Hola a todos, aquí llega el siguiete capítulo, es un capítulo de transición pero era necesario para que los siguientes tuvieran una línea temporal coherente. Tiene menos drama. Espero que os guste. Muchs gracias por los reviews, los aprecio mucho.


Solo fueron 45 minutos lo que tardó la inspectora en aparecer por la puerta del ascensor de la comisaría. Se duchó y se vistió olvidando por completo el café y el desayuno que se había preparado y recorrió en coche a la máxima velocidad que el saturado tráfico de New York le permitió, el camino para llegar a la comisaría.

Cuando las puertas del ascensor se abrieron, Ryan y Espósito estaban en sus respectivas mesas hablando entre ellos y mientras susurraban dirigían miradas al despacho de la Capitán Gates que hablaba por teléfono en esos momentos. A Beckett le temblaban las manos de nerviosismo y anticipación. Albergaba la posibilidad que el cuerpo de Castle hubiera aparecido y que una parte de esa pesadilla pudiese cerraser. Quizás con una pista de su paradero para ella sería suficiente, algo en lo que agarrarse para poder empezar a buscar sin dar palos de ciego.

- ¿Qué es lo que pasa chicos? ¿Por qué no me lo habéis querido decir por teléfono? – inquirió la inspectora al acercase mientras dejaba, más bien tiraba, su abrigo en la silla de Castle. No tenía tiempo para delicadezas y menos para saludos. Irradiaba nerviosismo e impaciencia y aquello no pasó inadvertido a los detectives, que en otras circunstancias hubieran bromeado al respecto de su delicado saludo.

- Nosotros no sabemos nada Beckett, si fuera así te lo hubiéramos dicho – se defendió Ryan.

- Claro hermana, te lo hubiéramos dicho. – corroboró Espósito, sintiéndose un poco ofendido.

- Lo sé, lo siento – Kate se percató de su severidad y sonrió tratando de relajarse, ese par de detectives darían su vida por defenderla, nunca la traicionarían.

- Cuando vinimos Gates ya estaba aquí. No pareció importarle si estábamos o no hasta que recibió una llamada y te buscó muy impaciente, nos dijo que te buscáramos. – Se explicó Espo.

- Sí, y no ha parado de salir a preguntar por ti desde entonces.

- Ups, ahí viene, Beckett.

El ruido de la puerta del despacho del capitán hizo que los dos detectives se levantaran rápidamente de sus sillas y que todos los sentidos de Beckett se pusieran alerta.

- Pase, lo que pase, tú puedes con ello, Kate – pensó para sí misma mientras intentaba poner su cara de máxima indiferencia.

- Inspectora Beckett, detectives a mi despacho, ahora! – Los tres se miraron entre sí y acudieron a la llamada sin demora.

El capitán los esperaba de pie detrás de su escritorio, mientras entraban se quitó las gafas para mirar fijamente a sus detectives.

- Cierre la puerta detective. – ordenó la jefa, cuya orden fue inmediatamente cumplida por Ryan.

- Bien, en otras circunstancias jamás permitiría que usted inspectora estuviera metida en esta investigación, de hecho ni siquiera dejaría que llevaran este caso los detectives Ryan y Espósito. Pero esta vez, y sin que sirva de precedente, quiero hacer una excepción.

- No entiendo a qué se refiere señor. – Beckett empezaba a sentirse molesta, no sabía muy bien para qué le habían llamado, sólo sabía que se trataba de Castle y estaba empezando a perder los nervios, su mano se apoyada en el respaldo de la silla y lo agarraba con fuerza para mantenerse firme, no sabía que le podía decir el Capitán y si estaría preparada para oírlo.

- Esta mañana he recibido una llamada de la 54, al parecer una mujer mayor fue ayer a esa comisaría a acompañar a su sobrina para denunciar un robo. – el Capitán tomó aire antes de continuar.

- ¿Y qué tiene que ver un robo con Castle señor?- interrumpió Beckett, cada vez más nerviosa. Los detectives a su lado no perdían de vista a la inspectora y su lucha interna, una guerra que no hacía más que tensar el ambiente con Gates.

- No me interrumpa inspectora, déjeme acabar – resopló la Capitán. Gates tenía que mantener su postura de Capitán y mantenerse distante, especialmente ahora que iba a romper uno de sus principios dejando que agentes suyos investigaran un caso en el que estaban implicados personalmente. Sentía que se lo debía a Beckett y a su equipo, y por qué no, a Castle. Así que suavizando un poco el tono pero sin perder las distancias continuó con la explicación. – Al parecer esta mujer vive en New Jersey. Cuando estaba en la comisaría vio un retrato robot de Tyson y dijo que conocía a ese hombre, que lo había visto una vez y que creía que vivía con su mujer no muy lejos de su casa.

Rápidamente la inspectora levantó la cabeza, sorprendida por lo que acababa de oír, una sensación de rabia y dolor subió desde su estómago formando un nudo en su garganta al oír el nombre de Tayson, los recuerdos la atormentaban en su cabeza. Agradeció su apoyo en el respaldo de la silla e intentó preguntar algo, pero se dio cuenta que no le salían las palabras. Ryan y Espósito también se incorporaron, entre sorprendidos y preocupados por la reacción de Beckett. Se miraron entre ellos y después hacia Beckett.

- Eso, … eso es una gran noticia Capitán – musitó Ryan.

- De momento no es nada, detective, pero es algo por dónde empezar.

- ¿Dónde… dónde es? ¿Dónde puedo, podemos, … encontrarlo? – la rabia y los deseos de venganza de Beckett pudieron con el nudo que le impedía a hablar, aunque fuera entre susurros. Sus manos estaban ya blancas de tanto apretar el respaldo de la silla y empezaba a sentir que sus manos temblaban.

- No inspectora, no vamos a ir a por ese hijo de puta todavía. – Remarcó sus palabras al calificar a Tyson - No pienso permitir que se escape esta vez, lo quiero a él y, por supuesto, encontrar el cadáver de Castle. – La inspectora cerró los ojos, oír de otras personas hablar de Castle como un cadáver, como una víctima le destrozaba por dentro, le hacía sentir de golpe la realidad, como si no hablar del tema con nadie hiciera que doliera menos y en aquel momento dolía, y mucgo..

- Quiero que ustedes detectives vayan a interrogar a esa mujer, y usted inspectora puede acompañarles si quiere y... si puede- preguntó más que afirmó- pero manténgase al margen, sé que esto le afecta y no creo que sea capaz de llevar la entrevista con la testigo correctamente.

- Seré capaz señor – saltó muy decidida la inspectora, el dolor se había esfumado, ahora sólo sentía rabia porque no le dejaban dirigir la investigación.

- Mire inspectora – el tono de Gates hacía ver que empezaba a perder la paciencia por momentos – sé que nadie más que usted quiere coger a ese… ese tipo, pero para que esta investigación salga bien y lo cogemos hay que tratar de mantener las distancias y usted – le señaló con la mirada - en estos momentos no puede, mucho me estoy arriesgando en dejar que la lleven los detectives y que usted les acompañe.

- Lo siento señor, pero creemos que la inspectora es quien mejor sabría llevar este caso – Espo encaró con timidez a la Capitán, cuyo mal carácter cuando se le llevaba la contraria era bien conocido por todos.

- Mire detective, no espero que lo entienda, sólo hago lo que creo que es lo mejor para todos, mi objetivo es claro, detener a esos psicópatas y recuperar, si es posible el cuerpo de Castle, así que no toleraré ninguna clase de insubordinación. O aceptan mis condiciones o les pasaré el caso a otros detectives.

- No hará falta señor – Beckett se incorporó decidida – tiene usted razón. Iré, pero sólo observaré, los detectives Ryan y Espósito serán los encargados del caso.

La Capitán Gates miró con desconfianza a sus hombres, sabía que aquellos dos harían lo que Beckett dijera y que si fuera necesario la cubrirían, pero tenía que arriesgarse, nadie mejor que ellos podían llevar este caso.

- Muy bien, entonces márchense, aquí tienen la dirección y el teléfono de la mujer, les espera en casa de su sobrina. – Los tres policías se dirigieron a la puerta - Ah inspectores – señaló el Capitán antes de que sus hombres salieran. – Quiero que tras la entrevista con la testigo vuelvan aquí inmediatamente y me informen los tres! – remarcó esta última palabra. – No quiero que vayan de vendetta ustedes solos a por Tyson, es listo, es peligroso y lo peor, es un psicópata, ya sabemos que pasó la última vez. – Aquello había sido un golpe bajo para los tres policías, pero especialmente para Beckett a la que sus pesadillas nocturnas no paraban de recordarle lo sucedido, fotograma a fotograma. -No quiero perder más hombres, organizaremos la cacería desde aquí ¿entendido?

- Si señor – eso fue todo lo que salió de los labios de Ryan y Espósito. Kate era incapaz de articular palabra, el peso de la culpa estaba de nuevo en su espalda recordando cómo un error suyo le había costado la vida a Castle, así que sólo asintió con la cabeza abrumada por sus pensamientos.

La Capitán Gates se sentó en su silla, decir aquello último no había sido de su agrado, sabía que la inspectora se culpabilizaba de lo que le había pasado a Castle, y precisamente para evitar que hiciera otra estupidez presa del odio y de las ansias de venganza, tenía que concienciarla que ella sola no podía cargar con el peso del mundo, aunque conseguirlo fuera a costa de herirla.

Sin decir palabra ninguno de los tres, cogieron sus abrigos y se dirigieron al ascensor, y lo tomaron para bajar hasta la calle.

- Si no os importa chicos, preferiría ir en vuestro coche, creo que necesito relajarme antes de ir a hablar con esa mujer.

- Como quieras jefa – dijo Ryan apretando el botón para bajar.

El trayecto en el coche discurrió en silencio, Ryan y Espósito dejaron espacio a Beckett, la conocían desde hacía muchos años y sabían que lo mejor era dejarle que lo interiorizara. Kate viajaba en el asiento de atrás, con la cabeza apoyada en el respaldo y las manos en su cara. Tenían una pista, después de 4 meses, por fin tenían una pista y no podía dejar que se les escapara esta vez. Tenía que actuar con frialdad, Gates tenía razón, había que mantener la mente despejada y no dejarse llevar. Sabía que el deseo de venganza en el pasado, en el caso de su madre, le había hecho perder la cordura y tomar decisiones equivocadas. Gracias a ello, había discutido e incluso echado a Castle de su vida y casi la matan dos veces. Esta vez no iba a pasar, esta vez iba a hacer las cosas bien, por Castle y por sí misma. Tenía que cumplir una promesa.

Volvían del cementerio, de ver a su madre. Era febrero y hacía frío pero los primeros rayos de sol del año hacían que el día fuera más agradable de lo esperado, hoy sería su cumpleaños y como siempre había venido a visitarla. Solo que esta vez algo había cambiado, no venía sola, Castle la acompañaba. Apenas llevaban 9 meses juntos, pero sentía que su vida había cambiado, si bien no podía sentirse plena teniendo que venir cada febrero al cementerio, había llenado gran parte del vacío con vida, con su nueva vida, con él y por eso le había pedido que le acompañara. En sus noches fantaseaba con un futuro con Castle y aunque nunca lo habían hablado estaba segura que él también. Sin embargo, algunos días sus miedos y sus inseguridades la acechaban. Se había enamorado hasta la necesidad de él y eso le asustaba, ¿Qué pasaría si lo suyo no funcionaba, si le abandonaba y se volvía quedar sola?

- Un centavo por tus pensamientos – le dijo Rick intentando sacarle de su ensoñación.

- ¿Qué? – contestó ella para ganar unos segundos y pensar en qué le diría.

- Un centavo por tus pensamientos – volvió a decirle él, pero esta vez con una sonrisa cariñosa, con delicadeza volvió a colocar detrás de su oreja un mechón rebelde y después le acarició la mejilla suavemente, sólo un roce delicado pero que lo decía todo.

-¿Sólo un centavo? ¿Eso es lo que valen mis pensamientos? – Kate levantó los ojos como si estuviera indignada, aunque en realidad lo único que quería era hacerle rabiar. Se sentía muy vulnerable y necesitaba cambiar de conversación, y chicharlo era uno de sus pasatiempos favoritos.

- Bueno, ¿diez?

- ¿Diez? – Kate intentaba aparentar irritación, pero le hacía gracia la desesperación de él por decir la palabra adecuada.

- ¿Un dólar? Mi última oferta – contestó levantando una ceja y poniendo cara de pena.

Kate no pudo resistirse más y sonrió mirando al cielo. - Está bien, por un dólar te lo diré. – pero se quedó callada.

- ¿Y bien?

- Pensaba en lo tranquilo de este lugar. Siempre que vengo me relajo.

- Si es un lugar tranquilo, pero… ¿no te sientes deprimida? Quiero decir, al venir a ver a tu madre tu…

- Bueno Castle, han pasado ya 14 años, la palabra exacta no sería deprimida, triste, quizás, pero ahora que sé quién y por qué lo hizo, la desazón ha desaparecido. Además estás tú conmigo – Y se acercó y poniéndose de puntillas le dio un corto beso.

Siguieron caminando en silencio un rato por el sendero, cogidos de la mano y juntando sus hombros como hacían siempre. Hasta que de repente Castle se paró y se volvió hacia ella y como si de una iluminación se tratara exclamo

- ¿Sabes qué? Me gustaría que fuese aquí.

- Que fuera aquí ¿el qué? - `pregunto Kate extrañada.

- Cuando muera, quiero que me enterréis aquí bajo un árbol.

- Castle – un escalofrío recorrió la espalda de Kate, sólo de pensar que él algún día no estaría, que algún día moriría se le hizo un nudo en el estómago, la realidad de su dependencia de él le sacudió entera. - ¿Por qué dices algo así?

- No sé es un bonito lugar ¿no?

- No me gusta hablar de esto Castle – los ojos de Kate se humedecieron.

_ Kate, tranquila sólo lo decía para que lo supieras, nada más – con el dedo le quitó una lágrima de la mejilla.

- Castle, soy policía y se lo frágil que es la vida y no me…

- Vale, vale, lo siento. No me refería a que fuera a ser ahora, puede ser dentro de muchos años, si son 50 años mejor– Castle miró a Kate enternecido con aquellas lágrimas que Kate derramaba por él, le demostraba que, aunque todavía no lo había dicho con palabras, le quería, y eso le enternecía. Con un rápido movimiento sacó del bolsillo del pantalón un dólar. – Toma te lo debía.

Aquel gesto hizo que Kate volviera reír – Idiota!- sabía lo que pretendía, era su maniobra de distracción para animarle, pero aun así tomó el dólar y lo miró mientras decía con triunfo – Ya tengo para un café, aunque deberían ser dos dólares. – Le miró entrecerrando los ojos como un desafío.

- ¿Dos dólares? Ese no era el trato.

- Por hacerme llorar me debes el doble– Kate le puso cara de puchero y Castle con un gesto de rendición sacó otro dólar del bolsillo. Kate lo tomó con sonrisa triunfante y Castle se sintió orgulloso de haber alcanzado su objetivo de hacerla reír.

- Vamos, te invito a un café con mis ganancias del día – y dicho esto Kate le guiñó un ojo, le tomó de la mano y continuaron caminando.

Al cabo de un rato en silencio, Castle volvió a pararse pensativo – No me lo has prometido.

- El queee? – Kate no entendía su insistencia con el tema.

- Que me enterraréis aquí, no me lo has prometido.

- Está bieeeen Castle, te lo prometo.

- ¿Y vendrás a verme, a hablarme? –le miró con cara de puchero.

- Y vendré a verte y a hablarte – le contestó Kate rendida a tu insistencia, a veces era como un niño pequeño hasta que no obtenía lo que quería. Le cogió de la mano y sin mirarle comenzó a caminar

- Y ahora Castle cállate! - le ordenó. Caminaron hasta salir del recinto coger el coche y buscaron un café donde calentarse., ese día pagaba Kate.

Se lo había prometido aquella mañana y lo pensaba cumplir.

Llegaron a su destino en Brooklyn y tras aparcar se dirigieron al piso de la sobrina. Era un edificio modesto sin portero, así que no tuvieron que dar explicaciones a nadie. Justo antes de entrar Espo paró a Beckett

- ¿Estás segura de que no quieres liderar?

- Sí tranquilo, intentaré mantener al margen lo máximo posible. – Beckett levantó la cabeza mientras miraba a Espo – no prometo nada, nunca se me ha dado bien obedecer a Gates – y sonrió.

- Ya bueno, a mí tampoco.

- ¿Listos?- interrumpió Ryan.

Les abrió la puerta una mujer mayor de unos 70 años pero muy vital, sorprendida de la presencia de tanto policía les dejó pasar y los invitó a sentarse en el sillón. Los dos detectives se sentaron, pero Beckett estaba demasiado nerviosa para hacerlo, así que se quedó de pie, apoyada en la pared como hacía cuando un interrogatorio no iba en la dirección que esperaba.

- Ustedes dirán caballeros – inquirió la señora.

- Buenos días señora Park y gracias por atendernos. – Comenzó la entrevista Ryan, libreta en mano, cuya mirada tranquila y eterna sonrisa solía hacer que las personas se relajaran y hablaran con más confianza. Esa era la forma de trabajo de aquellos dos detectives, Ryan poli bueno y Espósito el poli malo. – Verá somos de la comisaría 12 y estamos investigando un caso de asesinato cuyo sospechoso es el hombre que usted cree haber reconocido en la comisaria el otro día.

- ¿Asesinato? – La mujer pareció asustada - ¿de quién? – Los detectives miraron a Beckett preocupados por su reacción, pero ella sólo cerró los ojos mientras les indicaba que no con la mirada, sabía que le estaban preguntando qué decirle a aquella mujer, y cuanto menos lo personalizaran más fácil sería para ella.

- Un escritor, pero sospechamos que antes mató a otras personas.

- ¿Un asesino en serie?

- Sí algo así – respondió Espo.

- Qué horror! Y, oigan ¿no será peligroso que yo hable con ustedes? Quiero decir si ese hombre es de verdad quién dicen…

- No se preocupe señora, él no tiene porqué enterarse aunque sí le recomendamos que permanezca en la ciudad hasta que lo detengamos. – Espo había tomado la dirección del interrogatorio.

- Y cuéntenos señora, ¿dónde vio al hombre del retrato robot? – volvió Ryan a decir sonriente para relajar a la mujer que empezaba a tensarse un poco. Beckett, apoyada en la pared miraba desde lejos intentado no intervenir, aunque se estaba poniendo nerviosa de la lentitud de todo aquello, necesitaba su pista ya.

- Pues verán, fue… hará 15 días, creo. Había salido el sol después de muchos días de lluvia y decidí salir a pasear un poco. Se estaba tan a gusto que estuve andando hasta llegar al final del pueblo, saben normalmente no llego tan lejos, pero ese día me sentía con fuerzas. Verán, apartada un poco del resto hay una propiedad que tiene una casa, no muy grande, pero con un jardín muy extenso aunque no muy bien cuidado por cierto. – Beckett bufó, impaciente por saber lo que aquella mujer podía contarles, lo cual pareció molestar a la mujer que levantó la mirada hacia ella. - Disculpe, ¿se encuentra bien?, está muy pálida, y nerviosa.

- Si gracias, no se preocupe, continúe. – trató de arreglarlo Kate.

- Puedo traerle un vaso de agua si lo necesita.

Kate suspiró, aquella mujer era muy amable y se estaba comportando muy bordemente con ella, así que decidió aceptarlo y sentarse en el sofá. Con el agua en la mano era más fácil percatarse que su mano temblaba.

- ¿Podemos continuar señora Park? – Espósito intentó reconducir de nuevo el interrogatorio.

- Sí sí, claro. Estaba paseando ¿no? – levantó la mirada como si intentara recordar - Bien, cuando llegué al final de la propiedad vi a una pareja que salía del coche, a ella la había visto alguna vez en el supermercado, una mujer muy estirada y antipática, con aires de superioridad, ya me entienden – la mujer hizo una mueca en la cara de desagrado - pero a él no lo había visto nunca. Ese hombre era parecido al del retrato del otro día. Bueno, no eran iguales, tenía barba y el pelo negro pero sus ojos eran los mismos. Saben, me llamó mucho la atención sus ojos, eran fríos y sus movimientos lentos. Me fijé en ellosn porque no pareció agradarles mi visita. Saludé, me contestaron y decidí darme la vuelta, no me fueron simpáticos. Recuerdo que se le comenté a mi vecina y me dijo que habían ido a vivir hacía unos meses allí, había alquilado la propiedad y no se relacionaban con nadie.

Beckett levantó la cabeza, aquello cuadraba, un hombre y una mujer, la mujer fría como la doctora Nieman y hacía sólo unos meses que se habían instalado, cuadraban las fechas. Levantó la mirada hacia los chicos que también parecían pensar lo mismo. Ryan sacó una foto de la doctora y se la enseñó a la mujer.

- ¿Podría ser esta mujer la que vio?

La mujer tomó la fotografía y la miró durante unos segundos que se les hicieron eternos a los policías.

- Bueno, podría ser, los pómulos los tenía más marcados y la nariz más alta, pero podría ser.

- Tal vez se los ha cambiado con cirugía, a fin de cuentas es una experta – dijo Espo volviéndose a mirar a Beckett.

El corazón de ella latía a gran velocidad, eran ellos, por fin los había encontrado. De repente todas las fuerzas que le habían abandonado retornaron a ella, parecía que aquella pista, aquel indicio le había dado un objetivo por el que luchar. Se estiró en su asiento y la decisión volvió a su mirada abriendo más los ojos y levantando la cabeza, esa actitud dura y decidida que le había caracterizado siempre cuando se dirigía a detener a un sospechoso. Ese cambio de actitud, no pasó desapercibido a los detectives que la miraron y al verla levantar la cabeza comprendieron que las riendas las tomaba ella. Se colocó enfrente de la mujer, apoyó sus brazos en sus piernas ligeramente abiertas adelantando un poco el cuerpo y miró a la mujer, como solía hacer cuando interrogaba a los testigos y necesitaba manifestar empatía con ellos.

- Dígame señora Park, ¿hace cuánto que está en la ciudad? – preguntó Beckett.

- Tres días ¿por qué?

- Y tiene conocimiento que desde que los vio, hayan cambiado de casa o se hayan marchado? – La inspectora hacía las preguntas muy segura, aunque intentaba esbozar una sonrisa para no intimidar a la mujer.

- No, y créame, no es un pueblo pequeño, pero esas cosas se saben.

- ¿Podrían darnos la dirección exacta del lugar? – Le acercó Ryan la libreta a la mujer para lo apuntara.

- Una última cosa, señora Park, ¿notó algo raro en la casa? ¿Habían hecho jardinería, estaba la tierra removida o algo extraño? – Aquella pregunta sorprendió a los detectives, sin duda Beckett creía que Castle podría estar enterrado en aquel jardín descuidado.

- No que yo recuerde, tampoco me fijé mucho, pero la mayoría del jardín da a la parte de atrás, tampoco lo hubiera visto.

- ¿Algo más que recuerde y que crea que pueda ser importante? – preguntó Espo antes de concluir la conversación.

- No, creo que no.

- Muchas gracias señora Park, nos ha sido de gran ayuda. – Dijo Ryan mientras se levantaba.

- Si nos ha sido de mucha ayuda.

- Oigan – les interrumpió la mujer cuando ya se acercaban a la puerta - ¿son los que buscan?

- Puede ser señora, pero tenemos que comprobarlo – contestó Ryan.

- Por si acaso, señora, mejor quédese unos días en casa de su sobrina, y no comente esto con nadie. – Le aconsejó Espo, mientras salían.

Beckett se acercó a ella y también le dio las gracias con una pequeña pero sincera sonrisa de agradecimiento por la información.

- Inspectora, ¿puedo hacerle una pregunta?

- Si claro.

- ¿Era familiar suyo, verdad?

- ¿Perdón? – la sonrisa de Beckett se borró instantáneamente.

- El hombre al que mataron, era familiar suyo. Lo he visto en su mirada.

Beckett bajó la mirada un segundo y en murmulló afirmó. – Sí.

- Lo siento, espero que lo encuentren y le hagan pagar por ello.

- Gracias – fue lo único que dijo la inspectora y se volvió para desaparecer por la puerta.

- Muchas gracias por su información, y… discúlpela, esto es difícil para ella. – Se excusó Ryan.

- Ya tranquilo, lo entiendo. Lo dicho que tengan suerte. – Y cerró la puerta. Cuando Ryan se volvió sólo vio a Espo, Beckett ya había desaparecido por el pasillo y se encontraba ansiosa llamando al ascensor.

- Lo tenemos Beckett, esta vez no se nos va a escapar – se acercó Espo y le puso una mano en el hombro.

- Ya, hasta que no le haya puesto las esposas no lo creeré Espo, se me ha escapado demasiadas veces. – La rabia de la inspectora crecía en su interior.

- Venga, vamos a la comisaria a hablar con Gates y preparar el dispositivo. – Ryan miraba a los dos policías. – Porque vamos a ir a ver a Gates, ¿no?

- Tranquilo Ryan, estaba vez vamos a obedecer, necesitamos hacerlo bien, quiero a ese cabrón y lo quiero con vida. - Beckett entró en el ascensor decidida y con la cabeza muy alta, ojos entrecerrados y gesto de superioridad, volvía a ser la inspectora Katherine Beckett de siempre dispuesta todo.

Durante el viaje en coche llamaron a Gates para informarle de lo que tenían y darle la dirección. El Capitán iría preparando con sus hombres el dispositivo de detención, así ganaban tiempo

Cuando llegaron a la comisaria la planta cuarta estaba revolucionada, había policías por todos lados. Gates hablaba por teléfono, pero al verlos hizo un gesto para que entraran en su despacho.

- Correcto, no se muevan de allí, envíen las fotografías, y traten de no ser descubiertos – Gates hablaba por teléfono mientras escribía algo en un papel. Terminó la conversación y colgó el teléfono.

- Bien detectives, tenemos a dos hombres vigilando la casa, al parecer están dentro y según las fotografías son ellos. – Volvió la pantalla del ordenador y vieron a un hombre y una mujer, iban disfrazados pero seguro que eran ellos.

A Beckett le dio un vuelco al corazón al verlos, la rabia le inundó su sistema circulatorio, pero sólo una mueca de odio y decisión dejó que vieran las demás. Ahora había dejado de ser la mujer deprimida y en caída libre de hacia unas horas, para ser la mujer dura y decidida de hacía unos años.

- ¿Qué hacemos ahora, señor? – preguntó Ryan.

- Tenemos el apoyo de un equipo de los SWAT y de emergencias que ya están preparando el operativo. En la sala tienen un plano de la zona y de la casa. Estúdienlo mientras se termina de preparar el operativo.

- ¿Cuánto tardaremos en irnos? – preguntó ansiosa Beckett sin poder controlar su ansia.

- Tranquilícese inspectora si no está bien no le permitiré formar del operativo. – Aquello hizo que Beckett mirara a Gates desafiante, como el día que renunció a su placa.

- En cuanto esté todo listo podrán salir. Ahora, retírense. – Los detectives salieron por la puerta y cuando Beckett iba a salir – Usted no, inspectora, quiero hablar un momento.

Beckett se volvió, su mirada continuaba desafiante, no estaba dispuesta a permitir que no le dejaran ir, aunque eso le costara la suspensión o incluso el despido, en realidad, sin Castle le daba todo igual.

- Dígame señor.

- Escuche inspectora, no crea que es algo personal.

-No señor, no lo creo, pero tiene que entender que debo ir, nadie le conoce mejor que yo. – le interrumpió Beckett.

- Lo sé, pero usted está demasiado implicada personalmente y no quiero que tome decisiones equivocadas.

- No lo haré señor, soy de los mejores y usted lo sabe. Tengo una misión y voy a cumplirla. Además yo sólo me equivoco una vez y ya lo hice antes.

- Espero que sea verdad inspectora, porque si algo falla y es por su culpa, sabe perfectamente que me encargaré que le suspendan.

- Sí señor. – Beckett entendía a Gates, si ella estuviera en su lugar, probablemente ni siquiera le dejaría ir, pero eso no impedía que quisiera irse y que la rabia hacia su superior creciera, sus nudillos apretados estaban ya casi blancos.

- Puede irse.

- Gracias señor. - Beckett salió por la puerta y antes de cerrar Gates le interrumpió.

- Beckett – Normalmente ella siempre le llamaba inspectora no solía utilizar su nombre salvo en situaciones menos profesionales. – Es usted una gran policía, Roy ya lo decía. Tenga cuidado ahí fuera. – Gates apreciaba a esa mujer y la entendía más de lo que pensaba, durante todos sus años en el cuerpo había visto caer a amigos suyos y la sed de venganza te podía llegar a cegar. No quería que hiciera una tontería y hacer el papel de jefa dura era su mejor opción. Probablemente no la entendieran, pero ser una amiga no era su trabajo, salvaguardar la vida de sus agente sí lo era.

- Lo haré, señor. – contestó Beckett mirándole fijamente a la cara, que dudaran de su profesionalidad era algo que no le gustaba

Beckett salió del despacho y se dirigió a la sala de reuniones donde Ryan y Espósito ya estaban estudiando los planos y junto con ellos prepararon la intervención. Ella se movía cual animal enjaulado por la sala sin parar, mientras Espo y Ryan la miraban sin decir nada. Cuando estaba así, era mejor dejarla, sólo una taza de café que le trajo Espo pareció, paradójicamente, calmarla un poco.

Pasó no más de una hora cuando el Gates apareció por la puerta.

- Señores, todo está listo, nos vamos – les dijo Gates mientras terminaba de colocarse el arma en el cinto.

Todos se levantaron al mismo tiempo y salieron de la sala, las caras serias, la impaciencia latente. No había nadie en esa comisaría que no quisiera detener a Tyson.

- ¿Usted también viene señor? – preguntó Ryan sorprendido al ver al Capitán enfundarse su americana e unirse al dispositivo.

- ¿Está loco? ¿Y perderme la oportunidad de cazar a ese hijo de puta? Ni loca. Adelante vámonos.

Todos entraron en el ascensor, con Beckett delante, callada silenciosa, con la mirada perdida en algún lugar del infinito, pensando en Castle y su promesa, en su madre y su ansia de venganza, en que esta vez lo iba a hacer bien y en que esta era la primera vez que iba a un operativo sin él. Volvió de sus pensamientos y cuando las puertas del ascensor se cerraron le oyeron decir

- Comienza la cacería.


Advertencia: Castle y sus personajes no me pertenecen.