Los personajes y el universo de los juegos del hambre no me pertenecen, todo le pertenece a Suzanne Collins, yo sólo tomo los personajes y el universo para mis historias que sí son originales.
Iba de regresó a casa en pasos lentos y cortos para mí misma, seguro estaba demasiado aturdida para ir más rápido o igual que antes. Hoy fue un día bastante agitado y va a terminar siendo agitado, todavía queda la charla pendiente con Peeta a la tarde además de que tengo que cazar algunas presas para llevar carne fresca hoy a casa.
Me perdí tanto en mis pensamientos que no vi que Gale se dirigía a mí con una sonrisa en sus labios. Le devolví la sonrisa al instante y él asintió mostrándome la bolsa blanca y de tela que contenía tres presas a lo máximo, sé notaba que no había sido una buena caza y gracias a mí. Desde que nos conocimos acostumbramos a repartirnos la comida en cada caza que hacíamos, aunque Gale obtenía a lo máximo dos animales más que yo, ya que su familia era numerosa y cuantos más integrantes había, más bocas que alimentar tenía en la mesa.
— Catnip— Dijo él moviendo la cabeza en forma de saludó. Seguro notó la falta de humor en mí, así que decidimos caminar en silencio. Con Gale no había silencios incómodos, es más a veces el silencio era el mejor amigo de todos los ciudadanos de Panem — ¿Estás ocupada? Me gustaría que me acompañes al quemador— Dijo bajando la vista hacía mí.
Me quede pensativa, en realidad no tenía nada más interesante que hacer a esta hora; no es como sí fuera una chica muy ocupada, la rutina era la de siempre el fin de semana: Levantarme, desayunar, ir a cazar con Gale, ir al quemador y luego cocinar para la familia. Aunque pensándolo bien, en el distrito doce no había mucho entretenimiento que digamos, las cosas bellas sucedían muy pocas veces aquí ya que la máxima preocupación es los juegos del hambre, la pobreza y el hambre en el distrito y más cuando el distrito doce es el más pobre de todos los distritos.
— No. Sí te acompañó, aunque no creo que hoy tenga que hacer mucho ahí— Respondí seriamente, ya que no tenía nada que vender.
— Sí que tienes algo que hacer allí. Sae te ama, estoy seguro de que le gustara verte allí— Aludió mientras pateaba una piedrita con la punta de su zapato.
— A mí también me gusta verla. Sus sopas son únicas—
Eso era muy cierto. Los osados que sé atrevían a entrar al quemador amaban las sopas de Sae. Además de que la mujer era amable, era un buen negocio, ella nos daba un cuenco de sopa a cada uno por nuestras presas. Según ella siempre estaban frescas y sin ningún desperdicio en la carne. Los agentes de la paz también la frecuentaban igual que a nosotros, a pesar de todo, agradecía que nuestros agentes de la paz no sean tan feroces como en los distritos dos o uno.
El silenció entre Gale y yo perduró en todo el camino, ninguno de los dos tenía algo que acotar respecto algún tema, pero yo sí tenía algo que decirle, quería hablar del sueño sobre la rebelión y la forma en la que hablé con Peeta para ver sí había coincidencias con mi sueño, Ahora que lo pienso mi sueño se esta asemejando un poco a la realidad, pero eso lo pensaría más tarde, cuando mi lengua no me traicioné. No aguante más y decidí terminar el silenció para preguntarle lo que tenía en la punta de mi lengua.
— Gale ¿te acuerdas de lo qué te dije esta mañana?— Me arremangué las mangas de mi remera que eran demasiado largas para mis brazos.
— Sí ¿Qué sucede con eso?— Preguntó mirándome fijamente.
— Tú me dijiste que había soñado un mismo fragmento que mi sueño. Necesitó que me lo cuentes con precisión, porque siento que lo voy a olvidar— Observé para todos lados, aunque no tenía ningún sentido eso. ¿Quién se preocuparía por el sueño de una chica de dieciséis años? Nadie en lo absoluto. Aunque la clara sensación de que me espían cuando hablo de este tema, esta presente desde que empezó el día, quizás me estaba volviendo media paranoica.
— ¿Qué sueño?— Respondió dubitativo. Me extrañó en lo absoluto su pregunta, pero sin embargo seguí el tema de conversación.
— El que te conté hoy a la mañana— Fruncí el ceño. ¿Podría ser que los involucrados en mi sueño estén olvidando lo que ellos soñaron? Ahora que lo pienso ¿yo lo estoy haciendo? Obligué a mi mente a recordar el último fragmento de mi sueño, pero nada, negro y más negro lo último que recordaba era las bombas que caían lentamente donde estaba mi hermana curando a los heridos, pero la imagen era cada vez más borrosa a medida que pasaba el día.
— ¿El tuyo? Sí algo recuerdo, pero no recuerdo haberte dicho nada a ti de algún sueño mío— Lo pensé bien. Quizás Gale tenía razón, mi falta de horas de descanso me hacia recordar cosas que nunca fueron.
Estábamos tan metidos en nuestras cavilaciones que no nos dimos cuenta que ya habíamos llegado al quemador. El quemador era un comercio ilegal, no muchas personas se animaban a ir allí, aunque los más necesitados, como nosotros, teníamos que hacerlo, aunque fuera contra la ley. Caminamos hasta el puesto de Sae, no estaba muy lejos de la entrada así que no nos llevo mucho tiempo llegar allí. La mujer nos dio una sonrisa que marcó mucho más su huesudo rostro. Ella puso sus manos en el mostrador levantando una ceja.
— ¿Qué me traen hoy, chicos?— Sé notaba que estaba haciendo sopa de ardilla, así que esperaba que Gale tenga algo de ardilla, ya que se la notaba nerviosa al revolver la sopa.
Gale le mostró la bolsa que contenía tres ardillas. Sae puso una mirada de satisfacción mientras las observaba detenidamente para luego ponerlas en una bolsa de nylon. Le entrego un par de billetes a Gale y un cuenco de sopa. Gale sonrió con satisfacción mientras guardaba en su bolsa el cuenco de sopa.
— Katniss, ¿no me traes nada?— Preguntó la mujer ilusionada.
— No, lo lamento, pero hoy no fui a cazar temprano— Respondí mirando mis zapatos. Yo siempre fui muy cumplidora con Sae, además de que siempre me elogiaba por mis cazas, aunque yo siempre asentía avergonzada diciendo que no era la gran cosa.
— Oh, que lastima… amó como siempre le das en el ojo a tus presas y no a la carne— Dijo tronando sus dedos. Asentí bajando la mirada, no me hacían cumplidos frecuentemente, pero cuando lo hacían solo podía asentir tímidamente.
Luego del intercambio de Gale con Sae, él se dirigió a su casa y yo me fui directamente al bosque. Tenía que por lo menos cazar dos ardillas o dos conejos. Hasta quizás con un poco de suerte encontraba un siervo, me reí de eso, casi nunca aparecían y cuando lo hacían era un verdadero golpe de suerte. Recuerdo la última vez que encontramos un siervo con Gale, era el cumpleaños de Prim y gracias al dinero que nos dio el carnicero por ello pude comprarle a Lady su cabra. Esa cabra era una mina de oro y nos beneficiaba bastante ya que leche y queso nunca nos faltaría.
Comprobé la cerca que separaba la pradera del bosque, aunque no era necesario ya que nunca estaba electrificada, era necesario comprobar. Me dirigí directamente hacía la naturaleza que irradiaba el bosque. Amaba venir aquí. Los mejores momentos de mi vida sucedieron en el bosque, creo que aquí podía ser feliz y reírme normalmente como sí los problemas en Panem no existiera.
Voy caminando sigilosamente entre los arboles hasta que llegué al escondite secreto donde guardó mi arco y flechas. Aunque las flechas no estén perfectamente hechas, me gustaba. Quizás la razón era porque mi padre las talló a mano y por eso tenían un valor sentimental grande para mí. Toqué el arco instintivamente mientras posicionaba las flechas en mi hombro.
Di pequeños y silenciosos pasos hacía un arbusto para esconderme. Desde allí se podían ver como dos conejos pasaban mientras comían un poco de pasto, sus narices se fruncían cada cierto tiempo. Me di cuenta que si no reaccionaba rápido iban a escapar. Agarré una flecha siendo lo más precavida posible, me posicioné dispuesta a cazar al conejo, pero esté era muy rápido. El segundo era el que estaba más quieto posible, justo cuando se dispuso a correr y lancé la flecha dándole en la oreja. No fue tan difícil, a diferencia de las otras veces. Los conejos eran muy rápidos y sabían perfectamente cuando una amenaza venía, aunque no los culpaba, sí yo estuviera en su lugar correría lo más rápido posible por mi sobrevivencia.
Al cabo de un tiempo tenía un conejo y una ardilla. Era una buena caza a pesar de todo y más cuando no tenía a Gale como aliado en esto. Luego de guardar mi arco escondiéndolo entre la arboleda, guarde las presas en una bolsa que usaba especialmente para los días de caza y me fui a mi casa. El día había estado agotador, esperaba tirarme en mi cama y no despertar jamás, aunque no creía que eso fuera posible. Mis pies ardían a medida que daba pasos. Tenía demasiadas cosas en mi mente y no solo el cansancio era físico, sí no también emocional.
Llegué a casa totalmente exhausta, mi madre lo notó y se ofreció ayudarme a destripar a las presas, estaba demasiado agotada para discutir así que deje que se ofrezca ayudarme, un poco de ayuda no me venía nada mal. No tardamos mucho, ya que no era demasiada carne, pero serviría para comer una buena sopa de conejo y ardilla. Prim no estaba en casa, pero mi madre me había comentado que fue a visitar a un amigo. Me parecía extrañó tanto misterio por parte de Prim, es verdad que ella era adorada por todo el distrito y que todos la conocían pero era extrañó que no le digiera a nuestra madre sobre donde iba a ir.
Cuando por fin pude sentarme unos segundos en el sillón la risa de Prim captó mis oídos, no venía sola, venía hablando con alguien. Siento como la puerta se abre y veo a Peeta junto con Prim riéndose. Justo allí lo recordé, estaba tan cansada que ni me acordaba que llamé a Peeta para hablar conmigo. Peeta me mandó una mirada de soslayó y ahí Prim posó su mirada en mí, para darme una encantadora sonrisa.
— Katniss— Dijo mientras se acercaba a mí—Encontré a Peeta de camino a casa y me dijo que tú lo llamaste—dijo mirándonos con una sonrisa.
— Sí, exactamente—
Él se encontraba en la entrada, parecía perdido en sus pensamientos o demasiado distraído, ya que sus ojos parecían idos. Me levanté de allí dispuesta a saludarlo, no quería quedar como una maleducada y más cuando yo lo llamé. Lo saludé con un apretón de manos y él posó la mirada en mí. Prim se había marchado y mi madre estaba afuera seguramente, aunque yo seguía con la paranoia de que alguien nos estaba oyendo; esa sensación era horrible, pero era irresistible para mí no sentir el pánico de que alguien nos oía, seguía pensando que la falta de sueño me jugaba una mala pasada.
— ¿Podemos ir a otro lado?— Mencioné nerviosa, con miedo a que algo o mejor dicho alguien aparezcan.
— Sí claro— Respondió confundido, pero sin embargo no se negó a mi petición. — ¿A dónde iremos?— Preguntó dudoso
Tomé mi cazadora dispuesta a ir a un lugar donde sería seguro contarle esto. La pradera era un buen lugar y Peeta no estaría infringiendo la ley ya que no estábamos pasando más allá de la cerca. No es que me importe las leyes, pero estaba segura de que a Peeta sí, así que no quise arriesgarlo a ir más allá del distrito doce.
— A la pradera—
Caminamos en silenció hacía la pradera. Agradecía que no haya hecho preguntas en el trascurso del camino. Estaba pensando la manera adecuada de decirle mi desquiciado sueño de la manera más normal y tranquila posible, aunque por mi cara de pánico y mis dedos que temblaban como locos no creía que podía ser posible calmarme. Tenía miedo de como lo iba a tomar, ya que Peeta jugo un papel muy importante en mi sueño. No le iba a contar todo, simplemente porque olvide el final del sueño, no sé que más sucedió cuando las bombas caían sobre donde estaba Prim; aunque tenía una clara idea de que Prim no sobrevivió, con sólo esa simple idea, mi cuerpo se ponía rígido y tensó. La situación no era nada normal, pero necesitaba resolver mis dudas, lo iba a descubrir.
Llegamos al lugar anteriormente dicho. Me senté en una de las rocas y le di una palmada a la que estaba al lado mío para que se siente. Él lo hizo y me miró atentamente. Lo analicé por un momento; su mirada denotaba una gran curiosidad además de que tenía un gran brillo en sus ojos, me preguntaba el por qué, no le di tanta importancia y me centré en el tema principal.
— Mira, no sé como decir esto, no soy muy buena con las palabras, pero trataré de ser lo más clara posible— Dije enredando mis dedos como un gesto nervioso—¿Has estado soñando situaciones extrañas?— Lo miré atentamente esperando una reacción.
— ¿A qué te refieres con situaciones extrañas?— Levantó la mirada hacía mí, por su expresión algo había soñado.
— Me refiero a un sueño largo con situaciones extrañas y que posiblemente podrían suceder.
— Katniss, tú nunca aceptarías casarte conmigo con miles de cámaras apuntándonos— Dijo él como sí ese dato fuera ridículo. No lo era. Un flasback se coló en mi cabeza: El presidente Snow quería que convenciéramos al público de que nuestro amor era verdadero, así que di la idea de un casamiento, por eso Peeta me pedía casamiento en el Capitolio, alrededor de todas las cámaras apuntándonos y los flashes de la cámara dejándonos con la vista agotada. No era para nada ridículo y eso me llevaba a la conclusión de que Peeta también soñó un pequeño fragmento de mi sueño. Esto cada vez se hacia mucho más raro, pero tenía una pieza más en este rompecabezas que parecía interminable. — Lo lamento— Mencionó apenado, pensando que lo que dijo me había molestado.
—No lo sientas. ¿Me lo podrías describir?— Él me miró atónito.
— Hice un dibujo del sueño, sí quieres te lo muestro— Preguntó el amablemente — Sabía que a medida que pasaba el tiempo lo iba a olvidar, pero parecía importante, las imágenes eran tan reales, tan nítidas que lo dibuje para recordármelo—
— Tienes razón, yo también tendría que escribirlo para no olvidarme— Dije más para mí misma. Hice una nota mental de recordar escribir mi sueño, aunque sea largo no quería olvidarme más detalles que eran importantes.
— ¿Qué sueño?— Preguntó frunciendo el entrecejo confundido.
Tomé unas grandes bocanadas de aire, la conversación tenía para un largo rato ya que mi sueño era demasiado largo para contarlo en sólo unos minutos. Lo miré fijamente y comencé a contarle el sueño. Él me miraba con la boca totalmente fruncida, no preguntó nada sólo se limito a escuchar mi relató atentamente sin perder ningún detalle. Él se daba cuenta que su persona en mi sueño era importante, ya que a medida que lo narraba varias emociones pasaban por sus ojos. Cuando por fin lo terminé de relatar un gran silenció se formó entre nosotros, sólo se escuchaba el cantó de la bandada de sinsajos que era relajante para mi estado anímico. Mi boca estaba seca de tanto hablar y mi garganta tenía un cierto nudo en la garganta que no me dejaba hablar. Peeta decidió romper el silenció que se formó.
— ¿Qué sucedió al final del sueño?— Dijo pensativo. Su rostro se mostraba sereno igual que sus palabras; ese gesto me impacto, si yo estuviera en su lugar seguro saldría corriendo como una loca, simplemente reaccionaria de la peor manera posible.
— No lo sé, no lo recuerdo, lo recordaba a la mañana, pero ahora no lo sé— Contesté al borde de la desesperación.
— Cálmate. Esto tiene que tener un significado importante, tú soñaste el mismo fragmento que yo soñé, además de que los dos concordamos que las imágenes eran demasiado nítidas, demasiado reales para ser un simple sueño— Él se permitió mostrar un poco de desesperación en su voz, aunque al instante su postura relajada regresó— ¿Alguien más soñó lo mismo?—
Pensé en Gale, esta mañana él me dijo que soñó con la cosecha en la que Prim salía seleccionada y yo me ofrecía como voluntaria. Pero había un dato que no concordaba; hoy mismo se lo pregunté y el respondió que no había soñado nada extraño hoy, quizás lo olvidó, como yo lo estoy olvidando a medida que pasa el tiempo.
— Gale…— Afirmé no muy segura de meterlo en la conversación.
— ¿Tu novio?— Contestó seriamente
— ¿Qué? Él no es mi novio— Respondí a la defensiva — Lo que trato de decir es que Gale soñó con la cosecha, que va a suceder en cuatro meses, donde Prim sale elegida como tributo y yo me ofrezco como voluntaria. Pero hoy a la tarde se lo pregunté; respondió que recordaba nada —
— Quizás porque es así. Tú misma lo dijiste, estas olvidando tu sueño… él también lo esta haciendo. Posiblemente, si no hubiese dibujado el sueño, no lo recordaría en este momento—
Tenía sentido y mucho sentido. Pero a pesar de todo quedaban cabos sueltos en esta historia. Gale había soñando el mismo fragmento que yo misma soñé, Peeta también lo hizo. A medida que pasaba el tiempo me daba cuenta que mi situación no era de mi imaginación, otras personas estaban implicadas y con eso tenía más piezas para resolver este acertijo.
— Creo que tendríamos que hablar con Haymitch— Mencioné perdida en mis pensamientos, Peeta me miró como si tuviera un tercer ojo.
— ¿Haymitch Abernathy? ¿El vencedor del vasallaje?— Preguntó con un tonó de voz bastante incrédulo.
— Él mismo— Pensé en que Haymitch en estos momentos estaba en su pocilga de casa, tirado en un rincón llenó de botellas de alcohol.
— ¿Crees qué será seguro?— Casi la mitad del tiempo, para no decir siempre esta borracho. Sonreí. Eso era verdad, pero mis dudas eran demasiado grandes para importarme cuan borracho estaba Haymitch. Con un poco de suerte se habría bebido tres botellas.
— No creo que nos haga dañó, aparte de que tendríamos más datos— Las posibilidades de que nos grité eran demasiadas, pero no creía que nos iba hacer dañó.
— ¿Entonces, cuándo vamos?— Dijo con una sonrisa en su rostro.
Hola ¿cómo están? les quiero agradecer ¡mucho! por sus reviews :') la verdad que me hacen muy feliz y me inspiran a continuar con la historia. Este capitulo es bastante largo a diferencia de los otros pero tenía demasiado que poner en la historia. Espero que pasen unas felices fiestas :D y ¡feliz 2014! nos leemos el año que viene :D
