Los personajes de esta historia, lamentablemente, no me pertenecen, sino a sus respectivos creadores Tsugumi Ohba y Takeshi Obata, lo que sí es de mi autoría, es la trama de esta historia
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Se ama…
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Capítulo tres
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—Ahora Yuuki ver por primera vez a Kaname, quiero que sea vea ese sentimiento de rechazo y admiración, sé que puedes lograrlo Misa…
Era el primer día de grabación y se lo estaba pasando bien, contrario a lo que creía, le había gustado su personaje, por más cliché que resultara la historia, al final no se había pasado de dulce y eso a ella le gustaba. Se había pasado la semana prácticamente encerrada en la habitación, leyendo y releyendo el libreto, tratando de hacer su mejor presentación, esperaba que la grabación fuera lo más rápido posible, así podría tener las tarde libres, por lo menos un rato.
Con unos delicados anteojos colocados sobre el puente de la nariz, se había dispuesto a personificar a su personaje, sentada en los jardines que una escuela les había permitido usar, con la cara escondida tras un libro, trató de meterse en los sentimientos de la heroína, mirando entre enojada y admirada a su co-protagonista. No era algo difícil a decir verdad, el tipo era lindo, aunque algo fastidioso.
Había salido esa mañana con el firme propósito de hacer de esa película un éxito, con los cambios que se tuvieran que hacer.
Estaba despeinada, sin un gramo de maquillaje, y con un uniforme de escuela, nunca había usado uno de preparatoria, había hecho sus estudios en casa a raíz de su carrera y por eso se había perdido de la experiencia. De hacer amigos que le duraran, de salir simplemente a pasear, se había perdido la experiencia de ser una estudiante normal, porque, ya ni recordaba sus primeros años de escuela.
En ese momento, su mirada se cruzó con los oscuros de aquel chico inalcanzable, ese que se mostraba amable pero serio rodeado de personas que le sonreían y querían sacarle conversación, quizá esperando una cita, pero quién era ella para esperar algo de él, si no era nada, era la boba, a la que nadie registraba. Lo detestaba, lo detestaba por ese brillo en la mirada que delataba que era una persona completa, que era amado.
Mientras ella se quedaba en las sombras, deseando que aunque sea una persona la mirara de esa forma, no, no deseaba admiración, ella deseaba amor, sentir que alguien la quería y la necesitaba.
—Bien, cortemos por hoy, mañana seguimos con la otra escena, ¡buen trabajo todos!—Por fin el director les dio la orden que esperaban, habían pasado ocho largas horas entre maquilladores, vestuaristas y peinadores, solo para lograr hacer dos escenas, pero habían quedado perfectas luego de repetirlas y discutir algunos detalles.
Aún era temprano, pero era mejor, al día siguiente tendrían que levantarse temprano y tenían que estar descansados, aunque ella no pensaba irse todavía al cuartel. Esta vez no tenía que sacarse ningún maquillaje, solo tenía que cambiarse y peinarse.
Una pequeña sonrisa se abrió paso en su rostro, estaba expectante, durante siete días no había aparecido en el café y se preguntaba si Reiji Namikawa estaría ahí, esperándola…, en algún momento, su mente le había dicho que eso es lo que él hacía, esperarla, pero por otro lado no quería ilusionarse, quizá no lo hacía y como bien había dicho, solo estaba aburrido y ella era su entretenimiento, lo cual, le rompería el corazón…no, ese ya estaba reforzado contra todo, lo que se le rompería sería esa ilusión que su cabeza se había empeñado en formar y recordarle todo el tiempo.
A su vez era consciente de que los demás se habían dado cuenta de que últimamente andaba en las nubes, de que ya no hablaba demasiado y que molestaba menos a Light, no porque no quisiera, si no, porque ese tiempo, enfocándose en otras cosas, se había dado cuenta de ciertas actitudes que el castaño tenía para con ella, cosas que en circunstancias normales no habría notado, como una mala cara o un comentario no precisamente agradable. Cosas que pasaba por alto, que daba por hecho debían estar en una relación, después de todo, desde que recordaba, siempre había sido así entre ellos.
Así que cuando alguno se descuidaba, o cuando ya no podía ensayar más, sacaba la llave del alhajero y leía la nota, una y otra vez. Esa chispa que la caracterizaba, ese amor por la vida se encendía cada vez que repasaba los elegantes trazos a su vez que sentía una enorme culpabilidad, porque estaba pensando en otra persona, cuando aún seguía en pareja con Light, pero, no estaba haciendo nada malo ¿o sí? Es decir, solo eran conocidos, ni siquiera amigos.
Claro que no debía sentirse culpable, ella seguía amando a Light, con todo su corazón, se lo había entregado a él incondicionalmente, se lo recordaba cada vez que se lo cruzaba y parecía una pintura, sorda, muda…invisible a sus ojos, se recordaba que ella lo amaba y que debía seguir insistiendo, porque quizás un día, él la amaría como ella lo hacía.
Frunció el ceño concentrada mientras se cepillaba el pelo con parsimonia ¿Realmente Light la querría? Últimamente era una de las preguntas que más se hacía y al no saber responderla, había hecho lo que pensó era lo mejor, ir y preguntarle directamente.
Bajó las escaleras corriendo, el papel aún en su mano, la respiración algo acelerada y la duda llenándole las facciones de un aire entre desesperado y melancólico. La duda se la comía viva y la nota quemaba en su palma con una intensidad surreal, el corazón le bombeaba fuerte en el pecho. No sabía que sentir.
Se detuvo en el último escalón, estaban todos dormidos, era tarde. Esperaba que Light aún estuviera despierto, pero sus esperanzas se esfumaron al verlo dormitar en la silla junto a L, el único que se mantenía en vilo, en su inusual posición mirando los monitores, mirándola a ella.
Se movió un poquito, silencioso, para mirarla a los ojos e inevitablemente se sintió atraída por aquella mirada oscura y misteriosa, vacía y llena de cavilaciones a la vez, fue acercándose despacio, como temiendo que en un movimiento, todo aquel silencio se rompiera en mil pedazos y ella quedara en medio de los trozos, necesitaba con urgencia hacer la pregunta, si no era Light, cualquier otro, solo necesitaba una respuesta.
Lo miró unos segundos desde su altura, mordiéndose el labio avergonzada, hasta que se decidió a hablar, bajito, en un susurro.
—Ryuuzaki…tú crees que…¿Qué Light alguna vez me quiera?—El pelinegro había esperado pacientemente a que ella terminara de hablar, suponiendo desde antes por donde podría ir la modelo.
Hacía algunos días la veía extrañamente tranquila, abstraída en sí misma, y aunque eso no era malo, sí era sospechoso, por algunos momentos, llegó a pensar que podría tratarse de algo referido a Kira, pero cuando Watari le envió aquellas fotos, estuvo un noventa y ocho por ciento seguro de que no se trataba de eso y con esto, el porcentaje había aumentado.
—Y decime la verdad, no me mientas…Misa quiere escuchar la verdad—lo miró a los ojos, en realidad lo que más le asustaba, lo que más temía era escuchar algo que le doliera, que de una vez por todas le rompieran todas las esperanzas. Normalmente no hubiera dudado, pero ya nada era normal para ella.
—No, no creo que alguna vez te quiera.
Por unos segundos reinó el silencio, tiempo en que el detective tuvo tiempo de ver como los ojos de la modelo se cristalizaban rápidamente, ella había pedido que no le mintiera y eso había hecho, le dijo la realidad y él no se equivocaba, sabía que Light no la quería ni la querría, las cosas eran así, lo sentía por la joven, pero así era…y también ¿No era una buena forma de que pudiera empezar de nuevo? Si llegado el caso, salía indemne cuando el caso se cerrara, tendría una oportunidad de volver a empezar, quizá sola, quizá con alguien más.
No había dicho nada después de eso, quiso gritarle con todas sus fuerzas que mentía, que estaba muy mal de su parte no haberle dicho la verdad cuando ella se lo pidió, pero no pudo, la voz no le salió, solo un lastimero sollozo lo hizo cuando abrió la boca. En su vida se había sentido tan profundamente herida como ese día, era un dolor muy diferente a cuando sus padres habían muerto, ese había sido el dolor más horrible, no quería volver a experimentar ese tipo de abandono, pero este sentimiento era algo que la corroía por dentro.
No quería dejar ir a Light.
Guardó el cepillo y salió distraídamente de la escuela, hoy nadie la iría a buscar, podía volver sola, había un detalle para esa repentina libertad, luego de aquella noche, Misa había insistido para que la dejara volver sola, si es que no era tarde y si avisaba a la hora que salía, a la vez que había accedido a que colocaran un dispositivo de rastreo en su teléfono. No le importaba que supieran en donde estaba, era una simple cafetería con el plus de ser bastante discreta y privada, había notado que la gente de allí pocas veces se percataba de su presencia, aunque solo había ido dos veces y tal vez solo fuera suerte.
Generalmente hubiera salido como si nada, le agradaba la atención de la gente, detenerse a firmar autógrafos o sacarse alguna que otra foto, ella amaba a sus fans, era un amor gratificante, que le era devuelto, si bien era consciente de que no la conocían ni la décima parte, ella siempre aceptaría la admiración y amor que decían profesarle…después de todo, de otra forma ella no estaría donde estaba en esos momentos.
Esta vez, escondió su cabello dentro de la capucha de la campera y tapó su rostro parcialmente detrás de unos anteojos de sol oscuros, no resaltaba realmente, en realidad la imagen que vio en una de las vidrieras era básicamente la de alguien muy sospechoso o muy retraído…quizá deprimido. Era de siesta aún y muchas de las personas o estaban en sus casas o trabajando, por lo que las calles estaban solo un poco menos llenas, no demasiado, Tokio siempre estaría atestado.
El otoño se había llevado cierta gracia de la ciudad, parecía más triste, menos viva, pero a su vez no es que pudiera pedir mucho. Hacía bastante que no caminaba sola, por un momento dudó de para donde tenía que ir, pero enseguida se ubicó al ver la pequeña callecita por la que debía doblar, en realidad, ni ella misma, que había vivido toda su vida en esa gran ciudad sabía siempre por dónde ir, ese era el problema de los lugares grandes, siempre podías perderte.
Estaba pensando en eso cuando al final vio el cartel de la cafetería levemente iluminado, por unos instantes temió haber tomado un camino equivocado, pero no, ahí estaba frente a la puerta, vaciló solo un segundo, totalmente convencida que después de una semana era imposible que se lo encontrara.
Y tuvo razón, cuando se sentó en la última mesa no había nadie más que ella. Era decepcionante, quizá de verdad él solo estaba aburrido y ya había encontrado en que ocupar su tiempo. Suspiró sonoramente mientras se quitaba el precario disfraz, esto era bueno ¿No? Si no lo veía, si no lo escuchaba, ella simplemente podía ser ciega, sorda y muda nuevamente y amar a Light sin complicaciones, eso era lo correcto desde el principio.
¿Cómo se le había ocurrido tan siquiera por un segundo dudar Ligh? Ella no podía, del castaño dependía toda su vida, era su vida, y él la amaría, no importa lo que dijera L al respecto, en un futuro él la amaría y serían felices juntos, solo era cuestión de tener paciencia, y ella podía esperar todo lo que fuera necesario, de hacer lo que fuera necesario, de amarlo incondicionalmente aunque la rechazara.
Eso era todo, no volvería a esa cafetería nunca más, desde el principio nunca tendría que haber venido. Miró a su alrededor, ya que era la última, bien podía quedarse un rato, tomar un café, leer algo e irse tranquila. Tampoco estaba bien desaprovechar esos momentos de libertad de los que gozaba.
Pese a todo, no tocó los libros, se quedó mirando por la ventana, pequeñas gotitas empezaban a estamparse contra el vidrio, ser Misa Amane no siempre era gratificante, se sacrificaban muchas cosas, debió hacerlo para dejar de lado lo que había sido y seguir para convertirse en alguien más. Nunca se había considerado alguien inteligente, sino normal, tampoco había tenido grandes aspiraciones, una casa, una familia, alguien que la quisiera y probablemente un trabajo relacionado con niños, a Misa le gustaban los niños y siempre había querido ser madre, una como la que ella tuvo, que leyera cuentos y cocinara bizcochuelos en los días fríos para tomar con una chocolatada caliente.
Media hora se mantuvo sumida en sus pensamientos, las uñas chocando levemente contra la mesa, ahora no esperaba nada, ni siquiera sentía nada, sabía desde el principio que cualquier cosa que estuviera haciendo no tenía futuro por el simple hecho de ser ella, nada de lo que hiciera podría funcionar bien, solo había que ver su vida. Lagunas mentales y dudas consumiéndola día con día.
—Apareciste—Aquella voz tuvo la cualidad de sobresaltarla enormemente, al subir la mirada lo vio parado frente a ella, quitándose el saco negro y dejando el maletín sobre la mesa—Pensé que te habías acobardado.
Frunció el ceño profundamente ofendida pero no pudo hacer el escándalo que pretendía, no podía, era algo extraño, de alguna forma se sentía fuera de sí cuando él estaba presente, probablemente si hubiera sido Light habría gritado como loca que ella no era una cobarde y que podía demostrarlo, luego se arrepentiría y pediría disculpas mientras las lagrimas se le amontonaban en los ojos. Así eran las cosas.
—Estaba ocupada—Contestó parcamente mientras lo observaba tomar asiento.
—Escuché algo al respecto, una película si no me equivoco —Le hizo una seña al mozo antes de volver a mirarla.
—Sí, aunque no sabía que ya habían empezado a darse detalles, a penas hoy se pudo empezar a grabar.
El pelinegro solo se encogió de hombros, las cosas funcionaban así para él, si quería saber algo simplemente lo averiguaba, no había quien pudiera negársele, era una cuestión de saber manejar bien sus recursos y eso era algo a lo que estaba acostumbrado. Por otro lado, aunque la chica nunca lo supiera, había estado asistiendo todos los días a la cafetería, pero si decía que la había estado esperando no quedaría más idiota de lo que él se figuraba se había visto.
Cuando el café estuvo frente a sí la miró detenidamente, aquella mujer le había llamado la atención desde que la viera por primera vez, tampoco es que estuviera ciego, era hermosa, pero no era eso solamente lo que le llamaba la atención, él, acostumbrado como estaba a leer a la gente y sacar partido de sus debilidades, había visto en ella un dechado de ellas, había cada vez más grietas en ella, lo que lo llevó a preguntarse qué pasaría cuando se rompiera totalmente y si podría sacar algún provecho de ello.
Se había propuesto socavar dentro de la rubia, sonsacarle cada pedazo de ella misma para volverlo a su favor, un simple capricho de alguien acostumbrado a tenerlo todo, pero a su vez, no le alcanzaba con eso, lo quiso todo de ella y estaba profundamente irritado al ver que ella no bajaba sus defensas. Había escuchado que tendía a ser alegre y escandalosa, lo cual le resultaba un verdadero enigma saber el por qué de su actitud frente él.
—¿Tu novio?
Misa lo miró aterrorizada por una centésima de segundo, no la sorprendía que supiera que lo tenía, ella misma se había encargado de propagarlo por los medios, totalmente satisfecha de saber a Light de ella, pero sin embargo no esperaba que lo sacara a colación. Sus ojos se abrieron sorprendidos a la vez que se paraba como si la silla le quemara, esa sensación culpable la embistió, pero esta vez con más fuerza y mucho más tangiblemente al ver de los labios de los cuales había salido.
Rebuscó en sus bolsillos antes de sacar dinero que dejó sobre la mesa, no se atrevía a subir la mirada ¿Qué mierda le pasaba por la cabeza? Tenía la imperiosa necesidad de salir corriendo.
Los ojos grises del hombre observaron todo eso por demás interesados, obviamente esperaba una reacción parecida, pero verla era mucho más divertido.
—Que apuro ¿Tenías algo que hacer? ¿Te espera tu novio?—Tenía la maldita costumbre de ser tan condenadamente insensible, sabía que ella probablemente estaba luchando contra alguna clase de confusión, pero no podía evitarlo.
—Lo que Misa tenga que hacer no es de tu incumbencia—Aclaró mirándolo, él no tenía que saber nada, no le interesaba lo que ella tenía o no que hacer, era muy estúpido de su parte haber ido esperando verlo, en realidad, era una masoquista. Tomó sus cosas con cierta violencia, no volvería ¡Nunca!
Él no pudo menos que sonreír, obviamente que no la iba a dejar irse, después de una semana esperándola sin que se dignara a aparecer, merecía hacerla sufrir un poco, por esto mismo, cuando la vio cerca de la puerta, llamó al mozo, y pagó rápidamente, para tomar todo y salir tras ella, no en plan conciliador, no, en realidad estaba disfrutando bastante con la situación.
Cuando puso un pie fuera un repentino viento helado le azotó las mejillas, no le asombró, el cielo se notaba bastante tormentoso. La vio unos pasos más allá, esperando para cruzar la calle, quizá esa fue la mejor ventaja que pudo tener, creyó que nunca agradeció más el loco tráfico de la ciudad.
Se paró a su lado, mirándola de reojo, aguantando las ganas de dejar fluir la sonrisa que bullía en su interior, realmente se estaba divirtiendo.
—Hace frío—Comentó al aire, a sabiendas de que ella ya se había percatado de su presencia y se estaba haciendo la tonta, cuando el semáforo cambió a rojo, se precipitó a la calle junto a ella, varias personas caminaban apresuradas a su lado, haciendo que ambos caminaran a la par, hombro con hombro—No me contestase…¿Te espera tu novio?
—Ya dije que no te incumbe—Trató de acelerar el paso una vez que se vio en la vereda, realmente esto le parecía totalmente hilarante, pero se vio totalmente negada y estupefacta cuando sintió la mano de él asir la suya con total naturalidad.
Casi se ahogó cuando tiró de ella hasta dejarla a su lado, y suprimió un gemido de sorpresa al notar su aliento en su oreja, se removió inquieta tratando se zafarse, incluso estuvo a punto de gritarle algún insulto.
—No te equivoques, desde el principio te dije que iba a sacarte cada secreto y no voy a escatimar en métodos…por otro lado, si yo fuera tú no haría nada, olvidaste cubrirte el cabello.
Misa reprimió un insulto antes de subirse la capucha de la campera, maldito fuera el día en que se había cruzado con él, aunque tampoco pudo evitar sentirse profundamente alagada, que alguien se interesara tanto por lo que ella pudiera esconder o no era tanto reconfortante como aterrador y quizá la duda se instaló en sus ojos porque cuando él la miro solo asió con más fuerza su mano.
—Solo es satisfacción personal, no creo que tengas algo realmente de interés general...pero quién sabe — La gotitas de agua empezaban a humedecerle la campera dejando pequeñas marquitas oscuras, él mismo sentía la humedad filtrándose en su cabello y antes que se diera cuenta ya la estaba conduciendo bajo el tejado de un edificio sin terminar, probablemente la inestabilidad del clima había retrasado su construcción.
Ella se quedó mirando al frente, atontada por sus palabras, si supiera la cantidad de cosas que guardaba en su cabeza realmente querría seguir viéndola ¿querría sostener su mano como lo hacía ahora? Un muy pequeño rubor se instaló sobre sus mejillas, no estaba avergonzada, se sentía natural y el calor de su mano se extendía por su cuerpo, no recordaba la última vez que se había sentido tan relajada.
Estaba mojada y cansada, ni siquiera estaba feliz, estaba simplemente en un estado de neutralidad. Se había quitado los anteojos, era un desperdicio, ante el agua la gente no hacía más que correr sin prestarle la más mínima atención y en los próximos diez minutos que permanecieron en el lugar, las calles quedaron desoladas, un fenómeno inusual pero totalmente conveniente si tomaban en cuenta que ellos dos no eran dos personas normales y para ser sincera, no quería salir en la tapa de ninguna revista acusada de infiel, aunque tampoco se atrevió a soltarle la mano.
Ninguno dijo nada, solo quedaron mirando al frente, cada uno metido en sus pensamientos, casi no siendo consientes de lo que estaban haciendo.
—No me espera nadie—Dijo por fin Misa sin atisbo de emoción, al principio se había negado a responderle porque en realidad, había cosas que eran más dolorosas cuando se decían en voz alta.
—Ya veo, a mi tampoco—No la miró, tampoco imprimió sentimiento alguno en su tono, no tenía sentido, no para él por lo menos.
—Él no me quiere—No supo por qué lo dijo, quizá necesitaba sacarlo de su sistema.
—¿Y entonces?—Esta vez la miró de reojo, esperando ver algún cambio en la joven, más su expresión no cambió un ápice, el brillo azul de sus irises lucía opaco, y sabiendo que la observaba optó por no decir nada y encogerse de hombros tal y como hacía el ojigris.
Cerró los ojos unos segundos sintiendo el calor bajando por sus mejillas, su pecho se oprimió terriblemente y la sensación fue amarga.
—Tonta— Se paró frente a ella soltándole la mano y secándole las mejillas con una pequeña sonrisa autosuficiente, desde el principio supo que no hacía falta mucho esfuerzo para quebrarla.
—Muy tonta.
…
Aquel día Misa volvió callada y totalmente mojada, la nariz roja por el frío y las manos congeladas. Al revés que en las otras veces, había vuelto totalmente pálida y desastrosa pasando de saludar a alguien, evitando cualquier contacto con los presentes en el cuartel. Quitándose la ropa mojada pasó directamente a la ducha.
—El humano tiende a ser tonto por naturaleza, no te preocupes, no es algo que está mal en vos solamente, supongo que debe ser algo impreso en nuestra genética…
—¿Alguna vez deja de doler?
Hacía unos minutos que habían vuelto a la misma posición de antes, con las manos entrelazadas.
—No, solo se acepta—el sonido de la lluvia casi ahogando sus palabras.
—Ya veo…¿Cuál es la forma correcta de amar?—Soltó tranquilamente.
—No creo que haya una, debe haber una forma por cada persona.
Asintió sin decir nada, no había mucho que decir y tampoco tenía ganas de hacerlo, se sentía deprimida y no es que quisiera evitarlo tampoco, después de todo, ¿No tenía derecho a sentirse mal alguna vez?
Se sentó en la cama, aún tenía el cabello mojado, pero había recuperado el calor. No se había atrevido a dejar que la acompañara, seguía teniendo miedo a lo que podría pasar, de alguna forma sabía que cualquier cosa que estuviera pasando con ella no traería cosas buenas.
Tres toques en la puerta la sacaron de su ensoñamiento y dando la autorización vio aparecer a Watari con una taza de té en un platito, le agradeció el gesto con una sonrisa, estaba más relajada, es cierto que la tristeza no se iba, antes de conocer a Light estos episodios solían repetirse con frecuencia, pero se dijo que ya no tenía permitido sentirse sola cuando tenía alguien que la amaba, ahora quizá podía volver a permitírselo.
El hombre mayor no se movió de su lugar e hizo caso cuando Misa lo invitó a sentarse junto a ella, esperando a que dijera algo, ya sabía, desde hacía días que la rubia simplemente se quebraría en algún instante, quizá ese fuera el instante.
—Yo quería otras cosas para mí—Comenzó, cortándose al llevarse la taza a los labios, el sabor del tilo esparciéndose en su boca—No sé cuando dejé de quererlo.
—¿Qué quería señorita?—Un gesto apacible se instalo en sus facciones, años de experiencia le decían que la suavidad y la paciencia solían resultar.
—Una familia…amar y ser amada—Nuevamente la taza a los labios, no miraba al hombre—Hasta ahora no logré nada—Se rió suavemente cerrando los ojos, la sonrisa aún adornando sus facciones.
El mayordomo se quedó sin palabras observando a la cantante, preguntándose si aquella persona que había visto con ella en la cafetería tenía que ver con aquel repentino cambio.
—Al final, siempre tuvieron razón, él tiene razón, soy una tonta…¿y lo peor de todo sabe qué es?—Lo miró directamente a los ojos sin esperar una respuesta—lo peor de todo es que soy consciente de que lo soy.
—Entiendo…¿Puedo preguntar quién es él?
Misa sonrió y negó con la cabeza repentinamente más relajada.
—Ni yo sé quién es.
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Emmm…bueno, no sé qué es esto. Creo que a medida que pensaba en este capítulo solo lograba sentirme deprimida al respecto, porque considerar la realidad de Misa no es algo feliz, por más que ella sea tan efusiva y alegre, su situación no lo es y creo que se me fue la mano con la amargura.
Por otro lado no puedo amar más a Reiji porque no puedo, es todo lo que voy a decir, y mil disculpas por tardarme en publicar.
Besos!
Flor!
