Muchas gracias por todo el apoyo que está recibiendo este triste intento de historia.

Como siempre nada me pertenece yo solo ocupo los personajes sin fines de lucro.

Capítulo IV. Una historia pt. 2

Elsa.

Sacudo mi cabeza, no puede ser... simplemente es imposible... siento esa comezón en los ojos, y claro que quiero llorar... pero ella no es mi madre... solo necesito unos segundos... solo unos cuantos segundos...

Escucho la silla arrastrándose en contra del suelo, y sé que me está dando espacio... supongo que solo es mucho que digerir.

No sé en realidad cuánto tiempo toma tranquilizarme, pero lo logró...

Me levanto de la silla y al final de la mesa está sentada Anna, tiene un libro en las manos, pero de verdad tengo bastantes preguntas, me siento en la silla a un lado de ella, apenas voy a comenzar a hablar ella baja el libro y se me queda viendo fijamente.

- ¿Por que no todos hacen lo mismo que yo? - eso es lo que más me incomoda, digo, yo he podido vivir bien y más que nada por qué no lo hizo Elin, ella pudo haber llevado una vida normal, sin medicinas, ni hospitales.

- ¿Que?, ¿negar lo que vemos?

- Si.

- No es tan fácil, digo es fácil pero trae consecuencias, por decirlo de una manera. - Suspira y me parece muy impresionante que ella esté dispuesta a resolver mis dudas, la mayoría de la gente no comparte el conocimiento tan fácilmente. - Digamos que cuando las personas normales mueren, sus almas le pertenecen a lo que creyeron en vida, si alguien fue católica y sabe que fue mala persona, va al infierno por que así ella lo decide, las puertas del infierno no están cerradas como la gran mayoría del mundo cree, simplemente que las almas en pena creen merecer ese castigo, por eso cuando se arrepienten de corazón son capaces de ir al cielo, por qué de verdad creen que merecen ir al cielo, pero las personas con nuestro "don", no tenemos un lugar a donde ir, si no ayudamos en vida, solo reencarnaremos hasta que ayudemos lo suficiente para ganarnos el descanso eterno, hasta ese momento debemos vivir para ayudar...

- Entonces, si yo salía por esa puerta, cuando muriera volvería a nacer, hasta utilizar esta maldición, para ayudar a los demás.

- Básicamente.

- ¡Es una jodida broma!

Anna se queda sentada mientras trato de controlarme... digo suficiente es ser un fenómeno... como para tener que hacerlo una y otra vez... pero ella ¿como sabe?

- No sé si te ha pasado... pero en ocasiones tienes sueños o visiones dónde no eres tú, pero al mismo tiempo sabes que en realidad sí eres esa persona, y cuando despiertas sientes mucha nostalgia, pues ves a personas que no conoces pero si lo haces. - Y juro que empiezo a pensar que puede leer la mente. - Bueno es como eso son pequeños flashes de tu vida pasada, dónde viviste y moriste, y no cumpliste con el cometido.

Y trato de hacer memoria, pero justo ahora todo es tan confuso que simplemente no sé ni qué pensar. Y supongo que por ahora ya no quiero saber más de esto.

- ¿y tú cuánto ganas con esto?

Ella ladea la cabeza como si no comprendiera lo que estoy diciéndole.

- ¿Tu cobras algo por ayudar a la gente, o hacer esas cosas?

Y es una pregunta válida, no es como si pudiera vivir solo de buenas intenciones.

- No yo no cobro nada, hay gente que después de ayudarla me dan algo, un regalo o algo, pero solo es porque ellos quieren, y hay otras veces que ni las gracias recibo. - Anna juega con la punta de su trenza. - Hay gente que si cobra, pero yo no.

- ¿Y qué haces para sobrevivir?

Parece una platica más normal, y en serio quiero saber más sobre de ella.

- Mi bisabuelo compró acciones de varias empresas, mi abuela se las ingenió para vender las que no tenían mucho futuro a un buen precio, mi madre compro más acciones, y llegaron hasta mi, que suelo apostar a una que otra gran idea que me es presentada, así que sigo recibiendo dinero de ahí.

- ¿Tu familia?, ¿Ellos eran iguales a ti?

Ella suspira. - Si, pero hay veces en las que no se corre con esa suerte, y los niños son llevados a sicólogos y siquiatras que solo empeoran las cosas.

Yo asiento, y es lo qué pasó con mi hermana... pero mi madre decía lo mismo sobre de las películas de terror.

- ¿Que era eso de la muñeca?

Anna vuelve a suspirar. - Era magia negra, muy poderosa... alguien quería ver realmente mal a tu hermana, y lo consiguió... no hay muchas personas que logren hacer eso... pero sobre lo que sea que le ayudó te siguió hasta aquí, y eso es bastante peligroso.

- ¿Y tú puedes ayudarme a encontrar al quien hizo eso?

- En estas cosas es como un juego de ajedrez, y debes pensar en que es lo que quiere la otra parte, puede que sea una trampa para atraerte, y vayamos a la boca del lobo.

- No puedo dejar que las cosas queden así, eso me quito lo único que me quedaba.

- Esa muñeca, ¿como la consiguió tu hermana?

- La muñeca nos la dio nuestra madre, eran dos, una a cada una.

- Tu madre está...

- Muerta, murió cuando tenía cinco años.

Anna asiente, y casi enseguida se levanta de la mesa.

- Me dijiste que cuando ella murió, tu hermana empezó a empeorar, ¿Verdad?

- Si ella lloraba casi siempre, no podía dormir...

- Creo que tu madre era igual a ustedes, cuando ella murió se quitó la protección que tenía sobre de ustedes, claro que solo es una suposición, pero ella tenía hermanos, o algo.

- Si, tenía una hermana, mayor que ella, pero se pelearon muy fuerte y no he sabido nunca de ella.

Anna parece un animal enjaulado en su propia casa, como si buscara la forma de salir, pero no tiene a dónde ir.

- Toma tus cosas, necesitamos ir a ver a una amiga.

- Pero no tengo ropa.

Ella parece entender eso cuando voltea su mirada a mis piernas desnudas, y se sonroja mucho.

- Bueno, pasaremos a tu casa primero.

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Después de pasar a mi casa por ropa, y tomar al gatito, por que realmente no quiero dejarlo solo, Anna condujo durante un buen tiempo, hasta llegar a las afueras de Arendelle, es en las faldas de la montaña, un pequeño pueblo, lo cual parece bastante lúgubre pues desde que llegamos no he visto ni un alma.

- La muchacha del taxi.

Anna voltea a verme unos segundos antes de volver su mirada al camino. - ¿Que taxi?

- El que estaba afuera de la iglesia.

- Ahh... Rapunzel, que con ella.

- ¿Ella es tu novia? - Y quiero taparme la boca en cuanto las palabras salen de ella.

Pero la risa de Anna me hace pensar que no es tan malo haberlo preguntado. - No ella no es mi novia, es una muchacha con el mismo don y quiere aprender, yo le enseño a cambio de que me lleve cuando hago un trabajo.

- ¿Y no puedes manejar? - Y en serio alguien que me cierre la boca.

- Regularmente cuando terminó un trabajo estoy muy cansada y lo que menos quiero es manejar.

Y gracias a Dios parece que llegamos, Anna estaciona su carro enfrente de una casa, parece la típica cabaña de montaña.

Sigo a Anna cuando baja, y no sé porque pero bajo al gato conmigo, el parece desesperado, y yo solo puedo sentir como mi piel se eriza, pero digo hace bastante frío. Y sé que es una mala excusa hasta para mi, porqué nunca me ha molestado el frío.

Anna toca la puerta, y no tarda mucho en abrir la puerta una mujer, es bastante alta, y tiene una belleza que no puedo definir, digo es de tez blanca, cabello negro y de rostro amigable, pero tiene otra cosa que no sé que es, que me tranquiliza.

El gato salta sobre de ella, y ella comienza a acariciarlo cuando lo tiene en sus manos.

- Veo que la trajiste, buen trabajo.

El gato parece entenderle, pues pide mimos con su cabeza.

- Así que tu la mandaste conmigo. - Anna le dice a la mujer, y es como si encontrara una pieza en el rompecabezas que tiene en su cabeza.

- No, en realidad yo solo mande al pequeño a protegerla, no sabía que tú te ibas a involucrar. - la conversación me parece de lo más extraña, y me siento sumamente incómoda al ser la única que no sabe nada, hasta el gato parece saber más que yo. - Pero pasen, y díganme que las trae por estos rumbos.

Anna y yo nos adentramos a la cabaña, y veo qué hay bastantes artilugios y aún más libros que en la casa de Anna.

- ¿Gustan algo de beber? ¿O de comer? - dice la mujer, mientras ir nos señala una mesa para que nos sentemos.

- No gracias Azrael, solo queremos hacerte unas cuantas consultas, claro si no es mucha molestia.

Azrael se sienta enfrente de nosotras, y deja al gato en el suelo, el pequeño de inmediato corre hacia mi y con sus patitas llama mi atención para que lo cargue.

- Parece que le agradas.

- Sobre eso, ¿por qué dice que lo envió a protégeme?

- Pues le debía un favor a una vieja amiga, y creo fue hora de pagarlo. - Dice con tranquilidad, mientras que de una caja de madera que está sobre de la mesa saca un habano y lo prende dejando salir el espeso humo de su boca.

- Sobre eso, ¿llegaste a conocer...

Pero Anna no puede terminar la pregunta, cuando del humo que sale de la boca de la mujer se empieza a ver una silueta.

- A Iduna Arendelle, antes conocida como Iduna Corona. - El humo forma el rostro de mi madre, sus facciones son completamente visibles. - Si la conocí, era una buena persona.

Yo trato de tocar a mi madre, pero cuando mis dedos tocan el humo la silueta simplemente desaparece.

- Eso significa que ella también tenía luz.

- Todas las personas la tenemos, pero se a lo que te refieres, y si, ella la tenía.

Anna saca de su bolsillo los restos de la muñeca, y los deja sobre de la mesa, y aunque está aún quemada puede verse la forma que tenía.

Pero antes de que explicar que es lo que había pasado, Azrael apuñala a la muñeca y está comienza a perder su forma, y de ella salen muchos gusanos que terminan por convertirse en polvo, quedando solo el cuchillo clavado sobre de la mesa.

- ¿Eso que era? - Pregunto, sintiendo como mi estómago quiere volver a salir.

- Un trabajo que hicieron para dañar.

- Pero eso fue un regalo de mi madre.

- Te equivocas niña. - la mujer se levanta de la mesa y camina a un costado del cuarto, a los pocos segundos regresa con una botella de vidrio, deja caer el contenido sobre de la mesa, y el olor es bastante fuerte, estoy por preguntar que es lo que planea, cuando deja caer su puro sobre de la mesa, y todo se prende en fuego.

Siento el calor en mi piel, y mi cuerpo empieza a temblar sin que yo pueda hacer algo, siento el mayor miedo que he tenido.

Pero entre las llamas algo toma forma, es un cuarto, no... es el cuarto de Elin, ella está dormida, y veo la muñeca que mi madre nos dio, ella se levanta sola y ataca al intruso, pero esa cosa la desgarra, y de sus manos salen gusanos que poco a poco van tomando la forma de la muñeca.

- ¿¡Quien es!?

Y el fuego se apaga.

- Esa es una buena pregunta.