Kung Fu Panda no me pertenece, es propiedad de Dreamworks.
Quiero agradecer a little tigress y nalaks por estar pendiente de la historia. Me hace muy feliz que les esté gustando, por el apoyo y sus comentarios, gracias.
Saben que por ustedes sigo aquí.
Bueno, comencemos o comenzare a llorar jaja…. Este cap. es algo corto pero abre las puertas a los próximos.
Capítulo 4: Corazón de Niño.
Había terminado las clases ese día y nuestro pequeño amigo se dirigía a casa como lo hacía desde ya hace un tiempo. En realidad su madre no estaba segura de dejarlo ir y venir solo pero ella y su esposo trabajaban y no llegaban sino hasta más tarde. Seih tuvo que acoplarse a nuevos cambios aunque el caminar sin compañía no le molestaba en lo absoluto. Sentía que era un buen tiempo para relajarse. Le encantaba andar despacio, sin prisa y ver un poco de su pueblo. Sí, había vivido toda su vida ahí y se sabía de memoria aquel lugar pero no toda la gente se frena a apreciar la "pequeñas cosas" como le nombró a eso que pasamos por alto y que a muchos les pudiera parecer insignificante y ordinario.
El sentir la fresca brisa matutina, llenar tus pulmones de aire puro, ver el amanecer y la puesta de sol, leer, dibujar, correr, escuchar lo que la naturaleza te tiene que decir… ver a tu madre reír. Todo lo que te haga feliz y estar en paz contigo mismo… esas son las "pequeñas cosas".
Solo eso hacía que Seih se olvidara de su ira contenida.
Seih ya con diez años tenía edad suficiente para poder recorrer esas calles, además que aquel pueblo era bastante tranquilo. En ocasiones era blanco de robos pero no era de que preocuparse. Su padre le había dicho que debía hacer en caso de una emergencia y él ahora sabía qué hacer.
El joven puma llevaba en la mano su fiel libro de poemas que leía durante los recesos. Su madre se lo obsequió y él ya lo había acabado de leer más de cuatro veces pero en verdad le fascinaba, no se aburría pues aunque lo conociera al derecho y al revés sentía que siempre aprendía algo nuevo cada vez que repasaba sus páginas.
Seguía su rumbo sin preocupación, esta vez observaba al cielo y era inconsciente de la sonrisa que se dibujaba en su rostro. De pronto sintió algo extraño, por alguna razón sentía que lo observaban.
Alejo sus pensamientos para voltear atrás por donde había pasado hace unos segundos pero no vio nada fuera de lo normal, todos tenía su propio camino y nadie le prestaba atención, no se encontró con alguna mirada. Hizo una mueca de desagrado, pensó que seguramente imaginó todo.
Continuó con lo suyo pero no podía quitarse de encima esa sensación y esta vez sabía que no estaba solo en su cabeza, alguien lo seguía desde que salió de la escuela. Más que aterrarle la idea, le dio curiosidad. ¿Por qué alguien lo estaría espiando? No creía que fuera un/a niño/a de su clase, todos evitaban estar con él. Pensó que seguramente sea quien sea debía estarle jugando una broma o riéndose a sus espaldas.
Así fue hasta que llegó a su casa. En la puerta principal se detuvo, echó un último vistazo al valle y sin éxito en su búsqueda entró. Decidió pasar por alto todo aquello y olvidarse del asunto.
Con temor a ser descubierto, el joven lobo blanco se asomó lentamente desde la esquina de una casa donde se escondía, la gente que pasaba de un lado a otro le ayudaba a que fuera más fácil la tarea de pasar desapercibido. Vio entrar a aquel puma y se quedó en su lugar por unos minutos para después salir corriendo de regreso a su hogar.
Los siguientes días transcurrieron de la misma manera, Seih caminaba a su casa y seguía siendo observado. Ahora se sentía irritado y quería terminar de una vez con eso, no era normal que lo siguieran pero ¿Cómo erradicar el problema? Parece que el destino se había encargó de eso ya que le tenía planeado una nueva prueba.
Al llegar a su casa se dio cuenta de que algo faltaba, algo muy importante para él: el libro que le regaló su madre.
Creyó, y esperó, que ese día no se hubiera llevado el libro a la escuela sino de otra forma podía considerarlo como perdido. Buscó donde siempre lo guardaba, bajo su cama, incluso en donde escondía sus cosas más personales pero nada. Para el final del día le había dado la vuelta a la habitación pero obtuvo el mismo resultado. Buscó por toda la casa y bueno, nada cambió.
El resto de la noche no durmió nada, se sentía realmente mal. Se preguntaba el ¿Cómo fue tan descuidado para perderlo?, su posesión más preciada y nunca lo volvería a ver, se castigaba mentalmente.
Al día siguiente sus ánimos no cambiaron, estaba aún más cabizbajo y no prestaba atención a la maestra o al ruido que hacían los demás niños. Se pasó todo el receso buscando por doquier aquel objeto… sus intentos fueron en vano. Cuando terminó la hora de clase ya había dado por perdido el libro, su madre estaría decepcionada con él, fue un regalo de ella donde incluso escribió sus pensamientos cuando era joven, ahí conoció aún más a Kala… sus ideales, sus memorias, lo que era ella y ahora no quedaba rastro alguno. Había sido el primer libro que tuvo ella y el primero de Seih también.
Rumbo a casa se seguía abofeteando mentalmente. No quería ver a nadie, ya no miraba al cielo, sus ojos se posaban en el frio suelo. Ya no tenía esa inocente sonrisa en sus delgados labios… su rostro mostraba total preocupación, ya no existía un brillo en sus ojos… parecían apagado o muertos de cualquier sentimiento. Ya no…
-¡Psss! – ese sonido lo sacó de sus pensamientos. Giró la cabeza hacía un callejón y vio una silueta blanca que lo llamaba, esta escondía la mitad de su cuerpo detrás de una caja grande. Al inicio no confiaba en aquel cachorro, no sabía si sus intenciones eran buenas o si tan siquiera era a él a quien llamaba.
Volteó su mirada al otro lado para verificar pero no había nadie y otro de esos "pss" solo confirmo que era a Seih a quien se dirigía.
A paso lento y preparado para cualquier cosa, se acercó cautelosamente a ese niño. Cuando estuvo a solo unos pasos de él lo reconoció, era quien recibía golpes y palabras poco decentes por parte de aquella hiena, que al verlo a los ojos sintió su dolor.
-Hey, hola –saludó el lobo. Era un saludo cordial pero había algo en sus palabras que no alcanzó a distinguir -¿Me recuerdas? –
Seih al verlo quedo en un tipo de trance, recordó lo que había visto ese día y la vergüenza que sintió al encontrar lo cobarde que era, o que al menos así se consideraba. Entrecerró los ojos examinándolo mejor, y haciendo caso omiso a su pregunta, ahora lo recordaba. A ese lobezno lo veía a veces en el valle, siempre se le veía que estaba con prisa y usualmente corría junto a otros niños de más o menos su edad, había ocasiones en las que se les encontraba por los techos de las viviendas. Seih desconocía las razones de ello pero no le prestaba mucha atención a los detalles.
Esa cría de lobo miró por todas partes, delante, atrás, arriba y abajo y cuando estaba seguro de que nadie los veía salió completamente. Efectivamente su pelaje era completamente blanco, desde su hocico hasta la punta de su cola, a la cual parecía faltarle pelo pero no destacaba mucho ya que el resto de su cuerpo estaba despeinado y sucio, parecía que ese joven había estado en una pelea. A pesar de su apariencia, su humor parecía intacto. Una sonrisa estaba dibujada en su rostro y eso le dio un poco de confianza a Seih pero no debía sacar cuentas aun.
-Quizá te hayas dado cuenta de que te he estado siguiendo durante estos días – una pequeña risita nerviosa salió de él y se rascaba la nuca con una mano – lamento si te hice sentir incomodo, es solo que… bueno, note que en verdad querías ayudarme cuando me estaban partiendo la cabeza –
Seih volvió a sentir vergüenza de sí, ese lobo era listo y al ver que él sabía su intención, y que aun así no hizo nada, fue suficiente para que apartara la mirada.
-Hey, no te preocupes. Hay que tener valor tan siquiera para voltear y tú lo hiciste. De donde vengo hay que agradecer cualquier tipo de ayuda. Solo espero que en la siguiente le des buen puñetazo en la cara– bromeó en esto último.
¿Ayuda? ¿En verdad cree que hacer nada era ayudar? No lo entendía pero al menos le agradeció por algo. Ahora que recordaba, nunca nadie lo había hecho y escucharlo fue como música, o mejor dicho, un poema para sus oídos.
-Por cierto, espero no te moleste pero he visto cómo te tratan en clase… es incómodo espiar desde esa ventana – aquel lobo, del cual aún no sabía su nombre, dio un salto para sentarse encima de la caja y verlo desde arriba. Ahí apoyó sus codos en sus rodillas y relajó su postura –Esa vieja gata es una pesada-
Seih tuvo que ahogar una risa, concordaba con él.
-¿Por qué insiste en que hables? – Entonces Seih entendió que en verdad lo espiaba, conocía acerca de su silencio. Él rodó los ojos y se encogió de hombros – Antes que nada dime, o bueno, aclárame algo… ¿No hablas porque no puedes o porque no quieres hacerlo?-
Seih se cruzó de brazos y lo miro severamente, suficiente para que el lobezno entendiera.
-Ohhh… ya veo. Bueno, si me lo preguntas, es genial lo que haces, luchar por lo que crees es increíble y el hacerlo a pesar de que haya gente que quiera cambiar eso de ti, lo hace mejor –
El puma no comprendía lo que escuchaba, ¿alguien le estaba diciendo que su silencio era "genial"? no creyó escucharlo en su vida pero le agradó el hacerlo. Los labios de Seih formaron una muy leve sonrisa.
-En fin…- el lobo se levantó quedando parado encima de la caja. Después sacó algo de uno de sus bolsillos – creo que esto es tuyo… "Seih" – dijo arrojándole el libro que perdió y que tenía su nombre escrito con tinta en la portada.
Seih lo atrapó sin dificultad y aun teniéndolo en las manos no lo podía creer. Su corazón palpitó rápidamente y sintió como si la dicha de vivir hubiera regresado a él. Acarició la pasta del viejo libro y no pudo contener una enorme sonrisa.
-Sinceramente no sé qué le ves a ese libro pero supongo que es importante para ti. Debes cuidarlo mejor- el lobo dio un salto cayendo de nuevo al suelo.
Al levantarse, ambos escucharon que llegaba otro cachorro de lobo pero este no tenía el pelaje como el primero, lo tenía grisáceo pero lo que compartían era la suciedad en ellos. Al verlos, el segundo lobo se acercó al de pelaje blanco y le hablo seriamente.
-Debemos irnos, es… "hora"- dijo señalando con los ojos a Seih, era obvio que no quería que el puma se enterara de lo que hablaban.
-Bien, ya voy –
-Date prisa, papá no estará muy contento si demoramos mucho-
-Tranquilo, Reki ya me estaba despidiendo-
Pero aquel lobo llamado Reki no estaba conforme con lo que decía su amigo. Miro de arriba a bajo a Seih e hizo un gesto de asco arrugando la nariz. Seih le devolvió el gesto.
-Solo vámonos – dijo Reki, tomó vuelto, dio un salto y con gran agilidad comenzó a trepar el muro. Parecía un felino con esas destrezas. Finalmente llego en menos de tres segundos al techo y echó una última mirada a Seih para luego desaparecer tras la pared.
-Bien, debo irme – dijo el lobezno albino imitando a su amigo y colgándose de la ventana de la misma pared – debemos vernos de nuevo y "charlar". Pareces un buen tipo y no te preocupes, ya no te espiaré, aprendí mucho de ti hoy-
Con rapidez llegó hasta arriba, ¿Por qué esos lobos eran tan agiles? Las dudas llegaron a Seih al verlo trepar, ni él podría hacerlo tan rápido y fácil en los árboles. Los pies de ese niño estaban descalzos y parecía no importarle para realizar esa tarea.
Ya arriba, se asomó por última vez – Por cierto, ni nombre no importa por aquí pero todos me llaman "Pelusa" – y sin decir más desapareció del mismo modo que Reki.
¿"Pelusa"? ese apodo le causó gracia, él nunca se pondría ese sobrenombre pero creyó que le hacía honor a su apariencia despeinada.
Miró de nueva cuenta el libro en sus manos y suspiró relajado. Ahora podría dormir tranquilo, ese joven lobo le había quitado un enorme peso de encima.
Acosado en su cama miraba al techo. Ese día no había sido uno más de su vida, aprendió algo y es el que no sabes cuando la vida te va a sorprender.
Esos dos individuos intrigaron aún más a Seih.
Se levantó de su cama y miró el valle por la ventana.
Aquellos niños vivían de una manera diferente y como ya era conocida la curiosidad en Seih, estaba decidido a volver a encontrárselos… Sabía que aprendería mucho de ellos.
Continuara…
Hasta aquí por hoy.
Un poco corto el cap. pero esta parte de la vida de Seih la dividiré en dos capítulos. Este ("Corazón de Niño") y el próximo ("Infancia Perdida").
Espero les haya gustado y comenten que les pareció.
¡Gracias por leer!
