Yoh~ Gente hermosa, he vuelto ! Tarde, pero seguro :D

Espero ponerles la piel chinita aunque sea una vez :") Háganme saber si me odian o aman, yo les amo :3

Gracias por tenerme paciencia, en serio.


Había atardecido para entonces.

Hiccup jugueteaba con los hilos sueltos de la prótesis de su dragón, pensando que debía cambiarla apenas volvieran a casa.

Si es que volvían.

Toothless corría por ahí, haciendo ruido con sus pisadas a través de la hojarasca del bosque. Algunas veces, cuando corría por el agua, el rocío llegaba hasta su humano, el que estaba recostado contra un árbol, a orillas de un tranquilo arroyo.

Hiccup estaba en su mundo, en su maraña de tormentos.

El Night Fury sabía que lo mejor era dejarlo solo, no quería que le gritarán como aquella vez de la muerte de Stoick.

Dolía recordarlo. La herida no sanaría tan pronto, menos con las nuevas cosas que se presentaron ante ellos.

Cuando Toothless golpeó a Hiccup con su cola al estar persiguiendo una mariposa, el Jefe de Berk cayó contra la hierba, ensuciándose la armadura de barro. No se quejó, no bufó, sólo se puso de pie y sacudió un poco la suciedad.

Tooth' se había vuelto hacia él, preocupado.

—¿Esstáss bien?

Haddock asintió en respuesta, sin mirarlo.

El dragón gorjeó, más preocupado.

—¿Ssiguess penssando en Yra?

Un suspiro y el dragón se tensó, sus músculos quejándose.

—Quiere que sea el representante de la paz. –Respondió, con un hilo de voz, levantando la mirada para su dragón. Sus ojos llorosos resplandeciendo ante el reflejo solar–. No soy un hombre de paz, Toothless.

Qué tontería.

El aludido gruñó en desacuerdo, ignorando la mueca de reproche del Jefe de Berk.

—¿Qué? –Atacó el humano, frunciendo el ceño con rudeza.

—Idiota. –Dijo Tooth', desviándose hacia la mariposa que había estado persiguiendo segundos atrás. —Hiccup idiota. –Y volvió a correr, alegre hacia el insecto.

Haddock puso las manos en jarras, molesto. Pateó la prótesis, que se había quedado en el suelo, ensuciándola de barro también.

No iba a aceptar. Quería irse a casa. Extrañaba a su padre. Extrañaba a Astrid, a su madre, a Gobber.

Se maldijo, si no hubiera salido esa noche de paseo, tal vez seguiría en casa, haciendo alguna cosa de jefe.

No quería ser jefe. Quería ser libre, sin estar atado a nada. Volar cuando quisiera, cuanto quisiera. Con Toothless, siempre con él.

Por eso no iba a aceptar. Ser Maestro de Dragones, a palabras de Yra, "era una increíble oportunidad", pero también una gran responsabilidad.

Debía ser el guardián de la paz. "El humano entre dragones y el dragón entre humanos."

—Toothless, –llamó, alzando la voz.

Su dragón apareció frente a sus ojos, hojas secas sobre la cabeza y la lengua de fuera. Lucía feliz. ¿Si aceptaba, esa felicidad seguiría intacta?

—Busca a Yra. –Le dijo, agachándose a recoger la prótesis para después sacudirla. Riendo ante los ojos curiosos de su dragón–. Seré su Maestro de Dragones.

...

Después de la sorpresa inicial, Toothless gruñó, casi iracundo. Hiccup lo obligó a irse, en búsqueda de su menor.

¿Era en serio? ¿Iban a quedarse en una isla en medio de la nada, tan lejos de casa, a jugar a la paz?

Gruñó mientras escupía un poco de plasma; había veces, bastantes, en las que no entendía a Hiccup.

Incluso, enviarlo a él a por su hermano, ¿acaso no se había dado cuenta de que su menor huía apenas lo veía?

Sacudió sus alas, elevándolas un poco, mirando a Yra (siendo humano) a la distancia hablando con un dragón. Un Mounstruos Nightmare, de colores llamativos: verdes resplandecientes.

Corrió hasta ellos, gorjeando una vez estuvo cerca. Su menor se encogió en sí mismo.

—Yra. –Llamó, apreciando esos ojos de pantano mirándolo con enfado.

—¿Qué quieres? –Le respondió, agitando las manos para alejar al Nightmare, el que obedeció rápidamente.

«Hiccup quiere hablar contigo», le dijo, evitándose la burla que le hacía su menor a sus siseos.

—¿Qué quiere? ¿Se decidió por fin? –Cuestionó, cruzándose de brazos y virando los ojos cuando su mayor se restregó contra él.

"Idiota cariñoso".

«No lo sé», admitió, mordiendo y halando la manga derecha que colgaba del traje del humano. «Por eso me envió a buscarte».

Yra asintió, satisfecho consigo mismo; entonces cerró los ojos y enrojeció de vergüenza cuando Toothless gorgoreó en *ese* tono, aquel que se usaba entre familiares. Un tono sutil, suave. Algunos dragones a su alrededor se voltearon a mirarlos.

El Alpha de Berk lo miró interrogante, ¿por qué su menor no quería reconciliarse con él? Más que claro que eran de la misma especie es que eran hermanos de sangre, ¿por qué era tan difícil para el otro darse cuenta? Le gruñó, ofendido.

—Cállate, –le respondió Yra, ondeando su largo cabello con violencia–. No tienes que hacer eso cada que nos vemos.

«¿Por qué?».

Yra jadeó, incrédulo. —¡Por que ya no somos pequeños, por eso!

Tooth' ladeó la cabeza, abriendo grande los ojos.

«Eres pequeño».

Y eso, como por arte de magia, tuvo un efecto inquietante en su menor, el que dejó de hacer berrinche para mirarlo, serio.

—No, no lo soy.

«Lo eres, soy más grande que tú».

—No, no es cierto.

«Es cierto».

Yra bufó, poniendo los brazos en jarras.

—¡Que no!

«Sí».

Desde luego, el menor de los Fury hizo un puchero, enterneciendo a su mayor. Pero, cuando éste iba a retractarse y pedirle perdón, Yra ya estaba frente a él, en su forma de dragón.

A Toothless le intrigaban esos ojos de pantano.

Se lanzó contra Yra, emocionado. Tomándolo por sorpresa, rodaron un par de veces por la alta hierba del prado donde se encontraban.

Entonces, el dragón humano quedó sobre el dragón, y rugió.

Toothless se encogió en sí mismo, incrédulo y... asustado.

Los dragones a su alrededor salieron volando a tropiezos, también temerosos.

Cuando Yra se detuvo sólo quedaban ellos dos.

El menor respiraba agitado, mirando con enfado al otro. «No soy pequeño», le dijo.

Toothless le dio la razón, qué más podía hacer. Intentó quitárselo de encima,sacudiéndose.

«Oh, ¿no que eras más grande?».

El mayor abrió grande los ojos, aterrado. Los irises de su menor ya no eran de color pantano, sino de un tono más oscuro.

Un color profundo, atrayente.

Como el de las bestias controladas por el alfa de Drago.

«Yra».

El aludido rugió de nuevo, esta vez un sonido menos atemorizante, pero raro. Tooth' pensó en el propio Drago y ese grito suyo de poderío.

Se le enfrió la sangre con ese sencillo pensamiento.

«Yra», llamó una vez más.

El ruido terminó. Yra le terminó gruñendo. Toothless estaba bastante contrariado como para ponerle suficiente atención al asunto.

"¿Qué tiene que ver Drago en todo esto?", se preguntó.

...

Hiccup había caminado por el bosque en búsqueda de algo que calmara sus nervios, o que lo distrajera.

Terminó en el mismo arroyo donde había despedido a Toothless, sólo que del otro lado.

Perdido, rememoró la escena, encontrándose a sí mismo con una seguridad que obviamente no tenía. Estaban fuera de casa, muy lejos de ella, solos los dos, ¿qué otra opción tenían, de todas maneras?

Se sentó entre la hierba, arrancando un poco de ella y jugando con sus manos. Suspirando, se preguntó cómo debía lucir ahora.

Gateando, se acercó hasta el arroyo y buscó su reflejo. Cuando lo encontró, una mano se cerró sobre sus labios ahogando su grito.

Fue arrastrado lejos del agua, bosque adentro, pese a sus pataleos y gruñidos.

No era un enclenque como solía ser, pero su contrincante era demasiado fuerte, al parecer, para cargar con él sin dificultad.

Cuando sintió el barro pegarse a su ropa, se alarmó aún más, ¿qué iban a hacer con él? Arañó, gruñó, pataleó, hizo todo lo que podía hasta que el sujeto lo soltó.

Hiccup procuró levantarse con rapidez, tomando su espada de fuego en un santiamén. Pero cuando buscó a su alrededor no lo encontró. No había nadie.

En cambio, frente a él se mostraba una pared de piedra, con grabados por toda ella. Se acercó, pero no entendió nada. No era nórdico, o alguna rara escritura que los Berserkers solían usar cuando cazaban.

Confundido, palpó la pared con algo de temor, escuchando susurros en el viento que corría. Los latidos de su corazón estaban mucho más acelerados que de costumbre. Curvó algunas hendiduras en la estructura, corrieron sus dedos por algunos ríos de tierra que cubrían los símbolos.

Siguió así hasta que escuchó un rugido, y mirando al cielo, se encontró con muchos dragones volando apresurados, alejándose del ruido.

Pensó en los Night Fury, volviendo su vista hacia su obra maestra. Seguía sin entender nada, pero ahora todo era más claro. Estaba en una isla llena de dragones, algunos de ellos haciéndose humanos, alguien debía ser capaz de leer aquello.

Con ánimos renovados, asintió para sí mismo y volvió sobre sus pasos, encontrando fácilmente las huellas de su forcejeo. Decidió ignorar el incidente que lo llevó hasta allá, pensando en que podría resolverlo después.

.

La noche ya había caído, cuando, inconscientemente, llegó hasta el gran árbol, donde tuvo que esquivar algunos dragones mientras lo escalaba. Todos parecían huir, de algo aún desconocido para él.

Preguntó por su Fury, recibiendo un par de miradas en reproche. Se quedó de pie frente a una puerta de madera, pensativo.

¿Qué, en nombre de Odín, estaba sucediendo?

La puerta se abrió y, por ella, se asomó el Líder, sonriendo cuando sus miradas se encontraron.

—Hijo, estaba buscándote.

A Hiccup le supo a mentira, pero no dijo nada, sólo asintió.

El hombre lo condujo dentro, diciendo que llevaban horas buscándolos a los tres. "Desaparecieron esta mañana, hemos estado preocupados desde entonces".

Llegaron a la misma cámara del día anterior, a Haddock revolviéndose su estómago ante el recuerdo. El mayor le hizo sentarse, acariciando su larga barba blanca mientras lo examinaba.

Hiccup se aclaró la garganta. —¿Sucede algo?

—Hm, luces como si te hubieran arrastrado por todo el bosque.

Tragando saliva, evitó la mirada del anciano, suspirando.

—Jugaba con Toothless y terminé así.

Entonces ninguno de los dos dijo nada, Hiccup sintiéndose asechado y el Líder intrigado.

—¿Y por qué llegaste solo aquí?

—Ah, bueno..., lo perdí.

—¿Mh?

—Perdí a Toothless cuando salió corriendo.

El anciano asintió, e iba a decir algo cuando un dragón irrumpiendo en el lugar los hizo preocuparse. Era un Gronckle de colores oscuros, al que en su ayuda acudió con rapidez el Líder.

Tuvieron una conversación, Hiccup no comprendiendo nada mas que ese hecho.

—Hijo, –le dijo el hombre,tensándolo de pronto–. Síguelo, él te llevará a un lugar seguro.

—¿Lugar seguro? –Alcanzó a preguntar, antes de que el Gronckle lo aprisionara entre sus garras y lo sacara a tropiezos del recinto.

Salieron a duras penas, sorteando otros atemorizados dragones. En algún sitio cercano al árbol un incendio arrasaba con todo a su paso. Hiccup tuvo que cerrar los ojos y la boca para evitar hacerse daño con el humo.

Entonces lo escuchó, el rugido inconfundible de un Night Fury teñido de un azul furioso.

Alguien capaz de retar a un alfa había aparecido.

El Jefe de Berk se retorció entre las garras del dragón, lastimándose con el filo de éstas. La bestia se preocupó por él, intentando detenerlo, pero golpeándose contra otro dragón que iba en dirección contraria.

Hiccup fue soltado de golpe, cayendo con una velocidad alarmante. Temió por su vida, pero no podía dejar de pensar en su dragón. Intentó estabilizarse, dando vueltas en al aire, cuando fue tragado...

Y escupido de inmediato, a metros del suelo, quedando a salvo. Se levantó de pronto, algo mareado, y se miró en unos enormes ojos, dorados y magníficos.

—Líder, –dijo, sus cabellos sacudidos por una exhalación del gigante dragón.

La bestia se irguió, mirando hacia el frente, algo llamando su atención. Hiccup también se volvió en la misma dirección, curioso.

Explosiones resplandecían entre el humo que cubría el ambiente. El Líder comenzó a gruñir, Haddock procuró su espada.

De pronto, entre tanto jaleo, los hermanos Night Fury salieron, uno sobre el otro, rodando. El mayor de azul, el menor de un rojo sangre.

Hiccup suspiró, aliviado. Aunque se inquietó, ante el aumento de volumen en los gruñidos del enorme dragón a su espalda.

—Yra. –Le escuchó decir, helándose su sangre. Esto no era bueno, nada bueno.

Los otros continuaron su disputa, ajenos a la furia que estaban a punto de desatar. Yra quedó sobre Toothless, amenazante.

Los irises verde bosque de Hiccup notaron algo, una cosa alarmante. No había prótesis en su dragón, sólo había marcas de mordidas en su lugar. Rasguños, algunos bastantes profundos, adornaban la piel oscura de su dragón, las escamas desaparecidas en ciertas zonas.

¿Cuánto tiempo esos dos llevaban peleando?

—Es mi culpa, –musitó, al tiempo que Yra disparaba plasma hacia su mayor derribado, el que pudo esquivar la herida por centímetros.

El Líder rugió, atormentando a dragones cercanos. Pero no a los Night Fury.

Haddock entró en pánico, buscando a su alrededor alguna cosa, o iluminación divina, que le dijera qué hacer al respecto. El Líder siguió gruñendo, ahora pisoteando con fuerza, provocando temblores en el suelo que acomodaban todas las vértebras del cuerpo.

—YRA.

—TOOTHLESS.

Y ambos se detuvieron.

Así, nada más.

Yra se alejó de su mayor, saltando, como si el toque de sus cuerpos quemara. Se quejó una vez que quiso extender sus alas, pegándolas a su cuerpo con cierto temor. Agachó la cabeza cuando miró a su alrededor y notó al Líder frente a él, su color apagándose de golpe. Gorjeó, un sonido lastimero.

Toothless, en cambio, sólo rodó lo suficiente para quedar de lado; y no se movió de ahí, respirando con dificultad. Su azul furioso desapareciendo con lentitud.

Antes de que Hiccup corriera en socorro de su dragón, el gigante rugió una última vez, provocando que Yra se doblegara aún más, pegándose al suelo, gimiendo con temor. Haddock tuvo que taparse los oídos, saliéndose su corazón del pecho al no ver reacción en Toothless.

Cuando el regaño se detuvo, los dragones que seguían alrededor huyeron despavoridos. Hiccup corrió hasta Tooth', arrodillándose a su lado y acariciando su hocico.

—Vas a estar bien, grandote, vas a estar bien. –Le dijo, cuando sus miradas verdosas se encontraron. El aludido respiraba con dificultad, sangrando por doquier.

Escuchó a Yra acercándose con temor, ganándose una mirada cargada de reproche de su parte, lo que lo hizo agachar la cabeza, cohibido. Lucía arrepentido, realmente agobiado al respecto.

Un quejido de Tooth' le devolvió su propio tormento, respondiendo al abrazo que su dragón pedía. Le susurró palabras de apoyo, acariciando su lomo con suavidad.

«Está cansado», escuchó decir a Yra, mientras él mismo se entregaba al remolino de emociones. Cerró los ojos, al instante en que el otro Night Fury se recargaba sobre el suyo.

«Lo siento, hermano», le oyó susurrar, antes de quedarse dormido al igual que su mayor. Lo supo por las respiraciones calmadas, gran alivio, de ambos.

Hiccup abrió los ojos, alejándose un poco para admirarlos. Uno sobre el otro, sin violencia esta vez. Solos los dos, acurrucándose inconscientemente.

Sonrió, levantándose con cuidado de no despertar a ninguno. Se alejó unos pasos, soltando una risita. Pegó un saltito cuando una mano se cerró sobre su hombro. Volteó con urgencia a su lado izquierdo, encontrándose con el Líder en su forma humana.

No podría acostumbrarse a estas cosas.

—Te contaré un secreto, hijo. –Le dijo el mayor, provocándole curiosidad; asintió en respuesta–. Ven. –Le indicó, rodeando con pasos sigilosos a los hermanos, quedando detrás de Yra; obedeció, copiando sus acciones y situándose en el mismo lugar.

El menor de los Fury buscó refugio entre las alas de su mayor, el que respondió con un gruñido, aceptándolo entre sus patas delanteras. El Líder y Hiccup rieron, enternecidos.

El Jefe de Berk al borde de la locura.

El anciano se agachó, extendiendo una mano hacia Yra, le indicó con la mirada que se acercara, Haddock obedeciendo con rapidez.

—Mira, –le dijo, señalando con dedo índice unas extrañas cicatrices en la nuca del Night Fury.

—¿Qué son? –Preguntó, entrecerrando los ojos ante el humo que entró a éstos. Se los frotó con urgencia, acercándose más al dragón para leer las líneas. La curiosidad siempre dominándolo.

—Es una marca. –Explicó el Líder, delineándolas imaginariamente, sin tocar a la bestia. —La marca de esclavitud, símbolo de propiedad de Drago Bludfist.

Hiccup abrió grande los ojos, demasiado sorprendido para decir cualquier cosa. Cerró sus manos en puño, las que descansaban sobre sus rodillas flexionadas. Drago.

—Yra fue uno de sus dragones de compañía. –Continuó el Líder, ajeno a los tormentos de Haddock–. Escapó con algunos de sus compañeros antes de que Drago enviara su ataque a Berk.

Tenía sentido, por eso se apoderó de Toothless apenas tuvo oportunidad.

—Ahora está buscándolo, debajo de cada piedra, dentro de cada estómago de dragón. –Ambos tragando saliva ante eso–. Está cerca de aquí, está desesperado.

—¿Por qué? –Preguntó Hiccup, con un hilo de voz. El Líder se volvió a mirarlo, apoyando su mano, de nuevo, sobre su hombro izquierdo, apretándolo en ademán tranquilizador. No surtió ningún efecto.

—Yra es como su hijo, sabes. –Contó, soltando un suspiro pesado–. Drago fue quien le enseñó a usar la magia para convertirse en un humano.

Haddock jadeó, alarmado. —¿Por qué haría algo así? –Cuestionó, con un tono de voz tembloroso.

—Porque lo volvió de su lado, –le respondió, aumentando presión en el toque en su hombro–. Le hizo creer que no era un dragón, sino un humano, diciéndole que le debía la vida.

—Yra se cree humano. –Susurró, la confirmación en un asentimiento del Líder.

—Por eso te necesitamos, Conquistador de Dragones.

Hiccup tragó saliva, limpiándose el sudor de sus manos, frotándolas contra la ropa de sus muslos.

—Si te convirtieras en nuestro Maestro de Dragones, muchas cosas cambiarían.

—¿Cómo cuáles? –Pidió saber, temeroso.

—Los dragones estarían a salvo, tus amigos, tu familia, Berk, el mundo. –Le explicó el Líder, en tono solemne.

—Pero, yo–

—Yra ascendería contigo al liderazgo y juntos derrotarían a Drago de una vez por todas. –Comentó, con orgullo, levantándose con dificultad.

—¿Yra? ¿Por qué él? –Enarcando una ceja, imitando al mayor, poniéndose de pie.

—Porque sólo él conoce de este mundo como nadie jamás ha hecho. –Le dijo, extendiendo una mano en su dirección. Sonriendo en el acto.

—¿Cómo es que lo hace? ¿Qué lo hace tan especial? –Curioso, miró al mayor, debatiéndose entre aceptar el gesto o rechazarlo.

—Volverse humano no es fácil, se necesita mucha magia o experiencia. –Agitó su brazo, como exigiendo a Hiccup aceptar el gesto–. Yra es joven, pero es un experto en lo que hace.

El Jefe de Berk miró entonces a los hermanos, asimilando cada una de las cosas que acababan de pasar. Escondió la cara entre las manos, contrariado. ¿Y ahora qué?

—¿Qué haremos con Drago? –Preguntó, en un sencillo susurro.

—Lo que sea necesario para detenerlo. –Escuchó, la severidad en esas palabras haciéndole jadear con temor.

¿Matarlo?

Pensándolo con seriedad, Drago había matado a muchas personas, a muchos dragones; había obligado a otros a matar, como a Toothless o a sus seguidores.

Había robado una parte importante de su vida, intentó arrebatarle otras.

Por culpa Drago, su padre ya no estaba.

Debían detenerlo.

Lo más pronto posible.

—¿Qué tenemos que hacer primero? –Preguntó, su voz perdiendo toda inseguridad y sus ojos centelleando en valor. Sus manos cayendo a sus costados y los latidos de su corazón desacelerando.

El Líder sonrió, satisfecho. Se cruzó de brazos y asintió.

—Primero, busca alianza con los Berserkers antes de que Drago lo haga.


Un par de cosillas para aclarar: primero, no, Drago no está muerto, y si me permiten, ¿por qué habría de estarlo? xD. Segundo, las "s" de más son los siseos de Toothless, ya saben, como lass sserpientess haha

Corríjanme si algo está mal, si a algo no le entendieron, si algo me faltó mencionar :")

Muchas gracias si llegaron hasta aquí, y espero venir antes la próxima vez ;)

Con amor: -MsH-