote. – Remus apartó la mirada y agachó la cabeza -. Escúchame. Atiende bien a lo que te voy a decir, cabeza de alcornoque – Sirius vio como una pequeña y ligerísima sonrisa apareció brevemente en los labios de Remus -. Está claro que no se te puede dejar solo. Nos vamos de vacaciones y mira como vuelves. Demasiado tiempo para pensar… ¿Realmente iba en serio todo lo que me dijiste en el pasadizo?
- Siento mucho como me puse, de verdad, yo…
- ¿Y cómo puedes ni siquiera pensar por un segundo que vamos a dejarte solo? Estoy enfadadísimo contigo por eso. Olvidarnos de ti… ¡Jamás! Yo no podría olvidarme nunca de ti – dijo bajando la voz en esta última frase y mirándolo intensamente, como si mirándolo así pudiese hacerle entender a Remus todo lo que significaba para él.
Como su amigo no decía nada, continuó:
- Sé que tu vida no ha sido fácil, que no lo es… Pero te olvidas de algo. De niño creíste que nunca podrías acudir a Hogwarts y, sin embargo, aquí estás. Tampoco creías que podrías hacer amigos, y aquí estamos nosotros, dispuestos a todo por ti. Te olvidas de la gente que se preocupa por ti y te quiere. Ni Dumbledore ni los otros profesores y, mucho menos nosotros, permitiremos que te quedes sin un futuro digno. Como si tengo que enfrentarme a todo el Ministerio o empresarios del mundo mágico, o a mil demonios, lo que haga falta por ti, yo lo haré. Y James y Peter – añadió rápidamente.
Remus ahora le observaba boquiabierto y con los ojos brillando, luchando por no dejar que se escapara ninguna lágrima. Sirius se acercó a él. Estaban muy cerca. Demasiado. Sirius miró a Remus a los ojos y él le devolvió la mirada. Ninguno decía nada. Sirius levantó una mano, dudó durante un segundo pero después continuó y acarició suavemente el torso de Remus. El chico tembló ligeramente, pero no se movió. No rechazó el contacto.
- Pensé que te avergonzabas de mí, de mi cuerpo – susurró, sin embargo.
- ¿Qué? – Sirius detuvo su caricia un instante, confuso.
- Cada vez que nos cruzábamos en el baño o dormitorio y yo me estaba cambiando, tú… tú desviabas la vista o te ibas.
- ¿Por eso estabas aquí encerrado? ¿Para cambiarte? – comprendió Sirius de pronto - ¿Es que eres tonto?
- ¿Disculpa? – le espetó a su vez Remus, molesto.
- Desviaba la vista para que no se me pusiera dura como una varita – soltó Sirius sin tapujos.
- ¿Qué? Ehhhh ¿qué? – farfulló Remus enrojeciendo hasta las cejas.
- Joder, Remus. Parece mentira que tenga que explicártelo.
- Explícamelo – le retó.
¿Cómo podía estar sonrojado e incómodo de esa deliciosa forma y al mismo tiempo permanecer ahí de pie tan digno y pidiendo explicaciones?
Se inclinó un poco, Remus era unos centímetros más bajo que él, para recortar el poco espacio que quedaba entre ellos. Y cuando estaba a punto de volver a saborear sus labios, sintieron pasos. Ambos dieron un pequeño respingo y se separaron.
- ¡Wow! ¿Qué ha pasado aquí? – escucharon decir a Peter. Dos segundos después le vieron aparecer al otro lado de la puerta.
- Mierda, Peter. ¡Tú siempre tan inoportuno! – y soltando un resoplido molesto y exasperado, agarró a Remus de un brazo y tiró de él, sacándolo del cuarto de baño, del dormitorio y luego llevándoselo escaleras abajo.
- ¡Ehhh! ¿Pero qué he hecho yo ahora? – exclamó un desconcertado y ofendido Peter.
- Espera, Canuto, voy sin zapatos – le estaba diciendo Remus, pero él no hizo caso.
Remus intentaba, sin mucho éxito, agarrarse la camisa y taparse mientras Sirius tiraba de él. Por suerte, en una tarde de sábado como esa, apenas había algún que otro alumno en la sala común y ni prestaron atención a los dos jóvenes que atravesaron en un visto y no visto la estancia.
Salieron por el hueco del retrato y una vez fuera, Sirius arrastró al licántropo tras de sí, bajaron un tramo de escaleras y lo condujo hasta el final del pasillo. Abrió la puerta y empujó a Remus dentro de un pequeño trastero, lleno de escobas, fregonas, productos y utensilios de limpieza y mantenimiento.
Sirius entró y cerró la puerta. Clavó sus ojos en él y se acercó. Remus, sin dejar de mirarlo a su vez, dio un paso atrás y recostó su espalda en la pared. Sirius extendió ambos brazos y los colocó uno a cada lado de Remus.
- Ay.
- Perdón – susurró Sirius al percatarse de que había pisado uno de sus pies descalzos.
La cálida y anaranjada luz del atardecer se filtraba por el único y pequeño ventanuco del trastero, arrancando algunos destellos cobrizos del cabello de Remus.
Ninguno decía nada. Simplemente permanecían uno frente al otro, manteniéndose la mirada, respirando el aliento del otro.
- Me gustas – le espetó Sirius.
Notó como a Remus se le cortaba la respiración. Pero al momento se recobró y dijo, dubitativo:
- Si se trata sólo de un calentón… - no terminó la frase. Sirius percibió algo en sus ojos, ¿miedo, tal vez?
- ¡No! ¿Qué dices? Remus, me gustas. ¿Lo entiendes? Tú, me gustas de verdad. Yo… yo estoy… joder, no me hagas decirlo en voz alta – susurró -. Y tú, tú sientes lo mismo. Sientes lo mismo por mí, ¿verdad?
A pesar de haber dicho esto último imprimiéndole a su voz un convencimiento que en realidad estaba lejos de sentir, Sirius necesitaba escuchárselo decir. No podían ser sólo imaginaciones suyas. En el pasadizo, Remus le había devuelto el beso. Y tanto en el baño como ahora ahí dentro, no rechazaba su contacto y cercanía. Es más, permanecía de pie, mirándolo ansioso y expectante, como retándole a dar un paso más.
Entonces, Remus levantó una mano y la posó suavemente sobre la mejilla de Sirius, un poco inseguro; como si no terminara de creérselo, como si temiera que fuera a desvanecerse ante sus ojos en cualquier instante.
- Lo he deseado tanta veces… Esto. Pero ni en mis mejores sueños creí que pudiera suceder de verdad.
Y ante esta pequeña e inocente susurrada confesión de Remus, Sirius sintió como una dicha y felicidad tan sumamente inmensas recorrían todas y cada una de sus venas y arterias, llenando su corazón, que amenazaba con explotar allí mismo, en ese instante.
En un gesto tan tierno que cogió por sorpresa al propio Sirius, le tomó la mano que estaba sobre su cara y depositó un dulce beso en su dorso.
Remus abrió mucho los ojos y, acto seguido, se le abalanzó y le besó, dándolo todo. Sirius trastabilló un poco por el ímpetu de su compañero pero, tras un segundo de sorpresa, se repuso y le devolvió el beso.
Bajó las manos y, agarrándolo por las trabillas de su pantalón, tiró un poco y lo pegó a él, desapareciendo así el poco espacio que quedaba entre ellos.
Y el beso se alargó. Durante los siguientes minutos ninguno recordó que estaban metidos dentro de un trastero, en la Torre de Gryffindor. No se percataron que ya había anochecido y que sus amigos los estarían buscando para bajar todos juntos a cenar al Gran Comedor. Nada importaba, solo que estaban juntos, al fin.
Un rato después se detuvieron un momento, porque pararse a tomar aire también era importante y necesario. Se miraron, sonriendo ambos felices y extasiados, sin sacar sus manos de debajo de la camisa del otro.
- ¿Quieres bajar a cenar o nos quedamos aquí un rato más? – preguntó Sirius.
- Sigo descalzo.
- Estupendo. Nos quedamos – y lo estaba diciendo ya contra los labios de Remus.
*o*
Si os ha gustado, un review, por favor. Y si no, pues también podéis hacérmelo saber (todo es siempre mejorable) XD
Sólo queda un capítulo más, que sería el epílogo. Luego tengo escrito otro pero en principio mi idea era publicarlo a parte, como un oneshot. Quizás es demasiado corto para ser un oneshot... bueno, ya veré lo que hago. Lo que está claro es que sí que lo publicaré.
Gracias de nuevo a todos los que me leéis (nunca me cansaré de dar las gracias ^^).
