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"Me gustaría saber qué hago a las siete de la mañana montado en este tren" pensaba Hanamichi mientras intentaba no dormirse con el suave traqueteo del vagón. Cuando había salido de casa aún era de noche y la verdad es que había dormido poco.
Estaba nervioso.
El día anterior, había recibido una extraña llamada de alguien que no esperaba. Sin darle ninguna explicación y apelando a la deuda de un favor, le había citado misteriosamente, sin motivo. Solo una cosa había dejado clara:
-No se lo cuentes a nadie, y ven solo.
Y allí estaba a una hora demasiado temprana para su organismo, yendo a encontrarse con alguien a quien no quería ver, sin motivo alguno, para hablar sobre algo que seguro le traería problemas, y además sin haberle dicho nada a Kaede.
No le gustaba esconder nada, le hacía estar incomodo, pero no podía contarle a Kaede que el gilipollas ése había llamado, y que no había sabido decirle que no. Que, aun a sabiendas que se metería en un lío por ello, había aceptado encontrarse con él.
Estaba preocupado por eso y porque en su momento a Kaede no le había contado de esa historia la misa la mitad. Y si eso se liaba mucho, como estaba casi seguro que ocurriría, tendría que contárselo. Solo de imaginar como se lo tomaría el moreno ya le entraba dolor de cabeza, teniendo en cuenta que era como si le hubiera mentido desde,...¡siempre!
Y todo eso sin contar que no le apetecía volver a ver a ese engreído, no tenía muy buenos recuerdos de él. Pero le debía un favor, un grandísimo favor, le debía haber llegado donde había llegado, así que...
El tren se paró, la estación empezaba a llenarse con los primeros ejecutivos, escolares, y gente que iba a trabajar. La mañana era fría y la niebla lo cubría todo. Caminando en dirección contraria al río de gente que trataba de subir al tren, salió de la estación. Giró a la derecha y se encaminó hacia el lugar acordado.
Ese era un punto que le intrigaba, la forma en como había citado el lugar, sin decirlo directamente; como si temiera que lo escucharan. Quizás alguien le había pinchado el teléfono, y si era así seguro que ahora ya habían pinchado el suyo.
-Nos encontraremos mañana al sonar la campana, dónde me dejaste a deber ese favor.
Con esas palabras él tenía que saber la hora y el lugar. Y decididamente él era el único que podía descifrarlo, pues nadie más que ellos dos sabían de ese incidente. Bueno, eso no era del todo cierto, porque esa panda de matones...
Si alguien mas podía saber algo, quizás le estaban siguiendo, pensó. Los nervios le apretaron el estomago aún más. "¿Pero qué coño estas haciendo?" se preguntó a si mismo al darse cuenta que tomaba el camino más largo hacia el parque para poder ver si alguien le seguía. "¡No puedes dejarte vencer por la paranoia!". Pero el ambiente del barrio a esas horas no le ayudaba mucho:
El parque desierto, semi cubierto por la niebla, muy densa y escalofriante, con el frío calándole los huesos,... parecía el escenario de una película de gángsteres.
Había llegado temprano, así que hizo lo único que podía hacer: sentarse en un banco a esperar.
Grissina: a petición de Khira que pedía una rapida actualización, os dejo esto. (¿con la miel en los labios?) XD
