Capítulo 2: El mejor obsequio.
El cura miró a la joven de cabellos azules relatar la historia calmada. Tenía un millón de preguntas, pero sabía que debía dejarla continuar. Aún así, necesitaba que le respondiera sólo una.
-Dime jovencita, ese día fue el que la tierra fue destruida. Como sabes que esa chica Bulma Brief vio justo la explosión?
La chica cerró los ojos como recordando algo y sonrió.
-Se perfectamente todo lo que vio Bulma… y Vegeta…
-Vegeta?...
El cura quedó muy sorprendido sin entender bien lo que había escuchado, quería seguir preguntando, pero no lo hizo. Se sentó en la cama de la chica y siguió escuchando atento.
La mujer abrió los ojos y sonrió tranquila. Apoyo su cabeza en uno de los barrotes de acero y continuo.
Planeta Vejita. Año 750.
Los festejos eran notorios y sublimes. Ya era el tercer día y el planeta seguía de fiesta. El príncipe Vegeta había vuelto al planeta Vejita lleno de gloria y completamente superado.
Pues estar diez años bajó el mando del cruel lagarto espacial era todo un reto para el joven. Había sido entregado a Frezeer, un mercenario asesino que se hacía llamar el mismo, emperador del universo. Se lo había llevado a la corta edad de siete años con la excusa de entrenarlo y enseñarle a ser un buen gobernante.
El joven de cabello negro había pasado por las peores torturas y los más grandes desafíos y todos en el planeta se sentían orgullosos de como lo había superado y ahora estaba de vuelta en su hogar. A punto de cumplir la mayoría de edad masculina y listo para tomar control de su planeta.
Los reyes admiraban a su hijo que era el centro de atención. Todos estaban más que felices por saber que el futuro rey del planeta Vejita era un guerrero excepcional y que los conduciría sin duda a la gloria.
El rey Vegeta sonreía complacido, siempre supo lo que su hijo era capaz de hacer. Al principio lo dudo, no lo negaba, tenía miedo de todas las cosas que el emperador le haría y que este no pudiera lograrlo. Pero, su hijo le había demostrado lo fuerte que era y que no existía nada ni nadie que lo pudiera debilitar y ganarle.
Definitivamente había subestimado a su heredero y ahora lo veía ahí, parado con sus brazos cruzados completamente orgulloso de sí mismo.
La reina sonreía fascinada. Había entregado un niño pequeño a su esposo y ahora le devolvieron todo un hombre. Al principio estaba furiosa con su esposo, pues no estaba en sus planes que el niño se vaya por tanto tiempo y menos con aquel tirano, pero ahora era diferente, su primogénito estaba ahí y lleno de gloria.
El rey se levantó de su trono y levantó una copa orgulloso.
-Quiero que este brindis sea por el heredero al trono, mi primogénito y futuro líder de los saiyajines. Mi hijo, el príncipe Vegeta!.
La multitud ovacionó con gritos eufóricos mientras levantaban sus copas. Estaban más que excitados y una dicha enorme, merecía toda una celebración.
-Mañana mi hijo partirá por primera vez como líder principal de la guardia real. Conquistara su primer planeta y lo purgara, demostrando sus expertas habilidades.
Los gritos volvieron a sonar llenos de emoción. El príncipe Vegeta traería más que gloria y un pesado destino sobre sus hombros.
Vegeta volvió a sonreír, su orgullo ya no cabía en su pecho, pero la realidad es que estaba cansado. Ya se había hartado completamente de tantos elogios y solo quería salir de aquel lugar y dormir por unas horas. Ansiaba el momento en llegar a algún planeta y destruirlo, solo para calmar sus ansiedades. Estaba más que hastiado de tanta celebración. De repente miró a su madre, aquella mujer que no veía desde hacía más de diez años. Está lo miraba con orgullo. Quizás Vegeta esperaba esa mirada de todos, pero nunca imagino que lo conseguiría de aquella mujer tan dura, fría e inexpresiva. Definitivamente, se había ganado la confianza de su madre y eso, eso era todo un logro.
Vegeta inclinó su cabeza hacía los reyes, esperando el permiso de poder salir de aquel lugar, estaba cansado. Se había pasado tres días completos exhibiéndose como un trofeo y no había podido parar ni siquiera para poder dormir.
Su madre se dio cuenta del rostro agotado de su heredero y se acercó a su esposo.
-Mi rey, es hora de que el príncipe descance. Mañana partirá a una gran misión y necesita dormir.
El rey miró atento las expresiones de su hijo y no había notado lo que su esposa descubrió con una sola mirada. Su hijo era joven y fuerte, pero estaba cansado, solo que él jamás lo diría.
El rey se acercó y pidió un saludo respetuoso para su hijo alegando que al otro día debía estar listo para partir y que debía preparar sus cosas.
Vegeta agradeció mentalmente a su madre, pues fue la única que noto su estado. El joven inclinó la cabeza en señal de respeto no solo para sus reyes sino para su pueblo y despacio se retiró del gran salón.
Camino despacio por los pasillos del gran palacio real, pues al estar de festejo, según la tradición, no había luz artificial, sino que adornaban el lugar miles de antorchas de fuego, según sus costumbres, el fuego era que el que daba la bienvenida a un gran guerrero y albergaba su gran poder.
El príncipe miró por encima y veía las flamas moverse, definitivamente estaba en su hogar. Eso le hizo sonreír de lado.
Ahora todo volvería a la normalidad. Ya no iba a estar bajo el mando de aquel siniestro emperador. Bueno, casi, el planeta Vejita aún trabajaba para Freezer, pero por lo menos ahora podía estar en su hogar.
Vegeta fue directo al que recordaba era su habitación de pequeño. Esta estaba totalmente cambiada. Apenas abrió las puertas noto una enorme cama con un dosel perfecto, unas suaves y delicadas sábanas color crema que colgaban de él y unos almohadones rojos con escudos de la casa real. Está estaba en el centro de la habitación. A su izquierda se veía una hermosa ventana que vestía unas enormes cortinas color dorado. Giró su cabeza y encontró unos cómodos sillones que respaldaban en el centro una pequeña mesa de madera baja. Frente a estos una pequeña y alta biblioteca con libros de todo tipo y una pequeña vinoteca llena de licores y vinos finos.
Sin duda, su padre había puesto eso allí, pues ningún saiyajin debía ir a la cama sin tomar una fuerte bebida antes. Los libros de seguro eran idea de su madre, ella amaba leer y siempre quiso inculcarle esos gustos a sus hijos.
Bajó la vista y vio al fin una enorme alfombra roja que lo guiaba hasta su cama. Camino despacio y se acercó a una de las dos puerta que había en el interior del lugar.
Al abrir la primera noto su enorme guardarropa, una pequeña sala llena de armaduras y vestimenta digna de todo un príncipe.
Cerró la puerta y miró la siguiente, allí se encontraba un baño enorme para uso personal. Una tina muy grande estaba en el centro, de mármol color azul y con escalones internos. Junto a está, del lado izquierdo se encontraba la ducha, seguramente su madre se las había ingeniado para que su padre le permita poner la tina, pues los saiyajines debían bañarse rápido para salir a entrenar y no perder el tiempo en tonterias de relajación ni nada. Pero, las ventajas de ser el príncipe era que podía tardar horas y relajarse. Sin duda su madre era una genio.
Cerró despacio la puerta y se dirigió directamente a la cama, despacio se quitó la ropa poco a poco y quedando solo en un mini short, se relajo acostado.
Se había bañado temprano en una de las habitaciones de huésped que había ocupado desde que llegó, ya que su madre aún estaba terminando los detalles de su alcoba real.
Apoyo su cabeza en una de las almohadas y sintió un papel bajó de está. Vegeta lo tomó y la leyó en silencio.
"Príncipe Vegeta, este es mi regalo por su gloriosa vuelta al planeta. Todo lo que necesite está en las mesas de noche y si no está, solo lo pide. Usted es un príncipe y debe vivir como uno. Agradezco su valentía. Apostaré siempre por usted.
La reina Celery."
Vegeta sonrió despacio, su madre si que era toda una reina. El joven apoyó el papel en una de las mesas mencionadas y abrió uno de los cajones. Realmente había muchas cosas allí interesantes, y sabía que en algún momento ocuparía. Un botiquín de primeros auxilios fue lo primero que vio. Luego había dos rastreadores de color rojo y un collar con el amuleto de la casa real. No sabía para qué era, pero si su madre lo había puesto ahí, era por algo. Intento sacar las cosas y mirar con más determinación, pero su puerta fue llamada y volteo rápido a ver.
-Que?. -Vegeta era un joven de pocas palabras al igual que su padre.
El rey entró a la habitación abriendo ambas puertas y miró a su hijo.
-Así le habla a su rey, príncipe!?.
-Padre, no sabía que era usted. Que ocurre?.
El rey entró más al interior de la alcoba y cerró la puerta tras él. Se acercó un poco a su hijo y lo miró detenidamente.
-Le gusta el regalo de su madre?.
-Se ve digno de mi.
-Bien, ahora es mi turno de darle su regalo.
Vegeta frunció el ceño y miró atento a su padre. No entendía bien tantos presentes. Y es que el estaba más que acostumbrado a las humillaciones de su antiguo tutor, que el buen trato lo hacia dudar de todo, incluso de sus propios padres.
-De que habla?.
-Venga conmigo príncipe, hay algo que le debo mostrar.
Vegeta primero iba a negarse, de verdad estaba cansado. Pero, luego recordó porque tanto escándalo y el porqué debía aceptar los obsequios de sus progenitores. Se levantó despacio y caminó hacía su padre. Este lo miró y sonrió.
-Debe saber príncipe, que de verdad estamos orgullosos de usted y de todos sus logros.
Vegeta no respondió, esas palabras era un sinónimo de alguna especie de muestra de afecto y él verdaderamente no estaba para esas cosas. Solo asintio con la cabeza y vio como el rey le daba la espalda y caminó hacía la puerta, la abrió rápido y camino hacía el exterior. El príncipe lo siguió ya cansado y con ganas de pedirle a su padre que le diera su regalo en otro momento.
Ambos se detuvieron frente a una puerta. Vegeta se maldijo por no prestar atención al camino, ya casi no recordaba los pasillos de aquel lugar y sabía que iba a tardar para encontrar su habitación de vuelta.
Trató de que su frustración no se notara y espero a que su padre abriera la puerta.
-Hijo, desde hoy, esto es de usted y solo suyo. -El rey abrió la puerta y dejó ver una enorme habitación lleno de mujeres. Las hembras más hermosas de todo el universo, se encontraban en aquel lugar. Había de todas las especies, de distintos colores y forma.
Vegeta se quedó pasmado con lo que veía. Su padre le había regalado su primer harem de prostitutas y eso en aquel planeta decía mucho. No pudo evitar sonreír. Recordó rápido la frustración sexual que vivía con el maldito lagarto, ya que este no lo dejaba tener intimidad con nadie por mandarlo de misión a misión. Las pocas oportunidades que tenía de escapar, eran tan breves que casi nunca lo disfrutaba.
El joven de diesisiete años miraba su nuevo harem y no podía evitar sonreír.
-Esto es todo mio?...
-Por supuesto hijo mio. Puede cambiarlo cuando guste y conservarlo si quiere el tiempo que lo desee.
Vegeta estaba apunto de entrar como un niño que veía una juguetearía abierta solo para él. Pero en un instante se detuvo abruptamente recordando aquel episodio de su primera vez con aquella prostituta que tuvo que matar porque la muy estúpida había quedado preñada y él jamás podría permitir semejante aberración.
Como si su padre lo hubiera engendrado, lo miró y aclaró sus dudas de inmediato.
-Príncipe, no debe limitarse a nada aquí. Todas esas mujeres fueron revisadas y expuestas a diferentes pruebas para que no ocasionen ningún mal hacia su persona. También están todas esterilizadas y bien preparadas para complacerlo al extremo.
Vegeta volvió a sonreír, era justo lo que quería escuchar.
-Padre… no le diga a mi madre, pero usted es el vencedor dando obsequios….
El rey Vegeta sonrió orgulloso mientras veía a su hijo entrar al cuarto que solo le pertenecía a él. Giro despacio y salió del lugar rápidamente cerrando las puertas.
El príncipe veía todas las mujeres que tenía solo para él y no podía evitar estar feliz. Su padre le había dado el mejor presente de todos. Miró a cada una de las hembras que estaban en el lugar, una más hermosa que otra. Todas reverenciandolo, sumisas y delicadas. Tal como a él le gustaban. Podía darse cuenta toda la experiencia que cada una llevaba, cada una con rostro lujurioso y demostrando absoluta entrega hacía él.
Pero siempre había alguna que se destacaba y allí presente estaba ella. Vegeta fue rápido donde la vio. Una hermosa hembra voluptuosa de cabello amarillo, piel morena y unos enormes ojos violetas, estos no tenían ni pupilas ni iris, eran dos perlas violetas preciosas y sus orejas eran más puntiagudas que las de él. Después, la anatomía era muy similar a la de un saiyajin pero sin cola.
Está lo miró de inmediato y noto lo excitado que estaba el pequeño príncipe. Le sonrió al instante y lo reverencio
-Bienvenido mi príncipe!. Soy Runa y estamos todas aquí para complacerlo.
-No me importa como demonios te llames!... ahora me pertenecen!
Vegeta sonrió al ver a todas las mujeres que se le acercaban despacio y comenzaban a tocarlo.
-Un momento…. -La detuvo de repente el sacerdote. -Estamos hablando del príncipe Vegeta… el que ahora es rey?...
La chica lo miró y sonrió.
-El mismo….
El cura quedó boca abierto, jamás había imaginado que la chica conociera tan profundamente a semejante guerrero.
Ahora si estaba más curioso que antes, quería saber más y no aguantaba el misterio.
La peliazul se acercó y se sentó junto a el.
-Quieres saber que paso luego?
-Por favor, es lo que más deseo.
La mujer miró el suelo y siguió narrando la historia.
La reina estaba recostada completamente desnuda sobre la cama mirando el techo. No podía dejar de sonreir. Su esposo la contemplaba tranquilo y también sonreía gustoso.
-Se ve feliz mi reina!.
-Como no estarlo!?, ha visto a su hijo?... es todo lo que había deseado mi rey. El príncipe jamás nos decepcionara.
-Estoy de acuerdo con usted mi reina. Creo que no fue tan mala idea enviar a Vegeta con aquel lagarto. Fuese cual fuese su plan, le salió mal. El príncipe regresó lleno de gloria.
La reina se levantó y besó a su esposo.
-Solo espero que Tarble tenga el mismo destino. Aunque me da igual, ya tenemos a Vegeta y es más que suficiente.
-Lo se. En cuanto Vegeta cumpla la mayoría de edad contraerá matrimonio y tendrá su propio heredero, que de seguro será más poderoso que él. Ya Tarble, nuestro plan B, no importa.
Los reyes se miraron y sonrieron. El orgullo y la felicidad que sentían era demasiado obvio.
-Mi rey, que le regalo a nuestro príncipe?.
-Su primer harem de mujeres. Y sabe que?, dijo que mi regalo es mejor que el suyo.
La reina bufo ante la derrota.
-No cante victoria aún mi rey, las mujeres las desechara en algún momento!. Espere a que se tenga que bañar y encuentre la relajación en su nueva tina. Ya veremos si perdí del todo.
El rey se acostó sobre su esposa y la beso despacio.
-De verdad cree usted que un baño relajante le ganara al sexo?...
La reina sonrió pero no respondió. Abrazó a su esposo y comenzó a besarlo con pasión.
Sea cual sea el ganador, ambos habían hecho feliz a su hijo por primera vez.
-Espera, debo saber, como es que sabes eso?... Digo, los reyes estaban solos en su cuarto!.
La mujer sonrió.
-Vegeta lo supo, su padre le contó que su madre y él peleaban para darle los mejores obsequios. El solo me lo contó.. -La prisionera lo vio y lo estudio. -Ya entiendo, es la parte del sexo… bueno, Vegeta nunca tuvo pudor de contar esas cosas, que sus padres tengan sexo era lo más común, y se ve que una conversación de almuerzo. Incluso me lo contó como si nada, como si estuviera hablando del clima…
-Entonces él te contaba todo?... tanto lo conocias?
-Si padre, no tiene idea de cuanto...
El cura no podía creer lo que escuchaba, esa mujer conocía muchísimo al rey Vegeta y ahora se enteraba de las cosas que ellos hablaban.
-Perdona por lo que te diré…. -La chica lo miró curiosa. -Pero si el rey Vegeta te contaba sus cosas es porque confiaba en ti….
-Ahora entiende porque estoy aquí... Yo traicione su confianza.
El cura quedó en silencio un momento analizando un poco lo que había escuchado. A pesar de aquello, ignoro el hecho y se concentro en lo otro.
Para su mayor incertidumbre, escuchaba con que libertad aquel hombre, hablaba de la intimidad de sus progenitores.
-Si quieres omito esos detalles…. los íntimos...
El curo negó con la cabeza.
-Es tu historia, no pienso limitarte!.
La chica sonrió…. "mi historia?... no, no es mi historia, es la historia de Bulma…."
La mujer volvió a sonreír y miró la ventana.
-De igual manera si había cosas que limitaban al príncipe con su madre…..
La chica quedó seria y siguió narrando.
La mañana se había presentado muy fuertemente en el planeta Vejita. Todos los guerreros del lugar que ahora estaban bajo el mando del príncipe estaban preparados y emocionados. Pues era la primera vez que saldrían de purga con su futuro rey y eso era grandioso.
Sabían muy bien que el príncipe era mucho más duro que su rey y que no tendría piedad alguna con nadie, a menos claro que encuentre mujeres bellas para sumarle a los prostíbulos o alguna que otra tecnología importante, pero después de eso, destruiría todo. Solo buscaría lo mejor y nada más. Era digno del trono y eso los emocionaba.
Las tropas estaban listas, los mejores soldados de élite estaban preparados, pero solo faltaba el príncipe.
Vegeta estaba profundamente dormido en su habitación personal. Había tenido tanto sexo que no sentía las piernas. Tenía cuatro mujeres encima de su pecho, una recostada sobre su miembro y dos en cada pierna. Estaban todas dormidas también y sumamente cansadas. Pues el muchacho había demostrado que su abstinencia y frustración sexual sería abandonada esa misma noche. Había estado con todas, no dejó una sola mujer sin tocar y a pesar de que su cuerpo le pedía que pare, él no lo hizo y no se limitó hasta sentir su miembro completamente rendido, y fue allí cuando se quedó profundamente dormido.
Había pasado mucho tiempo de la última vez que Vegeta pudo disfrutar una mujer, siempre que lo hacía debía irse tan rápido que no podía ni disfrutar del momento, todo debía ser rápido y eso lo frustraba más.
Pero ya no más, eso se había terminado, ahora como todo joven sexualmente activo, se juro llevarse a la cama una mujer diferente todas las noches sin importarle nada.
Su padre le había dicho que no podía dejar preñada a ninguna y eso lo mejoró más todavía.
Vegeta comenzó a sentir una molestia que rozaba su nariz. Despacio abrió sus ojos y vio un rostro familiar, no le dio importancia y volvió a cerrar sus ojos.
De nuevo sintió el molesto roce y frunció el ceño fastidiado. Abrió de nuevo sus ojos y se quedó helado al ver a su madre con una pluma en la mano.
El príncipe se incorporó rápidamente completamente avergonzado, la última persona que espera ver en aquel lugar era a su progenitora.
-Príncipe Vegeta, me alegra que disfrute de sus obsequios, pero sus mejores guerreros estan en el hangar hace una hora listos para salir.
Vegeta abrió los ojos desmesuradamente y trató de apartar a las mujer que tenía encima. Pero se detuvo al ver a su madre parada allí.
-No es necesario príncipe. Pero no quiero que se demore más, vaya a su cuarto y prepárese. Ya debe partir.
La reina dio la vuelta y salió rápidamente del cuarto. Vegeta se ruborizo un poco. Si bien a él poco le importaba estar desnudo frente a los demás, con su madre era distinto. Ella lo había parido y él le brindaba todo el respeto que se merecía, era por eso que se sintió extraño viéndola allí parada, tomando su vida sexual tan tranquilamente.
Vegeta se incorporó empujando a las mujeres y rápido busco su mini short. Se lo puso y salió rápidamente de su cuarto privado.
Corrió por el pasillo y por suerte se dio cuenta que su harem estaba a dos puertas de la habitación real.
"Mi padre es un genio".
Entró rápidamente a su cuarto y se baño en la ducha. Miró la tina de su madre y le prometió estrenarla apenas volviera.
Salió del baño y aún mojado se puso una armadura de las nuevas que su progenitora había dejado en su nuevo guardarropas.
Por último, se colocó guantes, botas y scooter y salió lo más veloz de su cuarto, yendo rápidamente al hangar.
Los soldados lo miraron que llegaba con su típica cara fruncida y todos hicieron reverencia.
-Coordenadas? -Pregunto fríamente.
-Ya estan puestas mi señor. Será un planeta de la galaxia norte. Los científicos dijeron que podría ser un lugar de buenos recursos.
-De acuerdo.
Vegeta miró a su nueva tripulación de soldados y le agrado lo que vio. Casi todos eran soldados de élite y se veían preparados. Pero todo escuadrón tenía su mancha.
-Que haces aquí Kakarotto?. -Vegeta miró al más joven de su tripulación y se ofusco.
Kakarotto reverencio y sonrió.
-Príncipe Vegeta, se ha hecho un torneo y he salido victorioso. El premio era poder acompañarlo a su primera purga a su regreso. Me lo he ganado.
Vegeta bufó por lo bajó, realmente no soportaba al guerrero de clase baja de quince años, pero si había ganado su lugar, no podía hacer nada.
Recordó el primer día que había llegado al planeta y como el mocoso había demostrado ser un idiota, pero muy predispuesto.
-Bien, solo trata de no molestar y aprender todo lo que más puedas, por qué no volverás a ir a mis misiones, te quedó claro?
-Si señor!. -Kakarotto se puso rígido y trató de sonar calmado, pero realmente estaba entusiasmado. Era su primera purga y su tripulación no era otra que la del príncipe. Era su día de gloria.
-Bien, Raditz y Broly, ustedes estarán enfrente del ala este con los soldados de rastreador verde y Nappa tu te llevas al endemoniado niño y van hacia el lado norte con los rastreadores azules. Yo viajaré en la nave real solo y me ocuparé del oeste del planeta con la tripulación de scooter rojo.
-Señor, y el sur? -Pregunto calmadamente Nappa.
-Una vez que todos terminen sus territorios irán al sur y lo haremos todos juntos para ya destruir el planeta. El primer equipo que llegue, será recompensado.
Todos sonrieron ampliamente, el príncipe si sabía motivar a su escuadrón.
Sin más que decir subieron todos a sus respectivas naves y comenzaron el viaje. Vegeta se dio cuenta que era un viaje corto, de al menos unas dos semanas y eso lo entusiasmo.
De seguro ese era el obsequio de los científicos de su planeta. Un planeta cercano, lleno de gente y con buenos recursos.
Qué más podría pedir el gran príncipe de los saiyajins?. Su vida era sin duda perfecta.
FELIZ 2018!
