Hermione volvió a asistir a clases y fue lo mismo. Snape estaba allí desde el comienzo. ¡Sabía todos sus horarios! ¿Por qué ella era tan predecible?
Intentó cualquier cosa, cuando Snape la apegara contra él en un pasillo solitario. Estaba alienado, observándole y diciéndole muchas frases incoherentes que terminaban en "la amo Granger" Por supuesto ella sólo se mantenía en silencio; tratando de safarce.
En ese momento en particular, sus manos estaban en su cadera. Deseaban subir, mucho más allá y habían comenzado a hacerlo. Le acarició el cabello y pretendía tocarla más allá de su suéter. Por supuesto, Hermione simplemente cerró los ojos y trató de apartar su mano. Si lo veía, seguro se desmayaba del susto.
Soltó una especie de gemido mudo, cuando su mano rozó apenas su pecho. En cuanto ella gritó Snape se arrepintió enseguida. Ella con los ojos llorosos, le dijo que se alejara de ella y juró que su expresión era de profunda tristeza. ¡Estaba loco!
Se alejó lo más que pudo y suspiró cuando sintió que casi era violada por el hombre. En un abrir y cerrar de ojos llegó hasta la sala común y terminó nuevamente en la habitación. Por fortuna, estaba Ginny para consolarla.
Se había ido a mayores, pensaba ella. Seguramente, tendrían que tomar medidas drásticas. Eso pensaba Snape cuando se lo relataba a Dumbledore.
- ¡No quise hacerle daño!- dijo con lástima- ¡Simplemente fue un accidente!
- ¿Se lo explicaste?
- No me dejó, me golpeó.
- Bueno Severus, yo también lo habría hecho de ser ella.
Abatido, se dejó caer en el sillón de la sala de maestros a sobarse la mejilla enrojecida que ella le hubiere dejado. Fue una caricia no intencional, él no deseaba hacerle algo que ella no quisiera experimentar.
Ese día, ella no le vio más y lo agradeció. Parecía que Snape había captado su mensaje y no había vuelto a aparecer frente a ella. En la biblioteca pudo leer con muchísima calma. Sonriente. Seguro, su golpe había puesto todo en un punto final.
Eso pensaba, hasta que Snape la citaba. Ella por supuesto, jamás fue y él jamás dejó de insistir. En un momento, se presentó en el comedor mientras estudiaba. Bien, no podía huír. Le dejó acercarse.
- Granger, lo lamento- le dijo, con un tono de voz suave. Ella apenas le prestó atención- De verdad, perdóneme.
Muy bien, era gracioso ver a su hosco y maléfico profesor de pociones; tratando de ser dulce. Creaba una sensación extraña acerca de él. Y mucho más, cuando colocó en la mesa, una flor.
- Lo siento- le dijo- No tiene que aceptarla, pero me gustaría que me disculpase- dijo, levantándose.
Muy bien, eso iba para mal. Era de locos. Hermione miró la flor sobre la mesa y se alarmó. Severus Snape no era así, necesitaba ayuda urgente y ella tendría que dársela.
Esa noche, no durmió pensando en cómo encontrar la cura. Estuvo leyendo hasta muy tarde para fabricar un antídoto.
Se había quedado dormida en la biblioteca, cuando estuviera leyendo un libro super grueso. Mientras soñaba escuchó un manotaso sobre la mesa. Era Flich.
- Directo, con el profesor Snape.
Bien, eso era mala suerte o quizás no. Al verla, Severus le miró con confusión y trató de ocultar una sonrisa. Terrorífico en todos los sentidos relatables.
- La he encontrado dormida en la sección prohibida.
- Déjamela y vete- le dijo, con su normal voz siniestra. Hacía tanto que no la escuchaba que creyó; que ya no la tenía.
- ¿Qué estabas haciendo allí Hermione?- le preguntó.
- ¡Usted va a volver a ser normal! ¡va a dejar de amarme y a dejar de tutearme!- exclamó ella y él la miró sorprendido.
- ¿Dejar de amarte?
- ¡Sí!
Pareció disconforme con eso y se apresuró a quejarse. Hermione comenzó a caminar hacia la puerta del despacho. Siquiera tuvo tiempo de detenerla, o de restarle puntos aunque no iba a hacerlo. Ya había discutido con ella y no quería seguir discutiendo. ¿Beneficioso? Muchísimo, sobretodo para ella.
Culminado. Besos y saludos.
M&S
