Disclaimer: Los personajes de Shingeki no Kyojin pertenecen a su respectivo dueño.
Advertencias: AU, posible Ooc, menores de edad involucrados en situaciones inadecuadas, violencia, muerte y muchas otras cosas desagradables de la sociedad.
Aclaraciones: La historia está dividida en fragmentos pero sigue una línea temporal.
XXX
Nuevamente comienza la espera ridícula y terrible, en la que no sabemos qué objeto mover, qué gesto repetir, qué hacer para que lo que estamos esperando ocurra.
—André Breton, Nadja.
Los labios de Levi eran delgados y ligeramente pálidos, a Mikasa le gustaba mirarlos con la misma atención que un crítico de arte dedicaría a un exquisito cuadro. Se acercó un poco más, aprovechando la distracción de Levi, quien se encontraba sumergido en la lectura de un libro.
Eran los labios más bonitos del mundo. Nunca los había visto tan de cerca, esa cercanía despertó en ella un anhelo que nunca antes había sentido con tanta intensidad. Porque, en esos momentos, no se conformaba con observarlos, quería tocarlos, saber su textura… su sabor. Ella quería besarlos, como los besos de las novelas que solía ver su madre, llenos de ese "algo" especial que hacía estremecer el cuerpo de las actrices.
Con movimientos lentos, se acercó hasta que prácticamente podía sentir la respiración cálida de Levi acariciar su rostro. En ese instante, él se echó hacia atrás rápidamente, como si leyera sus intenciones a la perfección, sin apartar la mirada de su libro. Mikasa bufó, desanimada, ¿cuánto tiempo tendría que esperar para que una oportunidad así se presente de nuevo? Levi nunca bajaba la guardia.
XXXI
No he visto monstruosidad y milagro más evidentes en el mundo que yo mismo.
—Michel Eyquem de Montaigne, Los ensayos.
Muchos cambios sucedieron en la vida de Mikasa a medida que su cuerpo crecía. A pesar de su temor a los cambios en general, estos en particular no le parecieron completamente negativos.
El cuerpo de Mikasa se transformó por completo, su rostro perdió la redondez infantil que lo caracterizaba, entonces sus rasgos faciales se afinaron, esto, sumado a su seriedad usual, le dio un aire más maduro y atractivo a su apariencia. Sus senos crecieron hasta alcanzar un tamaño regular, ni grandes ni pequeño, y sus caderas se volvieron más prominentes y curveas.
Gracias a las actividades deportivas (artes marciales y carreras de velocidad) que practicaba en la escuela, sus muslos, brazos y abdomen se tonificaron. Su gusto por las actividades físicas surgió cuando, en una ocasión, Levi le sugirió, casi a la ligera, practicar algún deporte, en parte para fortalecerse físicamente, en parte para endurecer su mente, de esa manera podría defenderse de cualquier atacante que se cruce por su camino. Ella se tomó muy en serio aquella sugerencia, que secretamente la ponía muy feliz porque mostraba, de manera implícita, que Levi se preocupaba por ella.
Para Mikasa, sin duda alguna, el mejor de todos los cambios fue el aumento de su estatura, creció muchos centímetros, volviéndose más alta que Levi. Cada que vez que ella mencionaba ese detalle, con tono jocoso, él le dirigía una mirada plana y susurraba "mocosa insolente".
Lo cierto es que Mikasa, con 14 años, tenía el cuerpo bastante desarrollado, esto la convirtió en una muchacha muy popular para el público masculino en su salón de clases. Ella odiaba esa atención porque los mismos niños que la ignoraron en su niñez ahora luchaban por llamar su atención, realmente ellos sólo estaban interesados en su cuerpo. Sentía mucho asco.
Los cambios físicos no son las únicas transformaciones que sufrió Mikasa mientras crecía. Su propia percepción sobre Levi cambió abruptamente. Durante sus visitas diarias, poco a poco, ella empezó a prestar más atención a su físico. Notó que Levi tenía un cuerpo musculoso, sus ojos eran de un color azul atrapante y sus ojeras habituales le daban un plus extraño pero atrayente a su apariencia. Estos nuevos descubrimientos alteraron su manera de tratarlo, el cuerpo se le estremecía cada vez que escuchaba su ronca voz, sus mejillas se sonrojaban cuando sus miradas se cruzaban, en algunas ocasiones hasta tartamudeaba cuando hablaba con él.
En el inicio de su relación Mikasa era feliz sólo con la presencia de Levi pero últimamente ansiaba más, quería tocarlo, sentir su calor corporal todo el tiempo. Por eso, bajo cualquier pretexto, solía apoyar la cabeza en su hombro o directamente abrazarlo, aquellos gestos ya no estaban cargados de inocencia infantil, él nunca los rechazaba.
XXXII
No sabía nada, y me empecinaba en creer que el tiempo de los milagros crueles aún no había terminado.
—Stanisław Herman Lem, Solaris.
Mikasa observó con atención el líquido color ámbar moverse grácilmente en la copa que sostenía Levi. Entonces, dio una larga bocanada de humo y apoyó su espalda en el respaldo del sofá con despreocupación. El humo del cigarrillo en su mano oscilaba con brío mientras se movía.
—¿Qué bebes?
—Whisky.
La menor levantó una ceja era la primera vez que él bebía alcohol frente a ella. Intrigante.
—Un trabajo difícil —él respondió a la pregunta no formulada.
Mikasa trató de no parecer sorprendida o molesta, él definitivamente tenía el poder de leer su mente, era un poco fastidioso. Aspiró el humo de su cigarrillo distraídamente, amaba fumar pero sólo de los cigarrillos de Levi, a pesar de que él era un poco reacio a dárselos pues argumentaba que eran demasiado caros como para desperdiciarlos en una mocosa como ella. La menor sonrió maliciosamente ante ese pensamiento.
Levi tomó de un solo trago todo el whisky.
Mikasa lo miró con la boca ligeramente abierta.
—¿Quieres emborracharte rápido?
—No me emborracho —respondió mientras llenaba de nuevo su copa con la bebida alcohólica, antes de que pudiera acercarla a sus labios el brazo de Mikasa lo detuvo.
—Quiero probar —no se trataba de una pregunta, era casi una orden.
Levi la miró sin ninguna clase de emoción en su rostro aunque todavía estaba presente en sus ojos azules su típico aburrimiento.
—¿Por qué?
Mikasa se encogió de hombros mientras aplastaba su cigarrillo contra el cenicero que se encontraba en la mesa de centro.
—Esa no es una respuesta.
—Curiosidad.
—Tch, te advierto que no pienso cuidar a una adolescente borracha.
—Tranquilo, enano, sólo será un sorbo —ante ese apelativo el rostro de Levi se crispó.
—Eres una insolente.
—Aprendí del mejor —la menor sonrió de lado.
Levi rodó los ojos mientras le entregaba la copa. Sin ninguna vacilación, Mikasa bebió de un solo sorbo toda la bebida, ante la mirada desconcertada del mayor.
Entonces, la muchacha tosió con violencia, la garganta le ardía, el whisky realmente era picante, con las manos temblorosas, devolvió la copa, vacía, a su dueño original.
—Estúpida —Levi la miró con un brillo en sus ojos que era una mezcla entre enojo y diversión.
Mikasa movió su cabeza para confrontarlo pero el movimiento repentino causó que un desagradable mareo sacudiera su cabeza.
—Mierda —murmuró mientras se sostenía la cabeza con ambas manos.
—Cálmate, sólo empeorará más si te mueves mucho.
Con la cabeza dándole vueltas, Mikasa apoyó su cabeza en el hombro izquierdo de Levi, en busca de alivio.
—Apártate, no quiero que me vomites encima —Levi movió sus hombros ligeramente.
—No quiero —Mikasa se apoyó firmemente contra él, envolviéndole el cuello con los brazos, en un abrazo fuerte y apretado.
—Tch, mocosa de mierda —Levi siseó mientras su cuerpo se tensaba por el contacto físico.
—Qué bien hueles, Levi —dijo Mikasa en voz baja, casi para sí misma.
—Déjà vu —susurró el mayor.
Entonces, Mikasa, sin romper el abrazo, levantó la cabeza para mirarlo a la cara, tenía las mejillas sonrojadas, si era por el alcohol o por la vergüenza, era desconocido.
El espacio entre sus rostros casi no existía.
—Te quiero mucho, eres la única cosa buena en esta apestosa ciudad —la muchacha declaró con un tono solemne.
—Estás ebria —Levi trató de apartar su rostro, quería recuperar un poco de su espacio personal.
Mikasa soltó una pequeña risita y luego lo besó, apretando los labios torpemente sobre los del mayor. Fue un beso rápido, duró sólo un segundo. Satisfecha consigo misma, la muchacha volvió a apoyar su cabeza sobre el hombro de Levi, quien se encontraba estupefacto, y se durmió de inmediato.
XXXIII
Sensaciones dulces,
en la sangre y en el corazón.
—William Wordsworth, Líneas compuestas unas pocas millas sobre la Abadía de Tintern.
Levi no mencionó el beso cuando Mikasa despertó (ni en sus siguientes visitas), como si nunca hubiera sucedido. Además, no cambió su trato hacia ella, todo permanecía igual, al menos desde su lado.
Mikasa era otra historia. A pesar de que la bruma del alcohol cubrió su mente durante todo el suceso todavía podía recordar a la perfección cómo se sentían los labios de Levi.
Tenían una textura un poco áspera pero no era algo que consideraba desagradable, en cambio, esa característica otorgaba una nueva dimensión a la experiencia, convirtiéndola en un baile de sensaciones. Además, poseían un sabor muy particular, que se podía considerar como una completa paradoja, porque oscilaba entre el gusto tosco del whisky y la elegancia suave del té. Ese sabor describía a la perfección la personalidad de Levi, él era grosero con ella pero al mismo tiempo nunca la apartó de su vida, aguantó pacientemente todos sus miedos y tonterías. Por eso, Levi era, de alguna manera, su medicina, un elemento infaltable en su vida.
Su primer beso.
Por todo esto, besarlo era una experiencia difícil de olvidar, nunca podría hacerlo. El estremecimiento que recorrió su cuerpo cuando besó aquellos labios era la sensación más agradable y liberadora que experimentó en toda su vida, no se limitó al plano físico, era algo que estremeció a su alma. Jamás había besado a alguien antes, así que no podía hacer comparaciones, pero para ella fue el mejor beso del mundo. Lo que más deseaba en el mundo era repetir esa experiencia. Tantas veces como le fuera posible.
XXXIV
Qué triste es el mundo, tan hermoso y tan absurdo…
—Irène Lvivma Némirovsky, Suite francesa.
El amanecer, sin duda alguna, se había convertido en el momento favorito de Mikasa. Las calles se encontraban casi desiertas, el clima era fresco y el cielo se convertía en un auténtico claroscuro. Durante esos instantes fugaces, la ciudad parecía ligeramente agradable a sus ojos.
Mikasa aceleró el ritmo de su trote, mientras avanzaba veía a las calles despertar con lentitud. Las puertas de las casas se abrían para revelar las figuras cansadas de estudiantes y trabajadores.
Mientras trotaba la brisa matutina acariciaba su rostro. De repente, un desagradable y pútrido olor penetró su nariz, entonces se detuvo de inmediato. Buscó con la mirada el origen de esa peste hasta que lo encontró… un hombre estaba durmiendo en la superficie sucia y dura de la acera, tenía por manta una gruesa tela polvorienta y una suave sonrisa de satisfacción adornaba su rostro mugriento. Mikasa parpadeó varias veces, sorprendida por aquella imagen, el hombre vivía miserablemente ¿por qué se veía tan dichoso? Aquello contrastaba mucho con los semblantes malhumorados de los oficinistas que solía ver al caminar por la ciudad, ellos tenían un techo para dormir pero aun así se veían infelices. En cambio, el vagabundo dormía tranquilamente, en medio de la calle, ajeno a todos los problemas mundanos.
Una pequeña sonrisa adornó los sonrosados labios de Mikasa, entonces, con renovada energía, siguió su camino.
XXXV
El hambre puede explicar muchos actos. Podría decirse que todas las vilezas son cometidas para satisfacer el hambre.
—Maksim Gorki, Los enemigos.
La calle estaba completamente vacía, ni un alma en pena vagaba por allí, Mikasa escondió su rostro con la bufanda en un esfuerzo por protegerse de la brisa helada que rasguñaba sin piedad su piel. El sol se había escondido hace mucho y una densa oscuridad cubría el cielo, las luces citadinas luchaban por mantenerla a raya con su brillo artificial. Era una ruta diferente a la usual, Levi le recomendó alternar caminos cada vez que lo iba a visitar; como siempre, ella siguió su consejo.
Mikasa caminaba con indiferencia a través de la silenciosa calle, su visita a Levi duró más de lo usual pero sus padres no notarían su tardanza pues ambos estaban fuera de la ciudad. Ella detuvo sus pasos, entonces hurgó su mochila en busca de algo, luego de unos segundos, con un cuidado extremo, sacó un cuchillo, un regalo otorgado por Levi años atrás, sonrió un poco, una sensación de seguridad recorrió su cuerpo cuando sus dedos acariciaron la hoja fría.
—Una belleza como tú no debería jugar con un arma tan peligrosa —una voz gangosa habló.
Mikasa levantó lentamente la mirada, frente a ella se encontraban parados un trío de muchachos con sonrisas estúpidas torciéndoles los labios. Los ojos de esos chicos portaban la misma lascivia que vio en el hombre malo al que ella asesinó tiempo atrás. Por puro instinto, retrocedió unos cuantos pasos mientras estudiaba su entorno, a su izquierda había un extenso terreno baldío repleto de hierbas altas y basura, a su derecha se erigían unos condominios de aspecto abandonado, ambos lugares parecían peligrosos. Escapar era una opción riesgosa, además, no sabía si esos tipos tenían armas de fuego o si habían más de su clase escondidos por los alrededores.
Retrocedió un poco más, necesitaba mantener distancia con ellos. Al verla en movimiento, los chicos empezaron a rodearla, a medida que se acercaban, Mikasa pudo ver cómo miraban su cuerpo con ojos hambrientos. Sus manos se aferraron con fuerza al cuchillo de Levi mientras sus músculos se tensaban. Una vez, Levi le dijo que era poco probable que recibiera ayuda si se involucraba en una situación peligrosa con criminales, la gente no solía interferir por temor a meterse en problemas, en especial en un barrio tan desolado. Estaba sola.
El aparente líder de la pandilla, un muchacho gordo que tenía el pelo rubio y grasiento, fue el que se acercó más a ella.
—Chicos, parece que tendremos un poco de diversión esta noche —sus acompañantes se rieron como hienas.
Aquellas palabras encendieron su ira, Mikasa arrugó la nariz y, en un movimiento sorpresivo, pateó la espinilla de la pierna izquierda de su agresor, con tanta fuerza que lo sintió crujir. El muchacho aulló de dolor mientras caía de espaldas, como un tronco, su cabeza rebotó contra el cemento.
El par de hombres observó, completamente perplejos, cómo su líder yacía en el suelo; lo peor de todo era que no sabían si estaba muerto o sólo inconsciente.
—¡Zorra! —gritaron ambos mientras arremetían contra ella.
La adrenalina corría por el cuerpo de Mikasa, sin pensarlo, le dio un cabezazo al rostro del tipo que tenía más cerca, su frente chocó contra la nariz, quebrándola, al mismo tiempo que clavaba la rodilla en su entrepierna. Mientras el hombre, casi inconsciente por el dolor, caía hacia atrás, Mikasa, sin perder el tiempo, clavó el cuchillo, que todavía llevaba en sus manos, en el costado derecho del otro atacante, quien se encontraba distraído con los eventos anteriores, el metal rápidamente se hundió en la carne, la sensación le era aterradoramente familiar. En un instante ella retrocedió un par de pasos con el cuchillo ensangrentado entre sus manos.
—¡Monstruo! —El hombre se sostenía la herida con ambas manos.
—La historia se repite otra vez —susurró ella con voz monocorde mientras se acercaba a él, entonces, con un movimiento limpio, cortó la garganta del hombre, la sangre empezó a salir copiosamente. El hombre empezó a agitar los brazos con desesperación mientras su vida se extinguía de manera inevitable.
Mikasa observó el cuchillo ensangrentado, la sangre era tal como la recordaba, el mismo color y el mismo olor, no había cambiado ni un poco, unos gemidos lastimeros rompieron su concentración. Apuntó su mirada al suelo, en donde se encontraba, boca abajo, su otra víctima, malherida, su nariz era una masa extraña de carne, todavía estaba aturdida por el impacto del golpe que recibió. Ella suspiró, entonces, se acercó al hombre, jaló sus grasientos cabellos para exponer su cuello y clavó el cuchillo de Levi en su tráquea. Murió rápido.
Hizo el mismo procedimiento con el líder, realmente no sabía si todavía estaba vivo pero era mejor atar los cabos sueltos. Ellos no merecían vivir.
Después, escondió los tres cuerpos entre la hierba alta del terreno baldío. Estaba casi segura que la policía ni se molestaría en investigar el caso, lo más probable es que simplemente atribuirán las muertes a una pelea de bandas o algo así. La policía era una mierda.
Luego de asegurarse de que los cuerpos estuvieran bien escondidos, guardó el cuchillo en su bolso y con un pañuelo se limpió las manos y el rostro, que se encontraban ensangrentados. Por suerte, su ropa no se manchó.
Mikasa siguió su camino.
XXXVI
La piedad y la brutalidad pueden coexistir, en el mismo individuo y en el mismo momento, contra toda lógica.
—Primo Levi, Los hundidos y los salvados.
Limpiar un cuchillo era un proceso muy metódico, o al menos eso era lo que Mikasa pensaba mientras observaba cómo el agua se deslizaba sobre la superficie metálica de la hoja, deshaciendo los restos de sangre seca. Después de un par de segundos, cerró el grifo y con un pañuelo limpio, secó el cuchillo. Mikasa observó al objeto detalladamente, negó con la cabeza, no estaba limpio, todavía se veía opaco.
Salió de la cocina y se dirigió a la sala de estar, que se encontraba en penumbras, la televisión encendida era la única fuente de luz. Ella se acomodó en un pequeño sofá, desde ese posición pudo continuar con la limpieza, cubrió la hoja del cuchillo con un lubricante doméstico para deshacerse del óxido restante. Mientras frotaba la hoja con un trapo algo que se mencionó en la televisión llamó su atención. Levantó la cabeza rápidamente, en la pantalla pudo ver cómo la policía levantaba los cadáveres de tres hombres. Los reconoció al instante, eran los hombres que asesinó. Estaban envueltos con bolsas negras pero sus rostros eran visibles. Gracias a la buena resolución de la pantalla de televisión, Mikasa pudo apreciar perfectamente la palidez antinatural que presentaban los rostros de aquel infame trío, no había ningún rastro de vida en ellos, sólo había sangre.
La voz monocorde de una reportera acompañaba las imágenes de los policías cargando a los cadáveres:
—Tres cuerpos fueron encontrados al oeste de la ciudad, todos fueron degollados, la policía cree que fueron asesinados durante una pelea entre bandas rivales. Datos extraoficiales señalan que estos hombres eran delincuentes conocidos en la zona que solían aterrorizar a los vecinos.
Al escuchar aquellos detalles una sensación de alivio inundó el pecho de Mikasa, esos hombres realmente eran malvados.
—Nadie los extrañará —se dijo a sí misma en un susurro.
En el pasado solía pensar que toda vida humana era valiosa pero Levi le dijo que existían algunas vidas desperdiciadas, en un inicio aquellas palabras la aterrorizaron pero luego se puso a pensar en lo que veía diariamente en los noticieros: asaltos, violaciones, corrupción, etc. En ese momento, entendió las palabras de Levi. Todo tenía sentido. El asesinato, en algunas ocasiones, podía favorecer a la sociedad. De todas maneras, algunos muertos no son llorados profusamente.
Mikasa suspiró, relajada. Estar casi siempre sola en casa tenía sus ventajas, así podía limpiar el cuchillo con tranquilidad, sin miedo a ser descubierta.
Miró el cuchillo, estaba totalmente limpio, su hoja emitía un brillo alegre. Mikasa sonrió con ironía, existía algo que era imposible de limpiar, nada en este mundo podría eliminar las manchas de sangre que existían en sus propios recuerdos.
Hizo a un lado esos oscuros pensamientos y se levantó para dirigirse, de nuevo, a la cocina. Tomó una taza que se encontraba descuidadamente colocada sobre la encimera, la colocó boca abajo y empezó a arrastrar el filo de la hoja del cuchillo sobre la superficie de cerámica. Esto era un truco para afilar que Levi le enseñó hace tiempo, él siempre le decía que era muy importante mantener en buen estado las armas. Después de todo, uno nunca sabe cuándo tendrá que usarlas, ¿verdad?
XXXVII
Nada es tan inútil como las palabras.
—Halldór Kiljan Laxness, Bajo el glaciar.
El día después de los asesinatos, Mikasa se encontraba muy impaciente por visitar a Levi; mantener la actitud taciturna de siempre frente a sus padres y compañeros de clases era agotador, ella estaba ansiosa por quitarse la máscara, quería dejar de fingir. Quería liberar todos los sentimientos que estaban atrapados en su pecho. Por eso, Mikasa salió temprano de su escuela. No podía aguantar más.
En cuanto Levi abrió la puerta, Mikasa lo abrazó sin decir ni una palabra, en cuanto lo hizo un soplo de refrescante alivio penetró su cuerpo. Luego de unos minutos, Levi la apartó con delicadeza y la condujo a la sala de estar, en donde la obligó a sentarse en el sofá.
Los dos estaban sentados en silencio, Levi le daba la espalda, estaba observando, completamente absorto, el deprimente paisaje urbano que se podía vislumbrar a través de la ventana.
Mikasa inhaló y exhaló suavemente, el aire se sentía más ligero en aquel departamento, por ello, el solo acto de respirar era demasiado relajante para ella; de alguna manera, sentía que sus nervios estaban sedados. Con lentitud, apoyó la cabeza en la espalda dura de Levi, estar apoyada en algo tan firme la llenó de paz absoluta, el olor a sangre y las miradas lascivas de aquellos hombres dejaron de atormentar su mente.
Lágrimas calientes empezaron a deslizarse por sus mejillas, Mikasa se mordió los labios para evitar que se le escaparan vergonzosos gemidos, no quería que Levi se diera cuenta de que estaba llorando. Sin embargo, él no se dio la vuelta en ningún momento.
Mientras estaba apoyada en la firme espalda de Levi, Mikasa estaba segura de que todo estaría bien. Con él, el mundo no era tan feo.
XXXVIII
Terrible es la tentación de ser buena.
—Bertolt Brecht, El círculo de tiza caucasiano.
El sol se estaba escondiendo en el horizonte, era una alerta silenciosa, sus padres pronto estarían en casa. Mikasa movió su cuerpo lentamente hacia la puerta, no quería marcharse pero tampoco quería ser descubierta, Levi era su secreto especial.
Cuando su delicada mano alcanzó el pomo de la puerta, una voz ronca le ordenó que se detuviera.
Mikasa se dio la vuelta, Levi se encontraba parado frente a ella, con los brazos cruzados.
—¿Hasta cuándo planeas visitarme?
Ella lo miró durante varios segundos mientras mordía su labio inferior.
—Me haces sentir segura —susurró con la mirada clavada en el suelo.
Levi levantó las cejas, casi parecía sorprendido.
—No sabes la clase de persona que soy, mocosa.
—La gente no me gusta, pero tú eres diferente.
—Yo… soy igual a todos los que te atacaron.
Mikasa negó con la cabeza.
—No, tú eres Levi, eso es suficiente para mí —sonrió inocentemente.
Él resopló, no podía entender la manera de pensar de esa chiquilla.
—Ya vete a casa —dijo con suavidad.
Ella se dio la vuelta y salió del lugar.
El departamento se hundió en un triste silencio.
XXXIX
Donde quiera que fuere, haga lo que haga, verá siempre esta palabra: asesinato, inmortalmente escrita en la portada de ese inmenso matadero que se llama humanidad.
—Octave Mirbeau, El jardín de los suplicios.
Los asientos del autobús eran infames, parecían hechos de piedra, no ofrecían ni un poco de comodidad. Mikasa resopló, el transporte público de esta ciudad era una mierda absoluta. Sus ojos grises se clavaron en la ventanilla, observar las calles desde un auto en movimiento era una distracción particularmente efectiva, pues las calles son propensas a mostrar curiosos espectáculos de la vida urbana.
La mirada aburrida de Mikasa se perdió en los peatones que caminaban afanosos por las aceras. De repente, frunció el ceño, algo llamó su atención, era un hombre que apaleaba brutalmente a un perro, no pudo ver detalladamente la escena por el movimiento del autobús pero, a juzgar por los chillidos del animal, parecía que lo lastimaba mucho.
Sin darle tiempo a pensar, el autobús se alejó de la escena, una sensación extraña se removió en el pecho de Mikasa, ¿así de cruel se veía ella cuando asesinó a todos esos hombres?
Pero ella mató en defensa propia, no tenía ninguna otra motivación, de hecho, en los momentos en que clavó el cuchillo no sintió nada, ni lástima, ni ira, su mente estaba en blanco, se movía en modo automático, como si fuera otra persona.
Mientras reflexionaba, enormes carteles, pegados a cualquier superficie disponible, que promocionaban nuevas películas, aparecían ante sus ojos. La mayoría mostraba hombres armados hasta los dientes o con un lenguaje corporal amenazador.
—A las personas les gusta ver matanzas —susurró de manera casi imperceptible, había amargura en su voz. La gente podía llegar a ser tan repugnante, por un lado condenaban las matanzas, por otro lado, también disfrutaban ver un buen espectáculo de sangre. Por eso mismo las películas sangrientas suelen ser tan exitosas, si hay más sangre y tripas, mejor para el público.
Repugnante.
Pero tras ese telón sangriento se escondía una pregunta muy importante, ¿Matar o morir? El dilema de la humanidad. El mundo estaba lleno de depredadores y Mikasa estaba segura que más de una persona se enfrentó a esa pregunta porque la civilización humana se componía de matanzas. Pero había algo de lo que Mikasa estaba segura, ella no era una presa.
XL
No pude evitarlo. Puedo resistir cualquier cosa, salvo la tentación.
—Oscar Wilde, El abanico de Lady Windermere
Mikasa infló las mejillas, frustrada, odiaba la indiferencia que Levi mantenía respecto al beso que ambos compartieron, ¿acaso no significaba nada para él? La muchacha cruzó sus brazos con el ceño fruncido, realmente odiaba esa actitud apática, ganas no le faltaban de golpearlo. Entonces, una idea brillante apareció en su mente.
—Oye, Levi.
El aludido levantó la mirada de las páginas del libro que se encontraba leyendo, era su manera de hacerle saber que estaba escuchando.
—Mañana es mi cumpleaños.
—¿Y?
—Quiero mi regalo, ahora—los ojos de Mikasa brillaban.
—Tch, ¿y qué quieres que haga? No pienso comprarte nada en estos momentos, mierda insolente.
Mikasa, poco a poco, se acercó a él.
—Quiero besarte de nuevo —susurró mientras se acercaba.
—Olvídalo, lo que me pides es ilegal, eres menor de edad —Levi volvió a concentrarse en su lectura.
—No me importa, además tú no eres exactamente un hombre respetuoso de las leyes —la muchacha le quitó el libro de las manos, arrojándolo lejos. Levi la miró, muy molesto.
—Diablos, eres demasiado escandalosa, si te beso ¿me dejarás en paz?
Mikasa asintió con la cabeza, entusiasmada.
Levi tomó las solapas de la chaqueta escolar que la muchacha llevaba y la empujó hacia él, dándole un beso rápido.
—¿Contenta? —Levi todavía mantenía ese semblante inexpresivo pero un, casi, imperceptible rubor cubría sus mejillas.
—Quiero un beso de verdad, como en las películas —Mikasa envolvió los brazos alrededor de sus hombros.
—¿Qué clase de películas ves?
—Sólo bésame, enano.
Molesto, Levi se acercó de nuevo para besarla, Mikasa inclinó la cabeza y cerró los ojos, casi gimió cuando sus labios volvieron a encontrarse, los labios de Levi sabían al maldito paraíso. Él sí que sabía besar, sus besos eran tan suaves y lentos que sentía que iba a derretirse en cualquier instante.
De repente, Levi rompió contacto.
—Tus labios están rígidos, relájate —colocó sus manos en las caderas, abrazándola.
Mikasa respiró hondo y volvió a besarlo, después de unos segundos, reunió el valor suficiente para abrir la boca ligeramente, entonces, sintió que Levi frotaba sus dientes delanteros con la lengua, siguiendo un ritmo tortuosamente lento. Las piernas de Mikasa empezaron a temblar, en ese momento el beso se rompió.
—Suficiente —Levi se alejó de ella y se limpió la boca con el dorso de su mano.
Mikasa asintió con la cabeza, todavía atontada. Ese, sin duda alguna, fue el mejor regalo de cumpleaños que recibió en su vida.
Notas finales: A partir de aquí la historia tomará rumbos… menos inocentes y más perversos.
Un saludo especial a Xander The Prince, MirozK, Anon y Valkyria-Paradox, ¡gracias por comentar!
¡Nos vemos el 2019!
