Gracias por seguir.

Espero les guste el capítulo…

Es una cosa muy tierna, según yo. Estoy muy contenta por cómo ha salido.

Por cierto: ¡Feliz cumpleaños, Karkinos!

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Capítulo 4. La última mirada

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Es un día cualquiera en la Ciudad del Viento, es mitad del otoño y la mañana es fría, el incansable Chicago "el" sigue trabajando y un conocido jazz acompaña a los que ya están en la calle con rumbo a sus trabajos.

Es un día completamente ordinario en la vida del solitario Drew, que como cada mañana, a la misma hora, coge la maleta y las llaves y para subirlas a la bicicleta y de esta forma trasladarse a Soldier Field para su entrenamiento.

Cuando lo piensa bien, el joven no puede creerse su suerte, un día estaba en el centro comercial tirando goles para una promoción y al otro, los directivos del Chicago Fire, estaban pidiéndole hacer las pruebas para el equipo que estaban creando.

Mientras pedalea para llegar al que ahora es su lugar de trabajo, se esfuerza como todos los demás días, en recordar algo más: hay algunas cosas de su infancia aquí y allá casi nada de su adolescencia y de pronto… todo es borroso y sólo sabe que el fútbol es su modo de vida.

Se saca la chamarra y empieza a calentar junto con el equipo, está especialmente entusiasta esa mañana y su entrenador lo nota inmediatamente.

-¡Eh, tú, Black! –Llama una voz rasposa - ¡Deja de hacer el tonto y empieza a trabajar con la red!

Drew sonríe y asiente, toma uno de los balones pequeños y comienza a trabajar con él y la red.

Acaba el entrenamiento y aunque están exhaustos, todo el equipo se encuentra satisfecho. De pronto el entrenador anuncia que habrá exámenes médicos al día siguiente y que por las tardes, todos deberán acudir al curso de primeros auxilios en el Hospital Universitario de Illinois.

-¿Por qué? –pregunta Sam Thompson, el mejor amigo de Drew a modo de reclamo.

Drew sonríe al chico de forma cómplice, sabe que desde el viernes Sam tiene una nueva novia y que no quiere perderse de sus tardes libres junto a ella.

-Por esto –dice de forma cansina su entrenador.

El viejo entrenador los hace mirar a una pantalla de televisión, inserta un video en la VHS y todos se quedan mudos.

En la imagen ven una jugada estupenda en la que un delantero Español controla el balón de forma espectacular y justo cuando se acerca a la portería, el hombre se desploma, cae al suelo como una masa sin huesos dentro y se queda inconsciente.

-Muerte súbita en las canchas –dice Benjamín Salk, uno de los defensas –ya había escuchado hablar de eso.

-Es cada vez más frecuente –completa el entrenador – y nadie en la cancha supo qué hacer. Por eso es que la directiva del equipo quiere que tomen el curso, todos, sin excepción.

Drew se siente incómodo de pronto, la imagen le es ciertamente familiar, como si la hubiera visto antes, pero no en el VHS, sino de cerca.

-¿Estás bien? –le pregunta Sam con una sonrisa -¿Así que te impresionas fácilmente?

El joven hace un esfuerzo por recuperar la compostura, no le gusta que Sam (ni ninguna otra persona) le hable en ese tono burlón.

-No me impresiono fácilmente –dice Drew lo más frío que puede.

-Ya –Sam suspira resignado – supongo que entonces no habrá de otra que ir al curso ese.

-Eso parece.

De vuelta a casa, Drew aún se siente perturbado. Siempre ha sentido una especie de amargura relacionada a la muerte, como si él hubiera sido el único sobreviviente de algún desastre, y de hecho, a veces piensa que lo es y que fue así como se quedó solo y si memoria; sin embargo, la imagen del hombre que se desploma en la cancha le hace pensar que ha visto a alguien más, o quizá a muchos más desplomarse de esa forma hacia la muerte.

-Buenas tardes, Drew –le saluda alegremente la señora Parkinson, su casera -¿Qué tal ha ido la práctica?

Inmerso en sus pensamientos y pedaleando de forma distraída, el chico ni siquiera se había dado cuenta de que ya estaba en casa.

-¿Drew? –insiste la vieja Parkinson.

-¿Eh? Ah… buenas tardes –Drew procura sonar educado, secretamente no soporta a la mujer porque siempre está insistiendo en que salga con alguna de sus sobrinas –todo bien.

Lo primero que Drew hace cuando logra quitarse de encima a la mujer es correr al baño, de pronto le da vueltas la cabeza y siente náusea.

"Yo he visto morir así antes" se repite en su cabeza que intenta desesperadamente hallar el recuerdo.

Mojarse el rostro con agua fría le hace sentir mejor, al menos ya no siente la náusea, pero necesita urgentemente un analgésico o terminará por reventarle el cráneo. Sale a la calle en busca de una farmacia, aunque no sabe dónde se localiza ninguna, camina calle abajo suponiendo que en algún sitio habrá una.

Drew ni siquiera percibe a la gente que pasa junto a él y lo mira con cierta curiosidad por la mueca de dolor que lleva puesta. No se da cuenta de que sus cordones están desatados ni de que está empezando a soplar viento frío. Sólo puede atender al dolor que le martillea en las sienes y a la voz que le fastidia en los oídos pidiéndole que recuerde lo que obviamente, no puede recordar.

De pronto, Drew olvida completamente a lo que salió a la calle.

Acaba de cruzarse con una chica de cabello rojo que lo pasa de largo, que ni siquiera se percata de que él existe, pero que lo deja atontado completamente.

Al muchacho se le olvida el dolor y las voces, en su mente no están los semáforos ni toda esa gente, en cambio se ha quedado esa imagen de niña triste y el aroma, ese olor a flores silvestres de su cabello… es tan familiar.

Corre detrás de donde se ha ido la joven en cuanto se recupera del shock pero ya no la encuentra por ningún sitio, algo en el pecho se siente incómodo al pensar que tal vez sólo imagino que aquella chica con la que a veces sueña estaba en la calle, justo frente a él.

Ya se le ha hecho un poco tarde así que, decidido a sacar de su mente toda aquella confusión, se sube al autobús para dirigirse al Hospital Universitario.

El doctor Paul Madden le explica al equipo que el curso durará sólo una semana por lo que deberán trabajar intensamente y prestar mucha atención.

-Brindar RCP básico, salva vidas –reitera al grupo al finalizar la sesión.

Mientras camina para tomar el autobús de regreso, Drew procura recordar todo lo que han practicado esa tarde, se repite mentalmente el "1,2,3" y el "A,B,C" y se siente contento al darse cuenta de que al menos su memoria retrograda no se ha dañado.

Al mirar por la ventanilla del autobús, el chico descubre una farmacia y decide bajarse en la parada inmediata, acaba de recordar el incidente de la tarde y desea estar prevenido por si el dolor vuelve.

-Pareces un joven agobiado –le dice el encargado de la farmacia con una sonrisa -¿En qué puedo ayudarte?

-Necesito analgésicos. Fuertes analgésicos.

El encargado, un hombre negro y muy alto examina al muchacho con curiosidad.

-Para el dolor de cabeza –añade Drew esperando que así el encargado deje de escudriñarlo.

-¿Dolor de cabeza tensional o migraña?

-Yo… -Drew se siente fastidiado con la mirada que le dirige el hombre, sin embargo supone que el sujeto no le dará lo que quiere si no se explica mejor-. Yo… tengo dolor de cabeza cada vez que intento recordar algo…

-Entonces la solución no son los analgésicos –responde el encargado con una sonrisa bonachona –simplemente debes dejar de intentar recordar.

-Pero es algo importante… yo… no recuerdo nada antes de un mes.

-Lo más importante es el presente y el futuro, chico. Deja de encorchar al pasado.

Drew se siente muy fastidiado entonces, no le gusta que le nieguen las cosas ni que le digan que está equivocado ¿quién se ha creído ese hombre? Casi por reflejo, mete la mano en el bolsillo derecho de su pantalón, rebusca en él sin encontrar nada y eso lo lleva a sentirse confundido "¿Qué carajo busco aquí?". Furioso, acerca la cabeza a la del encargado y aprieta los dientes para hablar.

-¿Podría simplemente darme un maldito analgésico?

El hombre de la farmacia se fija en el rostro del chico, de pronto, sus ojos le parecen amenazadores. Evitando mirarlos, rebusca en un aparador y le extiende al chico uno de los analgésicos más fuertes que tiene.

-Una cada 12 horas… y no habrá más dolor –dice cambiando su sonrisa por una mueca nerviosa.

-Gracias, ¿cuánto es?

-Ci… cinco dólares.

Drew casi arroja sobre el aparador el billete, se siente absolutamente furioso y le dan ganas de lanzar algunos rayos para romper cosas a su alrededor.

"¿Lanzar rayos? ¡Pero que estupidez!"

Mientras toma la cena, el chico toma una de las tabletas, casi de inmediato se siente pesado y con sueño, Drew ni siquiera hace el intento por mantenerse despierto, bota los trastes en el fregadero y se deja caer como una roca sobre la cama.

En sus sueños, anda en bicicleta por la calle Lakeshore Drive, contempla sus parques, fuentes y museos y siente una inmensa tranquilidad invadiéndolo, al ir por la pista de bicicletas cierra los ojos un momento y puede jurar que la sensación de volar le es familiar. En alguna esquina, detiene la bicicleta y espera, de uno de los edificios de oficinas, sale una preciosa pelirroja que corre para abrazarlo y cubrirlo de besos, ella se sube a la bicicleta detrás de él y lo despierta de forma repentina su suave voz diciéndole al oído "Recuérdame, es importante".

Los días siguientes, Drew continúa con la rutina de todos los días, trabaja duro con su equipo, bromea con Sam antes de ir a casa para almorzar, se dirige por las tardes al Hospital Universitario y por último, se va a casa a soñar con la pelirroja que le pide recordarla. Aunque procura no obsesionarse para no invocar el dolor de cabeza, está casi seguro de que la chica se encuentra en la misma ciudad, podría jurar que la ha visto… esa misma semana.

Se llega el viernes y el chico se encuentra en casa para almorzar, la señora Parkinson lo espera en la puerta del edificio, han venido a visitarla sus sobrinas y no quiere dejar pasar la oportunidad de presentárselas a Drew.

Sin entender exactamente cómo, el chico ya se encuentra sentado a la mesa de la mujer que llega con dos jovencitas.

-Estas son Ashley y Holly, mis sobrinas –dice la mujer sonriendo de forma boba -. Este joven es Drew Black, ¡juega futbol profesional!

Las jóvenes sonríen abiertamente a Drew, han quedado prendadas de inmediato de él. Y es que, no todos los días, su tía espera su visita con un chico tan guapo como ese: Drew es muy alto, de complexión delgada pero atlética, rubio, de tez pálida y además, posee esa arrogante pero extrañamente atractiva sonrisa.

Drew también examina a las chicas: Ashley le parece guapa pero demasiado cotilla, quizá hasta tonta y Holly es inteligente y simpática pero su voz es realmente estridente, no le gusta nada.

"Además no volvería a salir con nadie de apellido Parkinson" se dice distraídamente Drew. Cuando se da cuenta de lo raro que es ese pensamiento, trata de recordar a alguna otra chica Parkinson, su mente no encuentra nada, como siempre, y Drew simplemente desecha la idea.

-Ehm… bueno, ya me tengo que ir. Debo ir a un curso.

-¿Tan pronto? –las hermanas están claramente decepcionadas de que el chico se valla.

-No debo llegar tarde –argumenta Drew con tranquilidad y se pone de pie.

-¿Pero mañana nos acompañas a dar la vuelta? –insiste Ashley.

-Seguro –Drew sale de la casa Parkinson con una elegancia que lo sorprende a él mismo, las tres mujeres se han quedado encantadas y aunque no le interesa, bueno, tampoco quiere que piensen que es maleducado.

Al terminar la última sesión de su curso, Sam insiste en que Drew los acompañe a él, a su novia y a otros amigos por un trago, sin embargo, el chico se ha leído bien la caja de analgésicos, no debe mezclarlos con bebidas alcohólicas.

-Es un no –zanja Drew y se sube al autobús con una sonrisa burlona.

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-¡Servidos!

Un sujeto agita a Drew para que se despierte.

-Ya hemos llegado.

-¿Uh? ¡Ah! –Drew se despereza rápidamente. No tiene idea de dónde se encuentra.

Es de noche y el autobús lo baja en su última parada… parece que en realidad no esta tan lejos de casa.

De hecho, Drew se da cuenta de que reconoce algunas cosas, hace apenas unos días estuvo en esa misma calle… buscando como loco una farmacia.

-¡Maldito dolor! –Masculla el chico –si no fuera por él, no habría tomado tantas pastillas y no me habría quedado dormido en un estúpido autobús…

Perdido y ensimismado en su enojo, Drew no mira a nadie, lleva las manos en los bolsillos y la cabeza gacha para que no le deslumbren las luces de los automóviles, una suave música de jazz acompaña a los paseantes nocturnos.

Y entonces, algo no pega con el ambiente.

Drew levanta la vista en cuanto percibe ese aroma de flor silvestre, tan ajeno a la ciudad. Es ella, otra vez.

-Eres tú –murmura y por alguna loca razón sonríe- ¡Eres tú!

Se trata de una joven preciosa, el viento del otoño juega en su cabello rojo encendido y su pequeña figura se abre paso silenciosamente entre la multitud, lleva un vestido de fiesta que contrasta con su pálida piel y hace resaltar el chocolate en sus ojos… sus tristes ojos.

La chica se vuelve hacia Drew y él se alegra porque en su mirada, parece que ella le reconoce.

Ginny retrocede un paso, sorprendida de encontrarse justo frente a Draco Malfoy, le habían dicho que había muerto. O tal vez, ella ya lo ha hecho ¿y es él el enviado a recibirla?

Drew no puede reprimir el impulso de acercarse más. Y tampoco puede arriesgarse a dejarla ir. Simplemente extiende sus brazos y a pesar de que ella retrocede, la atrapa en un abrazo.

Ginny levanta el rostro unos segundos e intercambian una última mirada. Es apenas un instante pero a Drew le parece que el Universo entero gira por unos segundos en torno a ellos.

Entonces su corazón detiene por fin la angustiosa marcha y ella se desvanece.

Justo en medio de sus brazos, Drew se da cuenta que la chica de sus sueños, a la que ha esperado por tanto tiempo, acaba de expirar su último aliento.

-No te mueras –pide mientras sus ojos se llenan de lágrimas -. No, ahora, no… no te mueras.

Pero ya es tarde. Y todo lo que queda de la chica que le habla en sus sueños es eso: sueños que ya no van a poder ser.

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Y hasta aquí.

En el próximo capítulo: Ginny y todo acerca de cómo llegó a los brazos de Draco.

¿Es bueno? ¿Es pésimo? Espero sus opiniones…