gracias por los reviews! me encantaron. Disfruten el cap 4!! :D


La Prueba de Música

Kagome caminaba por las calle vacías para llegar a su casa. Era ya muy tarde como para que un bus pasara, por lo que el único remedio que tenía era caminar. Todo estaba muy callado, ni siquiera un gato andaba por los alrededores, y la única fuente de luz que había era la gran luna llena que brillaba en el cielo. No quería volver a casa todavía. Sabía que si lo hacía, el cansancio la vencería y cierto chico de ojos dorados aparecería en sus sueños. Lo cierto es que hace varias noches que había estado soñando con él. Desde su primer beso, mas no quería enamorarse, porque sabía que luego terminaría dañada. Inuyasha era de esos chicos que sale con todas, y a ninguna la toma en serio. Tal como había pasado con Kikyo, solo era contacto físico.

Caminando por un parque andaba, mirando las estrellas, que brillaban con más intensidad esa noche. No había nadie, eran casi las tres de la madrugada, pero se sentía a gusto, sin que nadie la molestara. Pero esa paz acabó unos minutos después, cuando escuchó un auto acercarse y detenerse detrás de ella. El miedo recorrió su cuerpo, debió haber llamado a su madre para que fuera por ella, en vez de caminar sola por esos lugares.

-Kagome, sube al auto – dijo una voz ronca detrás de ella. Volteó rápidamente para ver quien era el que sabía su nombre. Su mirada chocó con unos ojos dorados y al notar que era él se negó. – No te voy a hacer nada, solo te llevaré a casa, te lo prometo.

Se quedó parada ahí unos segundos, no sabía si creerle o no. Pero en ese momento la ventanilla de la puerta trasera del auto se comenzó a abrir, para que luego Sango saliera a saludarla.

-Kagome sube, por favor, no puedes irte sola – pidió su amiga desde el auto. Miró con algo de desconfianza, ¿qué hacía Sango en el auto de Inuyasha?

-Vamos Kagome, no seas testaruda – dijo Miroku, quien acababa de aparecer por la ventana.

La muchacha roló los ojos y fue hasta donde Inuyasha estaba, sosteniendo la puerta.

-¿Y desde cuando eres tan caballero? – preguntó sin expresión.

-Desde siempre… - contestó él de la misma manera.

Kagome se sentó en el asiento del copiloto e ignoró completamente a sus tres acompañantes durante el viaje. Inuyasha llegó a su casa y ella lo único que logró decir fue "Gracias" antes de bajar del auto y entrar a su hogar.

-------- O --------

Luego de que dejaron a Sango en su casa, Inuyasha fue rumbo a la de su amigo.

-Inuyasha – lo llamó éste.

-Mm – gesticuló el recién nombrado.

-¿Ibas a besar a Kagome en serio?

-Solo estábamos jugando.

-Pues parecía que lo ibas a hacer con sentimiento, tu rostro lo reflejaba – Miroku cuidaba el tono en que le decía las cosas, ya que sabía que si se burlaba del chico, éste se molestaría y lo dejaría varado en medio de la nada.

-Ya te lo dije, no me pasa nada con ella ¿si? Deja de molestar.

-Pero… - la fulminante mirada de Inuyasha lo detuvo y no siguió hablando –el de ella también lo reflejaba.

-------- O --------

Luego de lo que había vivido ese fin de semana, Kagome no quería ver a Inuyasha. Había terminado su trabajo y pretendía dejárselo en la puerta de su dormitorio el lunes por la mañana, para no tener que topárselo.

Había conseguido que su madre le diera permiso para ir al viaje a Kioto, ahí por lo menos se alejaría de Inuyasha por una semana, o eso pensaba.

Al llegar al colegio el lunes por la mañana, pasó por la habitación del albino para dejar el trabajo antes de subir a la suya a dejar las cosas. Metió el trabajo en una bolsa y la dejó colgada de la perilla de la puerta. Subió al tercer piso, donde estaba su dormitorio, para dejar su bolso y recoger su mochila para ir a clases. Al llegara a su sala, vio que Sango aún no llegaba. Se sentó en su asiento, y apoyó la cabeza en la mesa, tenía mucho sueño.

Cuando su amiga llegó, traía consigo una gran sonrisa, pero se sentía tan cansada que no quiso preguntar.

-¿No preguntarás por qué estoy tan feliz?

-¿Por qué estás tan feliz? – preguntó sin ganas.

-¡Iré a Kioto contigo! – anunció exaltada. Kagome se incorporó de inmediato.

-¿No deberías decir: ¡Iré a Kioto con Miroku!? – dijo burlándose de su amiga, quien se le tiñó el rostro de rojo.

-¡Ay que pesada eres!

-Es la verdad – afirmó Kagome, que trataba de contener la risa.

Luego de clases, la chica debía terminar una canción, para la clase de música. Se dirigió al auditorio del internado. Se paró frente a la puerta y antes de abrirla…

-¡Kagome! – la aludida dio vuelta para ver quien la llamaba. Era Rin, quien se acercaba apresuradamente a ella.

-¿Qué sucede, Rin? – preguntó, aun con la mano en la perilla de la puerta.

-Necesitamos tu ayuda.

-¿Para qué?

-Kikyo y Sango tratan de colocar un gran cartel en el gimnasio, pero tú eres la única que puede subir la cuerda con facilidad.

-¿Desde cuándo ellas dos trabajan juntas? – se preguntó a si misma.

-Vamos – pidió Rin tomándole las manos a Kagome. La chica asintió y ambas se dirigieron al gimnasio.

Luego de colocar el cartel, le pidieron un par de cosas más a Kagome que hacer. Todo era para organizar el viaje. Estaban los horarios que habrían, las competencias (no era solo un paseo, sino que también habría concursos que harían ganar puntos a cada equipo, para cuando volvieran, fueran premiados), entre otras cosas. Cuando por fin logró liberarse, fue nuevamente al auditorio. Apenas se había sentado frente al piano, cuando su celular comenzó a sonar. Con fastidio lo sacó de su bolsillo y vio el remitente.

-¿Qué ocurrió ahora? – preguntó a Sango, quien la llamaba.

-¿Estás ocupada?

-Si, ¿por qué? – contestó cortante.

-Es que quería ver si me ayudabas a escoger que llevar a Kioto – Kagome roló los ojos ¿para eso la interrumpía?

-Más tarde te ayudaré, ahora estoy ocupada.

-¿Estás con alguien?

-¡No, trato de escribir una canción! ¡Después nos vemos ¿si?!

Sin esperar respuesta colgó. Tenía una jaqueca enorme, tanto que no sabía como haría la dicha canción. Por suerte ya tenía algo en mente, bueno, la letra ya la tenía, pero faltaba la música. Un par de notas sonaron del piano, cuando nuevamente la interrumpieron.

-¡KAGOME! –Gritó Inuyasha desde la puerta, con la mirada llena de ira, caminó hacia ella.

Kagome se apoyó en el piano con los codos, haciendo que éste sonara, y tomó su cabeza con frustración.

-¡¿Qué?! – Preguntó furiosa, ya eran demasiadas las interrupciones.

-¡Me debes una explicación! – Contestó él señalando una carpeta azul que tenía en su mano izquierda - ¡Sólo saqué 76%! ¡Te dije que más te valía que fuera bueno!

-¡Mira Inuyasha! ¡Ya te dije que yo no sé nada de francés! ¡Hice mi mayor esfuerzo para hacerlo bien y un 76% no está mal!

-¡Necesitaba por lo menos un 85%! ¡Talvez si no hubieras ido a esa fiesta a coquetear con cualquiera, lo hubieras hecho mejor! – eso la hizo explotar.

-¡Inuyasha! ¡Con mi hermano, el colegio, la prueba de música, donde irán muchos críticos, y tu maldito trabajo necesitaba un respiro! ¡Con esa fiesta me iba a relajar, pero claro, contigo ahí nunca podría haberlo hecho! ¡¿Además es mi culpa que seas un cabeza hueca que no sabe francés?! ¡Yo creo si tú hubieras hecho el trabajo, ni siquiera hubieras obtenido un 30%! – la gota que rebalsó el vaso. Inuyasha se aproximó a ella, con aire de golpearla o algo por el estilo, pero justo en ese momento un salvador llegó.

-¡Muchachos! ¡Guarden las uñas! – Exclamó Bankotsu, quien se había interpuesto entre ellos, separándolos – Kagome, ¿te está molestando este idiota?

-¡¿A quién le dices idiota, imbécil?! – preguntó Inuyasha furioso.

-Bankotsu por favor, llévatelo de aquí – pidió Kagome, a quien ya no quedaban fuerzas para seguir peleando, el dolor de cabeza se hacía cada vez más fuerte.

-Claro, preciosa, tú sigue con lo tuyo – accedió el chico, quien agarró a Inuyasha de la chaqueta.

-¡Suéltame! ¡Yo puedo caminar solo! – y dicho esto salió del gran salón, esparciendo un par de palabrotas para sí mismo.

Pero la muchacha no pudo seguir, el dolor era enorme y no le permitía pensar con facilidad. Guardó los papeles que tenía encima del piano en su mochila y salió del lugar. Fue a la enfermería por una aspirina, antes de irse a su habitación para dormir un rato. Al llegar a ésta, Sango la recibió con una gran sonrisa, pensando que iba a ayudarla. Kagome la miró con mala gana y fue directo a su cama, para dormir.

-Andamos de mal humor parece – comentó Sango, que se había sentado a los pies de la cama de la chica.

-Me duele la cabeza, déjame dormir – contestó arrogante.

-Pensé que me ayudarías a empacar.

-Tienes todavía todo el día de mañana para empacar, y además yo también debo hacerlo. Pero ahora por favor, necesito dormir.

Sin decir más, se tapó con las mantas y se quedó profundamente dormida, hasta el día siguiente. Al despertar, se sentía mucho mejor, eso era lo que le faltaba, dormir. Tomó una ducha y luego se fue al casino a desayunar. Curiosamente, Inuyasha no la había molestado mientras dormía y en esos momentos recogía él mismo su bandeja de comida.

-Creo que se llevó un buen reto ayer – pensaba para sí, mientras lo observaba caminar a su mesa -. ¡Bah! Al menos se dio cuenta de lo cargada que estaba. ¡Y mañana me libraré de él por fin! – una gran sonrisa se formó en su rostro, pero más que por felicidad, era de alivió.

Todo el mundo se percató del buen ánimo con que la chica había amanecido. Al pasar, todos le sonreían o la saludaban, excepto cierto albino que aún se sentía un poco dolido por las crueles palabras que Kagome le había dicho el día anterior.

A la primera hora, Kagome tenía clases de música, por lo que le pidió a la maestra permiso para salir del salón e ir al auditorio a terminar la canción, ya que con toda la gente que había ahí, no podría concentrarse. La mujer se lo concedió, dándole una nota por si algún profesor la encontraba sola en el auditorio.

Su prueba de música era aquella tarde de martes. Por ser una gran cantante, la maestra había llamado a varios críticos, y además, entre ellos, había un representante muy importante de una disquera que, si Kagome lograba cautivarlo, seguramente firmaría un contrato con ella para grabar su propio disco.

Al llegar las seis de la tarde, Kagome se encontraba en el auditorio, junto con sus compañeros de música, su profesora y Sango, quien la había ido a apoyar, esperando a los críticos. Cuando llegaron, sin perder más tiempo, la muchacha se subió al escenario y se sentó frente al piano.

"¿Por qué me siento así?

¿Por qué siento que me duele el pecho?

¿No se suponía que no me afectarías más?

Te vi con ella la otra noche

Nuestros caminos se cruzaron,

Pero nuestras palabras no.

Ninguno se atrevió a hablar.

Nuestros mundos estaban muy separados…"

La canción había quedado muy bien. Cuando terminó, todos le aplaudieron muy fuerte, y algunos subieron al escenario a abrazarla y felicitarla. La profesora la llamó para hablar con los críticos y el importante representante, quien por cierto, tendría tan solo unos veintidós años, y muy guapo además.

-Buenas tardes – dijo al llegar a su lado – soy Kagome Higurashi, mucho gusto – se presentó dándoles la mano a cada uno.

-Buenas tardes, Kagome – dijo el guapo representante – soy Hoyo Miwaya, representante de la disquera "Colmillo de Acero". Wow, eso fue impresionante, en serio, cantas muy bien.

-Ay, gracias – contestó halagada, que él se lo dijera era mucho mejor que lo hiciera el montón de viejos que había a su alrededor.

-Dime una cosa, ¿te gustaría ir a una audición con los demás del equipo para que ellos también te den su opinión?

-¡Claro! ¡Eso me encantaría!

-Y dime otra cosa, Kagome ¿tienes otro talento?

-Kagome es muy buena deportista – la interrumpió la maestra antes de que ella pudiera hablar.

-¿En serio? ¿Practicas alguno en especial? – preguntó Hoyo interesado.

-Emm… juego tenis de ves en cuando, y gimnasia rítmica.

-Wow, ¿y en los estudios?

-Bueno, tengo un promedio de 90% - contestó con el dedo índice en los labios, dándole un toque de pensativa.

-Mm… si que eres perfecta – comentó Hoyo, lo que provocó un leve sonrojo en el rostro de la chica.

-Ay, que cosas dices, eso no es verdad – dijo avergonzada.

-Bueno, ¿cuándo puedes ir a la audición?

-Emm… nos vamos de viaje por una semana mañana, así que podría ser el viernes de la otra semana…

-OK, me parece bien…

Luego de la prueba, Kagome se dirigió a su habitación para poder empacar. Eran más de las siete y todos los equipajes debían estar listos a las ocho, cuando un encargado pasara por cada habitación para revisar que todo estuviera en orden. Sango, que se había marchado de la prueba de música luego de que ella cantara, no estaba en la habitación, como para que le ayudara a empacar, por lo que tuvo que apresurarse. Cuando volvió su amiga, cinco minutos para las ocho, ya tenía todo arreglado, hasta había escogido que vestiría el día siguiente: una minifalda rosa, botas blancas y una camiseta negra. A las ocho en punto tocaron a la puerta. Sango, que estaba más cerca, abrió la puerta, para dejar a entrar a Tsubaki, la profesora de gimnasia, que también los acompañaría.

-Bien chicas – aprobó -. El bus sale mañana a las 8:30 AM, deben bajar los equipajes entre las 8:00 y las 8:15 AM ¿Entendido? – ambas asintieron -. Bien, descansen niñas – y luego se retiró.

Era regla del colegio que todos los alumnos debían estar dormidos a las 8:30 de la noche, y como estaban en época de invierno (en Japón, en estas fechas, es invierno), es cielo ya estaba oscuro.

Al día siguiente bajaron los equipajes a la hora indicada y, tal como Tsubaki les había dicho, partió a las 8:30 AM. Bueno, mejor dicho los buses. 15 Halcones en uno y 15 Tigres en el otro. El viaje fuer hermoso, el paisaje era maravilloso, con bosques, ríos, cascadas, etc. Todo era realmente muy bello. Al llegar a Kioto, a una residencia previamente alquilada, muy grande. Kagome bajó del bus y miró maravillada la gran edificación.

-¡Hey, Kagome! ¡Ayúdanos con esto! – le gritó Sango, quien sacaba cosas del bus.

-------- O --------

Inuyasha vio que una chica de piernas perfectas llevaba una gran y pesada caja desde el bus de los halcones. ¿Quién sería? Talvez una chica de primero. No le podía ver la cara, ya que la gran caja se la tapaba. Sonrió traviesamente y fue hasta ella para ayudarle muy caballerosamente.

-Hey, una chica como tú no debe cargar tanto peso – comentó seductoramente, antes de tomar la caja que tenía la chica.

Inuyasha tomó la pesada caja y se dispuso a ver la cara de la muchacha de piernas perfectas.

-¡¿Qué haces tú aquí?! – dijeron al unísono Kagome e Inuyasha al verse.


Muahahahah! se encontraron!! jajajajajajaja!!!!!! quiza q haran despues! xD jeje

PRIMERA ACTUALIZACION DEL AÑOOO!! YAY! XD

Dejen reviews :D

Un beso y nos vemos pronto

chauuuu (L)

PD: CLICK EN GO!! XD