[ O]

Pasaron varias semanas, cuatro para ser exactos, y no había conseguido hablar correctamente con Atenea, además de unas cuántas evasivas de su parte, lo cual aumentaban sus ansias y mientras más evasivo era el asiático, más quería saber sobre él.

Como alguien obsesivo.

—Atenea, dime— comenzó ese día. —¿tu relación con la doctora Donna fue sexual?

Atenea lo miró desde su cama, estaba en posición india y miraba sus dedos en su regazo. Con su lengua barrio su labio inferior para luego morderlo con timidez. Viktor se encontró mirando con demasiado interés ese gesto, eso lo confundió.

Por lo que tenía anotado en cada una de sus visitas era que: el sujeto de observación no respondía a ningún estímulo a menos que se mencionara a su anterior doctora.

Asistía a sus clases y hacia correctamente los ejercicios dados, no se veía interesado en socializar con sus otros compañeros y éstos tampoco con él.

Jugaba ajedrez con cualquier compañero que se le asignara.

Comía todas sus comidas sin saltearse ninguna.

Y en el recreo siempre se encontraba solo. No había nadie con él.

En el momento de las pruebas no ponía pegas y cumplía todo con diligencia.

—¿Atenea?

Él negó. —No fue de esa manera— el ruso se encontró vasilando en su lugar. No podía distinguir si estaba mintiendo o no. Podía estarlo manipulando a base de mentiras y él nunca lo sabría. —Ella era una buena doctora. Me abrazaba y jugaba ajedrez conmigo, me traía caramelos del exterior...— se encogió de hombros, pareció recordar algo con dolor y Viktor pensó que realmente extrañaba a Tanya.

—Ya veo...—se sintió incómodo con aquella añoranza que parecía mostrar en su mirada. Tanya había estado enamorada de él incluso si Atenea era menor, no le había importado en absoluto.

Alguien abrió la puerta.— Número ocho, hora del almuerzo— uno de los cuidadores avisó. Atenea enseguida se levantó y fue hacia fuera, siguiendo al otro hombre.

—Adiós, doctor— le sonrió Atenea y desapareció de su vista.

Unas dos horas después, Viktor se sintió inquieto al no ver regresar a su paciente. Sabía que debía estar en receso pero no podía evitar aquella ansiedad.

Fue a buscarlo al patio. Pasó por las habitaciones de los demás sujetos y llegó a la sala de estar. Se detuvo cuando escuchó una risa de mujer. Su curiosidad fue más fuerte.

Miró en el pequeño hueco que dejó la puerta al estar mal cerrada. Se sorprendió de ver a Atenea allí.

Atenea le daba la espalda a la otra chica mientras ésta tenía su cabello en sus manos y terminaba de trenzarlo. La chica se rió. —Atenea te quedaba realmente bien.

El ruso se sorprendió al ver una pequeña sonrisa en su paciente.

—Gracias Artemisa, realmente no quería trenzar mi pelo pero...—se encogió de hombros. Artemisa lo empujo levemente.

—No seas malo, gracias por ser mi modelo.

—Ah, de nada— le sonrió más a la adolescente de cabello rubio y grandes ojos celestes. Ella le dio un beso en la coronilla y Atenea suspiro mientras se recostaba contra ella.

Viktor enseguida conectó los puntos.