Capitulo #3

Rebeca saco un par de patines que traía en el auto de Daniel, se los puso y fue rápido. Era una ventaja que el Starbucks quedara tan cerca a la playa pues era directo al final de esa calle inclinada. Se inclino para ganar velocidad, cada día se retaba así misma bajar más rápido. Esperaba llegar a tiempo, compensar a Irene ahora si seria una prioridad.

Llego al trabajo, entro por la puerta trasera pues la entrada principal estallaba de gente. Se quito los patines se puso un par de converse negras y el delantal verde. Cogió un marcador negro y antes de que su jefe se diera cuenta se apresuro a la caja.

- ¡Llegue! –dijo tomando finalmente un respiro. Ire, gracias por haberme cubierto en estos días. No sabes cuanto te lo agradezco. –dijo dándole un abrazo fugaz. – Dime, ¿que hay para hoy?

- Beca, no hay de que. Tu sabes que puedes contar conmigo. Se que cuando te necesite harás lo mismo por mi. Y que tenemos… tenemos muchos clientes. –dijo mientras preparaba un expresso- MUCHOS clientes...

Estuvieron un buen rato llenando tazas y tazas. Hasta que el supervisor mando a Rebeca a la caja... Atendió a una gran clientela por 10 minutos y finalmente esta se disipo. Rebeca tomo un respiro hondo y le sonrió a Irene que estaba en una mesa llevando unos postres. Cuando, cuatro chicas vestidas de un excesivo rosado entraron por la puerta.

- Sálvame dios, ¿aquí también?

Se dirigieron como robots a una mesa y se quedaron viendo a los lados como si analizaran cada rostro en ese café. Se quedaron viendo la puerta como si esperasen algo. De momento una chica entro, llevaba unos jean desgastados, unas converses verdes, un polo negro de manga corta y una gorra verde en juego con las zapatillas.

- Wow, ¡se tiene que estar muriendo de calor con este sol!

Las chicas rosadas la miraron raro, como desaprobándola y siguieron conversando a gusto mientras miraban la puerta. Rebeca esperaba impaciente ver que escandalosa entrada haría esta vez la famosa Laura Hayek. La chica misteriosa siguió su camino a la caja. Aunque llevaba un look algo descuidado, tenía el cabello rojizo perfectamente peinado y unos ojos marrón oscuro. Beca sonrió amablemente.

- Hola, bienvenida a Starbucks. ¿Que deseas?

La chica misteriosa se quedo callada, Rebeca pensó que tal vez la conocía de algún lado por la reacción que tuvo en detenerse a mirarla en silencio. Pero rápidamente la chica volvió en si como si se hubiera desconectado por segundos.

- Un mocca frapuccino venti gracias.

- Enseguida. Irene, un mocca venti… -grito. Seguido de esto se volteo al no tener respuesta y la vio ocupada con un latte. Al no haber nadie más en la fila se fue a hacer el café. – Ya vengo. Ire, sabes hoy con mi primo en la tienda, había una chica tan, tan odiosa. Completamente consentida.

- En serio, ¿Por qué? –dijo mientras calentaba un par de croissants.

- Era la hija de Salma Hayek y es...

- ¿Qué? ¡En serio! Wow, esa niña si que tiene estilo, siempre anda en los desfiles de moda, conciertos, preestrenos noticias etc.

- Yo se que andas al día con todos los sociales pero....

- ¡Y dicen que amiga de mi Nick!

- Ay no otra vez... Son lindos pero ya no babees por ellos todo el tiempo no… Empiezo a sentir pena ajena –dijo riendo.

- ¿Que tal si tu vas y entregas el café no??

- ¡Ay! Tienes razón... –yendo a la caja- toma aquí tienes....

- Gracias –dijo dibujando una sonrisa en su rostro, pagando y saliendo del café.

Beca debía admitir que se comportaba muy extraño, su reciente clienta miro por unos minutos afuera como si buscara a alguien y salió. No pasaron mas de treinta segundos y vio como la entrada se lleno de gente. Las cuatro "rosadas" se pararon algo confusas, se miraron con caras de horror y miedo; salieron corriendo mientras una llamaba por celular. Rebeca trato de ver que pasaba pero era un tumulto muy grande. Se paro en una silla y llego a ver a un chico que salió de entre la multitud con un hombre grande detrás. Hicieron un camino entre la gente y caballerosamente ayudo a la victima del ataque. La chica se puso su gorra y lo siguió. "Verde" – noto Rebeca – "esa era mi clienta. Que le habrá pasado, y que chico mas lindo. Su cabello, su estilo, todo el era muy guapo." Se alejaron juntos y entraron en una mini van. El otro hombre se había quedado para retener a lo que parecían ser fotógrafos y paparazis.

Pasaron minutos en que los flashes seguían. El gran hombre se fue y subió a la mini van también y se fueron. Las cuatro "rosadas" se quedaron hablando con la prensa por alguna razón. Lo raro era que parecían haber dejado la nave madre, no estaba su amada líder. Finalmente entro un grupo de chicos hablando.

- Viste que pena. Esa chica era tan parecida a Laura Hayek.-dijo uno de los chicos. – Al menos eso dijo el fotógrafo.

- Pues si, la reportera también lo dijo. Pero la prensa esta yendo demasiado lejos en estos días, acosar así sin más a esa pobre chica. Parece que ni supieran quien es Laura Hayek, creo que todos sabemos que tiene cabello negro no rojo. –dijo otro chico.

- Yo le he hablado por el myspace de música y, les aseguro, ella jamás saldría vestida así a un lugar público.-dijo al fin una de las chicas.

- Si la prensa se vuelve más incompetente cada día. –agrego su amiga.

- Wow, confundieron a mi amable clienta con la odiosa esa. – Rebeca no puedo evitar reír para si, se acerco al grupo. – ¿Disculpa pero viste lo que acaba de pasar?

- Si, ¿por?

- ¿Quién se llevo a la fake de Hayek? ¿Quien era el chico? No lo pude ver había mucha gente.

- Como sea –dijo cortándola – ese era Kevin Jonas y el otro Big Rob. ¿En que mundo vives que no los reconociste?

- ¿Qué chica no quisiera ser rescatada por un Jonas? -suspiro su amiga.

Dejo a las chicas y fue directo a contarle todo a Irene. "Wow ese era Kevin, en persona se ve mas guapo", pensó.

- ¡IRE! ¡No adivinaras quien estaba afuera!

- ¡Nick Jonas!

- ¡Cerca! –rio – ¡Kevin Jonas!

- ¡Ah! ¿En serio?

- Si al parecer actuó como todo un caballero y salvo a mi extraña clienta de un acoso de parte de la prensa. Pobrecita…debe ser horrible caminar por la calle y que salgan fotógrafos a acosarte y tu no entender nada.

- ¿Y porque?

- Creyeron que era la odiosa de la que te hablaba.

- ¡Claro! ¡Totalmente! ¿Que no lo notaste en su forma de vestir?

- Que tal si seguimos con el trabajo…

Siguieron con un día agotador. Cuando , felizmente, acabo su turno y pudieron irse.